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jueves, agosto 30, 2012
jueves, julio 26, 2012
Ciudades visibles e invisibles
"Los viajeros regresan de la ciudad de Zirma con recuerdos nítidos: un negro ciego gritando entre la multitud, un lunático tambaleándose en la cornisa de un rascacielos, una chica paseando con un puma atado con una correa. De hecho, la mayoría de los ciegos que golpean sus bastones en las aceras de Zirma son negros; en cada rascacielos hay alguien que se vuelve loco; todos los lunáticos pasan horas y horas en las cornisas; no hay un puma que una chica no amaestre, por capricho. La ciudad es redundante: se repite a sí misma para que algo de ella permanezca en la mente.Yo también estoy volviendo de Zirma: mis recuerdos incluyen dirigibles volando en todas direcciones, al nivel de las ventanas; calles de tiendas donde se pintan tatuajes en la piel de los marineros; trenes subterráneos abarrotados de mujeres obesas que sufren la humedad. Mis compañeros de viaje, en cambio, aseguran que sólo han visto un dirigible sobrevolando los tejados puntiagudos de la ciudad, solo un tatuador ordenando las agujas, tintas y dibujos en su banco, solo una mujer gorda abanicándose en el andén. La memoria es redundante: repite signos para que la ciudad pueda empezar a existir."
Italo Calvino, Las ciudades invisibles
Las ciudades de Calvino son tan reales como imaginarias. Enfocando la idea de ciudad desde distintas perspectivas, sus relatos - quizá sea mejor decir descripciones, porque no hay una narrativa, una historia - son deliciosos y nos dejan la mente llena de imágenes y preguntas. ¿Qué se repite, la ciudad, o nuestros recuerdos? ¿Qué caracteriza a una ciudad? ¿Son todas distintas o son todas iguales?
Este de Zirma es uno de mis relatos favoritos del libro. Ahora, cada vez que lo leo, pienso en Calcuta. También pienso en las otras ciudades en las que he vivido, pero sobre todo, en Calcuta. En esta ciudad intensa y abarrotada, ¿qué es lo que destaca? ¿qué elementos se repiten, o repite mi memoria?
Quizá si yo fuera una viajera que hubiera estado poco tiempo en Calcuta, mi memoria registraría algunos elementos por encima de los demás. Pero después de tanto tiempo, y como aquí sigo, veo cada parte de la ciudad, cada calle, y en cada una hay un elemento diferente que ha dejado su huella en mi mente por encima de todos los demás.
Así que voy a intentarlo con Bangalore.
Todos los viajeros vuelven de Bangalore con recuerdos nítidos: un autorickshaw negro y amarillo como un escarabajo, que va a velocidades peligrosas; un conductor de autorickshaw que viste gorra de lana y cazadora de plumas en verano; un hombre y una mujer jóvenes, vestidos con un uniforme de pantalón o falda negros y camisa blanca, con su mochila negra a la espalda y su tarjeta de identificación de alguna empresa americana de software, esperando al auto a los bordes de la carretera; un hombre de cincuenta años y el pelo canoso, que conduce una scooter: en el manillar de su motocicleta lleva bolsas de tela sucia llenas de termos de leche, té y café, vasos de plástico y paquetes de galletas. De hecho, muchos de los autorickshaws de Bangalore son negros y amarillos; casi todos los conductores de autos llevan gorros de lana y cazadoras incluso en verano. Todos los hombres y mujeres jóvenes trabajan en empresas americanas de software y llevan todos idéntica ropa, en blanco y negro, mochila y tarjeta de identificacion colgada del cuello. Todos esperan los autos en el borde de la carretera, porque no hay aceras en Bangalore. No hay hombres del té que no vayan en moto; y todos llevan las mismas bolsas con los mismos termos y el mismo tipo de galletas Parle.
Entre mis recuerdos, se incluyen chicas tailandesas vestidas con minifalda entrando en las discotecas a las siete de la tarde; calles llenas de restaurantes que abren hasta más tarde del toque de queda y en los que hay que hacer cola para sentarse y cenar; tiendas de zumos donde meten el zumo en bolsas de plástico para los que se lo llevan a casa.
No sé qué dirán mis compañeros de viaje...
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jueves, mayo 17, 2012
¿Por qué los profesores de español huyen de Bangalore?
Hace dos días descubrí, por razones que no vienen al caso, un blog de una chica que estuvo de profesora de español en Bangalore después de mí en la otra academia de la ciudad, IFlac. Leer sus experiencias, anécdotas, impresiones, me hizo recordar mi experiencia enseñando allí, sentir de nuevo que no he sido, ni seré, la única que ha disfrutado/sufrido (aunque no necesariamente por este orden) de la experiencia de enseñar en Bangalore. Porque enseñar allí y enseñar en Calcuta no se parece en nada...aunque hay algunas cosillas similares.
Ella, y yo, y todos los españoles que se han ido a Bangalore a enseñar, fuera donde fuera, hemos sufrido lo indecible con la desorganización, la desinformación, el desprecio por nuestro trabajo, y la cantidad de cosas absurdas que nos han hecho hacer sin razón alguna. Con todo, creo que puedo decir que mi vida fue más fácil que la suya: empecé teniendo una casa en la que funcionaba todo (sí, en la cocina había una plaga de cucarachas, la lavadora inundaba el salón, había apagones de luz constantes y cortes de agua regulares, mi habitación tenía una miniventana y no circulaba el aire, y no había internet, pero al menos el frigorífico funcionaba aunque estaba hecho un asco y el congelador atrapaba todo lo que dejabas allí en hielo...) y pude registrarme sin demasiados problemas en la FRRO (después de llorarle al jefecillo del despacho de cristal, eso sí, pero solo tuve que ir dos veces, vamos, un récord, y no tuve que sobornar a nadie).
Pero como ella, y como todos, trabajaba 40 horas o más a la semana (una semana hice 60...), pero me pagaban las horas extras, aunque siempre después de requejarme y requejarme, tarde y mal, pero me pagaban (poco). Como a ella, y como a todos, me abrían cursos sin avisar y me cambiaban otros que había preparado, de repente hacía una sustitución de la que me habían avisado con una hora de antelación, ordenaba un material que nadie iba a usar y que a nadie le importaba, preparaba cosas que luego se quedaban en esas carpetas cogiendo polvo, tenía que pasar horas inútiles haciendo cualquier cosa (leyendo, mirando facebook, escuchando música....) en la academia cuando ya no tenía nada que hacer allí, perdiendo mi tiempo y las ganas de trabajar. Me enviaban a la otra punta de la ciudad a entregar libros para un curso que nunca se abrió del todo en una empresa en la que nadie pagó nada, y me negaban días libres mientras veía mis fines de semana tragados por 6 o 9 horas de clase seguidas sin que a nadie le preocupase si había comido algo o no.
Los profesores de español duramos poco en Bangalore. Creo que el record está en 10 meses, y no fui yo. Los empresarios (de la nacionalidad que sea) parece que se piensan que por trabajar en India vamos a olvidar los derechos laborales o la claridad administrativa y organizativa que traemos impresa en nuesta mente por nuestra cultura europea, pero claramente se equivocan: por eso no dura nadie. Organiza las cosas claramente, informa a los profesores a su debido tiempo, no racanees la ayuda que tanto necesitamos perdidos como estamos en otra cultura a 8000 km de todo lo que conocemos y de todos los que conocemos, permítenos relajarnos y recuperar fuerzas y el ánimo después de tanta frustración (y tanto calor), y nos quedaríamos. Pero no sé por qué razón les cuesta ver algo tan sencillo, cuando todos los profesores que han tenido tienen las mismas quejas. Años y años y todo sigue igual... Así el negocio no mejora.
¿Qué es lo mejor de Bangalore? Los alumnos y la ciudad, aún con sus cosas: alumnos que no hacen los deberes, una ciudad sin aceras en la que no se puede andar, rickshawallas que intentan timarme porque tu color de piel es más claro que el suyo (si les enseñáramos nuestro cheque, dejarían de hacerlo...), su toque de queda. Pero los alumnos se preocupan más por ti que tus jefes, ellos aprecian tu trabajo cuando en la oficina a todo el mundo le da igual lo que hagas, mientras estés tus horas sentada allí calentando la silla, y en la ciudad hay gente interesante que tiene mucho que ofrecer, que enseñarte, y puedes hacer amigos (de la nacionalidad que sea), compartir una cervecilla en un bar, escuchando buena música, y una buena charla, así es como poco a poco compartes una vida.
Al final, todos nos quedamos con la misma impresión: jamás volveríamos a trabajar en Bangalore, pero podríamos vivir allí... Ahora cada vez que vuelvo a Bangalore solo veo lo bueno. Y estando en Calcuta a 40 grados desde hace cinco días, al recordar Bangalore solo veo lo bueno...por suerte para mí.
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martes, marzo 06, 2012
sábado, marzo 03, 2012
Corta visita a Bangalore
Hay muchas cosas que contar, pero lo primero es lo primero, y si no hago caso de la cronología, pierdo el hilo de las cosas que he contado y las que no. Y antes de escribir sobre cómo fue el evento cultural o mi último descubrimiento por Calcuta, tengo que hablar de la visita relámpago a Bangalore que hice la semana pasada.
Dos días para Bangalore, cuando tienes amigos allí para ver, no son suficientes. Me supieron a muy poco, no vi a todo el mundo, y definitivamente, no comí tanto sambhar como hubiese deseado. Salí el sábado de madrugada y llegué por la mañana a Bangalore, para darme de bruces con dos realidades: que Bangalore tiene un clima maravilloso, del que ahora me doy cuenta, y que Calcuta está vieja. Sí, el aeropuerto de Bangalore es mucho más nuevo, lo sé, Bangalore y Karnataka tienen más dinero y se pueden permitir construir un aeropuerto así. Pero es que no hay color. Al menos el de Calcuta podrían mantenerlo un pelín más limpio, no sé.
Me cambiaron el vuelo dos días antes y tenía que salir a las 5 de la mañana, es decir, que llegué al aeropuerto sobre la 1 y me quedé esperando allí, mientras practicaba a escribir bengalí, y no dormí nada más que en el avión. En el avión, a mi lado iban dos bengalíes que pertenecían a un grupo de unos 5, todos de la misma empresa: una agencia de seguros. A mi lado estaba el jefe, que me contó que como sus 5 trabajadores había hecho muy buen trabajo últimamente, les premiaban así, con una escapadita de cinco días a Mysore y Ooty. ¡Uau!, pensé, ¿qué empresa española hace eso? Y además, me contó, ya habían ido de viajecitos a otras partes de India. No me extraña que sus trabajadores trabajen bien, si me gano un viaje cada dos meses, yo también curraría!!
Me hizo mucha gracia hablar con ellos porque eran taaan bengalíes. No puedo explicar exactamente como, todavía, pero su cara redondeada, comiendo "muri" (un snack hecho de arroz inflado tostado, cebolla y masala), casi todos con sus gafas de pasta y sus curvitas de la felicidad en la barriga: muy bengalíes. Al menos aquí en India la gente no duda en hablarte en los aviones, son muy simpáticos, pero estaba cansadísima y me quedé dormida enseguida.
En Bangalore los perdí, y después de tomarme un té a modo de rápido desayuno, cogí el bus para ir a la ciudad. De repente, todo estaba en kannada y no podía entender absolutamente nada de lo que oía por la calle. Solo a veces, que alguien hablaba en hindi, podía entender palabras sueltas, pero como ya lo tengo muy olvidado, me sentía un país totalmente extranjero. Me he acostumbrado demasiado a escuchar bengalí a mi alrededor todo el tiempo y a ir entendiendo lo que dicen, más o menos, en cualquier parte. Llegar a Karnataka, aunque fuera mi casa hace no tanto tiempo, era ahora como ir a visitar un país extranjero, todo me sonaba a chino.
Por fin llegué y fui a desayunar, un desayuno propiamente dicho, al lado del MTR de St. Mark's Rd. Me hizo gracia que aunque el autobús me dejó en una parte de MG Road que no conocía, pude orientarme y llegar sin problemas a St. Mark's Rd: incluso después de tanto tiempo sin pasar por Bangalore, todavía me sé todas las calles de memoria. Allí hay un restaurante especializado en huevos y tortillas que tienen unos desayunos estupendos. lo que no es tan estupendo es el servicio, porque los camareros son lentos y un poco mal encarados. Pero aun así, los huevos revueltos con espinacas y tostadas de pan integral valen la pena.
Ya descansada llamé a mi amigo Juan, para ir a la casa donde me alojaría ese fin de semana. Un compañero de trabajo suyo tiene un apartamento muy grande con habitaciones de sobra, y allí me dejaron quedarme. La verdad es que es un apartamento envidiable, todo con suelo de mármol, una cocina bien equipada, aire acondicionado en todas partes, baños con duchas como en Europa, sofás, e incluso una terracita desde la que si te asomas un poco y miras a tu derecha, puedes ver UB City. Una localización fantástica para ir a cualquier parte.
Resulta que este compañero de Juan, que también se llama Juan, celebraba su cumpleaños ese mismo sábado. Allí me encontré a los otros españoles y latinoamericanos que ya conocía de las otras veces, y a algunos nuevos (como un puertorriqueño, expiloto de Kingfisher ahora que está en crisis). Fue una fiesta estupenda, en la que no faltó la música y mucha salsa, no en vano el anfitrión es venezolano...Y no faltaron tampoco unos postres estupendos, que al parecer son obra de la mano mágica del expiloto, al que debería pedirle su receta del pastel de chocolate. ¡No podía dejar de comerlo!
Además de tanta fiesta, me reuní con mis amigos y fuimos a tomar un café, no al café Mocha con su maravillosa terraza al aire libre bajo los árboles - que cerró :(- pero sí al Java City que fue casi nuestra segunda casa mientras estaba en Bangalore. Echaba de menos el café del sur, sin duda. Es casi la única cafetería que aguanta en Lavelle Rd; además de Mocha, Barista también ha cerrado, y ya solo queda este Java City (el de Church St también cerrró) y un Café Coffee Day de esos que crecen como setas en las ciudades.
Pero lo mejor fue después, cuando fuimos a UB City al Skyye, que está en una terraza en lo alto del edificio y desde donde se puede ver todo Bangalore. Es un lugar con mucho estilo, un pelín caro, y que por la noche en lugar de encender luces en las paredes de cristal de la terraza, o de tener lamparitas en las mesas, ilumina el suelo, y las propias mesas. Es un poco rollo, porque para leer el menú tienes que girarlo contra la mesa y girar la cabeza tú también para leerlo, pero le da un ambiente increíble al lugar. Eso, con música chill out, y el único lugar donde puedes encontrar cerveza Asahi de importación. Los camareros son muy atentos, siempre pendientes de si necesitas algo. Cuando pedí la Asahi, el camarero me miró con cara de "lo siento, no queda...", pero cuando le dije que es que la Kingfisher no me gusta, se fue al almacén prometiendo que buscaría alguna, y encontró dos botellas que reservó para mí. ¿Se puede ser más majo?
Bangalore al atardecer desde el Skyye
El Skyye. Todo el suelo, las mesas y la barra, de este color azul, son en realidad de cristal con luz debajo, de manera que de noche todo tiene una luz blanco-azulada que se refleja en los cristales de las paredes y en las sillas y mesas blancas...una pasada.
Después de una cena en Koshy's, un clásico que no podía faltar, y un helado para no perder la costumbre, volví a casa a la fiesta de cumpleaños. En Koshy's me di cuenta de que tiene un ambiente similar a la Indian Coffee House de Calcuta, salvando las distancias, porque Koshy's es un restaurante con todas las letras, pero las mesas son iguales y el color de la atmósfera, la cara de los camareros (aburridos de servir), la gente de todas las edades yendo a charlar con un café (o una cerveza en el caso de Koshy's), con cuadros en las paredes de distintas exposiciones...son lo más genuinament bohemio que he visto en India hasta ahora.
Al día siguiente Juan me tenía preparada una excursión a tres templos cerca de Bangalore (cerca significa 4 horas como mínimo en coche), con taxi reservado y todo. Pero como terminamos el cumpleaños tan tan tan tardísimo, decidimos que era mejor aplazarla para otra ocasión...aunque tal vez no haya otra ocasión, porque parece que mi amigo se vuelve a Madrid, próximamente, aunque no descarta la posiblidad de tener que volver a Bangalore. Parece que los negocios en India si van bien, no como en España.
Para despedirse, me regaló ciento y mil cosas; bueno, libros y un disco. Pero como me apasiona leer, es el mejor regalo que me podían hacer. ¡Gracias! (Por cierto, como sé que lees este blog, que sepas que ya me he leído dos de los libros, y estoy por la mitad del de Crimen en Calcuta).
El último día fue un día de relax. Fuimos a comer a un restaurante muy moderno y con mucho estilo no lejos de UB City, también con terraza y un menú de comida occidental. La verdad es que hecho de menos la cantidad de restaurantes y bares y cafeterías con terraza que hay en Bangalore. Supongo que la lluvia de los monzones en Calcuta hace que los empresarios se lo piensen mucho antes de poner algo en una terraza, o tal vez sea el ruido de los coches o la contaminación. Pero las terrazas dan un toque especial a cualquier restaurante, aunque no sean gran cosa, y ojalá hubiera más en Calcuta. Sobre todo en estas noches de casi verano que es ya aquí, pero en las que todavía refresca un poco, una terraza es lo que más apetece.
Este restaurante, el Spiga, lo recomiendo porque la comida tiene un sabor estupendo, los camareros son muy amables y tienen my buena memoria (no les hace falta apuntar lo que pides), y el ambiente y la decoración son buenos, y está muy limpio.
Después de descansar un buen rato, había intentado quedar con mi amiga Prachi, pero no se encontraba bien, estaba en casa con náuseas....¡y es que resulta que está embarazada! Felicidades, chica.
Cuántas sopresas en solo un fin de semana: un amigo se va y otra va a tener un hijo/a. Un fin de semana en Bangalore es demasiado intenso. No da tiempo a todo ni a enterarse de todas las noticias....
De vuelta a Calcuta el lunes por la mañana temprano, salí de mi burbuja de Bangalore para volver a la realidad, el calor húmedo, el polvo y el ruido infernal del tráfico de Calcuta. Pero también para volver al té en la calle, al muri y a escuchar un idioma que cada vez se hace más y más familiar.
Hablando del idioma, una anécdota. Cuando estaba el domingo por la noche tomándome un café con un ex-estudiante en otra terracita, pero esta vez en Koramangala, de repente en la mesa de al lado se sentó un grupo de jóvenes que empezaron a hablar. Y me quedé paralizada. ¡Eran bengalíes! Una o dos palabras y pude reconocerlo y entender un poco de su conversación. Y como me quedé callada un buen rato, en shock todavía sin darme cuenta de que es que estaba escuchando bengalí, mi amigo se rió y me dijo: "¿Qué?, te has dado cuenta, ¿no? Son bengalíes. Ahora te sientes como en casa, ¿no?"
Pues sí, me sentía un poco más en casa, no quizá "en casa", pero sí "en mi país". ¡Ya no estaba en un país extranjero! Ah, la magia de entender lo que dice la gente en la calle...lo cambia todo. Aunque entiendas el 10% de lo que hablan, lo interesante es que entiendes sin escuchar, y lo que hablan deja de ser simplemente un ruido más, para volverse algo humano.
La de cosas que se descubren en Bangalore, además de restaurantes :)
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domingo, enero 08, 2012
Recuento de un año
Hace ya un año que aterricé en India, en Bangalore.
Lo primero que me asaltó fue la modernidad del aeropuerto (nada que envidiar a la T4 de Madrid), y también los problemas de comunicación y de actitud respecto a mi maleta perdida. Después, al salir del aeropuerto, me impactó el calor en pleno enero, la atmósfera un poco agobiante, la cantidad de gente, el aroma extraño del aire, la sonrisa de Anil (el chico de la academia que vino a buscarme), su cartelito en español dándome la bienvenida. El coche destartalado en el que recorrimos la larga distancia entre el aeropuerto y la ciudad, los baches de la carretera, el ruido de los coches y la cantidad de coches a pesar de que eran la las 3 de la madrugada.
Todo era tan ajeno. Por ser raro, no parecía ni ser enero. Pero poco a poco todo eso lo fui haciendo mío, hasta el punto de que ahora, el sabor del sambhar - la sopa de lentejas del sur de India - es tan necesario para mí como el sabor del aceite de oliva. ¡Ojalá pudiera tomar un buen sambhar aquí en Kolkata todos los días como hacía en Bangalore!
La academia en la que trabajaba era un desastre organizativo: un caos de horas sin sentido, clases mal programadas y cambios sin previo aviso. La vida era extraña. Con mi compañera de piso la cosa no acababa de cuajar no sé por qué, Prachi estaba siempre ocupada, y me sentía muy sola. Me centraba en mis clases y en mi trabajo y no hacía nada más. Trabajaba, trabajaba, trabajaba, intentaba acostumbrarme al modo de vida, al funcionamiento de la lavadora, a luchar con las cucarachas, al calor, a los sabores, a los productos del supermercado, al polvo en el aire, al ruido, a la basura, a ver a la gente viviendo en la calle.
Y el cuento podría haber seguido así, una chica trabajaba en India enseñando español y cuando acabó se volvió a España. Pero no.
Lo que pasó es que entonces no fui a un concierto de Bryan Adams por culpa del tráfico.
Tan pequeño incidente revolucionó mi vida en Bangalore. Empecé a salir más, a conocer la ciudad y a disfrutar de ella. Mi cara cambió. Lucía me lo decía: "Chica, te ha cambiado la cara, estás más guapa." Bueno, a lo mejor no eran estas las palabras exactas, pero más o menos. Más animada, empecé a hacerme amiga de algunos de mis alumnos también. Compartir con gente la ciudad tenía más sentido que aventurarme en ella sola. Si hubiera ido sola, primero, no habría visto ni la mitad de sitios ni tampoco los habría comprendido, y lo que hubiera visto sería como nada, porque ¿con quién iba a comentar lo visto y hecho? Las cosas compartidas quedan en la memoria de más gente y parecen menos un sueño, al menos se puede hablar de ellas.
Bangalore fue estupenda gracias a la gente que conocí allí (y al sambhar, jaja) y con la que compartí conciertos, cenas, tardes de compras, unas cervecitas, unos helados, fiestas españolas, o problemas con el proveedor de la bombona o internet. Así que, aunque a lo mejor nunca lean este blog, no quiero que se pase el 2011 sin dar las gracias de alguna manera a Chirag, Prachi, Marisella, Vrindha, Shiv, Kim, Aditya, Ania, Chitra, Mónica, y Juan, (que no me olvido de ti!). Y Kazuki!!
Cuando ya estaba adaptándome a Bangalore y disfrutando de todo lo que tenía que ofrecerme, me cambié de ciudad. En agosto llegué a Kolkata, y de nuevo tuve que reaprenderlo todo. Sigo en el proceso. Nuevas dificultades: no hay lavadora, internet costó conseguirlo por puro trámite, no hay cocina de verdad, perdí el móvil, hay menos comida vegetariana, no hay sambhar..., aunque también algunas facilidades (¡el bengalí es mucho más fácil de aprender que el kannada!).
Facilidades o dificultades aparte, lo que me costaba de verdad era estar lejos de las personas que confiaba en Bangalore, con quien podía hablar. Y aunque fui a Bangalore un par de veces, eso era un pequeño parche claramente no suficiente para el dolor que sentía a veces.
Sin embargo, la vida seguía y había que pasar página. Ahora que el año ha cambiado, me parece más sencillo hacerlo. Un segundo año en India comienza, y no se puede estar siempre añorando el pasado, eso lo sabemos todos.
A veces mis amigos aquí me preguntan cómo es España, cuáles son las diferencias con India, qué me gusta de India. Lo que les intriga es saber por qué gente europea como Clo o como yo hemos decidido venir a India, cuando se supone que Europa es mejor: más limpieza, organización, la vida es más sencilla, hay más dinero...
Bueno, si que hay más limpieza, pero ¿organización? Es que no han visto los trámites de una universidad española o las cosas que hay que hacer para usar los servicios públicos o pedir una beca. ¿Vida sencilla? La verdad, sí, hay lavadoras (lo cual no sé si nos damos cuenta en Europa las nuevas generaciones, pero facilita muchísimo la vida y ahorra muchísimo tiempo. Daría lo que fuera por tener una lavadora aquí), algunas cosas cuestan menos conseguirlas (conexión a internet, bombonas,...). Pero tampoco es que la vida sea sencilla en Europa. ¿Qué es una vida sencilla? ¿Una vida en la que puedes conseguir fácilmente todo lo que quieres? Eso no pasa en Europa, hay muchas cosas que no se pueden conseguir (como trabajo, últimamente sobre todo).
Aquí puede ser que sea más difícil vivir. Yo misma me he quejado a veces de que todo aquí es una lucha, incluso andar por la calle. Pero justamente por eso me gusta India, aprendes a luchar y a defenderte por ti mismo, no puedes esperar que las cosas se arreglen solas ni que luchen por ti ni está la familia para ayudarte. Los amigos te pueden echar una mano a veces, pero en el fondo estás tú con las circunstancias, y te las tienes que arreglar, sí o sí. Desarrollas tu personalidad.
Hay muchas cosas que me gustan de India. Algunas cosas son simplonas: pues me encanta la comida, la ropa, el clima (chicos y chicas, me gusta el calor, no puedo soportar el frío de los inviernos salmantinos o gallegos), el té...pero lo más importante para mí, es la relación entre la gente. Las personas son muy abiertas y amigables, sinceras y confiadas. Todavía creen en que el ser humano es bueno por naturaleza, cosa que hemos dejado de creer en Europa, en mi opinión. Somos desconfiados, y eso nos impide conectar bien con la gente, establecer relaciones sanas. Estamos pensando en que los demás quieren usarnos de alguna manera, que quieren algo de nosotros. Y aquí eso no es así. Alguien te habla y, vale, bueno, si eres extranjero y estás en un lugar turístico vendrá gente a venderte algo o a pedirte dinero, pero no siempre. Vas a un lugar menos turístico, y la gente no es así. Pero como extranjeros, se comportan de manera diferente con nosotros. Lo bonito es ver las relaciones entre ellos. Se saludan y se hablan por la calle, parando cualquier cosa que estén haciendo para intercambiar unas palabras, tomar un té, fumarse un cigarrillo. En España ves a un conocido por la calle, y ¿qué le dices? "Hasta luego". ¡Les decimos adiós! Ni siquiera les decimos "hola". ¿Cuántas veces nos paramos a hablar con la gente o hablamos con desconocidos? Nos sobran los dedos de una mano para contarlas....Aquí la gente se comunica por el puro placer de hacerlo, no por conseguir nada, su mirada está limpia de intenciones.
A veces he podido experimentar eso, y me ha encantado. Aquel bengalí invitándome al té en Gariahat, el dueño del restaurante en Konark, que nos invitó a todo y nos ayudó en todo sin pedir nada a cambio, el guía viejecillo del templo, el dueño del restaurante Sandhya donde comía todos los días en Bangalore, que aprendía inglés solo para hablar conmigo, Anil en la academia, que te hablaba siempre con una sonrisa en la cara pasara lo que pasara, los vendedores de té o de verduras fritas que te preguntan qué tal te parece su té/ comida y quieren hablar contigo por pura curiosidad.
Siempre hay excepciones, claro, pero me parece que en España lo excepcional es esa comunicación por la comunicación, por el placer de hablar con alguien, sin segundas intenciones. Es algo que hemos perdido, no sé cómo ni por qué.
También me gusta en cierto modo que los indios son muy adaptables. Se adaptan a todo. Ese es en parte el problema de la suciedad y la desorganización: no luchan, porque antes de cambiar las cosas prefieren adaptarse y seguir adelante. Es algo que me gusta en cierta medida, porque la vida es como es y hay que aprender a dejarse llevar por ella también. Si luchas contra todo y todos, al final acabarás quemado, amargado y no conseguirás nada. Hay que seleccionar la lucha. Me gusta la capacidad de adaptación, el problema es que va acompañada de una cierta pereza que se vuelve desidia...y ya sabemos que anda suelta la entropía.
En resumen, que me parece que este es un país un poco más humano. Para lo bueno y para lo malo. Los humanos no somos perfectos ni mucho menos, ni todo es bonito. También somos egoístas, inmaduros, y cometemos muchas estupideces una y otra vez, podemos ser muy crueles y también ser indiferentes. Todo eso también lo ves aquí, la gente se preocupa mucho de sí misma y nada de la gente que vive en la calle, a veces son crueles sobre todo con la gente que tiene problemas psíquicos (que no sé si los internarán en algún sitio, pero mi impresión es que se cuidan en casa y la gente se ríe de ellos), como decía un mail que recibí un día de un amigo, aquí en India dar 10 rupias a un niño de la calle o a una familia de la calle les (nos) parece mucho, pero dejar 10 rupias de propina en un restaurante les (nos) parece poco...¿eso es cinismo o inconsciencia?
Ya dije esto un día en este blog. India es como el Mahabharata: lo que puedes encontrar allí lo puedes encontrar en cualquier otra parte. Pero lo que no encuentras allí, no está en ninguna otra parte tampoco.
Estoy deseando ver qué encuentro aquí en 2012.
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jueves, julio 21, 2011
South Indian Akihabara: SP Road
No sé si habéis oído hablar de Akihabara, pero es el barrio tecnológico de Tokyo, allí donde los frikis de los ordenadores y videojuegos pueden encontrar cualquier cosa, y también el lugar donde los fans del manga y el anime encontrarán tanto merchandising como quieran, de todos los tipos, tamaños y precios. La verdad es que también abunda el porno, las radios, televisiones y cualquier aparatito que requiera electricidad. Quizá por eso, porque en Akihabara se pueden encontrar miles de cosas distintas, se reúne allí gente de todo tipo, chicos y chicas, salaryman, turistas...Es un lugar caótico, con miles de tiendecitas en los bajos, subterráneos y también en quintos pisos, y algún que otro megacentro comercial. Abrumador, creo que es la palabra.
Bangalore, como la ciudad tecnológica de la India, también tiene su barrio electrónico, más que barrio, calle: SP Road. Cerca de City Market, casi como una parte más del mercado de la ciudad, encontramos esta calle llena de tiendas que le hace competencia en bullicio a Akihabara. Eso sí, con un toque indio: un templo en una esquina, gente viviendo en la calle, puestos de comida callejera, vacas y polvo, mucho polvo.
Es una callejuela estrecha, con algunas perpendiculares en las que también hay tiendas, pero sobre todo están en la calle central. A ambos lados podemos encontrar tiendas familiares o de marcas como Sony, Apple, HP...Algunas venden solo ordenadores, otras móviles, otras componentes de ordenadores sueltos, otras tóners de impresoras; otras un poco de todo. Por la calle también hay algunos puestos ambulantes no de comida, sino de cables, fundas de móviles, etc.
Parece increíble que en este caótico y sucio lugar puedas encontrar de todo. Lo interesante es que la mayoría, al ser tiendas pequeñas y familiares, y al vender más o menos todas lo mismo, funcionan por la fidelidad del cliente. Todas tienen precios similares, pero intentarán hacer "clientes habituales", ofreciendo descuentos a los nuevos clientes, para que la próxima vez vuelvan allí. Si ya eres cliente fijo, sin duda te harán un mejor precio.
Yo fui allí un par de veces, la segunda, porque a Marisella se le había estropeado el cargador del ordenador portátil. Con un amigo (informático, como no), fuimos a su tienda habitual, buscando un descuento. Pero además de descuento, nos encontramos con otra cosa curiosa: de todo lo que preguntamos (cable, unas memorias usb, un disco duro externo...) había cosas de marca (hechas en China) y su imitación china (hecha en China). ¿La diferencia? Aparte de que una lleva la marca conocida y la otra no, el precio era definitivamente diferente, en unas quinientas rupias, descuento aparte.
Así que ya sabéis, si buscáis algún componente electrónico barato, SP Road es vuestro lugar en Bangalore. Después podéis disfrutar de pani puri en la calle, o de unos zumos bien ricos que hay a la salida. ¡Os recomiendo el de papaya!
Ay, cómo hecho de menos el bullicio de la India...
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sábado, mayo 07, 2011
Trabajando en el instituto
Todavía no he puesto ninguna foto del instituto ni de las aulas donde doy clase. Pero eso lo voy a solucionar ahora mismo. El otro día nos estuvimos sacando fotos Marisella y yo, un poco como despedida, de mi parte, del aula donde he dado casi todas mis clases y que he decorado con todo tipo de cartelitos referentes al español. Tenía más en otra clase, fuera, pero la lluvia los ha destruido...Menos mal que quedan estos (y algunos más que andan fuera todavía, en la entrada)
Viviendo Bangalore
India es un famoso destino turísitico, sin duda, pero no toda India. Hay lugares, como Bangalore, que son simplemente para vivir, no para visitar. Eso ya lo sabía antes de venir, pero la visita de mi padre lo hizo todavía más patente: no sabía a dónde llevarle. ¿Qué hay en Bangalore? Calles, restaurantes, mercados, centros comerciales....¿Monumentos? En realidad, no. Parques, como mucho. Pero a la vez, eso es lo mejor de esta ciudad: menos turistas y más habitantes. Gente que realmente vive su vida aquí, no extranjeros que están de paso unos días.
¿Y qué hace una en una ciudad en la que vive? Pues quedar con amigos, ir a comer o cenar fuera, ir de compras, ir a conciertos, al cine....Todavía no he ido al cine, pero está en la lista. Ir de compras he ido miles de veces: me sé Commercial Street de arriba abajo, y a pesar de lo laberíntico que es, no me pierdo. Ya tengo mis tiendas fijas. En una de ellas, ME RECONOCEN. Vamos, que me estoy convirtiendo en una habitante más de esta ciudad.
Pero vayamos paso a paso: los conciertos. Hasta ahora he comentado solo uno, creo, el casi concierto de Bryan Adams, pero además he ido a ver un grupo de rock fusión indio, Indian Ocean, al parecer un grupo clásico, de los primeros que hicieron rock aquí. Fui con un grupo de alumnos, los del primer curso básico que terminé. Y hace unas semanas fui con Marisella, mi nueva compañera de piso y profe del instituto, a ver tocar el grupo de un alumno mío: Blues before sunrise. Los dos conciertos fueron en el Hard Rock Café de Bangalore, y los dos, a pesar de que fueron bastante diferentes, me encantaron.
En Indian Ocean, la fusión entre rock y música tradicional, con canciones en hindi, tenía un toque especial, muy interesante. El local estaba a rebosar de gente cantando y saltando. En Blues before sunrise, el grupo estaba formado por chicos jóvenes, de mi edad más o menos, tocaban canciones clásicas de rock y blues americano, y claro, era todo en inglés. Había menos gente, pero muchos entusiastas y amigos de los músicos, como yo, y la verdad, es que me sorprendió lo buenos que eran.
Unas cuantas fotos y videos como ilustración:
¿Y qué hace una en una ciudad en la que vive? Pues quedar con amigos, ir a comer o cenar fuera, ir de compras, ir a conciertos, al cine....Todavía no he ido al cine, pero está en la lista. Ir de compras he ido miles de veces: me sé Commercial Street de arriba abajo, y a pesar de lo laberíntico que es, no me pierdo. Ya tengo mis tiendas fijas. En una de ellas, ME RECONOCEN. Vamos, que me estoy convirtiendo en una habitante más de esta ciudad.
Pero vayamos paso a paso: los conciertos. Hasta ahora he comentado solo uno, creo, el casi concierto de Bryan Adams, pero además he ido a ver un grupo de rock fusión indio, Indian Ocean, al parecer un grupo clásico, de los primeros que hicieron rock aquí. Fui con un grupo de alumnos, los del primer curso básico que terminé. Y hace unas semanas fui con Marisella, mi nueva compañera de piso y profe del instituto, a ver tocar el grupo de un alumno mío: Blues before sunrise. Los dos conciertos fueron en el Hard Rock Café de Bangalore, y los dos, a pesar de que fueron bastante diferentes, me encantaron.
En Indian Ocean, la fusión entre rock y música tradicional, con canciones en hindi, tenía un toque especial, muy interesante. El local estaba a rebosar de gente cantando y saltando. En Blues before sunrise, el grupo estaba formado por chicos jóvenes, de mi edad más o menos, tocaban canciones clásicas de rock y blues americano, y claro, era todo en inglés. Había menos gente, pero muchos entusiastas y amigos de los músicos, como yo, y la verdad, es que me sorprendió lo buenos que eran.
Unas cuantas fotos y videos como ilustración:
Indian Ocean
Antes del concierto de Blues before sunrise, Marisella y yo nos fuimos a Mocha, una cafetería estupenda donde hay una gran variedad de cafés y batidos, con una carta de comida estilo occidental bien maja y variada (también hay cosas indias, pero abunda lo italiano, o al menos, algo en estilo italiano). De momento sólo he probado ensaladas allí, y están bien buenas! Además, el local es precioso:
Blues Before Sunrise
jueves, abril 14, 2011
South Indian Thali
Los llamados "thali" son lo que en España sería un plato combinado: un montón de distintos platos, todos juntos en una bandeja. Solo que aquí, en lugar de amontonarse alrededor de un pedazo de carne, se amontonan alrededor de un buen cuenco de arroz, con algunos panes. Según la zona de India son distintos, pues en cada lugar tienen distintas especialidades, y viendo lo que te ponen puedes decir de dónde es la comida. Si bien entre los thali del norte y los de sur hay diferencia, dentro del norte y dentro del sur, según la región, también cambia la cosa. En realidad, incluso distintos restaurantes ofrecen cosas distintas. Pero en general, en el sur encontrarás siempre mucho arroz y menos pan, a veces incluso dosa (que es como una pancake salada del sur), y siempre habrá rasam, una sopa picante de tomate (normalmente, aunque puede ser de otros ingredientes), y sambar, otra sopa, esta vez de lentejas. Luego habrá algún que otro vegetal con salsa (lo que llamaríamos "curry"), otro sin salsa, y luego alguna cosa con yogur, y algún otro tipo de arroz. A veces incluyen un dulce también. Ah, y una especie de pan crujiente, como un cracker enorme, no sé como describirlo...a mí me parece una patatilla frita de bolsa gigante, pero el sabor es muy distinto.
Aquí, una pequeña muestra del thali que me he comido hoy, en MTR (pero en otro MTR, no del que hablé anteriormente en otro post. Resulta que han montado una cadena y hay uno cerca de mi casa!!)
Aquí, una pequeña muestra del thali que me he comido hoy, en MTR (pero en otro MTR, no del que hablé anteriormente en otro post. Resulta que han montado una cadena y hay uno cerca de mi casa!!)
Thali del sur de India, con empezando desde el cuenco amarillo: dulce de almendras, vegetales con coco, yogur, yogur líquido con cebolla (raita), un arroz con verduras y lentejas (bisibele bath), rasam de tomate, sambar, chutney de coco y menta. En el centro, masala dosa (pancake rellena de puré de patata con vegetales) y arroz. En el borde, detrás de los yogures, papad, el crujiente del que os hablaba.
Y este es el thali, o lo que queda del él.....
Este es un thali del norte de India. Como podéis ver, hay mucho más pan. Vienen dos rotis, este pan grande aplanado, debajo hay otro papad, de lentejas, en la esquinita eso rojo es una salsa picante hecha de vegetales, hay cebolla y pepino crudo como ensalada, lentejas (dal), arroz pulao (con vegetales), unos vegetales en salsa, y arroz con yogurt. Es uno de los más simples que he visto hasta ahora, no de los mejores tampoco, pero no estaba mal....
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City Market Parte 2
City Market se está volviendo una de mis partes favoritas de la ciudad. Tiene un encanto difícil de explicar. Bueno, en realidad, no: lo que pasa es que es la India que me imaginaba antes de venir. Y claro, me siento extrañamente bien allí, porque veo lo que espero ver, y eso, me gusta. También me gusta cuando veo otras cosas nuevas y descubro que la India es mucho más de lo que parece, que lo es, pero a veces, confirmar el estereotipo hace ilusión. Sobre todo en Bangalore: todo el mundo dice que es la más europea de las ciudades de india, lo que no quiere decir que tenga nada de Europea, pero sí es distinta del resto. Es una nueva India, diría yo, no menos.
Las tiendas de ropa suelen tener el género colgado en el exterior, para llamar la atención y que la gente entre. Muchas son pisos acondicionados como tiendas, así que no hay escaparates...sino tendederos, jeje.
Los dulces indios son superdulces, hasta el punto de ser empalagosos, pero alguno de vez en cuando no está mal. Y estos, tienen una forma preciosa! Esas fresitas y esas manzanas, ais...
Bueno, me desvío del tema. Hace dos lunes se celebró el año nuevo de mi estado, Karnataka. Se llama Ugadi, y es una época de celebraciones familiares y de renovación: la gente pone hojas y flores frescas adornando el portal de la casa o de las tiendas y negocios, la gente compra ropa nueva, joyas nuevas, van a los templos...Así que Marisella, la nueva profe colombiana, y yo, decidimos ir a una zona más tradicional en Bangalore, esperando descubrir pequeñas cosas típicas de este día tan especial. Y allí vimos a la gente comprando las hojas, colgándolas en las tiendas, yendo en familia a los templos y haciendo plegarias,...fue un City Market menos congestionado que la otra vez que fui, ya que era festivo, pero aún así, me gustó mucho. ¡Seguramente vuelva más veces antes de irme de Bangalore!
Hombres comprando hojas frescas para decorar las puertas de sus casas y los frentes de sus negocios, como podéis ver en la siguiente foto:
En una tienda que sólo vendía chili seco y alguna que otra especia más, la gente se amontonaba para comprar. Lo curioso de City Market es que cada calle es temática, está dedicada a un tipo de tiendas, así que todos venden más o menos lo mismo y claro, tienen que hacerlo al mismo precio porque hay mucha competencia...y aún así, hay clientes en todas las tiendas!
Las tiendas de ropa suelen tener el género colgado en el exterior, para llamar la atención y que la gente entre. Muchas son pisos acondicionados como tiendas, así que no hay escaparates...sino tendederos, jeje.
Los dulces indios son superdulces, hasta el punto de ser empalagosos, pero alguno de vez en cuando no está mal. Y estos, tienen una forma preciosa! Esas fresitas y esas manzanas, ais...
Esta es la calle de los chilis secos y las especias y condimentos. Pero no os equivoquéis, esas montañas de colores son polvos para pintarse, para el puntito que llevan en la frente muchos indios, o para pintarse la cara de amarillo con cúrcuma, que dicen que es bueno para la piel y refresca...Yo no sé si lo hacen porque así parecen menos oscuros y aquí, cuanto más clarita tengas la piel, mejor. Pero choca, a veces me he encontrado con señoras con toda la cara amarilla, y al principio, menudo susto...
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Iskon Temple y Dhobi (lavanderos)
Hace unos días fui a Iskon Temple, el centro de los Hare Krishna aquí en Bangalore, sino en el sur de India. Es un templo bastante moderno, construido hace no demasiados años (en 1997), creo que el más grande la ciudad. Aparece en casi todas las guías de Bangalore y mis amigos que lo habían visitado lo ponían muy bien. O me lo pintaban bien. Pero cuando yo fui, no me pareció tal cosa. Tal vez hacía demasiado calor, tal vez hacía demasiado poco tiempo que me había recuperado de estar malísima por culpa de unos pani puri que comí en la calle. El caso es que estaba totalmente de acuerdo con el amigo que me acompañó: aquello es un centro comercial de Krishna, y poco más.
No voy a hablar mucho del templo porque fue una gran decepción. Lo único que buscan es tu dinero, si no es pagando una entrada directa que te ahorra el suplicio de pisar descalzo 108 losas de mármol en las que te tienes que esperar rezando "hare krishna, hare hare ...blablabla" 108 veces (una por losa), con un sol de justicia sobre ti (no sé cómo sobreviví), pues quieren tu dinero poniendo delante de tus ojos miles de mesitas con cositas, libros, adornos, calendarios, dulces, comida, más dulces, mñas muñecos, cuadros, ropa, bolsos, de todo, dedicado a Krishna. Lo cierto es que la comida y los dulces están buenos y no están caros, pero es lo único que vale la pena.
En realidad, lo mejor de la visita a Iskon Temple fue que al lado, justo al lado, hay un pequeño riachuelo, sobre el que han montado un negocio de lavandería, oficio del que se ocupan aquí los llamados "dhobi". Es un solar enorme, con bastante gente trabajando. Hablamos con el dueño, que nos dijo que el negocio lo había montado su padre hacía más de 15 años... Y le debía de dar dinero, porque solo el terreno ya cuesta millones. Pero mejor se ve con fotos.
lunes, marzo 28, 2011
Holi
Este festivo fue hace unas dos semanas, un sábado y un domingo. Nosotros solo tuvimos de festivo el domingo: el día anterior era momento de rituales, pero el domingo era el momento de jugar con los colores y pintarse los amigos, que es por lo que es famoso este festival. Por desgracia, esta parte tan divertida de colorearse unos a otros y de visitar a amistados que no ves en mucho tiempo, parece que es más del norte de India que del sur. Lo bueno de Bangalore es que aquí hay gente de todas partes, y muchos de los amigos que he ido haciendo aquí son del norte. Así que tras hablarme apasionadamente de lo bien que se lo pasaban en sus casa en Holi, decidieron montárselo aquí también por primera vez, y ¡me hicieron una visita!
Aquí podéis verme coloreada:
Aquí podéis verme coloreada:
viernes, marzo 25, 2011
Kazuki y City Market
Kazuki y yo despidiéndonos antes de que se fuera en rickshaw a la estación de trenes
Kazuki me sacó esta foto en City Market
viernes, marzo 18, 2011
Muchas, muchas horas de trabajo y un descansillo
Ya he recibido alguna queja de que no escribo, así que aquí vuelvo para contentar a esos lectores. Al menos alguien quiere leer esto, es un consuelo.
Lo cierto es que no he podido escribir antes porque estaba currando como nunca. Acabando un curso básico semanal y empezando otro en una empresa. Ahora voy cuatro mañanas a la semana a Infosys, a la Electronic City de Bangalore, un lugar que parece de otro mundo. Al parecer esta empresa tiene negocio con una empresa española y algunos de los empleados pueden viajar a España, y claro, mejor que lo hagan sabiendo español...Y para eso estoy yo. La verdad es que el grupo es encantador, son majísimos...si no hablaran en hindi cada dos por tres riéndose de algo que digo y que les parece gracioso, me caerían mejor. En fin, ya aprenderé. Algunos lo pillan todo a la primera a pesar de que es una lengua muy distinta, y lo mejor es cuando se explican las cosas unos a otros y las entienden. Con alumnos así, el trabajo de una profesora es más sencillo. Un par de ellos ya han estado en España, y parece que otro va a ir próximamente. Eso me hace mucha ilusión, porque realmente estoy enseñando por una razón práctica, y quiero asegurarme de que no van a tener problemas en España cuando vayan.
El sitio donde la empresa está es impresionante. Había visto fotos por internet, pero no hay nada como entrar dentro y comprobarlo. Primero, todo está impecablemente limpio. Los edificios son modernos, acristalados, brillantes. Hay carreteritas que te llevan de edificio en edificio, como si de una mini ciudad se tratara: hay arboledas, fuentes, cafeterías, terrazas, restaurantes....Hay bicicletas a compartir entre todos: tu la coges, te vas a donde quieres ir, y la dejas para que otro la coja. También hay trenecitos eléctricos. Pero lo mejor son los cestos con paraguas que puedes coger y llevarte hasta el próximo cesto, para así cubrirte del sol o de la lluvia, según toque. Una maravilla.
Lo único malo es tener que ir en taxi cada día. Al final pierdo toda la mañana entre ir y venir. Las clases son solo dos horas al día, pero me paso dos horas más dentro del coche, viajando. Eso es lo que me mata. Menos mal que el curso dura poco más de dos meses. Luego lo voy a echar de menos, pero bueno...(no el viaje, pero si la paz mental que te da ver los jardines y las fuentes....)
Aparte de esto, he terminado con mi primer curso: un curso que pillé a medias, cuando Prachi se fue a Dubai, y que dejé cuando volvió, para volver a cogerlo luego y terminar. Eran un grupo majísimo, muy divertido. Ya los echo de menos. El último día, después del examen, me regalaron chocolate. Como todos los grupos hagan lo mismo, ...
El caso es que entre las clases de la semana y las del fin de semana, he estado trabajando trabajando y trabajando. Menos mal que ya se acabó, no pienso volver a repetirlo en la vida. Es como lo de trabajar 9 horas por día los fines de semana. En situaciones de urgencia, vale, pero no como norma general...También hay que vivir y descansar. Así que esta semana he compensado yéndome a pasear por la ciudad por las tardes.
El primer día, el lunes, fui a City Market con un turista japonés que conocí el domingo por la mañana. Estaba perdido en Church Street, y al principio pasé de largo, pero luego pensé: "Chica, esta es tu oportunidad de hablar japonés. Ve y dile algo." Y lo hice, y nos fuimos a comer juntos y luego quedamos para el lunes, después de mis clases. Nunca había estado en City Market, pero me parecía un lugar interesante para visitar...y no me equivocaba. Es una locura, un laberinto de calles, tiendas y gente, mucha gente. Es más o menos la idea que uno tiene de India antes de venir, con el barullo, las vacas, la gente, el ruido, los olores. Pasaba el carrito de los ajos (hay miles de carritos ambulantes vendiendo verduras), y olía a ajo; pasaba el de las sandías, y olía a sandía. Luego, las vacas, caminando a su propio ritmo, ajenas a todo lo demás. Los autorickshaw y las motos intentando que te apartes, tocando la bocina, la gente hablando lenguas que no entiendo...La verdad es que estoy deseando volver.
Otro día fui a SP Road, que parece el Akihabara (salvando las distancias) indio: aquí no hay manga, pero sí todos los componentes electrónicos que puedas desear, a precios competitivos: todas las tiendas son pequeñas tiendas familiares que se matan por conseguir clientes. Todo esto aderezado con comida callejera, un templo hindu en medio de la calle, y las consabidas vacas y toros cargando con carros. También probé zumo de caña de azúcar (riquísimo!), y un par de cosas más que no había tomado nunca: bread vada (una especie de sandwich frito) y papdi con chili, además de pani puri (que me encanta). De momento no he tenido ningún problema con la comida callejera, aunque eso sí, suelo ir a sitios que están llenos de clientes indios...me imagino que será cosa de las vacunas que me puse antes de venir. No sé, pero es lo mejor, la comida callejera tiene un sabor especial.
Qué más...Ah, sí, también he estado visitando Koramangala, un barrio que parece un mini pueblo. Donde yo vivo sólo hay centros comerciales, pero allí todo son tiendecitas y gente que se conoce, templos y pisos de viviendas. Y bares y restaurantes. Sólo hay un centro comercial grande, pero lo interesante son las callejuelas, y cómo no, la comida callejera...La verdad es que me gusta mucho ese barrio, como diría Lucía, "tiene onda...." Es diferente de los otros sitios donde he estado hasta ahora, sin duda.
Y hoy toca Malleswaran, al noroeste de Bangalore, que es uno de los barrios más antiguos de la ciudad. Al parecer hay un mercado interesante, aunque también está el centro comercial más grande del sureste asiático allí, además de varios templos y el último rincón enteramente kannadiga, es decir, típicamente nativo, de Bangalore (hay muchísima gente de fuera en esta ciudad...). ¡A ver qué tal!
lunes, febrero 28, 2011
Qué te puedo contar
Se acercan mis primeros dos meses en India y la mitad de curso para mis alumnos. La semana que viene tienen su parcial, y están todos nerviosos pensando en si aprobarán o no aprobarán. Creo que los he preparado bien, pero ya veremos. El caso es que se nota cómo pasa el tiempo.
Cada vez hace más calor, y eso es lo que peor llevo, con diferencia. Eso, y que se vaya la luz continuamente. No sé cómo aguanta la nevera. Nunca sabes cuándo se va a ir, así que mi ordenador anda ya todo el rato con la batería puesta, por si acaso se me va y se me apaga de repente. En algunos sitios, como en la escuela (creo) tienen pequeños generadores. Es una buena inversión aquí en Bangalore. Al parecer, según me han contado, hace cinco o seis años esto no pasaba, pero la ciudad ha crecido tanto y tantas industrias y compañías han venido aquí, que ahora pasa a menudo, porque derivan la electricidad a otro sitio que “la necesita más”.
Como siempre, me paso la semana centrada en las clases, dentro y fuera del instituto. Cada vez que veo las noticias o los videos de rtve, ya los miro con ojo clínico a ver si me sirven o no para alguna clase. Cada canción que escucho es examinada con el oído de una profe de español a tiempo completo. Pero en el fondo, hacer esto es muy cansado. Al menos, el viernes pasado hice algo diferente: ir a un mercadillo que hacen viernes, sábado y domingo en un barrio cercano.
Es casi como una feria, tipo la de Bouzas, la de Coia (en Vigo), la Aldehuela (Salamanca), o tipo Rastro de Madrid. Bueno, más o menos, con sus diferencias. Hay puestecitos por la calle, sí, pero estos son básicamente de comida, frutas y verduras. Pero las tiendas que hay a lo largo de toda la calle donde está el mercado abren y ponen mesitas fuera, con productos, y esos días hay como más gente comprando. La verdad es que una puede encontrar de todo ahí, desde sillas de mimbre a tuberías, cojines o ropa. También juguetes, colonias y maquillaje. Uno elige, vamos.
A Lucía y a mí se nos iban los ojos en cada puesto de ropa, telas y saris. La verdad es que son una preciosidad, los colores, los diseños....En un puesto no pudimos resistirnos más y compramos unas telas para llevar a un sastre a que nos haga el vestido. Lucía se compró uno en tonos azules marino y morados oscuros con un diseño de mosaico muy fino. Yo, en cambio, tiré por un diseño muy colorido típico del sur (aquí visten con más colorines y sobre todo, amarillos, al parecer), con una tela que parece un poco hippie. La tela, ya cortada una parte para la kurta (túnica, digamos), y con otra parte para los pantalones, y con el fular ya listo: 275 rupias. Ahora hay que llevarlo a coser. ¡Estoy deseando ver cómo queda! Cuando lo tenga listo y haya fotos, las cuelgo.
viernes, enero 28, 2011
La basura
El día que llegué, después de dormir un poco, cuando por fin fue de día y salí a la calle, no puedo olvidar la sensación de polvo en el aire, de suciedad, de humos de los miles de coches, buses y motos que pasaban por la carretera, del ruido de los cláxones que todo el mundo hace sonar aquí como locos. No podía usar el abanico, a pesar del calor, porque sentía que me llevaba la polución a la cara. Hay días en que uso el pañuelo sobre la boca y la nariz para no aspirar tanto polvo. Todos los días paso la escoba dos veces porque siempre hay más polvo.
Y sin embargo, cuando fui a hacer el registro de extranjera, conocí a una pareja filipina muy maja que estaba aquí con visado médico (mucha gente viene aquí para hacerse un tratamiento médico, al parecer los hospitales son buenos y más asequibles que en otros sitios), me comentaron que Bangalore era la ciudad de la India más limpia donde habían estado. Habían ido a Mumbai (Bombay) y a Delhi, y que aquello era terrible, decían. En comparación, Bangalore es más moderna, está más limpia, más arreglada, etc. Yo estaba flipando en aquel momento, pero les creo. Pasado el shock del primer día, pasada la mirada occidentalizada, en realidad, NO HAY tanta basura como había visto en fotos de la India antes de venir. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a otro tipo de ciudades.
De camino a la escuela se ve ya un resumen de lo que hay en la ciudad. Y de lo que no hay. Y es que lo que no hay, son cubos de basura. No hay contenedores ni cubos de basura por ningún lado. 0. Asi que claro, la gente, lo tira al suelo. Vale, no es tan obvio y lógico. En Japón tampoco había apenas cubos de basura ni mucho menos contenedores, pero la gente se lo llevaba todo a casa y reciclaba. Porque allí es obligatorio y tienen un buen servicio de basuras que funciona todos los días, y que pasa por delante de tu casa.
Pero aquí las cosas funcionan de otra manera. Empezando porque hay más gente que en Japón, y sobre todo, porque hay más gente viviendo en la calle que en Japón. Y también, porque hay un estigma al respecto de la basura y la limpieza: las castas altas no pueden relacionarse con estas cosas, con la suciedad, eso no es, digamos, honorable ni deseable. Sólo las castas bajas se dedican a profesiones relacionadas con la limpieza, ya no sólo de las calles, sino de la ropa, alcantarillado, casas, etc. Desde su punto de vista, limpiar es rebajarse. Claro que sino tienes dinero, pues te toca limpiar a ti en casa, porque es tu casa y es de tu propiedad, tú y sólo tú eres el responsable. Pero, ¿la calle? La calle no es de nadie. Nadie se preocupa.
En lugar de contenedores, lo que hay son lugares que de alguna manera están señalados como basureros porque se acumula todo allí. Aquellos que en vez de tirar las cosas al suelo sea donde sea que estén, las tiran en los montoncitos de basura, ya tienen algo de conciencia ecológica. En las esquinas, detrás de un árbol, pequeños rincones, se acumulan montañas de desperdicios. Cada cierto tiempo pasan hombres y mujeres con bolsas de plástico enormes, recogiendo cosas un poco al azar, parece, haciendo una selección dependiendo de lo que vayan a buscar, aunque aún no entiendo muy bien si seleccionan en serio o es por pura diversión-aburrimiento. Otros vienen con camioncitos (a veces camionazos) y se llevan todo lo que pueden. Muchos son parejas, o familias, que se dedican al negocio de la basura porque es la profesión de su jati (subgrupos dentro de las castas, como gremios o algo así), o eso digo yo, tampoco les he preguntado directamente. Pero siempre quedan restos de basura en el sitio, nunca les he visto llevarse todo. Tal vez sea para que la gente no se olvide de que es allí dónde hay que dejar la basura.
Por ejemplo, en mi bloque de apartamentos, todas las mañanas viene una mujer a barrer, y va llamando a las puertas, me imagino que para pedir dinero. (Pues no, venía a pedirme la bolsa de basura, esa que yo dejaba a las 12 en las escaleras...Claro, ¡ella no podía saber que esa bolsa era la mía!). No le he abierto todavía, porque no sé si quiere dinero o ofrecerse para limpiar la casa por dinero, ni si va a saber hablar inglés....y por que estoy a dos velas. Tampoco sabría cuando darle. Tampoco es que limpie mucho, aunque con la de polvo que hay en el aire, seguramente si me daría si faltara unos días. También, tu dejas la basura fuera, cerca de las escaleras (hay varias plantas), temprano por la mañana, y a eso de las 12 ya no está la bolsa. ¿Dónde está? Ni idea. Simplemente desaparece. Pero parece que no hay otra manera de deshacerse de la basura.
Sólo vi contenedores de basura, y además con separación según el tipo de residuos, en Nandi Hills, unas colinas a las afueras de Bangalore que son un pequeño remanso de paz y naturaleza, aunque aún así hay bolsas de patatas fritas, envoltorios de chocolatinas, botellas de agua y otros desperdicios por todas partes. Me parece que no están acostumbrados al sistema de separación de basuras, ni al hecho de tener que tirar las cosas a un recipiento. Ahora que lo pienso, también había cubos de basura en Lalbagh Park, un parque botánico enorme al sur de la ciudad, con lago incluido. Cubos de diferentes formas (animales, troncos), con el cartel "USE ME" en grande, para que la gente se de cuenta. Aún así, no parecía que el mensaje tuviese mucho efecto.
Falta concienciación de la magnitud del problema, y también, contenedores en las calles. Al menos, no estaría la basura molestando tanto en la calle ni sirviendo de alimento a las pobre vacas sagradas, o a los perros abandonados. Claro que tampoco tienen camiones adecuados para levantar contenedores. Muchos de los que recogen la basura, van con una especie de rickshaw-furgoneta.
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