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lunes, mayo 12, 2014

La celebración de la unión en el canto a la separación: Rabindranath Tagore y Kalidasa


Estos ojos cumplieron 153 años esta semana. Y digo cumplieron, no habrían cumplido, porque Rabindranath sigue muy vivo todavía. Su recuerdo se está desvaneciendo, cierto, y parece cada vez más una pieza de museo, una reminiscencia como eso de "todo el pasado fue mejor", una perspectiva que lo separa totalmente del presente, que crea una barrera entre él y los que lo recuerdan. Sin embargo, usando un símil del propio Tagore, a la flor artificial dentro de casa hay que quitarle el polvo todos los días para que luzca, pero a la flor del bosque no hay que hacerle nada para que luzca bonita. No requiere mantenimiento. Sólo requiere que la vayamos a buscar al bosque y la miremos. Lo mismo pasa con Rabindranath: sus libros, sus retratos, que llenan las casas bengalíes (y poco a poco, la mía también) podrán llenarse de polvo, pero si le miramos a los ojos - como en la foto de arriba - o le buscamos en la lectura, nos deslumbra sin artificios. No hay polvo que pueda deslucir sus palabras. Y por suerte, tenemos muchas de ellas.

Cada vez que leo algo suyo, cuentos o novelas, ensayos, poemas o canciones, me quedo embelesada por lo sublime de la expresión y la profundidad del contenido. Últimamente he estado leyendo una colección de sus ensayos y artículos sobre literatura y sobre la lengua bengalí, en una edición traducida al inglés con anotaciones e introducción por Sisir Kumar Das, uno de los historiadores y críticos literarios más importantes de Bengala. Das también es un genio del análisis, y su prosa - la mayoría de sus ensayos los escribía directamente en inglés - es clara y aguda, perfecta para su propósito: explicar con la mayor sencillez posible los intrincados hilos de la literatura. Si tenéis algún interés por aprender sobre la historia de la literatura india, Sisir Kumar Das es la mejor opción. 

En este libro, Selected Writings on Literature and Language, se resume el papel que Rabindranath tuvo en la creación de la critica literaria en Bengala, que era prácticamente inexistente hasta el siglo XIX. Su tarea no sólo se centra en la crítica literaria de sus contemporáneos, sino que mira atrás, a la antigua literatura en sánscrito, y a su alrededor, a la literatura popular y de tradición oral, algo que nadie consideraba en aquel entonces digno de ser llamado "literatura". Estos esfuerzos son coherentes con su filosofía de la unión de los seres humanos en armonía: trata de unir el pasado con el presente, la clase alta, con sus escritores versados en la cultura occidental y en el inglés, con las clases populares y rurales, ignorantes de todo aquello que los altos urbanitas admiraban. Juntar el pasado con el presente, juntas a las personas más allá de sus clases sociales y sus diferencias económicas, más allá de las fronteras lingüísticas o nacionales, para el beneficio de todos que resultaría de esta unión: esa era la misión que daba sentido a su vida. 

Juntar, precisamente, es el significado etimológico de la palabra bengalí para literatura, "sahitya". Y es que no se puede negar que la literatura nos acerca los unos a los otros, más allá de distancias geográficas, temporales o sociales. Sólo hay que abrir un libro de Rabindranath para estar con él, sólo tengo que escribir en este blog para estar con vosotros. Yo os hablo de Rabindranath Tagore, y por unos instantes estáis con él, mientras que cuando él escribe sobre Kalidasa, un poeta de la época clásica sánscrita, del silgo V d.C, por unos instantes yo también estoy con él. Y así sucesivamente.

Según Sisir Kumar Das, posiblemente el Meghadutam de Kalidasa fuera el poema favorito de Tagore. Que Rabindranath tuviera un sólo poema favorito me parece algo difícil de creer, pero si uno de ellos era Meghadutam, eso ya nos dice todo lo que necesitamos saber: que tenemos que leer el poema nosotros mismos ya!

Al parecer, Rabindranath escuchó este poema de joven, leído en boca de uno de sus hermanos mayores, en unos días de lluvia incesante durante el monzón, con el cielo oscurecido por las nubes, cuando todavía no sabía sánscrito y no podía entender las palabras del poema. A pesar de eso, o quizá precisamente por eso, los versos le hechizaron. Si podéis, apagad las luces de casa, o bajadlas, y escuchar un fragmento del Meghadutam vosotros mismos, todavía sin entender nada de lo que significa.


No sé quién es este hombre que recita, aparte de que es bengalí por su nombre, pero realmente le felicito. Ojalá recitara el poema entero, y no sólo un fragmento...

Imaginemos una densidad oscura, una intensidad lluviosa. Imaginemos a ser niños de nuevo y escuchar un poema musical en una lengua extraña. ¿Qué sentiríamos entonces? ¿Qué habría sentido Rabindranath? Escuchemos otra vez.

kaścit kāntāvirahaguruṇā svādhikārāt pramattaḥ
śāpenāstaṃgamitamahimā varṣabhogyeṇa bhartuḥ
yakṣaś cakre janakatanayāsnānapuṇyodakeṣu
snigdhacchāyātaruṣu vasatiṃ rāmagiryāśrameṣu


Vamos con el significado del poema. Yo no soy quien de traducir del sánscrito, así que vais a permitirme citar la traducción al inglés de McComas Taylor, que a pesar de estar traducida a prosa, es tremenda, y sobre todo, fiel, que es lo que os importa ahora, seguro, conocer el significado exacto de tan exótico cántico:

"A certain yaksha who had been negligent in the execution of his own duties, on account of a curse from his master which was to be endured for a year and which was onerous as it separated him from his beloved, made his residence among the hermitages of Ramagiri, whose waters were blessed by the bathing of the daughter of Janaka and whose shade trees grew in profusion."

"Un yaksha quien habiendo sido negligente en la ejecución de sus deberes, por una condena de su señor que había de ser soportada durante un año y que le resultaba ominosa ya que le separaba de su amada, se alojó con los ermitaños de la Colina de Rama (1), cuyas aguas habías sido bendecidas al contacto con la piel de la hija de Janaka (2) y cuyos abundantes árboles regalaban sombra"

(1) Ramagiri
(2) Sita, la esposa de Rama.

Meghadutam es conocido en inglés como The Cloud Messenger, La Nube Mensajera. En este poema, un yaksha - un semidiós de la mitología hindú - se encuentra cumpliendo una condena de destierro por un año, por desatender sus funciones en el palacio del rey Kubera - el dios de la riqueza-, rey de Alaka, una hermosa ciudad en los Himalayas (que es donde viven los dioses, es el Olimpo de los dioses hindúes). Este año de destierro debe pasarlo en la parte central de India, en Madhya Pradesh, más exactamente en las montañas donde el héroe Rama también sufrió sus años de exilio - exactamente en Chitrakut, si recordáis mis entradas sobre mi viaje a Madhya Pradesh, ahí está. Pero esto yo no lo sabía hace un año - , un lugar seco y cálido, que no tiene nada que ver con su ciudad alpina. Sin embargo, lo que realmente causa dolor al yaksha es la separación de su esposa, y está consumido por la nostalgia. Tanto añora a su amada, que después de haber sufrido ya seis meses de exilio, cuando se acerca la temporada de lluvias (que empieza en junio-julio, en el tercer mes del calendario indio, Ashar), desesperado le suplica a una nube que vaya al norte y le lleve un mensaje a su amada, y que vuelva con noticias de ella. El poema es la súplica del yaksha a la nube, que le explica la ruta para llegar a Alaka, y cómo encontrar a su esposa, y las palabras que debe decirle.

El poema no es excesivamente largo. Sus 115 estrofas - aunque algunas versiones contienen 110, otras 120 - se suelen separar en dos secciones, aunque esto no está abiertamente dividido en el texto: Purvamegham (la nube primera), que describe la condición del yaksha y la ruta a seguir por la nube mensajera, y Uttaramegham (la nube última), que describe el esplendor de Alaka y a la esposa del yaksha, y contiene el mensaje que la nube debe transmitir. Está escrito en un tipo de verso llamado mandakranta, que normalmente se agrupa en cuartertos, y que es muy musical a pesar de no ser rimado. Cada verso consta de 17 sílabas, divididas por dos cesuras, una tras la sílaba 4 y otra tras la sílaba 10, formando un patrón de 4+6+7=17, lo que crea el ritmo musical que escuchamos al recitarlo.

kaścit kāntā / virahaguruṇā /svādhikārāt pramattaḥ

Kalidasa expresa en este poema el dolor, la aguda aflicción que produce la separación. El yaksha intenta sobreponerse a ella, y llevado por el desespero, intenta usar a una nube para reunirse con su amada. ¿Por qué no pide a un ser humano, o a un pájaro al menos, a un ser sólido y con voz, que transmita su mensaje? Eso quizá tendría más sentido, pero la separación forzosa nos hace perder el sentido. Para superar la desolación el yaksha hace algo muy humano: usa el poder de la imaginación para consumar la reunión. Envía a una nube mensajera. Este es el poder de la literatura, el poder de la unión.

Kalidasa nos hace saborear la añoranza del yaksha con descripciones muy detalladas y visuales. Nos regala un paraíso imaginativo, de imágenes y de la imaginación, y es capaz de transformar el dolor en una delicia. Unos ejemplos:

(Estrofa 2)

tasminn adrau katicid abalāviprayuktaḥ sa kāmī 
nītvā māsān kanakavalayabhraṃśariktaprakoṣṭhaḥ 
āṣāḍhasya prathamadivase megham āśliṣṭasānum
vaprakrīḍāpariṇatagajaprekṣaṇīyaṃ dadarśa


That lover, separated from his beloved, whose gold armlet had slipped from his bare forearm, having dwelt on that mountain for some months, on the first day of the month of Asarha, saw a cloud embracing the summit, which resembled a mature elephant playfully butting a bank. 

Ese amante, separado de su amada, cuyo brazalete de oro se deslizaba ya de su desnudo brazo, habiendo pasado en aquella montaña algunos meses, en el primer día del mes de Ashar (1), vio abrazando la cima a una nube que parecía un elefante adulto jugueteando y chapoteando en una orilla.

(1) Ashar es el nombre moderno (en bengalí) del mes de Asarha: el tercer mes del año indio (que empieza a mitad de abril), y que es el primer mes del monzón.


Cuyo brazalete de oro se deslizaba ya de su desnudo brazo... El amante, consumido por la nostalgia, ha adelgazado tanto que su pulsera se le cae del brazo al que antes se ajustaba perfectamente. No sé si este es un topoi, porque lo he leído en unos poemas tamiles supuestamente más antiguos que el de Kalidasa, pero sea cómo sea, es precioso. Y la nube gris es un elefante adulto, un animal poderoso, inteligente y muy apreciado en India. Esta metáfora se repite a lo largo del poema muchas veces, por ejemplo en la estrofa 54, dice que es un "elefante de los dioses"; es el yaksha intentando halagar a la nube para que así no rechace su petición de ayuda. En otra extraordinaria estrofa (la 62), el yaksha compara a la nube de lluvia con el sólido y brillante negro del kohl, el polvo natural con el que las mujeres indias delinean y realzan la forma de sus ojos.

El yaksha se deshace en llamamientos al corazón de la nube en más de una ocasión, para intentar convencerla. Aquí transcribo otro de los más curiosos:

Estrofa 12

āpṛcchasva priyasakham amuṃ tuṅgam āliṅgya śailaṃ
vandyaiḥ puṃsāṃ raghupatipadair aṅkitaṃ mekhalāsu
kāle kāle bhavati bhavato yasya saṃyogam etya
snehavyaktiś ciravirahajaṃ muñcato bāṣpamuṣṇam 

Having embraced your dear friend, that lofty mountain, marked on its flanks by the feet of the lord of Raghu which are worshipped by men, take your leave. Year after year, having come for union with it, there is a display of affection on your part—you who release hot tears born of long separation. 

Una vez que hayas abrazado a tu querido amigo, esa altiva montaña, marcada en sus faldas por los pies del señor de Raghu (1) que los hombres consideran sagrados, prosigue. Año tras años, tras haberte unido a ella, das una muestra de tu cariño - tú que liberas cálidas lágrimas nacidas tras una larga separación.

(1) Rama

El yaksha, con su ingenio tan agudizado como ofuscado por el dolor y la nostalgia, apela a los sentimientos de la nube, haciéndola ponerse en su lugar, relacionando el sufrimiento de la nube alejada de la montaña que tanto ama, con el suyo propio, a kilómetros de distancia de su esposa. ¿A quién no convencería esta súplica? Todos los lectores quisiéramos inmediatamente convertirnos en nubes para ayudarle.

Otras veces, el yaksha es un poco más agresivo. Por ejemplo en la estrofa 17 dice:

na kṣudro 'pi prathamasukṛtāpekṣayā saṃśrayāya
prāpte mitre bhavati vimukhaḥ kiṃ punar yas tatthoccaiḥ

Even a lowly being, remembering an earlier kind deed, does not turn its back on a friend who has come for refuge; how much less, then, one so lofty?

Incluso un plebeyo, recordando un amable favor anterior, no da la espalda a un amigo que ha venido buscando refugio; ¿cómo podría, entonces, un ser tan noble (como tú)?

Además de estos argumentos tan emotivos, el yaksha, que quiere que la nube se identifique con él y con su dolor, intenta atraer la curiosidad de la nube con las cosas que a él le resultan más atractivas: las mujeres. Le promete la visión de unas jóvenes chicas, blancas como el jazmín y perfectas como la flor de loto, que esperan sin saberlo la amistad de la nube, que posará por unos instantes su sombra sobre sus bellos rostros (estrofa 27):  "chāyādānāt kṣaṇaparicitaḥ puṣpalāvīmukhānām" /"you who have made a momentary acquaintance with the flower-picking girls by lending shade to their faces"  / "tú, que al prestar tu sombra sobre las caras de las chicas que recogen flores has entablado amistad con ellas un instante". También le promete el placer de ver las "temblorosas pestañas" de las mujeres atemorizadas por el relámpago en la ciudad de Ujjain (estrofa 28), por poner algunos ejemplos.

Pero las mujeres no son la única atracción que la nube puede encontrar en su camino. Las descripciones de los paisaje sobre los que pasará en su viaje son fascinantes. Nosotros también queremos hacer ese viaje, queremos sobrevolar esos valles, esos ríos, esos bosques, esas cumbres nevadas, esas ciudades.

Estrofa 29:

vīcikṣobhastanitavihagaśreṇikāñcīguṇāyāḥ
saṃsarpantyāḥ skhalitasubhagaṃ darśitāvartanābhaḥ
nirvindhyāyāḥ pathi bhava rasābhyantaraḥ saṃnipatya
strīṇām ādyaṃ praṇayavacanaṃ vibhramo hi priyeṣu

On the way, after you have ascended to the Nirvandhya River, whose girdles are flocks of birds calling on account of the turbulence of her waves, whose gliding motion is rendered delightful with stumbling steps, and whose exposed navel is her eddies, fill yourself with water, for amorous distraction is a woman’s first expression of love for their beloved.

En el camino, después de subir hacia el río Nirvandhya, cuyos collares son las bandadas de pájaros cantando por la turbulencia de sus aguas, cuyo fluído movimiento se convierte en admirable cuando tropieza con las piedras, y cuyos remolinos muestran su ombligo, llénate tú de agua, puesto que la primera expresión amorosa de una mujer por su amado es la desatención.

Los ríos, en sánscrito y en la mitología hindú, son todos mujeres: quizá porque el agua es la vida. Los pájaros son los adornos del río, el fluir de sus aguas es como los andares de una mujer, que se desliza y balancea y cuando da un traspiés contra las rocas del lecho del río, es todavía más dulce. Pero mi metáfora favorita son los remolinos que exponen a la vista el ombligo del río, como una mujer en sari, que según se mueva, muestra o esconde su ombligo de nuestros ojos.

Hacia el final del poema, cuando por fin la imaginación del yaksha llega a su casa en Alaka, y explica a la nube mensajera cómo encontrar a su esposa y qué debe hacer para transmitirle el mensaje, Kalidasa describe su dolor de una manera intensa, a través de la descripción externa de las acciones de la mujer, y muestra un entendimiento muy profundo de la nostalgia amorosa, que yo no puedo evitar preguntarme qué separaciones habrá sufrido Kalidasa en su vida.

(Estrofa 26 de la segunda parte)

utsaṅge vā malinavasane saumya nikṣipya vīṇāṃ
madgotrāṅkaṃ viracitapadaṃ geyam udgātukāmā
tantrīm ārdrāṃ nayanasalilaiḥ sārayitvā kathaṃcid
bhūyo bhūyaḥ svayam api kṛtāṃ mūrcchanāṃ vismarantī 

Or having placed a lute on a dirty cloth on her lap, friend, wanting to sing a song whose words are contrived to contain my name, and somehow plucking the strings wet with tears, again and again she forgets the melody, even though she composed it herself

O habiendo colocado un laúd sobre una sucia tela en su regazo, amiga (1), queriendo cantar una canción destinada a contener mi nombre entre sus palabras, y de alguna manera rasgando las cuerdas con sus lágrimas y humedeciéndolas, una y otra vez ella olvida la melodía, a pesar de haberla compuesto ella misma.

(1) a lo largo del poema el yaksha se autodenomina "amigo" y "hermano" de la nube, a su esposa la "esposa de tu hermano", y aquí por fin, llama amiga a la nube.

La esposa del yaksha, sollozando, pensando continuamente en su esposo, desatiende las tareas de la casa, como se olvida de lavar las telas, y se olvida hasta de las canciones que quiere cantar en memoria de su amado. ¿Es que hace falta decir que está desolada?

Y tras tantas estrofas que despiertan en nosotros el sabor de la pena (la karuna rasa), al mismo tiempo se despierta en nosotros una curiosidad inmensa. ¿Cuál es el mensaje que el yaksha desea decir a su esposa? ¿Nos dirá Kalidasa cuáles son esas palabras? Pues sí:

(Estrofa 42 de la segunda parte)

aṅgenāṅgaṃ pratanu tanunā gāḍhataptena taptaṃ 
sāsreṇāśrudrutam aviratotkaṇṭham utkaṇṭhitena 
uṣṇocchvāsaṃ samadhikatarocchvāsinā dūravartī
saṃkalpais tair viśati vidhinā vairiṇā ruddhamārgaḥ

He whose path is blocked by an invidious command and is at a distance, by means of these intentions, unites his body with yours, the emaciated with the emaciated, the afflicted with the even more deeply afflicted, that which is wet with tears with that which is tearful, that whose longing is ceaseless with that which is longed for, that whose sighs are hot with that whose sighs are even more numerous.

Él cuyo camino está bloqueado por una odiosa orden y quien está lejos, por medio de mí, une su cuerpo con el tuyo, lo consumido con lo consumido, lo afligido con lo aún más profundamente afligido, aquello que está húmedo de lágrimas con aquello que está lloroso, aquello cuya añoranza es infinita con aquello es añorado, aquello cuyos suspiros son cálidos con aquello cuyos suspiros son aún más numerosos.

El yaksha dicta estas palabras a la nube, imaginando que él mismo es la nube diciéndoselas a su esposa recién levantada, observándola por la ventana de su dormitorio. La unión, por fin, imaginada pero unión al fin y al cabo, de las dos nostalgias y las dos tristezas por medio de un cuarteto: los versos son sólo un medio, como la nube, la nube es el poema y nos unimos a Kalidasa al leerlo, nos unimos al corazón humano al leerlo. El poema de la separación es un canto a la unión: 

"Oh, nube, tu esplendor realzado por la temporada de lluvias, ojalá nunca nada te separe de tu consorte, el relámpago.

Para terminar, os dejo con los invisibles hilos que unen a Rabindrantah con Kalidasa, más allá de sus ensayos o de su admiración por el poeta clásico: son sus canciones las que son una celebración del Meghadutam. Si bien Tagore jamás intentó traducir el poema al bengalí, creo que lo que sí intentó, consciente o inconscientemente, fue trasladar el sentimiento de separación, el anhelo de la unión, y la temática de las nubes y la lluvia, en sus famosas canciones. Muchas de ellas hablan de las nubes, y muchas otras, de la lluvia, especialmente del mes de Ashar, el primero del monzón. Escuchad estas dos:

Abar Esechhe Ashar (El monzón ha regresado)


El monzón ha regresado, cubriendo el cielo
a través del viento se huele la lluvia
este viejo corazón mío aún estalla de alegría
al ver a las nuevas nubes condensarse
sin prisa sobre los verdes campos cae la sombra de las nubes negras
"¡Ya llega!", grita el corazón, "¡Ya llega!", canta esta canción
Ha llegado a la mirada, se apresura al corazón.

Bahu yuger opar hote (Después de muchos muchos años)



Después de muchos años he recordado el monzón,
en un verso del poeta con el relámpago y la lluvia que gotea.
Las guirnaldas de flores unidas se balancean y se mezclan con el polvo,
hoy su fragancia fluye en el viento lloroso.
Ese día sin razón aparente llegaron las nubes a la orilla
el agua se derramaba sin razón aparente sobre la verde orilla.
Sin pestañear la guirnalda de nubes se extendía hacia el camino,
como la visión de la sombra de una nube negra a mi memoria.

Tumi Shandhyar Meghamala (Tú eres la guirnalda de nubes del crepúsculo)


Esta canción fue traducida por el propio Rabindranath al inglés para la colección que se recogió bajo el título The Gardener, así que permitidme que cite su traducción directamente, sin duda alguna mejor de que lo que yo soy capaz de hacer:

You are the evening cloud floating in the sky of my dreams.
I paint you and fashion you ever with my love longings.
You are my own, my own, Dweller in my endless dreams!
Gleaner of my sunset songs!

Your lips are bitter-sweet with the taste of my wine of pain.
You are my own, my own, Dweller in my lonesome dreams!
Of the depth of my gaze!

I have caught you and wrapt you, my love, in the net of my music.
You are my own, my own, Dweller in my deathless dreams!
Your feet are rosy-red with the glow of my heart's desire,
With the shadow of my passion have I darkened your eyes, Haunter!



Nota curiosa: Neruda escribió su poema 16 de Veinte poemas de amor y una canción desesperada basándose en esta traducción al inglés de la canción original en bengalí. Veamos su transcreación:


En mi cielo al crepúsculo eres como una nube 
y tu color y forma son como yo los quiero. 
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces, 
y viven en tu vida mis infinitos sueños. 

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies, 
el agrio vino mío es más dulce en tus labios: 
oh segadora de mi canción de atardecer, 
cómo te sienten mía mis sueños solitarios! 

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa 
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. 
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo 
estanca como el agua tu mirada nocturna. 

En la red de mi música estás presa, amor mío, 
y mis redes de música son anchas como el cielo. 
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. 
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.


Demasiadas cosas para una sola entrada, ¿no?



* La traducción al inglés de McComas Taylor está disponible aquí: http://chl.anu.edu.au/languages/sanskrit/meghaduta_english.pdf

lunes, febrero 10, 2014

Kolkata Boimela 2014 / La Feria del Libro de Calcuta 2014

Mi ciudad hace amago de celebrar una feria del libro cada año, en verano. Quizá por el calor, se ha ido derritiendo a lo largo de los años, limitándose ahora a una exigua línea de casetas blancas, cada una de ellas copia casi idéntica de la anterior. Como la feria la sitúan en el parque de la Alameda, la mayoría de los visitantes son familias jóvenes con niños pequeños, jubilados y algún adulto con perro, a los que la feria sorprende cuando van de paseo al parque. La mayoría acaba sentándose en las terrazas de las cafeterías de la acera de enfrente, desde donde pueden disfrutar de la vista de las casetas blancas, cómodamente, a lo lejos.

Nada que ver con la Feria del Libro de Calcuta.

Aquí, la literatura es más poderosa que la religión. Los únicos dos asuntos que pueden igualársele son los debates sobre los dos equipos de fútbol de la ciudad, y qué cantante interpreta mejor las canciones de Rabindranath Tagore. Y si bien en Bengala tienen su semana religiosa, Durga Puja, que es la fiesta que inicia el período de fiestas, también tienen sus semana literaria, la Feria del Libro, que es precisamente la que lo clausura. Las dos atraen a gente de todo el estado, incluso a bengalíes emigrantes, que acuden a la ciudad con idéntico fervor, a celebrar, quizá, también la misma cosa: la alegría de vivir.

Porque la feria del libro, aquí, no es una mera exposición de bestseller que nadie compra, una excusa para pasear una tarde por algún lugar distinto del habitual, ni una sorpresa repentina que acaece sobre los paseantes que no se miran la sección de la agenda del día del periódico. La Feria del Libro causa expectación e ilusión, los bengalíes tachan los días en sus calendarios, desde el principio de enero, hasta que se anuncian los días exactos de su duración: entonces todo es planear qué día(s) se irá(n), qué casetas se visitarán, a quién se verá allí, averiguar qué país es el país invitado, qué libros se podrían comprar y hasta si venderán algún libro suyo.

Pero no todo son libros en la Feria del Libro. Una de las secciones más importantes, de las que lleva más ventas, es la carpa de las "little magazines", las pequeñas revistas en las que los escritores y pintores menos conocidos publican, la mayoría de las veces por puro amor al arte. Las pequeñas revistas es donde late la creatividad y la pasión de los bengalíes por la literatura, y la pintura: no sólo en la portada, sino en las páginas interiores, raro es una revista sin dibujos, fotografías o diseños de alguna clase. 


La carpa de las pequeñas revistas es uno de los lugares más concurridos de la Feria


Cada centímetro de las largas mesas está cubierto por números y números de miles de revistas distintas


Todas las revistas comparten las mesas, anunciándose con grandes carteles que indican a los lectores dónde encontrar la revista que buscan


Ejemplo de pequeñas revistas y libros que he ido acumulando estos años (estas son las de Diciembre-Enero)


Uttorkal, una pequeña revista editada por mi amigo Jeet Mukhopadhyay, que ganó un premio a la mejor pequeña revista en la Feria de Pequeñas Revistas que hubo el pasado enero. Hay pequeñas revistas en la Feria del Libro, pero no hay libros en la Feria de Pequeñas Revistas. Un número vale 15 rupias. Imprimir 300 números cuesta más que las 2500 rupias que ganan con su venta.

Cada año la Feria del Libro está dedicada a un país, para el que construyen una carpa más grande con lugar para hacer exposiciones culturales generales sobre el país y exhibir libros para leer allí mismo, sobre el que hay actividades culturales cada día, visitas de autores de dicho país, y espectáculos de música y danza. Este año, el país invitado fue Perú, y se rumorea que el próximo será Bolivia.


Además, hay encuentros literarios con autores nacionales e internacionales (este año fue, entre los internacionales, por ejemplo, nada más y nada menos que Lorenzo Silva - yo leí apasionadamente su El alquimista impaciente - y entre los nacionales, Amit Chaudhuri), conciertos (por ejemplo, hubo un concierto en honor a Peter Seeger, fallecido hace unos días) presentaciones de revistas y lanzamientos de libros (por ejemplo, dos de mis amigos, Himalaya Jana y Sanghamitra Halder, lanzaron sus últimos poemarios)


Antes de olvidar, de Himalaya Jana


i larga, de Sanghamitra Halder

En total, 570 casetas de diferentes editoriales y países. Según la Wikipedia, unos dos millones de personas visitan la feria cada año. Si lo comparamos con la asistencia a mítines políticos en la historia más reciente de Calcuta, incluso en este año que es año de elecciones al gobierno central, gana la Feria del Libro. Afortunadamente. Y, no llevada por el fervor, sino por la desconfianza hacia los medios de contabilización de personas, sinceramente creo que más de dos millones de personas la visitan cada año. En la entrada hay unos detectores de metales y guardias de seguridad que dejan pasar a todo el mundo, sin prestar atención a las oleadas de gente que se agolpan para pasar por los estrechos detectores, que no dejan de pitar, sin que por ello se inmuten en absoluto. No creo que sean ellos los que cuentan. Y si cuentan por ventas, tampoco es fiable, porque mientras para los que viven en Calcuta, se convierte en un lugar de reunión y disfrute, seguramente esperen a encontrar el libro en College Street, donde les harán un mayor descuento; quienes más compran son los de fuera de Calcuta, para quienes la feria supone la oportunidad de comprar libros que en sus respectivas ciudades o pueblos sería imposible encontrar. 

Yo compré algunos libros, y me quedé con ganas de otros, que quizá busque, como los auténticos "calcutenses", en College Street. Pero no quise quedarme con las manos vacías: en una tienda de libros de segunda mano compré una Historia de India en bengalí para niños con introducción por Indira Gandhi y unas ilustraciones preciosas, de esas ediciones que tanto me fascinan, y un libro sobre la vida y obra de Bankim Chandra, el primer gran novelista bengalí, del siglo XIX, que os sonará si habéis seguido mi recomendación y habéis visto Charulata. Y de primera mano, un cómic bengalí (aunque en inglés), Devi Chaudhurani, una versión gráfica de una novela del propio Bakim Chandra, sobre una mujer que se convirtió en una, digamos, reina de los bandoleros en la Bengala rural. 

Pero me quedé con ganas de esto:


Sí, Luis Buñuel


Y, sí, ¡¡Castelao!! ¡Sus viñetas traducidas al inglés y al bengalí!


Y el Ramayana en versión cómic y con un terrorífico estilo gráfico por un dibujante argentino, Quique Alcatena



domingo, septiembre 01, 2013

Grabaciones de música clásica india de principios del siglo XX en vinilo

Hoy, por casualidad, acabé presenciando un "concierto", digámoslo así, de música clásica india. Pero no un concierto cualquiera: sino un concierto de voces femeninas de principios del siglo XX, grabadas en vinilo. Y escuchadas en vinilo, gracias a un bengalí coleccionista que ofreció sus discos a una exposición sobre "Voces de India" que está ahora mismo en marcha en la ciudad.

No esperaba para nada esto, sólo iba ala exposición, pero resultó muy interesante. He aprendido un montón de cosas sobre música india y las cantantes femeninas. En unos días escribiré una explicación de lo grabado (está en inglés) en español, para aquellos que no acabéis de entender lo que dice el coleccionista. Mientras, os dejo aquí la grabación que en pleno siglo XXI, hice con un smartphone.


sábado, agosto 31, 2013

Tasher Desh, de Q

(Atención: hay spoilers. Aunque no importa demasiado, la verdad. Lo importante de esta película es la forma, no el contenido. Todos los bengalíes conocen la historia antes de ir a verla, pero eso no disminuye el valor de la película).


Este es la segunda entrada que dedico a Tasher Desh, y quizá haya un tercero. He hablado de la obra de teatro de Rabindranath Tagore, que vi representada este año en Academy of Fine Arts en Calcuta, en una entrada en la que avancé lo que es el tema de esta, la película que Q ha hecho versionando (de manera fiel al texto e infiel a todas las formas) la misma obra. ¿Q? ¿Quién es Q? Q es el nombre artístico de Qaushiq (normalmente, Kaushik) Mukherjee, un director de cine bengalí independiente, famoso por su irreverencia general ante todo, pero especialmente, ante lo convencional, lo tradicional y lo anquilosador.

Sus deseos de romper con los diques que contienen la creatividad, las barreras que nos encierran (Bandh Bhenge Dao, literalmente "Rompe los diques", es una de las canciones de la obra), le han llevado a adaptar la obra de Tagore al cine. No conozco bien la obra teatral de Tagore, pero esta es una pieza muy interesante, con un contenido que, además de ser claramente didáctico, lo que enseña no es sino la libertad. De hecho, hoy en clase he preguntado, para practicar (estamos con el cine) el significado del verbo "tratar", ¿de qué trata Tasher Desh? Y la respuesta de mis alumnos ha sido "de la libertad". Lo bueno, si es breve, dos veces bueno.

Para los perezosos a los que no os apetece volver a la otra entrada a recordar, y para aquellos recién llegados que están un poco perdidos, hago un pequeño resumen: la historia cuenta la huida de un joven que se siente atrapado en la monotonía de su vida, que emprende un viaje con un amigo, y llegan a una extraña isla, el País de las Cartas, donde para su sorpresa, los habitantes viven bajo un orden marcial, siguiendo órdenes absurdas sin cuestionarse nada. El joven y su amigo, los primeros extranjeros en visitar la isla, son la chispa que hará estallar una revolución en el País de las Cartas, cuando persuaden a una de las cartas-chica a ponerse de su parte. Poco a poco, las cartas dejan de ser cartas y se convierten en seres humanos.

Pues Q lleva todo esto a la pantalla, y mucho más también. En realidad, sigue la obra de Tagore al pie de la letra: los diálogos, las canciones, no hay licencias. Las licencias se las toma en las formas, que rompen con lo que estamos acostumbrados a ver en una película. De hecho, es casi una anti-película, sobre todo la segunda parte, donde la historia se diluye en un collage de imágenes, música y poemas, que en los momentos más excesivos recuerda a un videoclip de la MTV. Pero eso es en los momentos en los que la película sobrepasa al espectador, no acostumbrado (por supuesto que no acostumbrado) al concepto que Q está proponiendo a través de su película sobre la libertad - poniéndolo en práctica en la misma.

La primera parte es un poco más "normal", digamos, en cuanto a que podemos seguir un tenue hilo narrativo: la monotonía de la vida del príncipe, contada a través de un cuentacuentos (quizá, la figura del propio director) que pasea por Calcuta y duerme en las estaciones de tren, con el texto de la obra de Tagore en la mano, obsesionado con representarla en un teatro. El cuentacuentos, que no habla sino consigo mismo y con los trenes, llega a una casa antigua y ruinosa donde hay una joven viuda, a la que reconoce como la Reina de Corazones, y a la que le empieza a contar la historia del príncipe. 


Este príncipe sin nombre (simplemente se le llama "príncipe", Rajputro) vive con su madre y una legión de sirvientes y sirvientas vestidas de blanco, en una solariega casa perdida en el bosque. La madre, exiliada o desterrada, no lo sabemos exactamente, después de que el rey la sustituyera por una reina más joven, ha encerrado a su hijo en la casa mientras que ella se ha encerrado en su mente, sus recuerdos, y el alcohol. De vez en cuando viene el mejor amigo del príncipe, que además es su proveedor de marihuana, que fuman continuamente, como único medio de escapar que tienen. El príncipe sueña con salir y viajar, escapar de esa rutina vacía, de los momentos que se repiten iguales unos tras otros. 

Q nos hace visualizar y sentir esta monotonía repitiendo planos desde todos los ángulos, como si fuera un experimento cubista, en la que casi se superponen unos a los otros (y a veces, se superponen realmente). Los diálogos se repiten cuatro, cinco, seis veces, siempre los mismos, los mismos movimientos. Nos sentimos como el joven príncipe, atrapados en esa jaula del tiempo. Su amigo no entiende por qué tanta pasión por salir de esa "jaula de oro" en la que viven, cómodamente, donde tienen todo lo que pueden desear, mientras que el mundo de fuera se presenta desconocido, incierto y peligroso. Cuando el príncipe está empezando a volverse loco de hastío, llega el Oráculo, un ser andrógino vestido de rojo que le canta lo que debe hacer: viajar. Por fin, el príncipe se enfrenta a su madre, en silencio, escribiendo con el pintalabios de ella por toda su habitación su deseo, explicando por qué no puede quedarse más tiempo en esa cárcel de casa, y su madre pronuncia sus primeras palabras en toda la película para bendecirle en su viaje.

Y llegamos a la segunda parte de la película, en la que, mágicamente - por una pastilla que toman, al estilo Matrix - llegan a una isla con una playa maravillosa. Por fin el príncipe sonríe, feliz con la novedad y la libertad, aunque sea menos cómodo que su gran mansión. Pero hay un elemento lúgubre en toda su felicidad: los nativos de la isla, que tienen una apariencia extraña y se mueven de manera extraña, todos al unísono, y hablan a gritos.


El diseño de la vestimenta y del maquillaje de las Cartas se merece un premio. Fijaos en los labios: cada palo de la baraja está claramente representado en el conjunto de colores de la ropa (variaciones de blanco, negro y rojo), y en los labios.


Q rompe la pantalla en mil partes para mostrar con mas fuerza los dientes amenazantes de las cartas, con sus particulares subtítulos (las cartas hablan con voces distintas, y por lo tanto, sus subtítulos son diferentes de los humanos). Toda la forma está diseñada con un claro propósito: romper las barreras (de la pantalla incluidas), y sobrecoger al espectador con la emoción que toque: monotonía, desesperanza, miedo, alegría, pasión...

Cuando los dos amigos están observándoles escondidos entre los arbustos, no pueden evitar reírse de las Cartas. Esto los alerta y son descubiertos, arrestados por el crimen de reír, y llevados ante el Rey y la Reina de las Cartas (hay que decir que estas cartas eran muy igualitarias, ya que el Rey siempre consulta con la Reina antes de tomar cualquier decisión, y si no está de acuerdo, pues no se toma hasta que no tengan un consenso). Al príncipe se le ocurre cantar como símbolo de respeto, pero cantar también es un crimen el País de las Cartas, así que los habitantes piden que sean ejecutados por atreverse a cometer semejante crimen, porque hay que "mantener la cultura". El ministro de cultura, una carta especialmente cabezota, pide su muerte, mientras que otros piden el destierro. Pero el príncipe pide permiso para hablar antes de ser juzgado, y les canta a las mujeres-cartas una canción como la que el Oráculo le cantó a él. Esto hace perder la compostura y la seguridad a las mujeres, incluida la Reina, que tras escuchar la canción, se niega a que sea castigado. Así que el castigo queda pospuesto, y ellos siguen con vida.

Entonces perdemos de vista a los dos amigos, para centrarnos en las cartas, y en como una de ellas , Horotoni (la Reina de Corazones) empieza a rebelarse ante las normas estúpidas y deja de hacer nada de los establecido, para hacer libremente, lo que ella quiere. Entre otras cosas, sentir la brisa en su pelo.


 Horotoni corta con tijeras la tienda de campaña donde vive, y se quita la gorra, para sentir la brisa del mar por primera vez.

Poco a poco, las demás cartas la siguen, primero las mujeres y luego los hombres, hasta que los habitantes de la isla están claramente divididos en dos facciones, con el obsesivo ministro de cultura y el Rey a un lado, y Horotoni y los suyos del otro. La película termina con la rebelión en marcha, con Horotoni y los suyos gritando con antorchas en la mano, esperanzados. El cuentacuentos y la viuda (que no sabemos si es realmente la Reina de Corazones, pues entonces, ¿qué le ha pasado?, o si es la imaginación del cuentacuentos, que la imagina como tal) abandonan la casa en ruinas para, quizá, volver a Calcuta juntos. Y Q nos regala al final, con los títulos de crédito, un montaje de imágenes y videos de diversas manifestaciones y rebeliones en el mundo, de guerras y de soldados en las calles (un guiño a la Primavera Árabe, entre otras rebeliones que seguramente no he sido capaz de reconocer), los grafittis de Bansky (¿qué indio los reconocerá? Ninguno...esto es un guiño a la audiencia occidental), y por fin, la voz de Tagore dirigiéndose a su pueblo en un tono altivo, hablando de la cultura de la Dorada Bengal.

Otra de las joyas de esta película es la banda sonora, que da un toque moderno a las canciones de Tagore. Y entre los muchos cantantes que participan en la banda sonora, está una de mis favoritas, Anusheh Anadil de Bangladesh. Si os interesa, os lo puedo enviar: en youtube todavía no está disponible.

Esta es la canción de la que hablaba al principio, Bandh Bhenge Dao, Rompe los diques, las barreras, en la versión tradicional y la versión de la película de Q, con la colaboración de Asian Dub Foundation:




Rompe los diques, rompe los diques, rompe los diques, 
¡rompe los diques!

Deja que desaparezca la esclavitud
Deja que la canción seca fluya
Canta por la victoria del derribo.
Deja que la marea se lleve lo desgastado y viejo
Deja que se vaya, deja que se vaya.
Hemos escuchado el grito de los jóvenes
"¡No tengas miedo, no tengas miedo, no tengas miedo!"
No temas lo desconocido
Aunque las puertas estén cerradas
Atraviésalas ya sin temor.

Bnaadh bhenge daao (x4)
bandi praanmon hok udhaao
shukno gaane aashuk
jiboner jaygaan gaao
jirno puraatan jaak bhese jaak
jaak bhese jaak, jaak bhese jaak
aamraa shunechhi oi
"mabhoi! mabhoi! mabhoi!"
kon nutoneri dak
bhoy korina ajaanaare,
ruddha taahaari ddare
duraar bege dhaao.


miércoles, agosto 21, 2013

Rakhsa Bandhan

Hoy ha sido Rakhsa Bandhan, el día en que las hermanas atan una colorida y brillante pulsera alrededor de la muñeca izquierda de sus hermanos mayores, o de las personas que cumplan un papel similar en su vida, para fortalecer el vínculo de cuidado y protección entre los dos.

Este año, ha salido un anuncio muy bueno en la televisión, en el que una chica que pregunta la dirección a un policía, al fijarse que el policía no tiene ningún rakhi (pulsera) atada en la muñeca, le ata una, y el policía le da su número de teléfono para que le llame en cualquier momento que necesite protección. Una campaña muy al tono, tras la violación de Delhi y la pequeña (o gran) locura que está sufriendo India ahora mismo. El tema de las violaciones y los acosos sexuales se ha vuelto casi "trending topic" de los medios de comunicación, donde ahora se publican diariamente y con todo tipo de detalles, de manera sensacionalista. El anuncio, supongo, forma parte de una pequeña campaña de concienciación, y sobre todo, de restauración de la imagen de la policía, que está por los suelos, ya que no pocas veces son ellos mismos los violadores. Pero, bueno, el anuncio la verdad es que está muy bien:


Al parecer la significación de este día ha aumentado y ahora incluye la amistad a grandes rasgos. Tantos, que yo he recibido mi propio rakhi a manos de mi amigo Kashinath:


El rakhi en mi muñeca, y el blog al fondo.


Y esta semana andamos de exámenes en la universidad, por fin, con tres meses de retraso:


Mis alumnos, al fondo. El segundo de la derecha, al lado de la pared, es Kashinath, en su examen de ruso.


sábado, agosto 03, 2013

Un viernes "de película"

Ayer viernes fue uno de los días más raros, en el buen sentido de la palabra, que he tenido en Calcuta. El jueves por la tarde, el editor de la revista de cine para la que estoy escribiendo me llamó para invitarme a acompañarle a la casa de Soumitra Chatterjee. Los lectores asiduos del blog sabrán que he hablado de Soumitra en casi todas mis entradas sobre cine bengalí, y que es sin duda uno de mis actores favoritos, y que, en resumen, soy una fan. Sin duda acepté la invitación, aunque me puse muy nerviosa: ¡iba a ir a la casa de una estrella de cine! Tenía que acostarme pronto y dormir bien para madrugar, pero con los nervios, me fue casi imposible, aunque conseguí levantarme. Después de unos problemillas con un taxista listillo, y del tráfico horrible de las mañanas en Calcuta, llegué a tiempo al punto donde el editor vendría a recogerme para llevarme a la casa del actor. Al parecer los dos habíamos tenido la misma idea y le habíamos llevado chocolate de regalo (yo unas galletas de esas con chocolate rellenas de naranja, y él unos bombones), porque, al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta el chocolate? Sólo esperaba que no tuviera diabetes. Esta información no está en internet, claro.

El editor de la revista está escribiendo un libro sobre Soumitra, su actuación en cine y en teatro, y sus otras actividades artísticas (es poeta, recita, y también escribe guiones de teatro, además de traducir obras al bengalí y editar revistas - esto es Calcuta). Ya le había hecho varias entrevistas, pero siempre hacen falta más, y la de hoy fue sobre el teatro. Fue estupendo, porque es un tema del que yo sabía menos, aunque había ido a verle en la versión en bengalí de El Rey Lear que lleva varios años representando, cómo no, en el papel de Lear. 

La casa está en una zona residencial, verde y tranquila, en el sur de Calcuta. Es pequeñita, una especie de dado grisáceo de dos pisos, con un amplio jardín que medio esconde la casa de la vista del público. El salón, de tamaño medio, estaba decorado de manera muy simple, sin demasiados ornamentos ni colores chillones ni nada ostentoso. Un mueble con estanterías y cajones cubría una pared, una mesa bajita delante de un sofá, y un pequeño espacio aparte, con un sofá y dos sillones a juego, el uno enfrente de los otros, al lado de una ventana a través de la que se podía ver una enredadera, que dejaba pasar la luz pero protegía a los visitantes de las miradas curiosas. Allí fue donde nos sentamos a esperarle. Lo que me llamó más la atención fue que estaba leyendo el último libro de Khaled Hosseini (And the mountains echoed), además de las estatuas de cabezas de Buda (Buda estilo Siddartha, es decir, el joven Buda), y sobre todo, que parece que colecciona pequeñas estatuas del toro Nandi, la cabalgadura de Shiva - supongo que será devoto de este dios en particular.

No tuvimos que esperar mucho, y llegó en pantalón de chándal y camiseta, muy casual, sin pretensiones. Se mostró sorprendido de verme allí (el editor no le había dicho nada de mi presencia), pero agradeció los regalos y estuvo muy hablador y agradable. Hasta nos invitó a café, cosa que, según el editor de la revista, sólo había hecho dos veces anteriormente. De hecho, se quedó tan contento con la entrevista - una hora y media, muy distendida, en la que discutimos la escena actual del teatro y los nuevos estrenos de cine -, que quiere llevarme las próximas veces también, a ver si Soumitra reacciona igual y habla así de animadamente, ya que me ha comentado que ha habido ocasiones en las que se ha levantado de mal humor y en las que no decía ni una palabra.

Además, hasta nos hicimos unas fotos :)


Nos despedimos por fin y volví a mi residencia para mi siguiente cita: una ceremonia de inauguración del nuevo apartamento del profesor de sánscrito que ha estado viviendo en la Guest House durante los últimos cuatro meses, Kamal. Después de pasar cuatro años en las Islas Fidji como enviado diplomático, ha vuelto a Calcuta para ocupar su posición como profesor de epigrafía en la Universidad de Calcuta, y la universidad le ha dado un piso en el norte de Calcuta, como suele hacer con los profesores que no son de Calcuta (excepto con los extranjeros, que tenemos que quedarnos en esta Guest House... en fin...). Aquí en India es habitual que antes de empezar a vivir en una casa se realice una ceremonia de, literalmente, "calentamiento de la casa" (housewarming), en la que sin duda no puede faltar el fuego como elemento esencial: encendimos incienso, ofrecimos flores, y preparé un té (que lleva calor) para celebrarlo, junto a unos dulces que compramos previamente. 


Flores, en medio, un loto ("kamal", como el profesor), el incienso, y ese paquete en blanco fue el libro de "cocina para novatos" que le regalé.


El profesor Kamal y el té.

Allí estuvimos una hora (aunque ir y volver en taxi nos llevó otra hora, de verdad, nunca había estado tanto tiempo metida en un coche en Calcuta, y es horrible, hay atasco en todas las calles a todas horas), viendo el piso, y comentando qué hace falta para vivir, porque está sin amueblar. Así que le dibujé un plano del piso, y apuntamos las cosas básicas necesarias, cuál sería la utilidad de cada una de las habitaciones, etc. En sus cuarenta y tantos años de vida nunca ha vivido en su propia casa, siempre en la de alguien, o la que le había prestado el gobierno de Fidji cuando estuvo allá, así que jamás ha tenido que enfrentarse a una casa sin amueblar ni es consciente de lo que es necesario y no, ni sabe cocinar ni limpiar ni hacer nada por sí mismo porque, en India, siempre hay alguien que hace esas cosas por ti (especialmente, si naces hombre), incluso en Fidji tenía una familia como sirvientes. Así que ahora que tiene que hacerlo todo solo, está muy perdido (de ahí lo del libro de cocina para novatos), y aproveché para enseñarle cómo funciona el fuego de inducción (el que veis en la foto, es lo único moderno que hay para cocinar aquí, nada de vitrocerámicas ni placas eléctricas. Y ya veis el acabado de la cocina... horrible...), y explicarle algunas cosas básicas, como no que no hay que poner la lavadora en medio del salón o que hay que medir las habitaciones antes de comprar los muebles (cosa que no, no se le había ocurrido pensar). 

Por fin volvimos, y aunque estaba muerta de cansancio, aún me quedaba una cita más: un concierto de rock pop bengalí en un local al sur de Calcuta (de norte a sur, recorrí toda la ciudad, vaya). Allí esperaba encontrar a una amiga pero al final encontré a un estudiante de español y a los franceses de la Alliance Française y del consulado. La música no estuvo mal (el grupo fue mejor en directo que en los videos de Youtube), pero lo que realmente me gustó fue el local, espacioso y con buena sonoridad, la terracita de fuera, y el ambiente del lugar. Hay un concierto cada viernes, y ahora que por fin lo he "estrenado", creo que voy a volver.


Foto del escenario en la prueba de sonido previa al concierto.

Y por fin volví a casa para caer casi rendida en la cama después de un día tan ajetreado. 


domingo, mayo 19, 2013

Cine bengalí más allá de Satyajit Ray: Ritwick Ghotok

En los últimos días, dentro y fuera del blog, he recibido peticiones de información sobre el cine bengalí que existe más allá de Satyajit Ray, en su época, y en la actualidad. La figura de Satyajit Ray eclipsa casi a todos los demás directores, especialmente para los observadores extranjeros, que sin duda se ven más atraídos por el estilo más occidentalizado de Ray, que se educó en el cine viendo, principalmente, películas de la época clásica americano y europeo. Entre sus influencias, Ray cita en su libro "Our Films, Their Films" (una colección de ensayos que escribió tratando las películas indias - our films - y las películas no indias - their films-) a Renoir, Vittorio de Sica, Chaplin, Hitchcock, Kurosawa... Quizá por eso nos resulta sencillo entender las convenciones del cine de Ray, y no las Bollywood.

(Una pequeña anécdota hablando de las convenciones de Bollywood. Un día, mi compañera francesa Charline, un amigo indio y yo estábamos viendo una película en la televisión, con Aamir Khan de protagonista. La historia era una cosa así como que Aamir Khan trabaja en la industria del cine, pero es pobre. Se enamora y se casa de una chica que es más rica que él, que quizá tiene la esperanza de que él tenga éxito - en India el éxito significa sólo una cosa: dinero -, pero como no lo consigue, la chica se divorcia y pide la custodia de la niña que tienen en común. Aamir Khan no quiere divorciarse, pero lo que no puede soportar es la idea de perder a la niña, y toda la película va sobre su lucha dentro y fuera de los tribunales para obtener la custodia. En un momento de la película, hay una canción: Aamir canta y se ven imágenes de él con su ex mujer y con la niña. Y Charline pregunta: "pero, ¿qué ha pasado? ¿Ya se han reconciliado y están juntos? ¿Para qué tanto lío hasta ahora entonces?". Mi amigo y yo nos miramos y nos reímos: "¡Es un sueño! ¡Aamir Khan está soñando con cómo le gustaría que fueran las cosas!". Esto era algo que Charline no podía comprender fácilmente, que en las canciones lo que se muestra no es sólo una condensación temporal o un acto de seducción (como es muchas veces), sino que también los sueños de los protagonistas se expresan simplemente, con una canción, sin transiciones ni cambios en el estilo de la imagen, y no con confusas distorsiones de imágenes que nos indican que entramos en el mundo del sueño, como en el cine occidental. ¿Cómo se aprenden estas cosas?  Viendo muchas películas de Bollywood. Pero al principio cuesta, claro, porque no entendemos por qué tanta cancioncilla. La primera película de Bollywood que vi me dio vergüenza ajena, de tanto baile absurdo. Absurdo me parecía a mí entonces, claro. Hoy en día, esa peli es una de mis favoritas de Bollywood, aunque no sea más que porque la he visto demasiadas veces.)

Pero más allá de Bollywood, y más allá de Satyajit Ray, tenemos un cine bengalí con sus peculiaridades. No soy ninguna experta, hay muchísimas películas que todavía no he visto, pero no puedo evitar sacar algunas conclusiones de las películas que he visto. Y me parece que el cine bengalí - exceptuando el cine comercial y alimenticio, que es un copy paste de Bollywood pero en bangla en vez de hindi - tiende a contar historias de corte realista. Es decir, que la inspiración para los creadores de películas aquí no es tanto la fantasía y el sueño de "cómo les gustaría que fueran las cosas", que es Bollywood, sino la vida diaria de la gente, ya sea en el pueblo o en la ciudad. Con lo que salen a veces historias muy duras, pero claro, también depende de quién y cómo las cuenten.

Más allá de Ray, aunque contemporáneos suyos, me gustan muchísimo Mrinal Sen y Ritwick Ghotok. Empezaré por este último, aunque sólo sea porque tiene menos películas de las que hablar, y va a llevarme menos tiempo. 

Ghotok (1925-1976), nació en lo que hoy es Bangladesh, pero fue afortunado, ya que su padre decidió trasladar a toda la familia justo antes de la partición del estado en dos, evitando la oleada de refugiados, el pillaje salvaje y el genocidio. Ghotok se dedicó al teatro, escribiendo obras, además de al cine, aunque creo que es más conocido por sus películas (porque nunca nadie me ha hablado de la obras de teatro de Ritwick Ghotok, lo he encontrado yo por internet). Sin embargo, sólo tiene ocho películas en su hacer, pero también fue actor, hizo algunos cortos y documentales, escribió guiones además del teatro que ya he mencionado, y se dejó cosas sin terminar al morir. Vivió y murió mal: estaba continuamente arruinado y se gastaba todo el dinero en sus proyectos artísticos y en alcohol. Su adicción al acohol derivó en diversos problemas de salud que le llevaron al hospital, incluso a un hospital mental una vez, y finalmente, a la muerte.

De sus películas, he visto dos, Ajantrik y Meghe Dhaka Tara, y puedo decir que son dos de esas películas que hay que ver antes de morir. Ajantrik es quizá una de las primeras películas indias de "ciencia ficción", en la que el protagonista es un viejo coche, propiedad de un taxista, que se desvive por él. Muchos años antes de ese clásico del cine de terror, Christine, basado en una novela de Stephen King, Ghotok ya había tratado el tema de un coche con personalidad propia. La película no es una película en sí, más bien parece un ensemble de cuatro cortometrajes con los mismos personajes principales. A pesar de esta forma tan rara, en el que el único punto de conexión es la relación entre el coche y su taxista, y la dureza del campo rural en el que sobreviven trasladando a otros personajes de un lado a otro, esclavos del trabajo y del dinero, en el que el taxista intenta establecer una relación humana en un mundo tan inhumano que lo más humano a su alrededor es su taxi.

Meghe Dhaka Tara es otro tipo de película. Es una película con una línea argumental y una historia clara, que sigue un orden cronológico, no un puzzle como la anterior. En esta película, una familia que ha huido de Bengala Oriental tras la partición, vive en la miseria de un campo de refugiados (lo que ahora son los suburbios de Calcuta). Antes eran ricos y son educados (el padre es profesor, el primogénito sabe música y la hija mayor ha ido a la universidad), pero al huir de la violencia de la guerra han perdido todas sus posesiones y su dinero. Sobreviven gracias a las clases particulares que dan el padre y la hija mayor, Nita. El primogénito, que, según la tradición, debería ser quien acarrease la responsabilidad de traer el pan a la familia ahora que su padre es muy mayor, sólo ansía ser músico y no está dispuesto a sacrificar su sueño por la familia: antes, sacrifica a su propia hermana, quien, cuando el padre sufre un accidente que le impide caminar e ir a las casas a dar sus clases, se convierte en la única proveedora de la familia. La madre, una típica ama de casa autoritaria y tradicional, que sólo quiere ver a su hijo en una oficina y a sus hijas casadas ya, es un demonio de mujer, que esclaviza a Nita y recoge todo el dinero que ella trae a casa, aunque andan a deber en todas las tiendas del barrio. La hermana pequeña es una niña mimada, egoísta y cruel, a la que no le importan en absoluto los sentimientos de nadie. 

Nita tiene un novio, un joven soñador y poeta, que quiere casarse con ella. Pero Nita, consciente de su responsabilidad en la familia (si ella se va a la familia de él, como es la tradición después de casarse, ¿cómo va a comer su propia familia, cuando ella es la única que trabaja?), le pide que espere a que su hermano, que ha huido con el poco dinero que Nita guardaba, vuelva convertido en un famoso músico que pueda ganar lo suficiente para que sus padres y su hermana pequeña no pasen hambre. Nita incluso empieza a trabajar en una oficina en el centro de Calcuta, un trabajo aburrido y repetitivo, pero que le da más dinero que las clases particulares. Sin embargo, Nita no ha contado con que su hermana se ha encaprichado con su novio, y éste, incapaz de esperar a Nita, es fácilmente seducido. En realidad, no es ni seducido, porque no le cuesta nada cambiar a una hermana por la otra. El encanto físico de la hermana pequeña, a la que le gusta usar joyas y maquillaje, cosa que Nita no usa, es suficiente para él, a pesar de que no pueda mantener una conversación con ella, como sí hacía con Nita.  Esto destroza a Nita, pero lo peor para el espectador, es saber de la complicidad de la madre en todo el asunto, aunque ella sabe muy bien que el chico y Nita tienen una relación. Pero, asustada ante la posibilidad de perder a la única persona que trae dinero a casa, confabula y prepara todo el matrimonio de su hija pequeña sin pararse a pensar en los sentimientos de su hija mayor.

El egoísmo, la crueldad de los personajes y del entorno de Nita, es desgarrador. No es una película feliz. Y el final, no cómo termina la historia de Nita, sino que me refiero a las últimas imágenes, que nos  dejan adivinar que esta historia no es única ni excepcional, es impactante.

Que hay que verlas, por si no os había quedado claro ya.

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