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sábado, octubre 13, 2012

Unas fotos antes de las vacaciones


Una curiosa tienda de maquinaria entre Dalhousie y Chandni Chowk



Con modelos de máquinas perfectamente explicados


Como esta máquina para hacer velas. Pero lo mejor es el lema: Our Aim is All Unemployed Be Employed (Nuestro objetivo es que todos los desempleados sean empleados). Alguien debería tomar nota...



Mis alumnas y yo en el último día de clase antes de vacaciones. El sari, porque ellas me lo pidieron, que si no... no se puede dar clase si no te puedes mover bien...

jueves, septiembre 06, 2012

En busca de un sari

No suelo vestir sari, pero hace dos días tuve la oportunidad perfecta para ponerme uno. Charline quería comprarse un sari, y como no sabe nada de saris, necesitaba mi ayuda. Yo, encantada: adoro los saris, sus telas, sus diseños, y tenía ganas de comprarme uno yo también. 

Así que el martes por la mañana fuimos al mercado de Gariahat, que está a 10 minutos de nuestra Guest House. Allí, en Rash Behari Avenue, hay miles de tiendas y puestos callejeros de saris de todos los estilos y materiales imaginables, e inimaginables también.

Y para poder regatear bien y que no nos tomen por ignorantes extranjeras (aunque casi lo somos), repasé mis números en bengalí y me vestí de sari. Pensé que si me veían con uno se sentirían menos inclinados a timarme.

Nos recorrimos toda la avenida. Buscamos un sari colorido: Charline quería algún diseño muy tradicional, pero no tenía muy claro el color o la tela. Aquí en West Bengal lo normal es un diseño de sari liso con un borde muy grueso y de color, y normalmente la tela es algodón. Pero es un algodón tieso muy incómodo de vestir, que necesita varios lavados y salidas con el sari para que quede bien. Es mejor comprar otra tela, un algodón suave (malai, como crema, jajaja), o una tela como chiffon o algo sintético. Pero los diseños en estas telas son más modernos y no eran del gusto de Charline. Primero entramos en una tienda que tenía descuento pero aún con los descuentos era carísimo: decidimos que era más inteligente comprar en la calle. 

Mirando las tiendas, yo encontré un sari sencillo que me encantó. No sé si me lo pondré, pero la tela vale la pena: ¿6 metros de algodón por 250 rupias? ¡Trae pa'acá!


Yo regateando un sari

Fue fácil porque éramos los primeros clientes del día, y prometimos volver al mismo puesto un día. 

Por fin encontramos un sari de seda azul con un diseño de animales estilo tradicional, aunque no bengalí. Yo quería que Charline comprara otro sari con azul distinto, más pálido y con el borde azul oscuro, pero al final se llevó uno azul brillante con dorados. Después de pelear un poco con el vendedor, conseguimos rebajar doscientas rupias y llevárnoslo por 500. El vendedor quería que compráramos algo más, pero no puedo comprarme doscientos saris en un día...


No entramos en la "Indian Silk House", pero nos hicimos una foto con los elefantitos de fuera

Ahora solo queda que se compre una blusa a juego con el sari y que aprenda a ponérselo :)


domingo, abril 15, 2012

Dos últimas semanas de curso

Estas dos últimas semanas, por eso de ser las últimas, han sido muy intensas. Mil cosas que hacer (todavía) y mucho calor, tormentas continuas a eso de las 7 de la tarde, visitas de amigos y talleres en la universidad. Además, por ser la ultima semana de trabajo de mi compañera francesa, Clo, el jueves (su último día) fuimos a la universidad las dos vestidas de sari, para sorpresa de nuestros estudiantes (y de todo el mundo que nos veía)


Pero empecemos por el principio.

La primera semana de abril vino mi amigo español y asiduo lector de este blog, Juan, a ver Calcuta antes de marcharse de India (y a visitarme, claro). Aunque tuvo sus pequeños percances con el clima (el calor sofocante, las tormentas que casi le impiden llegar y salir de la ciudad), me quedo con una frase del segundo día: "la ciudad ahora me parece menos hostil". Buen resumen, efectivamente, al principio parece una ciudad totalmente hostial hacia sus habitantes, difícil, dura, caótica, asfixiante...pero luego uno se acostumbra al nuevo lenguaje de esta ciudad, diferente de todas las demás ciudades (aunque en el fondo sea India, hay más diferencias que similitudes), y empieza a resultar un poco más amable, sobre todo por la gente, que suele ser encantadora.

Gracias a él he podido ver, por fin, los jardines de Victoria Memorial, el Indian Museum, St. Paul's Cathedral, St. John's Cathedral, he paseado por Dalhausie (BBD Bagh, la zona de los ministerios, los bancos y los negocios) en un festivo, he ido a cenar al Park Hotel y he tomado uno de los mejores vinos de mi vida (un pinot noir de California, parecido al Rioja crianza pero un poco más suave y afrutado, menos seco).


Victoria Memorial desde el Jardín


La entrada a St.Paul's Cathedral


La Corte de Justicia parece más bien un palacio medieval de juguete...


Fascinantes puentes para conectar los dos edificios de la Corte de Justicia


"Pedacito" de mica encontrada en Bihar, en el Indian Museum.


Creo que era la estatua de un boddhisatva budista, pero ya no me acuerdo...en el Indian Museum.

Pero después de la visita, volvió todo el trabajo acumulado que había quedado pendiente: perseguir a media universidad para que me dieran una habitación en la Guest House y un aula para el escritor que venía a realizar una charla sobre la creación narrativa, escribir mil cartas al respecto, corregir ejercicios y preparar exámenes, arreglar el sari para el jueves como había prometido a Clo (ver la primera foto)...y claro, al final con tanto estrés y calor me dió un bajón y me subió la fiebre, y el día antes de que viniera el escritor tenía 39ºC de fiebre. Me quedé en casa a descansar, le tuve que dar a Clo unas fotocopias con ejercicios para llevarles a mis alumnos para que no perdieran clase. Pero al final, se fue la luz en la universidad y no pudieron hacer nada el clase tampoco. Y yo hasta tuve que salir, para ver el auditorio donde quizá representemos la obra de teatro que estamos preparando en el taller, en mayo. Es el Triguda Sen Auditorium, un lugar desangelado, que apesta a cerrado y lleno de polvo...Seguimos buscando auditorio, pero tal vez tengamos que conformarnos con ese...

Estaba nerviosa, porque si al día siguiente seguía enferma iba a ser un desastre, con la llegada del escritor y no puedo perder clase a final de curso, pero al final me levanté bien y no pasó nada. O sí. Como el miércoles estuve enferma no pude ir a la universidad a seguir persiguiendo a la gente respecto a la habitación y al aula, y di por sentado que, habiendo pedido la habitación la semana anterior, para el jueves y habría llegado la carta con la reserva a la Guest House, pero resultó que no, que no había llegado. Tras discutir un poco con recepción y llamar varias veces a College St, donde nadie cogía el teléfono, al final nos dieron una habitación. 

Pero cuando llegamos a la universidad, enseguida el secretario del departamento me dijo que fuera a hablar con el Assitant Secretary, que simplemente me dijo que fuera a hablar con el Registrar, que a su vez me dijo que fuera a hablar con la General Section...así, de un lao pal otro. Y por fin en la General Section me dicen que...¡yo no he entregado allí ninguna carta para reservar ninguna habitación en la Guest House para el escritor, y que yo había creado un problema! ¡El mismo tío que me la cogió va y me dice eso! Así que ya me enfadé y les insistí hasta que se pusieron a revisar los documentos que tenían esparcidos por la mesa una y otra vez y...¡sorpresa! encontraron la carta: la mía, escrita a mano, fechada, sellada y firmada, y la suya, la que debían haber enviado a mi Guest House con la reserva y que obviamente, perdieron entre el caos de papeles. Y sin disculparse siquiera, me dicen que ahora mi escritor tiene que cambiar de habitación porque recibieron otra reserva para otro señor y que le han dado la misma habitación. ¡Ni de broma! El escritor ya estaba instalado en la habitación, así que les dije que le dieran la habitación vacía al nuevo, que todavía no había llegado a la Guest House, y dejaran al escritor en paz en su habitación, tranquilo. Tampoco estaba el escritor en la Guest House ahora, así que aún cuando este nuevo profesor llegara, se encontraría con que no podría entrar en la habitación, y se molestaría: era mejor para todos darle la habitación vacía a la otra persona por venir, y dejar al escritor en la suya. Además, mi reserva era anterior, pero como la "perdieron", pues le dieron la habitación a la otra persona...En fin, pues no había manera de hacerles entender nada y me decían que nanai, que habia que cambiar de habitación al escritor.

Me marché, enfadada. Me tomé un té y volví al departamento. Desde allí llamé al Registrar, al que le expliqué el problema y prometió devolverme la llamada a ver que se podía hacer. Al cabo de 10 minutos me llama y todo arreglado: el escritor se queda en su habitación, y el otro profesor por llegar se instalará en la habitación vacía. ¿Para qué escribir tantas cartas si al final lo único que soluciona las cosas es una llamada telefónica?

Y esto no fue todo. En los dos últimos meses mi salario, no sé por qué razón, no llega en los 5 primeros días del mes: el de febrero me llegó el día 20 de marzo después de protestar por todos los despachos, y el de marzo todavía no lo he recibido. Así que de nuevo desde el departamento, llamé a nosequién de algún departamento de contabilidad que me decía que es que yo tenía que hacer no se qué papeleo para hacer el proceso más sencillo y tal...

Y estallé. ¿Más papeleo? Pero, ¿por qué? ¿Por qué ellos no quieren trabajar y se pasan el día charlando  y tomando té o viendo facebook en el ordenador? Durante tres meses no tuve ningún problema, ninguno, con el sueldo. Ni la anterior profesora lo tuvo, en tres años. ¿Y ahora, qué pasa? Así que le dije esto (que antes no había habido ningún problema, que María no había tenido ningún problema, que yo quería saber por qué ahora SÍ había un problema y cuál era exactamente), pero el señor simplemente ignoraba mi pregunta (aunque se lo repetí tres veces, mientras el secretario de mi departamento asentía con la cabeza a todo lo que yo decía), hasta que al final me dijo que vería qué podía hacer...Como tenía clase no podía ir a verlo en persona, pero fui al día siguiente, el jueves, con el secretario del departamento (que no me ayuda más porque no puede, vamos, entre su mal inglés y mi mal bengalí, mucho hacemos por entendernos), y va y me dice que es que como ese día no se quién no ha ido a trabajar (sin razones aparentes, o a mí no me las han explicado), pues que voy a tener que esperar al lunes...

Como el lunes no tenga el cheque me los como. Y no es por el dinero. Es porque es su trabajo y no lo están haciendo. Y porque si no me quejo y los persigo, directamente no me pagan...

Pero bueno, el taller de Escritura Creativa (que al final fue una charla sobre el proceso de transformación de "persona cualquiera" en "escritor", por ciertos desajustes y lagunas informativas que prefiero obviar, pero que en el fondo fue mejor idea....) fue bien, funcionó el proyector, vino bastante gente (aunque algunas personas que yo esperaba faltaron), y no hubo contratiempos. Pero lo mejor fue que cuatro de mis alumnos del taller de teatro se hicieron amigos del escritor y lo llevaron por Calcuta, a la Indian Coffee House y a tomar dulces bengalíes, y a montar en tranvía hasta Esplanade, y charlaron un montón, con lo que él tuvo una tarde estupenda y aprendió un montón de cosas sobre India, los indios, y Calcuta. Al final acabamos todos en el Raj's Café, en café español de Calcuta, tomando gazpacho, patatas bravas y huevos rellenos.


Teatreros con gazpacho 
(con el cartel del Royal Bengal Tiger de fondo, vaya, no me había dado cuenta...)

Y ahora me queda preparar un examen, seguir buscando auditorio, y terminar mi charla sobre la poesía española en la guerra civil que está muy a medias!! uf, espero que no me vuelva la fiebre.

lunes, diciembre 12, 2011

Una boda bengali

Este fin de semana fui invitada a una boda bengali, y me pasé una semana buscando junto a Clo, un sari y demás accesorios (pulseras, pendientes, collar, bolso, etc...) porque no tenía nada de nada que cuadrara con el color del sari que al final elegí. Elegir el sari no fue tarea fácil. Me ayudaron dos alumnas y aún, nos pasamos una tarde entera Clo, ellas y yo buscando el sari perfecto: bueno, bonito y barato.

Al final elegí uno verde con marrones y dorados, mientras que Clo eligió uno rosa y púrpura.



La verdad es que fuimos un poco desastre y estuvimos buscando el bolso hasta la tarde antes de la boda...

La boda era en Haora (Howrah), y fue la primera vez que yo iba a cruzar el río. Encontramos un bus al lado de nuestra casa que nos llevaba a Howrah Railway Station: media hora,  8 rupias. El problema lo tuvimos después: no conocíamos Howrah y no sabíamos donde quedaba el salón que la familia había alquilado para la boda. Llamamos a la familia, preguntamos a la gente y a los taxistas...un caos. Cada vez que llamábamos a la familia nos daban una dirección diferente como referencia, y no entendíamos ninguno de los nombres, de cualquier manera. Lo peor era que cuando les pedías que los deletrearan, usaban nombres de lugares indios, como si te digo "D de Delhi" y no "D de Dinamarca", que es comprensible, pero cuando empiezan con lugares que no conoces, pues vuelves a estar como antes. ¿Cómo se deletra ese lugar? Además, con el ruido de la estación detrás, no había manera de escuchar nada. No sabía si me decían J o G, o Polaveri o Kolaveri...

Al final me llamó la novia y me dió las instrucciones en español, y allá cogimos otro autobús para el salón.

Aquí las bodas suelen celebrarse en salones, no del todo restaurantes, sino edificios preparados para albergar a mucha gente y con cocina para darles de comer. Este era un salón normalito, pero decorado con muchas luces y flores. Cuando llegamos ya eran las 5 y media, pero no había llegado nadie todavía. Solo algunos miembros de la familia de la novia, nada más. 

La novia, mi estudiante, estaba preparándose en una habitación de donde no dejaban de entrar y salir mujeres. Nosotras teníamos que cambiarnos para ponernos el sari (una, porque yo no sabía cómo ponerlo, y dos, porque en el autobús se nos desharía...). Una sirvienta, una amiga de la novia y su tía nos ayudaron con el sari. Son muy bonitos, pero saber ponerse esos 5 metros de tela alrededor del cuerpo es un suplicio. Tras tres o cuatro intentos fallidos, al final conseguimos vestirlo de manera más o menos adecuada. Aún así, a lo largo de la noche tuvimos que arreglar algunas partes porque se desajustaba. Un incordio. ¡Viva el salwar!

Los preparativos de la novia

A eso de las 6 y pico por fin acabamos de prepararnos y empezó a llegar más gente, sobre todo, fotógrafos. Había unos cuatro o cinco que no paraban de sacar fotos a la novia y a los familiares. No sé cuántas fotos nos sacamos con la novia, pero cada dos por tres nos llamaban: primero con la novia, luego con las amigas, luego con el padre y la tía...Nos dejaron ciegas con tanto flash. Espero al menos conseguir alguna de esas fotos...

Fotos, fotos y más fotos

Luego por fin llegó el novio y su familia, y en media hora empezaron los rituales de la boda:
El novio, muy serio en las fotos

 La madre de la novia y otros familiares, con el novio

Los dos novios en medio de alguno de los rituales de la boda

Pero a nosotras se nos hacía tarde y tuvimos que marcharnos antes de que todo estuviera completado, porque teníamos al menos tres cuartos de hora de viaje a la Guest House, aunque depende del tráfico...Y la ceremonia dura horas y horas. Así que después de cenar nos despedimos de la novia y nos cambiamos de ropa y nos marchamos. Pero antes, nos sacamos alguna foto nosotras con el sari puesto:





lunes, febrero 28, 2011

Qué te puedo contar

Se acercan mis primeros dos meses en India y la mitad de curso para mis alumnos. La semana que viene tienen su parcial, y están todos nerviosos pensando en si aprobarán o no aprobarán. Creo que los he preparado bien, pero ya veremos. El caso es que se nota cómo pasa el tiempo.

Cada vez hace más calor, y eso es lo que peor llevo, con diferencia. Eso, y que se vaya la luz continuamente. No sé cómo aguanta la nevera. Nunca sabes cuándo se va a ir, así que mi ordenador anda ya todo el rato con la batería puesta, por si acaso se me va y se me apaga de repente. En algunos sitios, como en la escuela (creo) tienen pequeños generadores. Es una buena inversión aquí en Bangalore. Al parecer, según me han contado, hace cinco o seis años esto no pasaba, pero la ciudad ha crecido tanto y tantas industrias y compañías han venido aquí, que ahora pasa a menudo, porque derivan la electricidad a otro sitio que “la necesita más”.

Como siempre, me paso la semana centrada en las clases, dentro y fuera del instituto. Cada vez que veo las noticias o los videos de rtve, ya los miro con ojo clínico a ver si me sirven o no para alguna clase. Cada canción que escucho es examinada con el oído de una profe de español a tiempo completo. Pero en el fondo, hacer esto es muy cansado. Al menos, el viernes pasado hice algo diferente: ir a un mercadillo que hacen viernes, sábado y domingo en un barrio cercano.

Es casi como una feria, tipo la de Bouzas, la de Coia (en Vigo), la Aldehuela (Salamanca), o tipo Rastro de Madrid. Bueno, más o menos, con sus diferencias. Hay puestecitos por la calle, sí, pero estos son básicamente de comida, frutas y verduras. Pero las tiendas que hay a lo largo de toda la calle donde está el mercado abren y ponen mesitas fuera, con productos, y esos días hay como más gente comprando. La verdad es que una puede encontrar de todo ahí, desde sillas de mimbre a tuberías, cojines o ropa. También juguetes, colonias y maquillaje. Uno elige, vamos.

A Lucía y a mí se nos iban los ojos en cada puesto de ropa, telas y saris. La verdad es que son una preciosidad, los colores, los diseños....En un puesto no pudimos resistirnos más y compramos unas telas para llevar a un sastre a que nos haga el vestido. Lucía se compró uno en tonos azules marino y morados oscuros con un diseño de mosaico muy fino. Yo, en cambio, tiré por un diseño muy colorido típico del sur (aquí visten con más colorines y sobre todo, amarillos, al parecer), con una tela que parece un poco hippie. La tela, ya cortada una parte para la kurta (túnica, digamos), y con otra parte para los pantalones, y con el fular ya listo: 275 rupias. Ahora hay que llevarlo a coser. ¡Estoy deseando ver cómo queda! Cuando lo tenga listo y haya fotos, las cuelgo.

jueves, enero 27, 2011

Ser / Estar aquí

Perdonarme la pequeña bromita del título. Es lo que tiene enseñar español, que se me ocurren cosas acerca de los idiomas nada más (o poco más), y estoy a punto de meterme de lleno en la problemática de ser y estar, una auténtica pesadilla para los alumnos y para los profesores. Con lo simple que es usar "to be" para todo.

El caso es que a veces me parece que siempre he estado aquí. Me cuesta un poco darme cuenta de que antes yo vivía en otro país y tenía otra vida: esa era otra persona, no yo. O algo así. En cambio, otros días me digo "Uau, tía, que estás en la India ¡y no te estás comportando como si esto fuera alucinante!" Un poco de todo.

Cuando tengo mayores ecos de nostalgia es cuando trato de hacer cualquier cosa del día a día, estilo comprar, mandar una carta por correo, pagar una factura, siempre y cuando sea algo que hago por primera vez aquí. Es que no sabe una cómo hacer y todo parece raro e ilógico al principio. Como la primera vez que fui a comprar al supermercado. En algunos pagas en caja y ya está, todo normal, pero en otros te dan el ticket y tú tienes que ir a otro mostrador a pagar, allí te lo sellan y antes de salir, en algunos sitios, te vuelven a mirar el ticket para comprobar que has pagado. Por otro lado, casi siempre redondean la cuenta porque no tienen suelto, así que si tienes que pagar 123 rupias, probablemente solo tengas que pagar 120 al final. Me pregunto qué pasará con las cuentas del super al final de mes. También, los precios varían bastante de un día para otro, y la leche que el lunes compraste a 15 rupias el jueves está a 20, así que supongo que esas tres rupias que un día no pagas se ven compensadas de alguna manera al día siguiente.

Lo más fascinante es lo del regateo. En realidad, no hay precios fijos en casi ningún lado, sólo en tiendas occidentalizadas, pero en las tiendas en las que los indios compran en realidad, lo normal es que pidas un descuentillo y te lo hagan, y entonces tú pidas más descuentillo y te lo hagan, y entonces dices un precio más bajo y ahí empieza el regateo de verdad. Nunca había regateado tanto en mi vida, pero poco a poco le estoy cogiendo el tranquillo.

Por ejemplo, ayer. Aquí fue el día de la República, pero los días festivos en la India, como en Japón y a diferencia de España, no son días en que todo cierre: como te dediques a la atención directa al cliente (tiendas y hostelería), curras igual. Todos los centros comerciales abiertos, llenos de gente que en otros días estaría trabajando, todas las pequeñas tiendas, vendedores ambulantes, supermercados, rickshaw, taxis, autobuses, restaurantes, cafeterías...Vamos, que cierran las empresas y los bancos, y poco más. El caso es que por la tarde, después de dormir y descansar bien, decidí salir un poco y me acerqué a Commercial Street. Está a una media hora de mi casa a pata (más que nada por lo que tardas en cruzar las calles), así que no está tan lejos y me ahorro el rickshaw.

Llegué sin problemas y me dediqué  a dar vueltas por todas las callejuelas, llenas de gente a rebosar, de coches, motos, bicis y rickshaw pitando, gente llamándote y gente regateando. Iba  a buscar un bolso, pero aquí son todos los bolsos demasiado grandes o demasiado pijos para mi gusto (no pegan nada a mi modo de ver con la vestimenta tradicional de las mujeres, pero ellas no opinan como yo), y no encontré nada. Lo que sí encontré fueron unos dupatta (una especie de fulares o bufandas ligeras) preciosos. De hecho, había como una calle en que casi todas las tiendas eran solo de dupatta...Pero claro, además de elegir uno que te guste a ti y no dejarte convencer por el tendero, que te va a dar lo que él quiere, hay que regatear después...En el primer sitio, los dupatta eran demasiado sosos, pero estaban tirados de precio, a 100 rupias. En el segundo sitio que miré en serio, si que había cosas monas, con más decoración, un poco tirando a una pashmina pero sin serlo de verdad. 270 rupias que al final se quedaron en 200 más que nada porque no tenía nada suelto. El tendero me pidió dólares pero yo le dije que no tenía, que no era americana, así que quedo por 200 rupias y punto, pero seguramente habría podido sacarla por menos.

Después de mirar en varios sitios más ya solo por mirar, sin intención de comprar, encontré una tienda con unos pañuelos, palestinas y fulares PRECIOSOS. Alucinantes. No había visto cosa tan bonita en ninguna otra tienda, y ya llevaba hora y media pululando por Commercial St. Entré y allí sólo había un grupo de tres mujeres musulmanas con su marido, padre, o el hombre de su familia, cubiertas hasta arriba con el nikab, que me miraban como si fuera marciana porque estaba eligiendo ropa no occidental, y porque estaba regateando. Al final compré otro fular, negro y verde, muy elegante, que no sé cuando me pondré pero es que me enamoré al instante. Otras 280 rupias que se quedaron en 200. El mejor truco es preguntar primero por una cosa en la que no estás realmente interesado, luego por lo que te interesa, pensártelo y hacer como que te marchas...Bueno, a veces no funciona. Supongo que no siempre tienen tanto margen para regatear.

Como era el día de la República, en muchos lugares ponían que tenían ofertas especiales. En una tienda vendían saris por 250 rupias, tiradísimos. No sé la calidad, pero para el día a día estaban más que bien y de hecho, había un montón de mujeres rebuscando y comprando. A lo mejor para una ocasión especial no valían, pero para usar diariamente, por 250 rupias, es un precio estupendo. No vi saris mucho más baratos que eso en ningún otro sitio. Eso sí, en esa tienda decía un cartel bien grande "Fixed Price". Con lo baratos que estaban, como para regatearles el precio.

Lo más gracioso para mí es regatear en los rickshaw. Me he dado cuenta de que muchos de ellos han usado el taxímetro tan pocas veces que no saben el precio real del viaje y a veces lo sacas por menos. Ganarían más poniendo el "meter" (taxímetro). Por ejemplo, cuando la semana pasada fui a la Foreign Registration Office, fui por 40 rupias y volví por otras 40, negociando las dos veces. Esta semana, el conductor que me llevó accedió a poner el meter, no sé por qué, y resultó que el viaje valía...45 rupias, y porque me bajé antes. Vamos, que casi 50. Los dos primeros perdieron dinero. A la vuelta, con el conductor más majo que me he cruzado hasta ahora (hablaba conmigo, me preguntó si había comido ya, que es la pregunta que se hace aquí para ver qué tal estás y demostrar respeto, me ofreció cigarrillos y me preguntó si me importaba que él fumase, etc), al final le di 50. Total, era lo que valía el viaje, y no había sido borde ni me había intentado llevar por otro lado ni a otra parte, como otros conductores de rickshaw que parecen majos suelen hacer. Eso sí, por pedir, al principio me había pedido 90...

Creo que me gusta lo del regateo, la verdad. Hace la compra más interesante. 

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