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martes, junio 05, 2012

Problemas de vivir en el extranjero I: Incomunicación


Cuando vivía en Japón, era un poco complicado entenderme con la gente. Sí, sabía algo de inglés y algo de japonés, pero no tenía facilidad para pensar en estas lenguas cuando llegué. Mi inglés era algo mejor, pero muy funcional...lleno de errores. Todavía recuerdo cuando era incapaz de decidir si era “she” o “he “ o “his” o “her”, y cambiaba de referente en una misma frase, además del típico “people is” y mis dobles pasados “I didn't knew”...No es que no supiera las normas gramaticales: las sabía bien. Me ponías un examen de inglés por escrito y jamás cometería esos errores. Pero una cosa es escribir, cuando tienes tiempo para pensar qué estás escribiendo (y puedes borrar, y nadie lo ve), y otra muy distinta, hablar, donde no hay tiempo de ensayar, ni de pensar si lo que dices es correcto gramaticalmente, ni de borrar, porque nunca se borra, el error ya está hecho, dicho y oído.

Aprendí inglés (¡qué remedio!) porque si no no había manera de establecer comunicación con los demás alumnos extranjeros. ¿Cómo iba a comunicarme con mis compañeros de residencia o de clase, si ninguno de ellos hablaba español?

La necesidad de comunicarme fue lo que hizo que aprendiera inglés. Quiero decir, que aprendiera a HABLAR inglés.

Y japonés, bueno, no tenía tanto contacto con japoneses (por otros problemas no tanto comunicativos, que también, sino culturales...), así que aunque mi japonés mejoró muchísimo, mejoró sobre todo mi comprensión y mi lectura. Si no quería perderme en el país y estar aparte, tenía que aprender a entender lo que me decía la gente, el vendedor, el dependiente de la tienda, la voz en el metro, la mujer del banco. Y a leer, a leer los signos en la calle, las letras rápidas en los programas de televisión (menos mal que estaban ahí), los carteles en el metro, los anuncios, los envases de comida, los folletos con las ofertas de las grandes superficies....Gracias a dios (a un dios japonés, sin duda), tenía mi 電子辞書, mi diccionario electrónico que reconocía los kanji...

Pero mientras que con inglés, que era un idioma en el que me comunicaba diariamente, como tenía una base fuerte, gané la fluidez que me faltaba, con el japonés – que lo usaba diariamente, pero menos y no para una comunicación directa – tenía que prestar mucha atención. Escuchar varias veces. Leer con calma. Apuntarlo todo en una libreta. Usar el 電子辞書. Sin esa atención, estaba perdida. Y cuando el mensaje era demasiado rápido para mí, y no podía entender, me frustraba.

Era muy frustrante estar en un país, aprendiendo la lengua, y sentirme perdida, aparte del resto del mundo. Mientras que para ellos el japonés es el idioma natural, están cómodos comunicándose en él, y conocen las reglas del lugar y de la interacción social, yo no. Ni yo, ni casi ninguno (por no decir ninguno, voy a dejar el beneficio de la duda a algunos afortunados) de los estudiantes internacionales de la universidad. Por eso nos pasábamos el tiempo juntos, en inglés. Ahí, en inglés, aunque viniendo de diferentes culturas, todos estábamos en comunicación, y nos sentíamos conectados, miembros de un mismo grupo: el grupo de los estudiantes internacionales de Kansai Gaidai. Y considerando que nuestra familia y amigos estaban a miles y miles de kilómetros de distancia, formar parte de ese grupo era importante. Aliviaba la soledad y las dificultades de vivir tan lejos, de no entender nada, la frustración.

Ahora, otra vez, estoy en otro país, experimentando una cosa parecida. Pero distinta. Porque aquí no pertenezco a ningún grupo. El único grupo al que aspiro es al “grupo de estudiantes y profesores de español en Calcuta”. Pero los miembros de este grupo comparten un mismo idioma que no es el español, sino el bengalí, que yo no entiendo. Y además, pertenecen a otro grupo más grande: el grupo de “bengalíes en Calcuta”, que es enorme. Además de a su círculo de amistades y su familia. Y todos esos grupos funcionan en bengalí.

Por eso mi dedicación a aprender bengalí: para formar parte del grupo. Pero no es fácil, y el camino está lleno de frustración, mucha más frustración que en Japón. Allí, al menos, tenía mi grupo de “estudiantes internacionales”, funcionando en inglés, donde tenía mi refugio. Como dije antes, aquí no tengo grupo. Es como estar en Japón pero sin el apoyo de los estudiantes internacionales, y sin conocimiento alguno de la lengua nativa: como intentar entrar en el grupo de japoneses directamente, sola, y sin saber japonés ni las reglas de la interacción social. Cámbiese japonés por bengalí.

¿Qué por qué no me busco otro grupo, un grupo de “internacionales”, que funcione en inglés? Pues por dos razones muy sencillas: 1, no hay, y 2, aunque hubiera, no quiero.

¿Qué por qué me quejo entonces? Pues....porque es muy frustrante.

Y no quiero porque justamente por entrar en el grupo de “internacionales”, no aprendí tanto japonés ni tanto sobre Japón como podría haber aprendido. No me acabé de meter en la cultura. Si, volví a mi casa haciendo reverencias, diciendo “hai” en lugar de “”, siendo superamable y pidiendo todo de la manera más indirecta posible, levantándome a las 6 de la mañana para desayunar con té verde y comiendo fideos de soba todo el tiempo con palillos. Si me hubiera quedado un año más, me habría empapado más de la cultura japonesa y la habría entendido mejor. Pero no fue así. Lo que pasó fue que mi inglés mejoró mucho, y que conocí a gente de muchos países, que también es algo fantástico, pero no fue lo que fui a buscar.

Vivo en India. No es un año de estudios, sabiendo que luego voy a volver a España. No, yo vivo aquí, en Calcuta, y si voy a volver a España o no, o si me voy a marchar a Zimbwawe, pues no lo sé. No hay fecha límite a la vista. Por eso veo mi estancia aquí desde una perspectiva distinta: la perspectiva de la supervivencia. Tengo que introducirme en la cultura, en el grupo, o sí o sí. No hacerlo sería un suicidio, alienarme para el resto de los X años que me quedan aquí.

Pero, ¿no dices que hay un grupo de estudiantes y profesores de español? Ellos hablan español, ¿no? Entonces, tiene que ser fácil, ¿no?

A primera vista, sí. Pero en cuanto estás con parte del grupo (más de uno o dos), inmediatamente, el bengalí va a aparecer. Es normal. Comparten una lengua, ¿por qué no van a usarla? Es una estrategia comunicativa natural, la más natural de todas: usar la lengua materna. ¿Se dan cuenta de que no entiendo nada de lo que están diciendo? ¿Se dan cuenta de la frustración que provoca querer entender y hablar y no poder hacerlo porque tienes un bloqueo por tanto deseo? ¿Se dan cuenta de que así me ponen inmediatamente fuera el grupo, aparte? Y si se dan cuenta, ¿debería importarles?

A lo mejor, la respuesta a todas esas preguntas, es no.

¿Qué puedes hacer entonces? De momento, ver Nayok tantas veces como pueda hasta entender los diálogos...

lunes, junio 06, 2011

India and Spain

Hola desde España! Llevo una semanita y poco aquí, de vuelta en casa y en España, echando de menos la India como nada. Aquí me han acribillado a preguntas sobre Bangalore y la India, como si ahora fuese una experta o algo así en el país, cosa para la que todavía me queda muucho que aprender. Pero a base de responder a preguntas, me he dado cuenta de alguna cosa, y también de todas las lagunas que tengo todavía (sobre todo de esto...).

Y con tanta conversación me he puesto a comparar países: España, Japón, India, que son los tres en los que he pasado más tiempo. La conclusión general es que España e India tienen muchas cosas en común, más que por ejemplo, España y Japón, o España y USA (aquí he pasado menos tiempo, pero entre mis amigos estadounidenses y mi veranito allí, tengo una pequeña idea). O que España y Alemania. Quizá por eso me he sentido fácilmente en casa en India, a pesar de todo. En Japón me costó mucho más (digamos que nunca lo conseguí), y en USA me sentía muy rara también. Pero en Bangalore, pues como pez en el agua. A lo mejor debería hablar más bien de Bangalore y Goa que de India, que el país es muy grande y no conozco el resto, pero me voy a permitir generalizar un poco.

En España hablamos muy alto en los bares, hay bastante ruido dentro de los locales y sobre ellos, la gente hablando, gritándose casi a veces. En Japón recuerdo que un día fui a cenar con mi exnovio estadounidense y con dos amigos españoles que habían venido a verme, en Kyoto. Y allí estábamos los tres hablando, claro que "hablando" para nosotros era "gritando" para los demás. Nosotros no nos dábamos cuenta de nada, hasta que mi ex me da un codazo y me dice "mmm...todo el mundo nos mira...¿no podéis hablar más bajo?". ¡Qué corte! Además ya llevábamos una hora, más hablando que comiendo, cuando la gente en las demás mesas había ido rotando con cierta fluidez. Acabamos rápido lo que nos quedaba y nos marchamos al poco. En India eso nunca me ha pasado: la gente habla igual de alto para hacerse oír sobre el ruido de fondo. Eso sí, comen muy rápido, mucho más rápido que yo (aunque se me estaba pegando ya). Bueno, la verdad es que una vez me puse a discutir sobre el problema de la basura en India y claro, discutir ya es un grado más elevado que hablar, y como el tema era delicado, la gente si que me estaba mirando...pero sólo una vez.

En España llegamos tarde. Venga, no vamos a negarlo: habrá gente que sea puntual, pero que la gente llegue tarde a los sitios ( y me refiero a 5 o 10 o 15 minutos tarde) no es ninguna sorpresa y lo llevamos bien. ¿Que una tienda abre diez minutos más tarde de la hora a la que supuestamente abre? (una tienda pequeña, no Carrefour, se entiende) Pues normal. ¿Qué el autobús llega tarde? Pues normal. En Japón, lo cierto es que la gente también llega tarde, en la ciudades grandes sobre todo, porque aunque el metro y el tren sea puntual con una exactitud de reloj, hay mucha gente, el vagón está lleno, llegas muy justo y pierdes el metro, acumulas trenes perdidos y esquivar a la gente, y llegas tarde. Lo que pasa es que desde fuera eso no se reconoce. Que conste que hay muchos más japoneses puntuales que españoles puntuales, pero aún así, la puntualidad perfecta tal vez sólo la encuentres en Londres. ¿En India? Pues igual: 5 o 10 minutillos vas a tener que esperar. Bueno, yo he llegado a tener que esperar dos horas....menos mal que esperaba en casa. Pero es que en España también he tenido que esperar horas, y en la calle, que es peor. Incluso he tenido que esperar a un bus de ALSA dos horas de madrugada y bajo cero en diciembre. Eso en India, todavía no me ha pasado. Los buses son puntuales, al igual que el cine, al que nunca he podido ir porque siempre llegaba tarde, con la peli empezada. Se puede entrar, pero es que no me gusta entrar tarde, me da vergüenza...En España, las pelis siempre empiezan más tarde de lo que dicen, no habré ido yo justilla de tiempo en Salamanca y me he encontrado que no han empezado ni los trailers...

En España, le gente habla por la calle, en los trenes, en los buses, en los aviones. Haces amigos con desconocidos que te acompañan en el tren o en el bus, a veces no los vuelves a ver pero a veces sí. La gente es abierta y habla con facilidad. En Japón, dentro del país, no con japoneses en el extranjeros, que son mucho más abiertos quizá porque están fuera de su entorno normal, los amigos los hice a través de contactos con la universidad. La gente en la calle solía ser amable (con excepciones también) porque pensaba que eras un pobre turista perdido que no sabía japonés, desamparado, al que había que ayudar. Muy amables, y punto. En India conocías a gente por todas partes, la gente te hablaba en el bus (y lo más importante, se hablan entre ellos, cosa que en Osaka sí hacían pero en Tokyo, yo no vi a nadie hablando en los trenes). Hacer amigos era relativamente sencillo. En Japón, imposible. Que conste que tengo un amigo japonés al que conocí en un bus en España, pero es que siempre tiene que haber alguna excepción.

En España la gente va a tomarse un cafecillo por las tardes. Les encanta ir de cafeterías con amigos o familia, tomarse algo, si hace buen tiempo en la terraza, leerse el periódico en el bar, y luego si cuadra, se cambia el café por unas cañitas. En Japón, ese concepto simplemente no existía. Había pocas cafeterías (las kissaten son para comer o desayunar, en realidad), pero eran pequeñísimas (mi favorita, Lush Life, ni siquiera tenía mesas, era solo la barra y cuatro butacas...), y nunca vi ninguna llena (excepto Lush Life, porque LITERALMENTE tenía cuatro butacas, y claro, muy malo tienes que hacer el café para que no las llenes). Las demás era de corte Starbucks, su atractivo consistía en que eran "occidentales" y la gente también iba en plan comer sandwiches, y en muchas hacían platos de pasta o mini pizzas, no me preguntéis por qué. ¿Ir de cañas? La cerveza la toman con la cena, luego van a alcohol más fuertecillo...En India, aparte de cafeterías en cadena de corte occidental y con comida, hay miles y miles de puestos de té y café en la calle. Incluso itinerantes. Señores que van y vienen con sus motos y termos de té, leche y café por 4 rupias el vasito. No me imagino el país sin estos "teaboys", los "chaiwallah". Sin té, ¿qué sería de India? En fin, aparte de estos chicos del té motorizados, en cada esquina hay puestecillos donde puedes comprar té y café por 4 rupias, para tomar con tus amigos o compañeros de trabajo o con quien cuadre, incluso acompañado por otros desconocidos que contigo se toman el café o el té allí todos los días a la misma hora más o menos. Te sientas en la calle, muchas veces. Mis amigos del norte me dicen que en sus zonas los puestos siempre ponen al menos un banquito o dos para que la gente se pueda sentar, y que tienen periódicos para leer. Es un pelín más cutre, digamos, que tener un local amplio con mesas y sillas, pero en realidad, la costumbre es la misma. Y el té está buenísimo. Y lo de ir de cervecitas, al menos en Bangalore, no es nada raro. Hay cientos de locales donde elegir.

Estas son cuatro de las razones por las que me sentía en casa en Bangalore y no en Japón. Pero este post se está haciendo muy largo, así que voy a dejar el resto para otra ocasión.

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