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viernes, octubre 10, 2014

Los Poetas Invisibles


Libros de enésima mano en College Street


Ayer descubrimos al nuevo ganador del Premio Nobel de Literatura, el novelista francés Patrick Modiano. Os preguntaréis qué tiene que ver esta información con este blog. En principio, absolutamente nada. Sin embargo...

Hace 101 años que Rabindranath Tagore ganó el Premio Nobel de Literatura. Aunque este premio se otorga a la obra completa de un autor, Tagore fue premiado con una única obra traducida al inglés por él mismo, Song Offerings, que en la versión inglesa aglutinaba poemas de obras bengalíes distintas, no coincidente 100% con el Gitanjali bengalí, y también una colección de poemas que había traducido poco antes, The Gardener. Las otras dos obras que él mismo tradujo al inglés se tradujeron y publicaron después de que le dieran el Nobel. Es decir, que le premiaron sin haber leído la mayor parte de su obra. Con esto no estoy diciendo que se lo dieran inmerecidamente: creo que si hubieran podido leer más de sus obras, Tagore habría recibido el Nobel mucho antes. 

Y sin embargo durante estos 101 años, ningún otro indio ha sido galardonado con el Nobel, ni siquiera ha sido barajado como candidato a serlo. China sí, Japón sí, pero nada del subcontinente indio. El problema sigue siendo el mismo: la escasez de traducciones, y la mala calidad de la mayoría. A pesar de la anunciadísima muerte del libro, las editoriales siguen publicando en papel, colocando los últimos éxitos de masas en las estanterías. La literatura popular invade los escaparates de las librerías, pero no vemos en ellas nada de la abundante literatura de masas que el segundo país más poblado del mundo está escribiendo hoy en día. Diréis que exagero, que algo llega. Y es cierto, algún volumen se cuela en nuestras librerías, pero llegan con disimulo, casi con miedo, como si la editoriales temieran llamar la atención sobre las novelas indias que están publicando, con la excepción - a todo el párrafo - de Salman Rushdie.

Busco en la página de los Premios Nobel información sobre Tagore. Contiene una correcta y breve biografía, y un par de líneas que me hacen detenerme: "Para el mundo, él se convirtió en la voz de la herencia espiritual India."

Y es que efectivamente, esa es la visión que desde el rabillo del ojo tenemos de India: un país profundamente espiritual, sin nada más que contarnos que el karma y el yoga. Tagore, como uno de los cuatro puntos de referencia de India que tenemos, se ha imbuido de todo - lo poco que - sabemos del país, incluso con cosas con las que quizá él no estaría de acuerdo.

Hay mucho más en el cosmos indio que espiritualidad, vacas y castas, colores y saris, especias y la fiesta de Holi. Tagore no es un santón vestido de blanco en vez de azafrán. Y la literatura india no se terminó en Tagore. Ni en Salman Rushdie, ni en Arundhati Roy.

Escribo esto, inspirada por un brillante artículo de Scroll.in (página de noticias india que recomiendo a todo aquel o aquella interesado en el país), para romper una lanza por todos los escritores indios que no se llevaron ningún premio ni fueron conocidos más allá, en ocasiones, de las fronteras de sus propios estados. Y es que uno de los grandes problemas es, como ya dije, el de las traducciones. Simplemente, no hay. Nos estamos perdiendo a poetas de la talla de Jibanananda Das o Nirmala, a novelistas como Bibhutibushan Bandhopadhyay o Premchand, a dramaturgos como Dwijendralal Ray o N.Krishna Pillai.

Estos ya están muertos y no sería posible darles el Premio Nobel. Tampoco es que importe mucho, aunque ciertamente aporta una visibilidad que le vendría bien a la literatura india. Pero en un país tan poblado como éste, hay muchos otros, vivitos y escribiendo, que bien podrían empezar a ser traducidos, publicados y leídos. 

martes, septiembre 30, 2014

Tagore sobre Durga Puja: Todas las cosas en el mundo son como esa muñeca




Calcuta, 5 de octubre 1894

Ayer fue el último día de lluvia y tormenta. Hoy ha salido un sol maravilloso. La brisa matutina tiene un pequeño toque invernal, el suficiente para darle a uno escalofríos. Mañana empieza Durga Puja, así que este es un hermoso preludio a la fiesta. Cuando olas de alegría fluyen a través de todas las personas y las casas de Bengala, pertenezcas o no a la sociedad bengalí, la alegría te conmueve. Antes de ayer, por la mañana, de camino a la casa de Suresh Samajpati, vi cómo las imágenes de Durga, con sus diez manos alzadas, estaban siendo construidas en los patios de casi todas las mansiones - y todos los chicos de las casas circundantes parecían muy inquietos. Entonces pensé que tanto los jóvenes como los viejos se convierten en niños por unos días en todo el país, y juntos juegan a las muñecas a una escala gigantesca. Si meditas sobre ello, todos los placeres elevados son comparables a jugar con muñecas, en el sentido de que no hay ninguna ambición ni ánimo de lucro en ello - si lo ves desde fuera parece una auténtica pérdida de tiempo. Pero algo que alegra, que entusiasma, a la gente de un país entero no puede ser algo insignificante ni estéril. Hay muchas personas en el mundo que son duras y secas y mundanas, para quienes la poesía y las canciones carecen de todo significado, pero hasta ellos se ven afectados por la expectación y la ilusión del festival. Estoy seguro de que esta inundación de sentimiento anual humaniza a los hombres; por unos pocos días hace nacer empatía y dulzura en los corazones, allí tienen el amor, el afecto y la compasión un suelo fértil - agamani, las canciones de bijaya, el reunirse con los amigos, la melodía del nahabat, el sol de otoño y el cielo transparente, todo ello junto compone un alegre poema de belleza dentro del corazón. En el artículo sobre las rimas de las mujeres he mencionado que la alegría de los niños es la felicidad ideal. Ellos son capaces de impregnar cualquier pretexto con sus emociones - los niños insuflan vida en una muñeca fea e incompleta, a partir de su propia vida, con sus propias alegrías y penas. La persona que es capaz de mantener esta habilidad cuando ha crecido es una persona que podemos llamar "pensante". Para él o ella, todas las cosas alrededor de nosotros no son simplemente objetos visibles y audibles, sino que también poseen un significado interior - aquello que les falta lo completan con una canción. No puedes esperar semejante capacidad de pensamiento en todas las personas del país, pero en un periodo festivo como éste, casi todos los corazones están rebosando de emoción. Entonces, aquello que vemos como una simple muñeca aparece vestido por la imaginación y se quita su apariencia de muñeca;  un gran sentimiento de vida la atraviesa, y todo el mundo, con o sin sensibilidad, está bendecido por una corriente sagrada de felicidad. Después, cuando la muñeca vuelve a convertirse en una muñeca, la sumergen en el agua. Todas las cosas de este mundo son como esa muñeca. Todos aquellos a quienes amamos pueden ser sólo una persona con cierta apariencia física para otros, pero para nosotros están como encendidos desde dentro por una luz maravillosa; nos parecen eternos. Aquellos que carecen de oído pueden pensar que una canción es simplemente un sonido, pero, para mí, un sonido es una canción. Para aquellos que no pueden ver la belleza de esta tierra, la tierra es un mazacote de barro rodeado de agua. Pero ese mismo mazacote de barro rodeado de agua es para mí el mundo. Es decir, que si lo miras de una manera, todas las cosas en este mundo son muñecas; pero si lo miras desde el corazón, a través de tu imaginación, reconocerás en ellas a los dioses - ambos carecen de límites. Y por eso, si yo pensara en ella, quien ha conseguido conmover a cada persona de Bengala, como si sólo fuera una muñeca de barro, estaría traicionando mi propia falta de sensibilidad. 

Rabindranath Tagore

Traducción de su colección de cartas Chinnapatrabali (El libro de los pedazos de hojas)


lunes, mayo 12, 2014

La celebración de la unión en el canto a la separación: Rabindranath Tagore y Kalidasa


Estos ojos cumplieron 153 años esta semana. Y digo cumplieron, no habrían cumplido, porque Rabindranath sigue muy vivo todavía. Su recuerdo se está desvaneciendo, cierto, y parece cada vez más una pieza de museo, una reminiscencia como eso de "todo el pasado fue mejor", una perspectiva que lo separa totalmente del presente, que crea una barrera entre él y los que lo recuerdan. Sin embargo, usando un símil del propio Tagore, a la flor artificial dentro de casa hay que quitarle el polvo todos los días para que luzca, pero a la flor del bosque no hay que hacerle nada para que luzca bonita. No requiere mantenimiento. Sólo requiere que la vayamos a buscar al bosque y la miremos. Lo mismo pasa con Rabindranath: sus libros, sus retratos, que llenan las casas bengalíes (y poco a poco, la mía también) podrán llenarse de polvo, pero si le miramos a los ojos - como en la foto de arriba - o le buscamos en la lectura, nos deslumbra sin artificios. No hay polvo que pueda deslucir sus palabras. Y por suerte, tenemos muchas de ellas.

Cada vez que leo algo suyo, cuentos o novelas, ensayos, poemas o canciones, me quedo embelesada por lo sublime de la expresión y la profundidad del contenido. Últimamente he estado leyendo una colección de sus ensayos y artículos sobre literatura y sobre la lengua bengalí, en una edición traducida al inglés con anotaciones e introducción por Sisir Kumar Das, uno de los historiadores y críticos literarios más importantes de Bengala. Das también es un genio del análisis, y su prosa - la mayoría de sus ensayos los escribía directamente en inglés - es clara y aguda, perfecta para su propósito: explicar con la mayor sencillez posible los intrincados hilos de la literatura. Si tenéis algún interés por aprender sobre la historia de la literatura india, Sisir Kumar Das es la mejor opción. 

En este libro, Selected Writings on Literature and Language, se resume el papel que Rabindranath tuvo en la creación de la critica literaria en Bengala, que era prácticamente inexistente hasta el siglo XIX. Su tarea no sólo se centra en la crítica literaria de sus contemporáneos, sino que mira atrás, a la antigua literatura en sánscrito, y a su alrededor, a la literatura popular y de tradición oral, algo que nadie consideraba en aquel entonces digno de ser llamado "literatura". Estos esfuerzos son coherentes con su filosofía de la unión de los seres humanos en armonía: trata de unir el pasado con el presente, la clase alta, con sus escritores versados en la cultura occidental y en el inglés, con las clases populares y rurales, ignorantes de todo aquello que los altos urbanitas admiraban. Juntar el pasado con el presente, juntas a las personas más allá de sus clases sociales y sus diferencias económicas, más allá de las fronteras lingüísticas o nacionales, para el beneficio de todos que resultaría de esta unión: esa era la misión que daba sentido a su vida. 

Juntar, precisamente, es el significado etimológico de la palabra bengalí para literatura, "sahitya". Y es que no se puede negar que la literatura nos acerca los unos a los otros, más allá de distancias geográficas, temporales o sociales. Sólo hay que abrir un libro de Rabindranath para estar con él, sólo tengo que escribir en este blog para estar con vosotros. Yo os hablo de Rabindranath Tagore, y por unos instantes estáis con él, mientras que cuando él escribe sobre Kalidasa, un poeta de la época clásica sánscrita, del silgo V d.C, por unos instantes yo también estoy con él. Y así sucesivamente.

Según Sisir Kumar Das, posiblemente el Meghadutam de Kalidasa fuera el poema favorito de Tagore. Que Rabindranath tuviera un sólo poema favorito me parece algo difícil de creer, pero si uno de ellos era Meghadutam, eso ya nos dice todo lo que necesitamos saber: que tenemos que leer el poema nosotros mismos ya!

Al parecer, Rabindranath escuchó este poema de joven, leído en boca de uno de sus hermanos mayores, en unos días de lluvia incesante durante el monzón, con el cielo oscurecido por las nubes, cuando todavía no sabía sánscrito y no podía entender las palabras del poema. A pesar de eso, o quizá precisamente por eso, los versos le hechizaron. Si podéis, apagad las luces de casa, o bajadlas, y escuchar un fragmento del Meghadutam vosotros mismos, todavía sin entender nada de lo que significa.


No sé quién es este hombre que recita, aparte de que es bengalí por su nombre, pero realmente le felicito. Ojalá recitara el poema entero, y no sólo un fragmento...

Imaginemos una densidad oscura, una intensidad lluviosa. Imaginemos a ser niños de nuevo y escuchar un poema musical en una lengua extraña. ¿Qué sentiríamos entonces? ¿Qué habría sentido Rabindranath? Escuchemos otra vez.

kaścit kāntāvirahaguruṇā svādhikārāt pramattaḥ
śāpenāstaṃgamitamahimā varṣabhogyeṇa bhartuḥ
yakṣaś cakre janakatanayāsnānapuṇyodakeṣu
snigdhacchāyātaruṣu vasatiṃ rāmagiryāśrameṣu


Vamos con el significado del poema. Yo no soy quien de traducir del sánscrito, así que vais a permitirme citar la traducción al inglés de McComas Taylor, que a pesar de estar traducida a prosa, es tremenda, y sobre todo, fiel, que es lo que os importa ahora, seguro, conocer el significado exacto de tan exótico cántico:

"A certain yaksha who had been negligent in the execution of his own duties, on account of a curse from his master which was to be endured for a year and which was onerous as it separated him from his beloved, made his residence among the hermitages of Ramagiri, whose waters were blessed by the bathing of the daughter of Janaka and whose shade trees grew in profusion."

"Un yaksha quien habiendo sido negligente en la ejecución de sus deberes, por una condena de su señor que había de ser soportada durante un año y que le resultaba ominosa ya que le separaba de su amada, se alojó con los ermitaños de la Colina de Rama (1), cuyas aguas habías sido bendecidas al contacto con la piel de la hija de Janaka (2) y cuyos abundantes árboles regalaban sombra"

(1) Ramagiri
(2) Sita, la esposa de Rama.

Meghadutam es conocido en inglés como The Cloud Messenger, La Nube Mensajera. En este poema, un yaksha - un semidiós de la mitología hindú - se encuentra cumpliendo una condena de destierro por un año, por desatender sus funciones en el palacio del rey Kubera - el dios de la riqueza-, rey de Alaka, una hermosa ciudad en los Himalayas (que es donde viven los dioses, es el Olimpo de los dioses hindúes). Este año de destierro debe pasarlo en la parte central de India, en Madhya Pradesh, más exactamente en las montañas donde el héroe Rama también sufrió sus años de exilio - exactamente en Chitrakut, si recordáis mis entradas sobre mi viaje a Madhya Pradesh, ahí está. Pero esto yo no lo sabía hace un año - , un lugar seco y cálido, que no tiene nada que ver con su ciudad alpina. Sin embargo, lo que realmente causa dolor al yaksha es la separación de su esposa, y está consumido por la nostalgia. Tanto añora a su amada, que después de haber sufrido ya seis meses de exilio, cuando se acerca la temporada de lluvias (que empieza en junio-julio, en el tercer mes del calendario indio, Ashar), desesperado le suplica a una nube que vaya al norte y le lleve un mensaje a su amada, y que vuelva con noticias de ella. El poema es la súplica del yaksha a la nube, que le explica la ruta para llegar a Alaka, y cómo encontrar a su esposa, y las palabras que debe decirle.

El poema no es excesivamente largo. Sus 115 estrofas - aunque algunas versiones contienen 110, otras 120 - se suelen separar en dos secciones, aunque esto no está abiertamente dividido en el texto: Purvamegham (la nube primera), que describe la condición del yaksha y la ruta a seguir por la nube mensajera, y Uttaramegham (la nube última), que describe el esplendor de Alaka y a la esposa del yaksha, y contiene el mensaje que la nube debe transmitir. Está escrito en un tipo de verso llamado mandakranta, que normalmente se agrupa en cuartertos, y que es muy musical a pesar de no ser rimado. Cada verso consta de 17 sílabas, divididas por dos cesuras, una tras la sílaba 4 y otra tras la sílaba 10, formando un patrón de 4+6+7=17, lo que crea el ritmo musical que escuchamos al recitarlo.

kaścit kāntā / virahaguruṇā /svādhikārāt pramattaḥ

Kalidasa expresa en este poema el dolor, la aguda aflicción que produce la separación. El yaksha intenta sobreponerse a ella, y llevado por el desespero, intenta usar a una nube para reunirse con su amada. ¿Por qué no pide a un ser humano, o a un pájaro al menos, a un ser sólido y con voz, que transmita su mensaje? Eso quizá tendría más sentido, pero la separación forzosa nos hace perder el sentido. Para superar la desolación el yaksha hace algo muy humano: usa el poder de la imaginación para consumar la reunión. Envía a una nube mensajera. Este es el poder de la literatura, el poder de la unión.

Kalidasa nos hace saborear la añoranza del yaksha con descripciones muy detalladas y visuales. Nos regala un paraíso imaginativo, de imágenes y de la imaginación, y es capaz de transformar el dolor en una delicia. Unos ejemplos:

(Estrofa 2)

tasminn adrau katicid abalāviprayuktaḥ sa kāmī 
nītvā māsān kanakavalayabhraṃśariktaprakoṣṭhaḥ 
āṣāḍhasya prathamadivase megham āśliṣṭasānum
vaprakrīḍāpariṇatagajaprekṣaṇīyaṃ dadarśa


That lover, separated from his beloved, whose gold armlet had slipped from his bare forearm, having dwelt on that mountain for some months, on the first day of the month of Asarha, saw a cloud embracing the summit, which resembled a mature elephant playfully butting a bank. 

Ese amante, separado de su amada, cuyo brazalete de oro se deslizaba ya de su desnudo brazo, habiendo pasado en aquella montaña algunos meses, en el primer día del mes de Ashar (1), vio abrazando la cima a una nube que parecía un elefante adulto jugueteando y chapoteando en una orilla.

(1) Ashar es el nombre moderno (en bengalí) del mes de Asarha: el tercer mes del año indio (que empieza a mitad de abril), y que es el primer mes del monzón.


Cuyo brazalete de oro se deslizaba ya de su desnudo brazo... El amante, consumido por la nostalgia, ha adelgazado tanto que su pulsera se le cae del brazo al que antes se ajustaba perfectamente. No sé si este es un topoi, porque lo he leído en unos poemas tamiles supuestamente más antiguos que el de Kalidasa, pero sea cómo sea, es precioso. Y la nube gris es un elefante adulto, un animal poderoso, inteligente y muy apreciado en India. Esta metáfora se repite a lo largo del poema muchas veces, por ejemplo en la estrofa 54, dice que es un "elefante de los dioses"; es el yaksha intentando halagar a la nube para que así no rechace su petición de ayuda. En otra extraordinaria estrofa (la 62), el yaksha compara a la nube de lluvia con el sólido y brillante negro del kohl, el polvo natural con el que las mujeres indias delinean y realzan la forma de sus ojos.

El yaksha se deshace en llamamientos al corazón de la nube en más de una ocasión, para intentar convencerla. Aquí transcribo otro de los más curiosos:

Estrofa 12

āpṛcchasva priyasakham amuṃ tuṅgam āliṅgya śailaṃ
vandyaiḥ puṃsāṃ raghupatipadair aṅkitaṃ mekhalāsu
kāle kāle bhavati bhavato yasya saṃyogam etya
snehavyaktiś ciravirahajaṃ muñcato bāṣpamuṣṇam 

Having embraced your dear friend, that lofty mountain, marked on its flanks by the feet of the lord of Raghu which are worshipped by men, take your leave. Year after year, having come for union with it, there is a display of affection on your part—you who release hot tears born of long separation. 

Una vez que hayas abrazado a tu querido amigo, esa altiva montaña, marcada en sus faldas por los pies del señor de Raghu (1) que los hombres consideran sagrados, prosigue. Año tras años, tras haberte unido a ella, das una muestra de tu cariño - tú que liberas cálidas lágrimas nacidas tras una larga separación.

(1) Rama

El yaksha, con su ingenio tan agudizado como ofuscado por el dolor y la nostalgia, apela a los sentimientos de la nube, haciéndola ponerse en su lugar, relacionando el sufrimiento de la nube alejada de la montaña que tanto ama, con el suyo propio, a kilómetros de distancia de su esposa. ¿A quién no convencería esta súplica? Todos los lectores quisiéramos inmediatamente convertirnos en nubes para ayudarle.

Otras veces, el yaksha es un poco más agresivo. Por ejemplo en la estrofa 17 dice:

na kṣudro 'pi prathamasukṛtāpekṣayā saṃśrayāya
prāpte mitre bhavati vimukhaḥ kiṃ punar yas tatthoccaiḥ

Even a lowly being, remembering an earlier kind deed, does not turn its back on a friend who has come for refuge; how much less, then, one so lofty?

Incluso un plebeyo, recordando un amable favor anterior, no da la espalda a un amigo que ha venido buscando refugio; ¿cómo podría, entonces, un ser tan noble (como tú)?

Además de estos argumentos tan emotivos, el yaksha, que quiere que la nube se identifique con él y con su dolor, intenta atraer la curiosidad de la nube con las cosas que a él le resultan más atractivas: las mujeres. Le promete la visión de unas jóvenes chicas, blancas como el jazmín y perfectas como la flor de loto, que esperan sin saberlo la amistad de la nube, que posará por unos instantes su sombra sobre sus bellos rostros (estrofa 27):  "chāyādānāt kṣaṇaparicitaḥ puṣpalāvīmukhānām" /"you who have made a momentary acquaintance with the flower-picking girls by lending shade to their faces"  / "tú, que al prestar tu sombra sobre las caras de las chicas que recogen flores has entablado amistad con ellas un instante". También le promete el placer de ver las "temblorosas pestañas" de las mujeres atemorizadas por el relámpago en la ciudad de Ujjain (estrofa 28), por poner algunos ejemplos.

Pero las mujeres no son la única atracción que la nube puede encontrar en su camino. Las descripciones de los paisaje sobre los que pasará en su viaje son fascinantes. Nosotros también queremos hacer ese viaje, queremos sobrevolar esos valles, esos ríos, esos bosques, esas cumbres nevadas, esas ciudades.

Estrofa 29:

vīcikṣobhastanitavihagaśreṇikāñcīguṇāyāḥ
saṃsarpantyāḥ skhalitasubhagaṃ darśitāvartanābhaḥ
nirvindhyāyāḥ pathi bhava rasābhyantaraḥ saṃnipatya
strīṇām ādyaṃ praṇayavacanaṃ vibhramo hi priyeṣu

On the way, after you have ascended to the Nirvandhya River, whose girdles are flocks of birds calling on account of the turbulence of her waves, whose gliding motion is rendered delightful with stumbling steps, and whose exposed navel is her eddies, fill yourself with water, for amorous distraction is a woman’s first expression of love for their beloved.

En el camino, después de subir hacia el río Nirvandhya, cuyos collares son las bandadas de pájaros cantando por la turbulencia de sus aguas, cuyo fluído movimiento se convierte en admirable cuando tropieza con las piedras, y cuyos remolinos muestran su ombligo, llénate tú de agua, puesto que la primera expresión amorosa de una mujer por su amado es la desatención.

Los ríos, en sánscrito y en la mitología hindú, son todos mujeres: quizá porque el agua es la vida. Los pájaros son los adornos del río, el fluir de sus aguas es como los andares de una mujer, que se desliza y balancea y cuando da un traspiés contra las rocas del lecho del río, es todavía más dulce. Pero mi metáfora favorita son los remolinos que exponen a la vista el ombligo del río, como una mujer en sari, que según se mueva, muestra o esconde su ombligo de nuestros ojos.

Hacia el final del poema, cuando por fin la imaginación del yaksha llega a su casa en Alaka, y explica a la nube mensajera cómo encontrar a su esposa y qué debe hacer para transmitirle el mensaje, Kalidasa describe su dolor de una manera intensa, a través de la descripción externa de las acciones de la mujer, y muestra un entendimiento muy profundo de la nostalgia amorosa, que yo no puedo evitar preguntarme qué separaciones habrá sufrido Kalidasa en su vida.

(Estrofa 26 de la segunda parte)

utsaṅge vā malinavasane saumya nikṣipya vīṇāṃ
madgotrāṅkaṃ viracitapadaṃ geyam udgātukāmā
tantrīm ārdrāṃ nayanasalilaiḥ sārayitvā kathaṃcid
bhūyo bhūyaḥ svayam api kṛtāṃ mūrcchanāṃ vismarantī 

Or having placed a lute on a dirty cloth on her lap, friend, wanting to sing a song whose words are contrived to contain my name, and somehow plucking the strings wet with tears, again and again she forgets the melody, even though she composed it herself

O habiendo colocado un laúd sobre una sucia tela en su regazo, amiga (1), queriendo cantar una canción destinada a contener mi nombre entre sus palabras, y de alguna manera rasgando las cuerdas con sus lágrimas y humedeciéndolas, una y otra vez ella olvida la melodía, a pesar de haberla compuesto ella misma.

(1) a lo largo del poema el yaksha se autodenomina "amigo" y "hermano" de la nube, a su esposa la "esposa de tu hermano", y aquí por fin, llama amiga a la nube.

La esposa del yaksha, sollozando, pensando continuamente en su esposo, desatiende las tareas de la casa, como se olvida de lavar las telas, y se olvida hasta de las canciones que quiere cantar en memoria de su amado. ¿Es que hace falta decir que está desolada?

Y tras tantas estrofas que despiertan en nosotros el sabor de la pena (la karuna rasa), al mismo tiempo se despierta en nosotros una curiosidad inmensa. ¿Cuál es el mensaje que el yaksha desea decir a su esposa? ¿Nos dirá Kalidasa cuáles son esas palabras? Pues sí:

(Estrofa 42 de la segunda parte)

aṅgenāṅgaṃ pratanu tanunā gāḍhataptena taptaṃ 
sāsreṇāśrudrutam aviratotkaṇṭham utkaṇṭhitena 
uṣṇocchvāsaṃ samadhikatarocchvāsinā dūravartī
saṃkalpais tair viśati vidhinā vairiṇā ruddhamārgaḥ

He whose path is blocked by an invidious command and is at a distance, by means of these intentions, unites his body with yours, the emaciated with the emaciated, the afflicted with the even more deeply afflicted, that which is wet with tears with that which is tearful, that whose longing is ceaseless with that which is longed for, that whose sighs are hot with that whose sighs are even more numerous.

Él cuyo camino está bloqueado por una odiosa orden y quien está lejos, por medio de mí, une su cuerpo con el tuyo, lo consumido con lo consumido, lo afligido con lo aún más profundamente afligido, aquello que está húmedo de lágrimas con aquello que está lloroso, aquello cuya añoranza es infinita con aquello es añorado, aquello cuyos suspiros son cálidos con aquello cuyos suspiros son aún más numerosos.

El yaksha dicta estas palabras a la nube, imaginando que él mismo es la nube diciéndoselas a su esposa recién levantada, observándola por la ventana de su dormitorio. La unión, por fin, imaginada pero unión al fin y al cabo, de las dos nostalgias y las dos tristezas por medio de un cuarteto: los versos son sólo un medio, como la nube, la nube es el poema y nos unimos a Kalidasa al leerlo, nos unimos al corazón humano al leerlo. El poema de la separación es un canto a la unión: 

"Oh, nube, tu esplendor realzado por la temporada de lluvias, ojalá nunca nada te separe de tu consorte, el relámpago.

Para terminar, os dejo con los invisibles hilos que unen a Rabindrantah con Kalidasa, más allá de sus ensayos o de su admiración por el poeta clásico: son sus canciones las que son una celebración del Meghadutam. Si bien Tagore jamás intentó traducir el poema al bengalí, creo que lo que sí intentó, consciente o inconscientemente, fue trasladar el sentimiento de separación, el anhelo de la unión, y la temática de las nubes y la lluvia, en sus famosas canciones. Muchas de ellas hablan de las nubes, y muchas otras, de la lluvia, especialmente del mes de Ashar, el primero del monzón. Escuchad estas dos:

Abar Esechhe Ashar (El monzón ha regresado)


El monzón ha regresado, cubriendo el cielo
a través del viento se huele la lluvia
este viejo corazón mío aún estalla de alegría
al ver a las nuevas nubes condensarse
sin prisa sobre los verdes campos cae la sombra de las nubes negras
"¡Ya llega!", grita el corazón, "¡Ya llega!", canta esta canción
Ha llegado a la mirada, se apresura al corazón.

Bahu yuger opar hote (Después de muchos muchos años)



Después de muchos años he recordado el monzón,
en un verso del poeta con el relámpago y la lluvia que gotea.
Las guirnaldas de flores unidas se balancean y se mezclan con el polvo,
hoy su fragancia fluye en el viento lloroso.
Ese día sin razón aparente llegaron las nubes a la orilla
el agua se derramaba sin razón aparente sobre la verde orilla.
Sin pestañear la guirnalda de nubes se extendía hacia el camino,
como la visión de la sombra de una nube negra a mi memoria.

Tumi Shandhyar Meghamala (Tú eres la guirnalda de nubes del crepúsculo)


Esta canción fue traducida por el propio Rabindranath al inglés para la colección que se recogió bajo el título The Gardener, así que permitidme que cite su traducción directamente, sin duda alguna mejor de que lo que yo soy capaz de hacer:

You are the evening cloud floating in the sky of my dreams.
I paint you and fashion you ever with my love longings.
You are my own, my own, Dweller in my endless dreams!
Gleaner of my sunset songs!

Your lips are bitter-sweet with the taste of my wine of pain.
You are my own, my own, Dweller in my lonesome dreams!
Of the depth of my gaze!

I have caught you and wrapt you, my love, in the net of my music.
You are my own, my own, Dweller in my deathless dreams!
Your feet are rosy-red with the glow of my heart's desire,
With the shadow of my passion have I darkened your eyes, Haunter!



Nota curiosa: Neruda escribió su poema 16 de Veinte poemas de amor y una canción desesperada basándose en esta traducción al inglés de la canción original en bengalí. Veamos su transcreación:


En mi cielo al crepúsculo eres como una nube 
y tu color y forma son como yo los quiero. 
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces, 
y viven en tu vida mis infinitos sueños. 

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies, 
el agrio vino mío es más dulce en tus labios: 
oh segadora de mi canción de atardecer, 
cómo te sienten mía mis sueños solitarios! 

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa 
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. 
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo 
estanca como el agua tu mirada nocturna. 

En la red de mi música estás presa, amor mío, 
y mis redes de música son anchas como el cielo. 
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. 
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.


Demasiadas cosas para una sola entrada, ¿no?



* La traducción al inglés de McComas Taylor está disponible aquí: http://chl.anu.edu.au/languages/sanskrit/meghaduta_english.pdf

lunes, mayo 05, 2014

Desapariciones y fantasmas: Márquez en Calcuta

No soy yo la única que ha desaparecido estos meses. Alguien mucho más importante que yo se ha ido: Gabriel García Márquez. Nunca fui una fan, nunca entendí - por herejía que parezca decirlo ahora - por qué le dieron el Nobel a él y no a otros, sólo he sido capaz de terminar una de sus novelas. Pero lo cierto es que su muerte ha sacudido las entrañas de Calcuta. ¡Un novelista muerto hace temblar la ciudad de los poetas! Si habéis seguido las noticias, muchos - demasiados - poetas se han muerto este 2014, pero ninguno de ellos ha causado la conmoción que ha causado la desaparición de Márquez.

Volveré al blog, pero el mes que viene. De momento, os dejo con Márquez en un regreso momentáneo y extranjero:


Robbar, el suplemento dominical del periódico bengalí Pratidin, ha sacado un especial sobre García Márquez este domingo 4 de mayo




Y este es el artículo que escribí para la revista tras recibir una llamada pidiendo mi colaboración. El original, escrito en inglés, saldrá en otra revista en los próximos meses. Y aunque por las fotos parezca lo contrario, no escribí sobre Márquez, porque yo no habría sido capaz de semejante tarea, sino que me limité a la única novela suya que he devorado más de una vez, y más de dos: Crónica de una muerte anunciada.

Hasta pronto,

lunes, febrero 10, 2014

Kolkata Boimela 2014 / La Feria del Libro de Calcuta 2014

Mi ciudad hace amago de celebrar una feria del libro cada año, en verano. Quizá por el calor, se ha ido derritiendo a lo largo de los años, limitándose ahora a una exigua línea de casetas blancas, cada una de ellas copia casi idéntica de la anterior. Como la feria la sitúan en el parque de la Alameda, la mayoría de los visitantes son familias jóvenes con niños pequeños, jubilados y algún adulto con perro, a los que la feria sorprende cuando van de paseo al parque. La mayoría acaba sentándose en las terrazas de las cafeterías de la acera de enfrente, desde donde pueden disfrutar de la vista de las casetas blancas, cómodamente, a lo lejos.

Nada que ver con la Feria del Libro de Calcuta.

Aquí, la literatura es más poderosa que la religión. Los únicos dos asuntos que pueden igualársele son los debates sobre los dos equipos de fútbol de la ciudad, y qué cantante interpreta mejor las canciones de Rabindranath Tagore. Y si bien en Bengala tienen su semana religiosa, Durga Puja, que es la fiesta que inicia el período de fiestas, también tienen sus semana literaria, la Feria del Libro, que es precisamente la que lo clausura. Las dos atraen a gente de todo el estado, incluso a bengalíes emigrantes, que acuden a la ciudad con idéntico fervor, a celebrar, quizá, también la misma cosa: la alegría de vivir.

Porque la feria del libro, aquí, no es una mera exposición de bestseller que nadie compra, una excusa para pasear una tarde por algún lugar distinto del habitual, ni una sorpresa repentina que acaece sobre los paseantes que no se miran la sección de la agenda del día del periódico. La Feria del Libro causa expectación e ilusión, los bengalíes tachan los días en sus calendarios, desde el principio de enero, hasta que se anuncian los días exactos de su duración: entonces todo es planear qué día(s) se irá(n), qué casetas se visitarán, a quién se verá allí, averiguar qué país es el país invitado, qué libros se podrían comprar y hasta si venderán algún libro suyo.

Pero no todo son libros en la Feria del Libro. Una de las secciones más importantes, de las que lleva más ventas, es la carpa de las "little magazines", las pequeñas revistas en las que los escritores y pintores menos conocidos publican, la mayoría de las veces por puro amor al arte. Las pequeñas revistas es donde late la creatividad y la pasión de los bengalíes por la literatura, y la pintura: no sólo en la portada, sino en las páginas interiores, raro es una revista sin dibujos, fotografías o diseños de alguna clase. 


La carpa de las pequeñas revistas es uno de los lugares más concurridos de la Feria


Cada centímetro de las largas mesas está cubierto por números y números de miles de revistas distintas


Todas las revistas comparten las mesas, anunciándose con grandes carteles que indican a los lectores dónde encontrar la revista que buscan


Ejemplo de pequeñas revistas y libros que he ido acumulando estos años (estas son las de Diciembre-Enero)


Uttorkal, una pequeña revista editada por mi amigo Jeet Mukhopadhyay, que ganó un premio a la mejor pequeña revista en la Feria de Pequeñas Revistas que hubo el pasado enero. Hay pequeñas revistas en la Feria del Libro, pero no hay libros en la Feria de Pequeñas Revistas. Un número vale 15 rupias. Imprimir 300 números cuesta más que las 2500 rupias que ganan con su venta.

Cada año la Feria del Libro está dedicada a un país, para el que construyen una carpa más grande con lugar para hacer exposiciones culturales generales sobre el país y exhibir libros para leer allí mismo, sobre el que hay actividades culturales cada día, visitas de autores de dicho país, y espectáculos de música y danza. Este año, el país invitado fue Perú, y se rumorea que el próximo será Bolivia.


Además, hay encuentros literarios con autores nacionales e internacionales (este año fue, entre los internacionales, por ejemplo, nada más y nada menos que Lorenzo Silva - yo leí apasionadamente su El alquimista impaciente - y entre los nacionales, Amit Chaudhuri), conciertos (por ejemplo, hubo un concierto en honor a Peter Seeger, fallecido hace unos días) presentaciones de revistas y lanzamientos de libros (por ejemplo, dos de mis amigos, Himalaya Jana y Sanghamitra Halder, lanzaron sus últimos poemarios)


Antes de olvidar, de Himalaya Jana


i larga, de Sanghamitra Halder

En total, 570 casetas de diferentes editoriales y países. Según la Wikipedia, unos dos millones de personas visitan la feria cada año. Si lo comparamos con la asistencia a mítines políticos en la historia más reciente de Calcuta, incluso en este año que es año de elecciones al gobierno central, gana la Feria del Libro. Afortunadamente. Y, no llevada por el fervor, sino por la desconfianza hacia los medios de contabilización de personas, sinceramente creo que más de dos millones de personas la visitan cada año. En la entrada hay unos detectores de metales y guardias de seguridad que dejan pasar a todo el mundo, sin prestar atención a las oleadas de gente que se agolpan para pasar por los estrechos detectores, que no dejan de pitar, sin que por ello se inmuten en absoluto. No creo que sean ellos los que cuentan. Y si cuentan por ventas, tampoco es fiable, porque mientras para los que viven en Calcuta, se convierte en un lugar de reunión y disfrute, seguramente esperen a encontrar el libro en College Street, donde les harán un mayor descuento; quienes más compran son los de fuera de Calcuta, para quienes la feria supone la oportunidad de comprar libros que en sus respectivas ciudades o pueblos sería imposible encontrar. 

Yo compré algunos libros, y me quedé con ganas de otros, que quizá busque, como los auténticos "calcutenses", en College Street. Pero no quise quedarme con las manos vacías: en una tienda de libros de segunda mano compré una Historia de India en bengalí para niños con introducción por Indira Gandhi y unas ilustraciones preciosas, de esas ediciones que tanto me fascinan, y un libro sobre la vida y obra de Bankim Chandra, el primer gran novelista bengalí, del siglo XIX, que os sonará si habéis seguido mi recomendación y habéis visto Charulata. Y de primera mano, un cómic bengalí (aunque en inglés), Devi Chaudhurani, una versión gráfica de una novela del propio Bakim Chandra, sobre una mujer que se convirtió en una, digamos, reina de los bandoleros en la Bengala rural. 

Pero me quedé con ganas de esto:


Sí, Luis Buñuel


Y, sí, ¡¡Castelao!! ¡Sus viñetas traducidas al inglés y al bengalí!


Y el Ramayana en versión cómic y con un terrorífico estilo gráfico por un dibujante argentino, Quique Alcatena



miércoles, octubre 16, 2013

Tagore. Rabindranath Tagore

Ha llegado el momento, tras mucho mucho tiempo, de hablar un poco más en profundidad de Tagore en este blog. Últimamente no sólo he estado descubriendo, más tarde que temprano, sus canciones, tan famosas en Bengala Occidental -tanto, que cualquiera, CUALQUIERA, se pone a cantarlas en medio del silencio o de una conversación, cuando encuentran una conexión interna-, sino que además me he estado leyendo varios de sus relatos cortos, he visto ya suficientes películas basadas en sus historias, y me he terminado una de las novelas, además de haber visto dos obras de teatro suyas, entre otras, Tasher Desh, de la que he hablado más que suficiente. 

Me fascina ver que en muchos de los relatos que he leído, en las películas basadas en ellos, en la novela que he leído (Ghare Baire, El hogar y el mundo), la mujer tiene un papel sino protagonista directamente, sin duda fundamental, una de las piezas esenciales. Y que lo escribiera un hombre a caballo entre el siglo XIX y el XX, es más que notable. Aunque en Tasher Desh las mujeres, que inician la revolución, necesitan de un empujoncito masculino, en Chitrangada la mujer transformada en hombre transformada en mujer es la (¿el?) figura principal, y en El Rey y la Reina, pues la Reina (y su hija) están ahí. Eso en cuanto a las obras de teatro que conozco, que tampoco son tantas. En cuanto a las historias, pues una de las que he leído, llamada Visión, fue muy impactante. La protagonista y narradora es una mujer casada que se queda ciega y tiene que sufrir ser una carga para su marido. Su mundo interior está muy bien descrito, de una manera sensible sin caer en el melodrama, tratando sutilmente no sólo la psicología de la mujer, sino de su marido, y en general, de toda la sociedad india. En este relato, la esposa, Kumo, empieza a ver cómo su visión se reduce y debilita después de un aborto que tuvo. Ya el hecho de que abortara a su primer hijo debió de ponerla en una posición difícil en la sociedad de la época - y quizá, aún en la de ahora - y que aún encima se convirtiera en una minúsválida, ciega, que en lugar de ser el apoyo y refugio de su marido fuera todo lo contrario, era sin duda una situación complicada de sobrellevar. Para empeorar las cosas, su marido era un estudiante de Medicina, que por ser estudiante cree que puede curar a su esposa y no la deja ir al médico a pesar de las protestas de su cuñado, el hermano de ella, y cuando finalmente ve, demasiado tarde, que su orgullo y tozudez han provocado que su mujer quedara ciega de por vida, accede a que ella vea un médico (mi traducción): 

"Pero después de un tiempo, la agonía se hizo insoportable. My visión se extinguía, y tenía continuos dolores de cabeza cada noche. Yo podía ver cuánto se alarmaba mi marido. Entendí por su manera de actuar que estaba buscando una excusa para llamar a un médico. Así que yo misma sugerí que podría llamar a uno. 
Él se sintió muy aliviado, pude notarlo. Ese mismísimo día hizo llamar a un médico británico. No sé de qué hablaron exactamente, pero pude notar como el caballero hablaba muy muy cortante y enfadado con mi marido.
Él permaneció silencioso durante un tiempo después de que el médico se marchara. Le tomé de las manos y le dije: ' ¡Pero qué bruto era! ¿Por qué no has llamado a un médico indio? Habría sido muchísimo mejor. ¿Cómo puedes creer que ese hombre sabe más que tú sobre mis ojos?'
Mi marido se mantuvo en silencio por unos segundos, y entonces dijo con voz entrecortada: 'Kumo, tus ojos necesitan una operación'
Yo fingí estar muy enfadada porque él me hubiera estado ocultando esa situación durante tanto tiempo.
'¡Has estado al tanto de eso todo el tiempo y no me has dicho nada al respecto!', le dije, ' ¿Crees que soy un bebé para tener miedo de una operación?' "

Eso. !!!!!!!!!! . Y sigue.

El hogar y el mundo me ha dado mucho que pensar. Esta novela, escrita a modo collage entre los diarios de los tres protagonistas, de modo que da una visión polifónica de los mismos sucesos, no sólo me ha sorprendido por la profundidad y la actualidad, a pesar de haber sido escrita hace casi 100 años, en 1916, sino porque básicamente habla de la desigualdad de género. En esta novela, la protagonista indiscutible es Bimala, una chica de familia tradicional y aldeana de Bengala, casada con un chico de clase más alta, terrateniente y estudiante de Economía y Política. Su marido, Nikhilesh, se convierte en un hombre de fuertes principios morales, un idealista, que intenta crear un mundo mejor lejos de las pequeñas miserias humanas. No sólo enseña a Bimala lo que va aprendiendo en la universidad, sino que intenta "liberarla", es decir, que salga al mundo exterior que las mujeres en la época tienen prohibido, pues una vez casadas deben permanecer siempre dentro de los departamentos interiores de la casa - la purdah, o "cortina" - sin acercarse ni ser vistas por nadie que no sea de la familia o del servicio. Nikilesh desafía todo esto llevando a su mujer a una habitación intermedia, entre los departamentos interiores para las mujeres de la familia y los exteriores, para los invitados y para los hombres, y presentándole a un activista amigo suyo que lucha contra los británicos en un movimiento nacionalista, los swadeshi. Este activista, Sandeep, es un personaje visceral que no intenta esconder bajo ningún disfraz su carácter egoísta y ambicioso, más allá del ligero barniz idealista que le da el hecho de luchar contra los ingleses. Bimala y Sandeep se enamoran, algo que Nikilesh no fue capaz de prever ni imaginar: 

"Cada esquina está inundada por los torrentes del monzón; el brillo de los brotes de arroz es como el del cuerpo de un bebé. El agua había llegado hasta los jardines de nuestra casa. El sol de la mañana se ha vertido sobre la tierra sin obstáculos, equiparándose a la pasión del cielo azul. 
¡Ojalá hubiera música en mi voz! El agua en los arroyos centellea, las hojas de los árboles deslumbran, los arrozales tiemblan y destellan - en la mañana la música ha llegado a este día de julio, ¡y yo soy el único mudo! Las melodías están encerradas dentro de mí; todo el brillo de este mundo que me alcanza acaba cautivo dentro y no puede salir. Cuando veo este deslucido, sombrío yo, puedo entender que me falta algo. Nadie podría soportar mi compañía día y noche. 
Bimal está tan llena de vida. Es por esto que, en todos estos nueve años, ella nunca me ha parecido aburrida. Pero si hay algo dentro de mí, es una muda profundidad y no unas olas susurrantes. Sólo puedo recibir, pero no puedo agitar. Mi compañía es como la inanición; cuando veo a Bimal hoy puedo entender a qué hambruna ha sobrevivido ella todos estos años. ¿A quién se puede culpar? 
Dios mío. 
Las inundaciones del monzón, julio y agosto
¡mi templo está vacío! 
Mi templo está construido para estar vacío; sus puertas están cerradas. He fracasado en entender todos estos años que el ídolo de mi dios estaba esperando afuera. Pensé que él había aceptado los rezos y que me había otorgado favores - pero, mi templo está vacío, mi templo está vacío.
(...)
Toda pena, todos los errores vienen de huir de la Verdad. Si no lleno mi vida con la Verdad, ¿cómo pasarán mis días y mis noches? No puedo soportarlo más; Verdad, llena mi templo ya."
El despertar a la Verdad, que Nikilesh tanto anhela, no es exactamente la Verdad a la que esperaba despertar. 

Bimala dice cosas como: 
"Esta tumultuosa emoción que estaba estallando en las orillas del país, llegó a mi vida con una melodía diferente. La fuerza de la naturaleza que era mi Destino estaba acercándose y el sonido todavía distante de sus ruedas hacía latir mi corazón más y más fuerte, más y más alto. A cada segundo, sentía que un extraño y sublime fenómeno me sobrevenía, y que yo no era del todo responsable de él. ¿Pecado? El camino había huido lejos de los espacios del pecado y de la castidad, de lo justo y legítimo, la pena y la empatía habían abierto su propio sendero. Yo nunca había deseado esto, nunca había anhelado esto; si miraras al conjunto de mi vida, no podrías reclamarme nada. Toda mi vida he rezado devotamente, y cuando por fin llegó el momento de otorgar el deseo, ¡un Dios diferente apareció ante mí! Así como el país de pronto ha despertado, alzado la cabeza y gritado !Viva la tierra nativa! (Vande Mataram), mi corazón y mi alma y cada nervio de mi cuerpo hoy han despertado para decir "viva" a algo extraño, desconocido, exótico - ¡a algo que carece de cualquier explicación! 
Este era un peculiar parecido entre la canción del corazón del país y la canción de mi propio corazón. Muchos días me levantaba de mi cama silenciosamente, e iba a la terraza. Justo un poco más allá de los muros de nuestra casa había un arrozal a medio madurar. Al norte, el agua del río centelleaba era visible a través de la gruesa cubierta de árboles de la aldea. Más allá había un bosque. Carecía de forma, como un feto deforme, dormido acunado en el vientre de la noche inmensa. Yo miraba hacia adelante y veía a mi país allí - de pie, como una niña igual que yo. Ella solía sentirse feliz en su pequeño rincón de la casa. Pero de pronto había oído la llamada de la naturaleza. No había tenido tiempo de pensar. Simplemente, había caminado a ciegas en la oscuridad. Ni siquiera había esperado a encender una pequeña lámpara. Yo sabía, en esa noche somnolienta, cómo su pecho respiraba alterado. Sabía de la melodía distante que la llamaba, cómo ella sentía que ya estaba allí, ella lo había encontrado y ahora ya podía caminar con los ojos cerrados sin tener miedo nunca más. Esta no era la mujer que recordaría que había que barrer la casa, que había que encender las luces, que había de dar de comer a los niños. Hoy ella era la amante. Este era nuestro país en los días de los Vaishanva Padabalis (N.T: unos cantos que relatan la historia de amor entre Krishna y Radha, que son la pareja epítome del amor romántico en la cultura india). Ella había abandonado su casa y olvidado todos sus deberes. Todo lo que tenía era una pasión sin fin; encendida por esa pasión, ella seguía caminando, sin cuidado, por la carretera. Yo también era una viajera que acudía a la misma cita. Yo también había perdido mi casa y mi camino. La meta y los medios se confundían con la niebla ante mí - sólo era consciente de la pasión y del viaje." 
La confusión de Bimala ante el nuevo mundo que se abre ante ella es patente en toda la novela. Sandeep en cambio, es más claro:
"Bajo esta forma, la amistad, entre palabras y gestos, hablados y sin hablar, progresó. Ella era la señora de la casa, quien normalmente es como una estrella en el cielo, inalcazable. Aquí, los senderos no estaban pisoteados. A través de este vacío sin nombre navegábamos a nuestra manera: una tensión gradual, conocimiento y conciencia, un velo de inhibición desapareciendo en un cielo sin forma y de repente descubriendo la naturaleza desnuda - ¡esta era una extraña, victoriosa aventura de la Verdad! 
¡Por supuesto que esta es la Verdad! La fuerza de la atracción entre un hombre y una mujer es una fuerza más que tangible. Desde la partícula de polvo en el suelo hasta las estrellas en el cielo, todas las cosas materiales así lo demuestran. ¡Un hombre querría mantenerlo cubierto y escondido por unas pocas palabras, convertirlo en su propiedad doméstica y hacerlo seguir una serie de normas y regulaciones! Como si fuera una obligación fabricar un reloj de pulsera para el yerno a partir de las estrellas del universo. Pero, cuando la realidad despierta ante la llamada de la materia, y cuando en apenas un instante, barre de un sólo golpe cualquier pretensión palabrera del hombre y toma el lugar que le pertenece, ni la fe ni la moralidad pueden pararlo. ¡Así vengan condenas, arrepentimientos y órdenes! Pero para poder luchar contra la tormenta, necesitas algo más que palabras. La tormenta no te responde, sólo te sacude - es la realidad. 
Por eso estoy disfrutando tantísimo esta palpable revelación de la Verdad. Tanta vergüenza, tanto miedo, ¡tantos dilemas! Pero, sin ellos, ¿cuál es el encanto de la Verdad? Este temblor en el paso, este huir cada dos por tres - es muy dulce, sin duda. Y la mentira es más para uno mismo que para los demás. Cuando la realidad se prepara para luchar contra lo artificial, el engaño es la primera arma de éste, porque los enemigos de la materia dicen que la realidad es grosera. Por eso necesita mantenerse escondida o ponerse una máscara. Así, la realidad no puede decir directamente 'Sí, soy grosera, porque soy la Verdad, soy corpórea, soy instinto, soy hambre, no tengo vergüenza ni corazón - tan desvergonzada e insensible como una roca gigante, desgajada de una montaña por culpa de las lluvias y que cae rodando sobre las cabezas de los hombres, sin que le importe si mueren o sobreviven."
(...)
¿Por qué ella no se da cuenta? Porque el hombre ha destruido con sus propias manos la capacidad de entender y de conocer la realidad por completo, ya que siempre la está disfrazando. El ser humano se avergüenza de la realidad. Por eso trabaja a escondidas, bajo montones de velos que envuelven; es por ello que nunca llegamos a saber cómo funciona de veras y cuando la realidad nos sobreviene sin previo aviso, no hay manera de negarla."

Una novela que vale la pena leer.

Y en cuanto a las canciones, de momento esta versión de una canción religiosa de Tagore (Rabindrasangeet), hecha por Arnob, un cantante de Bangladesh que ya he mencionado varias veces también, me parece maravillosa: 

A veces puedo verte, ¿por qué no puedo verte cada día?
¿Por qué las nubes vienen al cielo de mi corazón? ¿Por qué no me dejan verte?
Sólo puede verte a la luz del instante en que parpadeas
perdido siempre por el miedo, desapareces en un segundo
¿Qué podría hacer para conseguirte, dime? ¿Para guardarte en mis ojos?
¿Dónde podría conseguir tanto amor como para guardarte en mi corazón?
No deseo nada más, lo haré lo mejor que pueda,
si tu quieres, ahora mismo yo sacrificaré mis deseos terrenales.



La canción es bonita en sí, pero su versión, es que me lleva a otro mundo. ¿Y a vosotros?


lunes, diciembre 17, 2012

Hay dos Bengalas

El fin de semana pasado, mi amigo y alumno Subhas (el protagonista de la obra de teatro de Los viejos no deben enamorarse, que realizamos el mayo pasado), me invitó a su pueblo cerca de la frontera con Bangladesh. Quería que animase a sus alumnos a aprender español, que alimentase la curiosidad de la gente de allí mostrando cómo es España, y quería enseñarme cómo funcionan las cosas en su pueblo. Un pueblo normal y corriente de Bengala Occidental, con profundas huellas dejadas por la partición de Bengala en dos.

Al principio no me hacía demasiada ilusión, la verdad, pero ha sido una experiencia única e irrepetible. Me seducía el viaje, sí, y ver la casa de Bibhutibhushon Bandopadhyay, un famoso novelista bengalí, autor de las novelas en las que se basa la Trilogía de Apu de Satyajit Ray. Y otra cosa más: conocer la comuna y sede del partido comunista al que pertenece, el SUCI.

Me levanté a las 7 de la mañana para terminar de preparar mi mochila, desayunar, y salir a Sealdah para tomar el tren de las 8.50 de la mañana. Allí me encontré con Subhas y con Ronjit, que también participó en la obra de teatro (una de las hermanas), un profesor de inglés que vive en Calcuta pero que trabaja en este mismo pueblo al que íbamos. El tren, el Bongaon local, está lleno de gente todos los días y a todas horas, pero en apenas dos horas se pone en la frontera con Bangladesh. En coche, en cambio, me enteré más tarde, se tarda unas 4 horas. 

No iba a quedarme en casa de Subhas, sino de Shakuntala, una alumna suya y zoóloga, que tenía la ilusión de que me quedase en su casa para practicar su español, aunque al final acabé practicando yo más bangla con su familia que ella español conmigo. Vivía en una casa grande, de dos pisos, jardín y oficina anexa donde su padre trabaja como abogado. Vive allí con sus padres, su marido, su hija y su suegra. La suegra, una mujer mayor y viuda, me impactó desde el principio por su energía y su desenvoltura. No se parecía en nada a las viudas descritas por el libro de Eating India, que he subido al blog anteriormente: no estaba dejada de lado en ningún momento, y atraía toda la atención de la familia.  Ilusionada por la visita de una extranjera, quiso invitarme a ver la casa donde nació, la casa ancestral de su familia, en un pueblo en Bangladesh, al lado del río Ichamati que hoy en día hace de frontera: la mitad del río es Bengala Occidental, mientras que la otra mitad es Bangladesh. 

Aunque este era un plan distinto al original, nos dió tiempo primero (por mi insistencia) a ver la casa de Bibhutibhushon. Fuimos en coche, porque la familia no tiene pero si tiene un conductor que alquilan con gran frecuencia; tanta, que Amitabh (el conductor) es casi otro miembro de la familia. Me hizo gracia que su rostro se parecía muchísimo al de Ranjit, nuestro conductor de Darjeeling: un poco más mayor y gordito, pero el mismo rostro y la misma sonrisa, y la misma disposición amable y charlatana. 

La casa del escritor estaba escondida entre bananeros y datileros, a las afueras del pueblo. Era una casa normalucha que estaban reparando, con la idea de ampliar y mejorar el museo que contiene. Ahora, es sólo una habitación llena de fotos, libros, y de las esculturas de madera que el propio Bibhutibhushon hacía a mano:

Un pequeño Rabindranath Tagore


En la casa museo vivía un guardián, permamentemente, y estas eran todas sus pertenencias.

Ya en el jardín de esta casa, y durante el resto del camino a Bangladesh, la naturaleza era verde brillante, gruesa y devoraba cada pedazo de tierra. Los bananeros, los datileros, las palmeras, diferentes plantas de hojas enormes, cubrían los bordes de las carreteras. Los árboles eran grandes, con troncos anchos en los que los aldeanos pegaban bostas de vaca en forma circular y aplanada a secar, para luego usarlas como combustible. En los campos, crecían la mostaza, el arroz y el cilantro salía salvaje de cada hueco, aromatizando la región. Había vacas, ardillas, grullas y niños jugando por todas partes.


Las grullas y la mostaza


La carretera a Bangladesh

En el coche íbamos escuchando Rabindrasangeet (canciones de Tagore) de fusión, que convertían el paisaje verde y tranquilo en un ensueño. Ojalá hubiera recorrido el camino en bicicleta para poder pararme en cualquier momento a sacar fotos. Por desgracia, casi todas las fotos las he tenido que tomar desde el coche
A los lados de la carretera, tras los bananeros y otras hierbas, surgían como setas casitas de bambú con techos de hojas de palmera, donde vivían los aldeanos de aquella tierra de nadie. La frontera se veía a la distancia, un muro bajito con una reja de metal que dividía una misma tierra.


Al fondo podeís observar la valla de la frontera

Al llegar a un punto de la carretera, un soldado nos salió al paso: estábamos dejando India. Shakuntala le dijo que iban al pueblo de sus ancestros, y el hombre nos dejó pasar con un ligero movimiento de hombros, sin más trámites. Nunca pensé que sería tan fácil. Al cabo de unos 500 metros, encontramos otro control: entrábamos en Bangladesh. En el campamento (con tiendas de campañan de verdad), había unos pocos soldados, idénticos a los anteriores, que tan sólo pidieron ver los papeles del coche y sin más nos dejaron pasar. A mí no me preguntaron nada de nada. Menos mal, porque no llevaba el pasaporte conmigo, y la fotocopia la había dejado en casa de Shakuntala. No había pensado que íbamos a ir a Bangladesh.

Poco a poco, nos internamos en una aldea, dejando atrás las casas aisladas. En esta aldea había alguna que otra tiendecilla, alguna casa con techo de tejas, y los más afortunados vivían en casas de ladrillo, pintadas, como siempre, de los colores más extravagantes posibles - rosa palo, verde limón, amarillo. Había todavía un pandal para Kali Puja, y a ambos lados de la carretera, bajo los árboles, había aquí y allá estatuillas de dioses dejados allí tras otras pujas: Kartik Puja, Durga Puja, algunas estatuas de Shiva, otra de Krishna y Radha...

Dejamos el centro atrás y nos adentramos en un denso bosque de palmeras y bananeros, vacas atadas y sueltas, gente sentada mirando pasar el tiempo. Entre las casas de bambú, divisé una estructura de piedra, y allí paramos: era el templo de terracota, dedicado a Shiva, que pertenecía a la familia de la suegra de Shakuntala. Estaba dentro de lo que eran sus tierras, pero nadie se había ocupado de mantenerlo, y llevaba abandonado muchísimo tiempo, a pesar de ser una belleza de 200 años. 




A unos pocos pasos, detrás de unos árboles frondosos, entre la maleza, estaba la casa. Tan antigua como el templo, de piedra, se había venido abajo totalmente por la falta de mantenimiento y el último monzón. Hacía mucho tiempo que nadie vivía allí: la suegra había tenido que huir de su casa durante la partición de Bengala en lo que hoy es Bengala Occidental y Bangladesh. El tercer piso se había caído sobre la estructura el edificio, y hoy solo quedaba parte de la fachada principal, hasta el segundo piso, y parte de la cocina, además de un pequeño almacén de bambú que estaba negro, no sé por qué.


Las ruinas y los árboles


 A la suegra se le cambió la mirada al ver lo que quedaba de la casa en la que nació.

Justo al lado de la casa estaba el Ichamati, el río que hace de frontera natural. Entre la casa y el río, unos campos de arroz y calabazas, llenos de cilantro que crecía como "mala hierba", y que el conductor Amitabh se dedicó a recolectar para llevar a casa. Como el río estaba tan cerca, usaban, como en Galicia, algas y conchas como abono para el campo. Unos pescadores estaban en la orilla, charlando al lado de sus barquichuelas hechas de troncos de palmera.


Camino de la casa al río, la pescadora que se acerca al río. La mujer sentada, estaba triste por problemas familiares, meditando.


La pescadora prometió pescar algo para nosotros


Las barquichuelas y el río

Nos quedamos allí un buen rato, en el que no paraban de hablarme y preguntarme cosas, cuando me habría encantado disfrutar del silencio y la tranquilidad y sacar fotos sin distracciones. Pero su sentido de la "hospitalidad" no les permiten dejarme tranquila ni un momento. Supongo que el concepto de aburrimiento es diferente en India.

Para que estas barquitas no se muevan en el río, las llenan de agua y las achican cada vez que las usan:


Al parecer, en la zona, durante la época de los británicos, éstos habían tenido cultivos y fábricas de índigo, un tinte azul natural, en las que explotaban a los bengalíes. Hubo una gran revolución, que acabó con la muerte de los británicos. Me llevaron hasta el lugar de los hechos (de los que habla una obra de teatro, Nil Darpan -El Espejo Azul-, de Dinabandhu Mitra), donde apenas quedan unas cuatro piedras. Ahora alí hay una tienda que vende arroz y legumbres, que hace un poco de plaza mayor, donde todos los habitantes de la aldea se reúnen y charlan. La suegra hablaba con muchos de los más mayores. Me interesó mucho una mujer mayor, vestida con un camisón y usando la blusa del sari debajo, una chaquetita de punto y una graciosa capucha de ganchillo que debía haber hecho ella misma. Con sus gafas de concha y un tronco de bambú de bastón, charló un poco conmigo, qué de dónde soy y qué hago y tal. Hablaba mucho, caminaba bastante bien, y se quejaba de que le dolía la espalda. El conductor le preguntó su edad (algo que yo no me había atrevido a hacer) y la anciana dijo que 87 años. ¡Menudos 87 años!

Después, cuando ya atardecía, pasamos por casa de una pariente de Shakuntala, que resultó ser pariente lejana de Subhas también. Una mujer con muchísimo carácter que se enfadaba porque no entrábamos en su casa a tomar algo: la familia me estaba poniendo como excusa a mí, que yo estaba cansada (que lo estaba, porque había dormido muy poco el día anterior), y se acercó a mí a increparme en un tono agresivo (y en bengalí), que si me encontraba mal o algo, y yo le dije que no, que simplemente había cogido un poco de frío. Me dijo, si quieres té, toma, sino, al menos siéntate en mi casa un rato para charlar. Y yo le dije que por supuesto, que me apetecía un té. Así se acabó la discusión y entramos en su casa. Aunque el té era bastante malo, disfruté mucho escuchando hablar a la familia.

Primero se preguntaron qué tal, qué tal los niños de la familia. La mayor estaba a punto de terminar bachillerato, y luego iba a buscar trabajo. Los pequeños bien. Hablaron de los matrimonios entre hindúes y musulmanes, que eran muy problemáticos y solían acabar en la muerte de alguno de ellos, normalmente, de la chica que huía de su casa (esto me hizo pensar en Afreen y Arif, de Assam), y de que hacía un año un hombre de la Archeological Survey of India había ido a su casa para decirles que creían que debajo de su casa había restos de un templo y que querían excavar, y estaban pensando qué hacer, porque su familia siempre había vivido allí y no querían dejarla. Mientras ellos hablaban, yo les miraba y miraba, y al final la mujer energética se plantó delante de mí y me dijo la cosa más graciosa que he escuchado en mi vida: "si tu nos miras a nosotros, yo también te voy a mirar a ti".

A todo esto, me he olvidado de comentar que cerca del templo de terracota, antes de irnos de alli, había una casita de madera y tejas, en cuyo jardín dos hermanitos estaban jugando a hacer figuritas de barro. Con su timidez infantil, no querían hablar conmigo ni mirarme cuando les apuntaba con la cámara. Hacía mucho que no veía a nadie jugar con algo tan natural como el barro. El niño tenía algunos dotes artísticos: estaba haciendo una manzana casi perfecta con el barro.




Volvimos por la noche ya. En la casa de Shakuntala, después de un café, llegó un profesor de inglés de la escuela, que había hecho su master en Octavio Paz a pesar de no saber español. Deseoso de charlar conmigo, me preguntaba preguntas superconcretas para las que apenas tenía respuesta, sobre la literatura, sobre la guerra civil, sobre el reinado musulmán de España, sobre los Reyes Católicos, sobre el fútbol...poco a poco salí al paso. Cansada de tantas preguntas todo el día, por fin me dormí un rato, antes de cenar el mejor kichuri (una especie de rissotto con verduras y lentejas) casero que he probado en mi vida. Y de ahí, al día siguiente, con nuevas experiencias que tendré que contar en otra entrada ;)

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