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lunes, noviembre 18, 2013

Festival de Cine de Calcuta

Ayer domingo fue el último día del festival de cine de Calcuta, que duró unos ocho días (el eslógan era, al más puro estilo indio, "Eight days / movie craze", que rima en inglés). Sólo pude ir a ver películas durante el fin de semana, así que me perdí muchas, y además, ni siquiera tenía pase, y me tuve que colar, aunque nadie me preguntó nunca ni a mí ni a los demás por el pase.

Fui a ver tres películas, dos europeas (una belga y una italiana), de las que sólo puedo decir que me gustó la música, y una india, de Kerala para más señas. El director de esta última, Adoor Gopalakrishnan, era una de las figuras destacadas del festival, al que le dedicaron la sección de Retrospectiva.

Mis amigos ya habían ido a ver una de sus películas, Kathapurusam, y como les gustó tanto, yo me apunté a la siguiente: Nizhalkkuthu, que traducen al inglés como Shadow Kill, y al francés como Le Serviteur de Kali, aunque yo creo que el título inglés se corresponde mucho mejor con la película. Lo del "servidor de Kali" es muy genérico, porque hay miles de ellos, y aunque le da un oscuro toque exótico a la película para su distribución en Francia, "muerte sombría" tiene realmente un sentido específico dentro de la película.


¿La trama? Años antes de la independencia de India, en el sur todavía existía un estado independiente, gobernado por un maharajá: el estado de Travancore. En este estado convivían las tradiciones más antiguas con un gobierno de corte más moderno, en el que hay tribunales, cárceles y verdugos. El protagonista de la historia es el verdugo de Travancore, un hombre mayor cuya familia ha desempeñado el cargo por generaciones, ya que éste pasa de padres a hijos. Por matar a gente, están "malditos", puesto que han cometido un pecado que deben expiar, pero al mismo tiempo son bendecidos por la diosa Madre (Kali-Durga y todas sus demás expresiones) con misteriosos poderes curativos. Además, el maharajá les otorga privilegios especiales: una casa, un terreno por el que no pagan impuestos, y dinero, además de dinero extra por cada ejecución.

Pero nuestro protagonista, Kaliyappan, es un hombre torturado por la culpa. Cree, aunque sin pruebas, que la última persona que ejecutó era inocente, y ese pensamiento no le deja vivir. Se ahoga en alcohol y en rezos y penitencias a la Diosa Madre, pero nada le calma: se pasa los días rezando y emborrachándose. Su esposa intenta cuidarle, pero en el pueblo casi todos se ríen de él en ese estado y muchos han dejado de creer en sus poderes mágicos. Además, su hija pequeña, que acaba de tener la regla, se ha convertido en un nuevo dolor de  cabeza, al tener que empezar a pensar en casarla y pagar una dote con un dinero que no tienen, y por si fuera poco, su único hijo le rechaza, tanto por su alcoholismo como por ser el verdugo del país: ha adoptado las ideas de Gandhi, se ha hecho vegetariano, incluso se ha comprado una rueca para hilar algodón, y sólo viste khadi blanco. Hasta llega a hablar en contra de las ejecuciones en el pueblo, abiertamente criticando a su propio padre. Kaliyappan no puede soportar esa traición, pero no tiene mucho tiempo de sufrir por ello: al día siguiente llega un emisario del maharajá anunciándole que, por fin después de mucho tiempo, hay una nueva ejecución de la que debe hacerse cargo. Es un auténtico revuelo en el pueblo que, pensando que esto es una señal de la diosa de que devuelve sus poderes mágicos al verdugo, hace cola a la puerta de su casa para recibir las cenizas sagradas, los restos quemados de la cuerda con la que ha colgado a su último condenado.

El protagonista empieza a hacer más y más penitencias, abluciones y rezos, pero no puede dejar el alcohol, ya que la idea de tener que volver a matar le mortifica. Intenta librarse de la obligación, pero el emisario no acepta ninguna de sus razones - la edad, que se encuentra enfermo, etc.- y le dice que si necesita ayuda, que se lleve a su hijo con él para cuidarle. Y eso hace.


Padre e hijo en la casa.

Kaliyappan y su hijo, el revolucionario independentista, hacen noche en la cárcel de la capital, donde deben esperar en vela para, al día siguiente al amanecer, colgar al condenado. Pero Kaliyappan, borracho como una cuba, es incapaz de mantenerse despierto. Si se durmiera, no podría realizar la ejecución - ya que la tradición ordena que, como el condenado no dormirá en toda la noche pensando en la muerte que le espera, el verdugo tampoco debe dormir - así que los soldados de guardia intentan contarle historias que le mantengan despierto, pero todas le aburren, excepto una: la historia de un amor que florece entre una niña de 13 años y joven flautista vagabundo, y la historia de cómo ella es brutalmente violada y asesinada, de cómo el verdadero culpable escapa a la ley y de cómo el jovencito es condenado injustamente por un crimen que no ha cometido. 

Gopalakrishnan cuenta el colapso nervioso de Kaliyappan de una manera estupenda: no escuchamos la historia de los jóvenes enamorados en el hermoso valle de Kerala, sino que la vemos a través de los ojos del verdugo, que imagina a su hija - que también tiene 13 años - en el papel de la chica, así como al resto de los personas les pone caras familiares. Esto le perturba enormemente, y en alguna ocasión, interrumpe la historia con gritos de dolor, pero quiere escuchar el final de la historia. Los soldados, asustados, le preguntan si es que conoce a alguien parecido, y el hombre les contesta que sí, que claro, su familia. Pero no es su familia, es una historia real, que ha salido en los periódicos: los soldados se ríen del pobre Kaliyappan, que no estaba enterado de nada, que no sabía que el chico que va a colgar en unas horas es precisamente ese joven músico inocente.

Entonces, el padre tiene un colapso real y se niega en rotundo a realizar la ejecución. Pero el condenado no puede quedar sin colgar, porque sería un deshonor para los soldados y para el director de la cárcel, así que ordenan al hijo de Kaliyappan que ocupe el puesto de su padre, como le corresponde según la tradición, y que él cuelgue al inocente.

¿Lo hará?


lunes, noviembre 11, 2013

Cine mudo indio

Hoy he ido a una interesante exposición sobre el cine mudo indio más allá del estereotipo de que todas las películas indias de esta era trataban temas mitológicos, como en Raja Harishchandra, que es de las más conocidas porque es el primer largometraje indio.

En una casa reconvertida en galería de arte, cinco habitaciones contenían la exposición, que la verdad, se quedaba un poco corta para un tema que, estoy segura, da para mucho. Claro que Calcuta no es Mumbai, y la mayoría de los archivos, si es que se conservan, deben estar allí, que fue donde realmente el cine tuvo arraigo, a pesar de que los primeros cortometrajes, e incluso el primer director de cine, fueran bengalíes.

La primera sala mostraba imágenes y un extraño vídeo, como de negativo, una película mitológica, que servía a contrapunto a las demás. El visitante entra en lo conocido para poco a poco ir enfrentándose a todo lo que no sabía del cine mudo indio: las revistas de los fans, con imágenes que enseñan "cómo actuar" para diferentes emociones, poemas sobre artistas de cine o cuentos cortos, un documental inglés sobre la industria del yute en Calcuta (proyectado sobre unas fibras de yute, un concepto muy interesante que sin embargo, no te dejaba ver bien el documental, puesto que no era un pantalla ni plana ni blanca), fotogramas de una película corta bengalí, y el tráiler de una película de acción de los héroes de moda en Mumbai (entonces, Bombay): Sulochana y D. Billimoria, junto a fotos de éstos y artículos de revistas sobre ellos.


Las superestrellas del momento: D. Billimoria y Ruby Myers, conocida como Sulochana


Sulochana se hizo tan famosa que llegó a protagonizar una película con su propio nombre, aunque no fuera autobiográfica.

Esta chica, Ruby Myers, era descendiente de judíos, nacida en Pune, Maharastra, donde trabajaba de teleoperadora hasta que un cazatalentos la descubrió. Se convirtió en la gran estrella del cine mudo, y la emparejaron con el actor de moda, con el que por supuesto tuvo una relación amorosa (porque sino, dudo mucho que hubieran permitido que actuaran juntos en las escenas de amor. Ya debió ser difícil, sin que estuvieran casados). Pero cuando empezó el cine sonoro, tuvo que abandonar las pantallas por un tiempo para aprender hindi correctamente, y poder así actuar en ellas. Sin embargo, aunque cuando volvió rehízo sus propias películas en hindi (por ejemplo, Wildcat of Bombay se convirtió en Bombay ki billi que significa exactamente lo mismo), ya nada volvió a ser lo mismo, y no duró mucho más. Por cierto que esta película debió de ser curiosísima, porque en ella tiene ocho papeles diferentes. Ojalá la encontrara por alguna parte para verla.

Os dejo con la película corta bengalí de la exposición, Jamai Babu, que he encontrado en Youtube. La película trata de un chico pueblerino de clase media que llega a Calcuta a ver a la familia de su esposa (aunque no entiendo muy bien por qué no viven juntos), que es incapaz de andar por las calles de una Calcuta, en los años 30, amplia, espaciosa, y sin tanta gente como ahora, al que su torpeza le hace caer y tropezarse física y socialmente con todo y todos. El chico tiene ganas de pasar la noche con su mujer, y como una le sabe a poco, finge ponerse gravemente enfermo para quedarse otra más, pero no todo le sale como él desea...

A él no hay quien le aguante, pero ver esa Calcuta es algo maravilloso. ¡Qué avenidas! ¡Qué calma en la estación de Haorah, en Chowringee, en Rabindra Sarovar! Ya me gustaría a mí tener una máquina del tiempo.




https://www.youtube.com/watch?v=IdOUUp-toxQ

sábado, agosto 31, 2013

Tasher Desh, de Q

(Atención: hay spoilers. Aunque no importa demasiado, la verdad. Lo importante de esta película es la forma, no el contenido. Todos los bengalíes conocen la historia antes de ir a verla, pero eso no disminuye el valor de la película).


Este es la segunda entrada que dedico a Tasher Desh, y quizá haya un tercero. He hablado de la obra de teatro de Rabindranath Tagore, que vi representada este año en Academy of Fine Arts en Calcuta, en una entrada en la que avancé lo que es el tema de esta, la película que Q ha hecho versionando (de manera fiel al texto e infiel a todas las formas) la misma obra. ¿Q? ¿Quién es Q? Q es el nombre artístico de Qaushiq (normalmente, Kaushik) Mukherjee, un director de cine bengalí independiente, famoso por su irreverencia general ante todo, pero especialmente, ante lo convencional, lo tradicional y lo anquilosador.

Sus deseos de romper con los diques que contienen la creatividad, las barreras que nos encierran (Bandh Bhenge Dao, literalmente "Rompe los diques", es una de las canciones de la obra), le han llevado a adaptar la obra de Tagore al cine. No conozco bien la obra teatral de Tagore, pero esta es una pieza muy interesante, con un contenido que, además de ser claramente didáctico, lo que enseña no es sino la libertad. De hecho, hoy en clase he preguntado, para practicar (estamos con el cine) el significado del verbo "tratar", ¿de qué trata Tasher Desh? Y la respuesta de mis alumnos ha sido "de la libertad". Lo bueno, si es breve, dos veces bueno.

Para los perezosos a los que no os apetece volver a la otra entrada a recordar, y para aquellos recién llegados que están un poco perdidos, hago un pequeño resumen: la historia cuenta la huida de un joven que se siente atrapado en la monotonía de su vida, que emprende un viaje con un amigo, y llegan a una extraña isla, el País de las Cartas, donde para su sorpresa, los habitantes viven bajo un orden marcial, siguiendo órdenes absurdas sin cuestionarse nada. El joven y su amigo, los primeros extranjeros en visitar la isla, son la chispa que hará estallar una revolución en el País de las Cartas, cuando persuaden a una de las cartas-chica a ponerse de su parte. Poco a poco, las cartas dejan de ser cartas y se convierten en seres humanos.

Pues Q lleva todo esto a la pantalla, y mucho más también. En realidad, sigue la obra de Tagore al pie de la letra: los diálogos, las canciones, no hay licencias. Las licencias se las toma en las formas, que rompen con lo que estamos acostumbrados a ver en una película. De hecho, es casi una anti-película, sobre todo la segunda parte, donde la historia se diluye en un collage de imágenes, música y poemas, que en los momentos más excesivos recuerda a un videoclip de la MTV. Pero eso es en los momentos en los que la película sobrepasa al espectador, no acostumbrado (por supuesto que no acostumbrado) al concepto que Q está proponiendo a través de su película sobre la libertad - poniéndolo en práctica en la misma.

La primera parte es un poco más "normal", digamos, en cuanto a que podemos seguir un tenue hilo narrativo: la monotonía de la vida del príncipe, contada a través de un cuentacuentos (quizá, la figura del propio director) que pasea por Calcuta y duerme en las estaciones de tren, con el texto de la obra de Tagore en la mano, obsesionado con representarla en un teatro. El cuentacuentos, que no habla sino consigo mismo y con los trenes, llega a una casa antigua y ruinosa donde hay una joven viuda, a la que reconoce como la Reina de Corazones, y a la que le empieza a contar la historia del príncipe. 


Este príncipe sin nombre (simplemente se le llama "príncipe", Rajputro) vive con su madre y una legión de sirvientes y sirvientas vestidas de blanco, en una solariega casa perdida en el bosque. La madre, exiliada o desterrada, no lo sabemos exactamente, después de que el rey la sustituyera por una reina más joven, ha encerrado a su hijo en la casa mientras que ella se ha encerrado en su mente, sus recuerdos, y el alcohol. De vez en cuando viene el mejor amigo del príncipe, que además es su proveedor de marihuana, que fuman continuamente, como único medio de escapar que tienen. El príncipe sueña con salir y viajar, escapar de esa rutina vacía, de los momentos que se repiten iguales unos tras otros. 

Q nos hace visualizar y sentir esta monotonía repitiendo planos desde todos los ángulos, como si fuera un experimento cubista, en la que casi se superponen unos a los otros (y a veces, se superponen realmente). Los diálogos se repiten cuatro, cinco, seis veces, siempre los mismos, los mismos movimientos. Nos sentimos como el joven príncipe, atrapados en esa jaula del tiempo. Su amigo no entiende por qué tanta pasión por salir de esa "jaula de oro" en la que viven, cómodamente, donde tienen todo lo que pueden desear, mientras que el mundo de fuera se presenta desconocido, incierto y peligroso. Cuando el príncipe está empezando a volverse loco de hastío, llega el Oráculo, un ser andrógino vestido de rojo que le canta lo que debe hacer: viajar. Por fin, el príncipe se enfrenta a su madre, en silencio, escribiendo con el pintalabios de ella por toda su habitación su deseo, explicando por qué no puede quedarse más tiempo en esa cárcel de casa, y su madre pronuncia sus primeras palabras en toda la película para bendecirle en su viaje.

Y llegamos a la segunda parte de la película, en la que, mágicamente - por una pastilla que toman, al estilo Matrix - llegan a una isla con una playa maravillosa. Por fin el príncipe sonríe, feliz con la novedad y la libertad, aunque sea menos cómodo que su gran mansión. Pero hay un elemento lúgubre en toda su felicidad: los nativos de la isla, que tienen una apariencia extraña y se mueven de manera extraña, todos al unísono, y hablan a gritos.


El diseño de la vestimenta y del maquillaje de las Cartas se merece un premio. Fijaos en los labios: cada palo de la baraja está claramente representado en el conjunto de colores de la ropa (variaciones de blanco, negro y rojo), y en los labios.


Q rompe la pantalla en mil partes para mostrar con mas fuerza los dientes amenazantes de las cartas, con sus particulares subtítulos (las cartas hablan con voces distintas, y por lo tanto, sus subtítulos son diferentes de los humanos). Toda la forma está diseñada con un claro propósito: romper las barreras (de la pantalla incluidas), y sobrecoger al espectador con la emoción que toque: monotonía, desesperanza, miedo, alegría, pasión...

Cuando los dos amigos están observándoles escondidos entre los arbustos, no pueden evitar reírse de las Cartas. Esto los alerta y son descubiertos, arrestados por el crimen de reír, y llevados ante el Rey y la Reina de las Cartas (hay que decir que estas cartas eran muy igualitarias, ya que el Rey siempre consulta con la Reina antes de tomar cualquier decisión, y si no está de acuerdo, pues no se toma hasta que no tengan un consenso). Al príncipe se le ocurre cantar como símbolo de respeto, pero cantar también es un crimen el País de las Cartas, así que los habitantes piden que sean ejecutados por atreverse a cometer semejante crimen, porque hay que "mantener la cultura". El ministro de cultura, una carta especialmente cabezota, pide su muerte, mientras que otros piden el destierro. Pero el príncipe pide permiso para hablar antes de ser juzgado, y les canta a las mujeres-cartas una canción como la que el Oráculo le cantó a él. Esto hace perder la compostura y la seguridad a las mujeres, incluida la Reina, que tras escuchar la canción, se niega a que sea castigado. Así que el castigo queda pospuesto, y ellos siguen con vida.

Entonces perdemos de vista a los dos amigos, para centrarnos en las cartas, y en como una de ellas , Horotoni (la Reina de Corazones) empieza a rebelarse ante las normas estúpidas y deja de hacer nada de los establecido, para hacer libremente, lo que ella quiere. Entre otras cosas, sentir la brisa en su pelo.


 Horotoni corta con tijeras la tienda de campaña donde vive, y se quita la gorra, para sentir la brisa del mar por primera vez.

Poco a poco, las demás cartas la siguen, primero las mujeres y luego los hombres, hasta que los habitantes de la isla están claramente divididos en dos facciones, con el obsesivo ministro de cultura y el Rey a un lado, y Horotoni y los suyos del otro. La película termina con la rebelión en marcha, con Horotoni y los suyos gritando con antorchas en la mano, esperanzados. El cuentacuentos y la viuda (que no sabemos si es realmente la Reina de Corazones, pues entonces, ¿qué le ha pasado?, o si es la imaginación del cuentacuentos, que la imagina como tal) abandonan la casa en ruinas para, quizá, volver a Calcuta juntos. Y Q nos regala al final, con los títulos de crédito, un montaje de imágenes y videos de diversas manifestaciones y rebeliones en el mundo, de guerras y de soldados en las calles (un guiño a la Primavera Árabe, entre otras rebeliones que seguramente no he sido capaz de reconocer), los grafittis de Bansky (¿qué indio los reconocerá? Ninguno...esto es un guiño a la audiencia occidental), y por fin, la voz de Tagore dirigiéndose a su pueblo en un tono altivo, hablando de la cultura de la Dorada Bengal.

Otra de las joyas de esta película es la banda sonora, que da un toque moderno a las canciones de Tagore. Y entre los muchos cantantes que participan en la banda sonora, está una de mis favoritas, Anusheh Anadil de Bangladesh. Si os interesa, os lo puedo enviar: en youtube todavía no está disponible.

Esta es la canción de la que hablaba al principio, Bandh Bhenge Dao, Rompe los diques, las barreras, en la versión tradicional y la versión de la película de Q, con la colaboración de Asian Dub Foundation:




Rompe los diques, rompe los diques, rompe los diques, 
¡rompe los diques!

Deja que desaparezca la esclavitud
Deja que la canción seca fluya
Canta por la victoria del derribo.
Deja que la marea se lleve lo desgastado y viejo
Deja que se vaya, deja que se vaya.
Hemos escuchado el grito de los jóvenes
"¡No tengas miedo, no tengas miedo, no tengas miedo!"
No temas lo desconocido
Aunque las puertas estén cerradas
Atraviésalas ya sin temor.

Bnaadh bhenge daao (x4)
bandi praanmon hok udhaao
shukno gaane aashuk
jiboner jaygaan gaao
jirno puraatan jaak bhese jaak
jaak bhese jaak, jaak bhese jaak
aamraa shunechhi oi
"mabhoi! mabhoi! mabhoi!"
kon nutoneri dak
bhoy korina ajaanaare,
ruddha taahaari ddare
duraar bege dhaao.


sábado, agosto 03, 2013

Un viernes "de película"

Ayer viernes fue uno de los días más raros, en el buen sentido de la palabra, que he tenido en Calcuta. El jueves por la tarde, el editor de la revista de cine para la que estoy escribiendo me llamó para invitarme a acompañarle a la casa de Soumitra Chatterjee. Los lectores asiduos del blog sabrán que he hablado de Soumitra en casi todas mis entradas sobre cine bengalí, y que es sin duda uno de mis actores favoritos, y que, en resumen, soy una fan. Sin duda acepté la invitación, aunque me puse muy nerviosa: ¡iba a ir a la casa de una estrella de cine! Tenía que acostarme pronto y dormir bien para madrugar, pero con los nervios, me fue casi imposible, aunque conseguí levantarme. Después de unos problemillas con un taxista listillo, y del tráfico horrible de las mañanas en Calcuta, llegué a tiempo al punto donde el editor vendría a recogerme para llevarme a la casa del actor. Al parecer los dos habíamos tenido la misma idea y le habíamos llevado chocolate de regalo (yo unas galletas de esas con chocolate rellenas de naranja, y él unos bombones), porque, al fin y al cabo, ¿a quién no le gusta el chocolate? Sólo esperaba que no tuviera diabetes. Esta información no está en internet, claro.

El editor de la revista está escribiendo un libro sobre Soumitra, su actuación en cine y en teatro, y sus otras actividades artísticas (es poeta, recita, y también escribe guiones de teatro, además de traducir obras al bengalí y editar revistas - esto es Calcuta). Ya le había hecho varias entrevistas, pero siempre hacen falta más, y la de hoy fue sobre el teatro. Fue estupendo, porque es un tema del que yo sabía menos, aunque había ido a verle en la versión en bengalí de El Rey Lear que lleva varios años representando, cómo no, en el papel de Lear. 

La casa está en una zona residencial, verde y tranquila, en el sur de Calcuta. Es pequeñita, una especie de dado grisáceo de dos pisos, con un amplio jardín que medio esconde la casa de la vista del público. El salón, de tamaño medio, estaba decorado de manera muy simple, sin demasiados ornamentos ni colores chillones ni nada ostentoso. Un mueble con estanterías y cajones cubría una pared, una mesa bajita delante de un sofá, y un pequeño espacio aparte, con un sofá y dos sillones a juego, el uno enfrente de los otros, al lado de una ventana a través de la que se podía ver una enredadera, que dejaba pasar la luz pero protegía a los visitantes de las miradas curiosas. Allí fue donde nos sentamos a esperarle. Lo que me llamó más la atención fue que estaba leyendo el último libro de Khaled Hosseini (And the mountains echoed), además de las estatuas de cabezas de Buda (Buda estilo Siddartha, es decir, el joven Buda), y sobre todo, que parece que colecciona pequeñas estatuas del toro Nandi, la cabalgadura de Shiva - supongo que será devoto de este dios en particular.

No tuvimos que esperar mucho, y llegó en pantalón de chándal y camiseta, muy casual, sin pretensiones. Se mostró sorprendido de verme allí (el editor no le había dicho nada de mi presencia), pero agradeció los regalos y estuvo muy hablador y agradable. Hasta nos invitó a café, cosa que, según el editor de la revista, sólo había hecho dos veces anteriormente. De hecho, se quedó tan contento con la entrevista - una hora y media, muy distendida, en la que discutimos la escena actual del teatro y los nuevos estrenos de cine -, que quiere llevarme las próximas veces también, a ver si Soumitra reacciona igual y habla así de animadamente, ya que me ha comentado que ha habido ocasiones en las que se ha levantado de mal humor y en las que no decía ni una palabra.

Además, hasta nos hicimos unas fotos :)


Nos despedimos por fin y volví a mi residencia para mi siguiente cita: una ceremonia de inauguración del nuevo apartamento del profesor de sánscrito que ha estado viviendo en la Guest House durante los últimos cuatro meses, Kamal. Después de pasar cuatro años en las Islas Fidji como enviado diplomático, ha vuelto a Calcuta para ocupar su posición como profesor de epigrafía en la Universidad de Calcuta, y la universidad le ha dado un piso en el norte de Calcuta, como suele hacer con los profesores que no son de Calcuta (excepto con los extranjeros, que tenemos que quedarnos en esta Guest House... en fin...). Aquí en India es habitual que antes de empezar a vivir en una casa se realice una ceremonia de, literalmente, "calentamiento de la casa" (housewarming), en la que sin duda no puede faltar el fuego como elemento esencial: encendimos incienso, ofrecimos flores, y preparé un té (que lleva calor) para celebrarlo, junto a unos dulces que compramos previamente. 


Flores, en medio, un loto ("kamal", como el profesor), el incienso, y ese paquete en blanco fue el libro de "cocina para novatos" que le regalé.


El profesor Kamal y el té.

Allí estuvimos una hora (aunque ir y volver en taxi nos llevó otra hora, de verdad, nunca había estado tanto tiempo metida en un coche en Calcuta, y es horrible, hay atasco en todas las calles a todas horas), viendo el piso, y comentando qué hace falta para vivir, porque está sin amueblar. Así que le dibujé un plano del piso, y apuntamos las cosas básicas necesarias, cuál sería la utilidad de cada una de las habitaciones, etc. En sus cuarenta y tantos años de vida nunca ha vivido en su propia casa, siempre en la de alguien, o la que le había prestado el gobierno de Fidji cuando estuvo allá, así que jamás ha tenido que enfrentarse a una casa sin amueblar ni es consciente de lo que es necesario y no, ni sabe cocinar ni limpiar ni hacer nada por sí mismo porque, en India, siempre hay alguien que hace esas cosas por ti (especialmente, si naces hombre), incluso en Fidji tenía una familia como sirvientes. Así que ahora que tiene que hacerlo todo solo, está muy perdido (de ahí lo del libro de cocina para novatos), y aproveché para enseñarle cómo funciona el fuego de inducción (el que veis en la foto, es lo único moderno que hay para cocinar aquí, nada de vitrocerámicas ni placas eléctricas. Y ya veis el acabado de la cocina... horrible...), y explicarle algunas cosas básicas, como no que no hay que poner la lavadora en medio del salón o que hay que medir las habitaciones antes de comprar los muebles (cosa que no, no se le había ocurrido pensar). 

Por fin volvimos, y aunque estaba muerta de cansancio, aún me quedaba una cita más: un concierto de rock pop bengalí en un local al sur de Calcuta (de norte a sur, recorrí toda la ciudad, vaya). Allí esperaba encontrar a una amiga pero al final encontré a un estudiante de español y a los franceses de la Alliance Française y del consulado. La música no estuvo mal (el grupo fue mejor en directo que en los videos de Youtube), pero lo que realmente me gustó fue el local, espacioso y con buena sonoridad, la terracita de fuera, y el ambiente del lugar. Hay un concierto cada viernes, y ahora que por fin lo he "estrenado", creo que voy a volver.


Foto del escenario en la prueba de sonido previa al concierto.

Y por fin volví a casa para caer casi rendida en la cama después de un día tan ajetreado. 


domingo, mayo 19, 2013

Cine bengalí más allá de Satyajit Ray: Ritwick Ghotok

En los últimos días, dentro y fuera del blog, he recibido peticiones de información sobre el cine bengalí que existe más allá de Satyajit Ray, en su época, y en la actualidad. La figura de Satyajit Ray eclipsa casi a todos los demás directores, especialmente para los observadores extranjeros, que sin duda se ven más atraídos por el estilo más occidentalizado de Ray, que se educó en el cine viendo, principalmente, películas de la época clásica americano y europeo. Entre sus influencias, Ray cita en su libro "Our Films, Their Films" (una colección de ensayos que escribió tratando las películas indias - our films - y las películas no indias - their films-) a Renoir, Vittorio de Sica, Chaplin, Hitchcock, Kurosawa... Quizá por eso nos resulta sencillo entender las convenciones del cine de Ray, y no las Bollywood.

(Una pequeña anécdota hablando de las convenciones de Bollywood. Un día, mi compañera francesa Charline, un amigo indio y yo estábamos viendo una película en la televisión, con Aamir Khan de protagonista. La historia era una cosa así como que Aamir Khan trabaja en la industria del cine, pero es pobre. Se enamora y se casa de una chica que es más rica que él, que quizá tiene la esperanza de que él tenga éxito - en India el éxito significa sólo una cosa: dinero -, pero como no lo consigue, la chica se divorcia y pide la custodia de la niña que tienen en común. Aamir Khan no quiere divorciarse, pero lo que no puede soportar es la idea de perder a la niña, y toda la película va sobre su lucha dentro y fuera de los tribunales para obtener la custodia. En un momento de la película, hay una canción: Aamir canta y se ven imágenes de él con su ex mujer y con la niña. Y Charline pregunta: "pero, ¿qué ha pasado? ¿Ya se han reconciliado y están juntos? ¿Para qué tanto lío hasta ahora entonces?". Mi amigo y yo nos miramos y nos reímos: "¡Es un sueño! ¡Aamir Khan está soñando con cómo le gustaría que fueran las cosas!". Esto era algo que Charline no podía comprender fácilmente, que en las canciones lo que se muestra no es sólo una condensación temporal o un acto de seducción (como es muchas veces), sino que también los sueños de los protagonistas se expresan simplemente, con una canción, sin transiciones ni cambios en el estilo de la imagen, y no con confusas distorsiones de imágenes que nos indican que entramos en el mundo del sueño, como en el cine occidental. ¿Cómo se aprenden estas cosas?  Viendo muchas películas de Bollywood. Pero al principio cuesta, claro, porque no entendemos por qué tanta cancioncilla. La primera película de Bollywood que vi me dio vergüenza ajena, de tanto baile absurdo. Absurdo me parecía a mí entonces, claro. Hoy en día, esa peli es una de mis favoritas de Bollywood, aunque no sea más que porque la he visto demasiadas veces.)

Pero más allá de Bollywood, y más allá de Satyajit Ray, tenemos un cine bengalí con sus peculiaridades. No soy ninguna experta, hay muchísimas películas que todavía no he visto, pero no puedo evitar sacar algunas conclusiones de las películas que he visto. Y me parece que el cine bengalí - exceptuando el cine comercial y alimenticio, que es un copy paste de Bollywood pero en bangla en vez de hindi - tiende a contar historias de corte realista. Es decir, que la inspiración para los creadores de películas aquí no es tanto la fantasía y el sueño de "cómo les gustaría que fueran las cosas", que es Bollywood, sino la vida diaria de la gente, ya sea en el pueblo o en la ciudad. Con lo que salen a veces historias muy duras, pero claro, también depende de quién y cómo las cuenten.

Más allá de Ray, aunque contemporáneos suyos, me gustan muchísimo Mrinal Sen y Ritwick Ghotok. Empezaré por este último, aunque sólo sea porque tiene menos películas de las que hablar, y va a llevarme menos tiempo. 

Ghotok (1925-1976), nació en lo que hoy es Bangladesh, pero fue afortunado, ya que su padre decidió trasladar a toda la familia justo antes de la partición del estado en dos, evitando la oleada de refugiados, el pillaje salvaje y el genocidio. Ghotok se dedicó al teatro, escribiendo obras, además de al cine, aunque creo que es más conocido por sus películas (porque nunca nadie me ha hablado de la obras de teatro de Ritwick Ghotok, lo he encontrado yo por internet). Sin embargo, sólo tiene ocho películas en su hacer, pero también fue actor, hizo algunos cortos y documentales, escribió guiones además del teatro que ya he mencionado, y se dejó cosas sin terminar al morir. Vivió y murió mal: estaba continuamente arruinado y se gastaba todo el dinero en sus proyectos artísticos y en alcohol. Su adicción al acohol derivó en diversos problemas de salud que le llevaron al hospital, incluso a un hospital mental una vez, y finalmente, a la muerte.

De sus películas, he visto dos, Ajantrik y Meghe Dhaka Tara, y puedo decir que son dos de esas películas que hay que ver antes de morir. Ajantrik es quizá una de las primeras películas indias de "ciencia ficción", en la que el protagonista es un viejo coche, propiedad de un taxista, que se desvive por él. Muchos años antes de ese clásico del cine de terror, Christine, basado en una novela de Stephen King, Ghotok ya había tratado el tema de un coche con personalidad propia. La película no es una película en sí, más bien parece un ensemble de cuatro cortometrajes con los mismos personajes principales. A pesar de esta forma tan rara, en el que el único punto de conexión es la relación entre el coche y su taxista, y la dureza del campo rural en el que sobreviven trasladando a otros personajes de un lado a otro, esclavos del trabajo y del dinero, en el que el taxista intenta establecer una relación humana en un mundo tan inhumano que lo más humano a su alrededor es su taxi.

Meghe Dhaka Tara es otro tipo de película. Es una película con una línea argumental y una historia clara, que sigue un orden cronológico, no un puzzle como la anterior. En esta película, una familia que ha huido de Bengala Oriental tras la partición, vive en la miseria de un campo de refugiados (lo que ahora son los suburbios de Calcuta). Antes eran ricos y son educados (el padre es profesor, el primogénito sabe música y la hija mayor ha ido a la universidad), pero al huir de la violencia de la guerra han perdido todas sus posesiones y su dinero. Sobreviven gracias a las clases particulares que dan el padre y la hija mayor, Nita. El primogénito, que, según la tradición, debería ser quien acarrease la responsabilidad de traer el pan a la familia ahora que su padre es muy mayor, sólo ansía ser músico y no está dispuesto a sacrificar su sueño por la familia: antes, sacrifica a su propia hermana, quien, cuando el padre sufre un accidente que le impide caminar e ir a las casas a dar sus clases, se convierte en la única proveedora de la familia. La madre, una típica ama de casa autoritaria y tradicional, que sólo quiere ver a su hijo en una oficina y a sus hijas casadas ya, es un demonio de mujer, que esclaviza a Nita y recoge todo el dinero que ella trae a casa, aunque andan a deber en todas las tiendas del barrio. La hermana pequeña es una niña mimada, egoísta y cruel, a la que no le importan en absoluto los sentimientos de nadie. 

Nita tiene un novio, un joven soñador y poeta, que quiere casarse con ella. Pero Nita, consciente de su responsabilidad en la familia (si ella se va a la familia de él, como es la tradición después de casarse, ¿cómo va a comer su propia familia, cuando ella es la única que trabaja?), le pide que espere a que su hermano, que ha huido con el poco dinero que Nita guardaba, vuelva convertido en un famoso músico que pueda ganar lo suficiente para que sus padres y su hermana pequeña no pasen hambre. Nita incluso empieza a trabajar en una oficina en el centro de Calcuta, un trabajo aburrido y repetitivo, pero que le da más dinero que las clases particulares. Sin embargo, Nita no ha contado con que su hermana se ha encaprichado con su novio, y éste, incapaz de esperar a Nita, es fácilmente seducido. En realidad, no es ni seducido, porque no le cuesta nada cambiar a una hermana por la otra. El encanto físico de la hermana pequeña, a la que le gusta usar joyas y maquillaje, cosa que Nita no usa, es suficiente para él, a pesar de que no pueda mantener una conversación con ella, como sí hacía con Nita.  Esto destroza a Nita, pero lo peor para el espectador, es saber de la complicidad de la madre en todo el asunto, aunque ella sabe muy bien que el chico y Nita tienen una relación. Pero, asustada ante la posibilidad de perder a la única persona que trae dinero a casa, confabula y prepara todo el matrimonio de su hija pequeña sin pararse a pensar en los sentimientos de su hija mayor.

El egoísmo, la crueldad de los personajes y del entorno de Nita, es desgarrador. No es una película feliz. Y el final, no cómo termina la historia de Nita, sino que me refiero a las últimas imágenes, que nos  dejan adivinar que esta historia no es única ni excepcional, es impactante.

Que hay que verlas, por si no os había quedado claro ya.

lunes, abril 15, 2013

Jalsaghar, la locura por la música

Aquí va otra entrada más sobre cine bengalí, del clásico, del bueno, del de Satyajit Ray, al que os he presentado. Algún día hablaré de Mrinal Sen y de Ritwik Ghatak, otros directores bengalíes que me gustan.

Una de las películas de Ray más aclamadas es esta de Jalsaghar, que viene a significar "La habitación para música". La historia trata sobre un terrateniente que ha heredado su título y sus tierras de sus ancestros, de su tatarabuelo, y que ocupa su cargo casi de rey en la región con un dignidad y orgullo. No es joven ya, ni tampoco su esposa, y tienen un hijo que heredará el cargo, al que adoran. La pasión de este terrateniente, Roy, es la música. Se pasa el día fumando tabaco en hookah y escuchando música de músicos a los que acoge en su palacio. También toca y enseña música a su hijo, a pesar de las pegas de su esposa, que tiene miedo de que Roy contagie su pasión por la música a su hijo, y éste no quiera hacer nada más que escuchar música todo el día, como su padre. Descuida las tierras y los cultivos, pero no trata mal a los campesinos, y tanto en la casa como en la zona, la gente le adora. Sin embargo, debido a su mala administración y a sus inmensos gastos en pagar a los músicos, se está arruinando poco a poco. Entonces, vuelve a la zona el hijo de un hombre pueblo, Ganguly, que se ha hecho rico haciendo negocios en Uttar Pradesh. El hijo de Ganguly representa la modernidad, en la que el dinero es el poder, y con su dinero y sus negocios se contruye una nueva casa, estilo moderno y no antiguo como el palacio del terrateniente, una casa "sin jardín, sin fuente, sin templo, y sin sala de música", como remarca el fiel mayordomo de Roy. Él se siente ofendido por el dinero del hijo de Ganguly, y se niega a hacer negocios con él (aunque sería lo mejor para su moribunda economía), porque se niega a hacer el dinero "de un usurero", a pesar de que el dinero del hijo de Roy viene de los negocios, no de la usura. Ganguly trae, además, un generador eléctrico y un coche, que hacen un ruido infernal a los delicados oídos del terrateniente Roy, acostumbrado a la música clásica india.


Papelón que realiza Chhabi Biswas como el terrateniente Roy.


Roy atiende a Ganguly, el hombrecillo con bigote, sin nunca olvidar que él es el "señor".

Roy y Ganguly establecen una diplomática lucha de bonitas palabras e invitaciones rechazadas, en las que se juegan el control sobre la región. Ganguly tiene el dinero, pero Roy tiene las tierras, y por mucho que el primero intenta establecer beneficios para ambos con su mentalidad monetaria, Roy se niega por respeto a su linaje, y por mantener su dignidad y posición. Un día, la suegra de Roy se pone enferma y su esposa y su hijo se van a casa de ella unos días. La esposa no quiere dejar a su marido solo, por temor a los gastos en los que puede incurrir si ella no está, y sus temores no son infundados. Tan pronto como ella se va, Roy, ofendido porque Ganguly ha tenido la "desfachatez" de invitarle a su nueva casa el primer día del año bengalí (que fue precisamente ayer, Poilabaishak), decide celebrar una fiesta por todo lo alto, sin mirar el dinero, a pesar de que para ello tiene que empeñar la última caja de joyas de la familia. También escribe urgentemente a su esposa e hijo para que vuelvan a casa en ese día, para estar presentes en la celebración. Decide contratar al cantante musulmán más famoso de Murshidabad, y no escatima en detalles ni lujos. Pero en las fechas del año nuevo, siempre suele haber unas tormentas de verano, inesperadas y terribles (las "kalbaishaki", que este año están siendo bastante más suaves que años pasados), y una de ellas se acerca hacia la tarde del día del concierto. Se adivina en el ambiente, y Roy empieza a ponerse nervioso: su hijo y su esposa tienen que venir en barco.

(a partir de aquí, spoilers)

















La tormenta se desata en pleno concierto, aunque la música tapa el ruido de los truenos. Las lámparas de cristal con velas empiezan a temblar en los techos, entran mosquitos en la casa, que se le caen en la copa de vino, los relámpagos ciegan los ojos que se asoman a las ventanas. Roy, nervioso, se levanta y sale fuera en mitad del concierto: un sirviente viene con una mala noticia. Un remolino en el río se ha llevado la barca en la que iba su familia, y todos han muerto excepto un sirviente que ha traído el cuerpo de su hijo en brazos, sin vida.

Esta noticia destroza la vida de Roy, que a partir de ese momento reniega de la música. Se da cuenta de que su amor por la música le ha traído la ruina a él y a su familia, pero todavía es incapaz de darse cuenta de que su soberbia y la necesidad que tiene de "mantener su dignidad" y no rebajarse a hacer negocios con el moderno Ganguly, es lo que realmente le ha traído la ruina a su linaje y lo que ha causado tanta destrucción. Además, por si fuera poco, la tormenta hace subir tanto el nivel del río que inunda totalmente sus tierras, dejándolas inservibles. Esa es la excusa perfecta para el gobierno indio, que, recién independizado, intenta acabar con el sistema feudal de los terratenientes y hacer un reparto equitativo de la tierra. A Roy le quitan todo, excepto su casa y las tierras del templo de su famlia.Terrateniente sin tierra, se encierra durante cuatro años en el piso de arriba de su palacio, del que se niega a salir, vende casi todos sus muebles y animales, despide a sirvientes, y cierra la sala de música.

Pero la historia no puede quedarse ahí. Poco a poco, durante cuatro años, le vemos consumirse en el tabaco y en sus pensamientos. Lo cierto es que el actor que da vida a Roy, Chhabi Biswas, es maravilloso: la película depende totalmente de apenas unos gestos en su cara. Apenas se mueve, representando a un hombre ya mayor, envejecido prematuramente, y soberbio, pero cuando se mueve, cada movimiento tiene un significado para su papel. Un día, de nuevo Ganguly se cruza en su vida: no sólo trae una banda de música estilo europeo, que toca música inglesa a todo volumen (para disgusto de Roy), sino que, además, vuelve a invitarle a su casa, porque ha contratado a una famosísima bailarina de Kathak de Lucknow, y a sus famosos acompañantes a la tabla y a la voz, para que actúen en la nueva sala de música que Ganguly va a abrir en su casa. Esto es como un insulto para el terrateniente, que amablemente se niega a ir, aduciendo que es un hombre demasiado mayor para cambiar sus costumbres (no salir de casa), e incluso invita (por primera vez en toda la película) a Ganguly a beber un refresco antes de irse. Sin embargo, por la noche, cuando empieza a escuchar la música de Kathak desde la casa de Ganguly, lo primero que Roy hace es ordenar abrir y limpiar la sala de música para dar un concierto próximamente, para el que contrata a la misma bailarina de Kathak que actuó en la casa de su vecino.

Sus sirvientes - que intentan hacerle entrar en razón, porque apenas queda nada de dinero -,  no tienen más remedio que ceder a las órdenes de su amo, que no se deja amedentrar por nadie y a quien parece darle igual todo, excepto mantener su posición. Una escena que me gusta mucho es cuando, justo antes del concierto, vemos a Roy abrir su caja fuerte y coger una bolsa en la que previamente hemos visto que guarda unas pocas monedas de plata: eso es todo lo que le queda de valor. Roy mira la bolsa con ansiedad, pero al final, con un gesto como de resignación, se guarda la bolsa en el bolsillo y cierra la caja fuerte vacía. Después, baja al concierto, donde todos le esperan para empezar. La danza y la canción son maravillosas, arrebatadoras, y tanto Ganguly (que ha bebido demasiado alcohol) como Roy están fascinados. 

La bailarina de Kathak, Krishnabai.

Al terminar, Ganguly se pone a gritar y empieza a sacar unas monedas para tirarlas a los pies de la bailarina, como es costumbre hacer, una especie de regalo. Pero Roy, rápido a pesar de su edad, con su bastón de empuñadora de marfil detiene la mano de Ganguly, sin decir nada. Éste no entiende qué está pasando, y poco a poco se gira hacia Roy, que por fin habla: "El anfitrión tiene derecho al primer regalo". Como si de un maestro que enseña las normas de comportamiento adecuadas a su alumno rebelde, Roy saca su bolsa y se la da en la mano a la bailarina, que se acerca a recibirla: nada de tirar monedas al suelo. Además, Roy ha sido doblemente listo, porque como las monedas están en una bonita bolsa de terciopelo negro, nadie puede saber cuánto dinero hay, ni si tiene más o menos dinero que Ganguly. Éste, derrotado, tira finalmente las monedas con desgana.


"¡Quieto parao, Ganguly!"

Ganguly, atemorizado y confuso porque el terrateniente Roy le ha detenido cuando iba a tirar dinero al escenario

Cuando todos por fin se van, bien entrada la noche, Roy se bebe el resto del acohol celebrando que Ganguly "¡no ha podido hacerlo, no ha podido hacerlo!", es decir, celebrando su victoria, la victoria de su arruinada dignidad de linaje frente a la modernidad del "self-made man" con dinero pero sin modales. Roy le habla a su sirviente de la sangre, de que es la sangre la que le hace superior a Ganguly,  aunque no tenga dinero, y repasa la lista de sus antepasados. Pero cuando por fin va a beber a salud de sí mismo, delante de su retrato, en el cuadro hay una horrible araña de patas largas, a la que intenta asustar. Nos recuerda el momento de la tormenta que mató a su familia, durante la que se encontró con un insecto nadando en su copa de vino. Las velas que iluminaban la habitación, titilan y se apagan todas a la vez, y a Roy le entra miedo. Desesperado, llama a su sirviente, que le dice que es normal que se apaguen las velas, y que ya ha amanecido. Levanta las cortinas para demostrarle a su señor que ya ha salido el sol, y éste, que ve en ello un signo positivo, decide salir, después de cuatro años, a montar a caballo por lo que antes eran sus tierras. Aunque el sirviente intenta convencerle de que no lo haga porque está borracho, nadie puede discutir con él: sale a caballo, con un vestido blanco de otra época, y un turbante como de rey, sobre su caballo blanco también, y se alejan de los dos fieles sirvientes que se han quedado a su lado. 

El señor Roy se aleja en su caballo blanco

Al principio, la carrera va bien, pero poco a poco la cámara se centra en el rostro de Roy para mostrarnos que su mirada está desenfocada y que se marea. En este preciso momento, el caballo se dirige hacie el río, que ahora está seco, donde unas barcas negras están encalladas en la arena que antes fue el lecho del río. El terrateniente, quizá recordando la tragedia de su familia, se asusta de las barcas negras, ve cómo el caballo se dirige hacia ellas pero es incapaz de hacer nada por impedirlo. Al final, el caballo se para repentinamente, negándose a continuar y chocar contra las barcas, y al levantarse para frenarse, Roy cae al suelo.

Los sirvientes vienen corriendo como pueden, para ver que su señor está en el suelo, herido, y que de su cuerpo sale sangre. Esa sangre de la que Roy estaba tan orgulloso en vida, por la que sacrificó absolutamente todo y a todos, incluso a sí mismo.

La película termina como empieza, con una música intensa y una lámpara con velas colgando, titilante, en la oscuridad de la sala de música.


Roy ve en el reflejo de su copa de vino como las luces de su palacio se van apagando poco a poco... es la desventaja de las velas, que se terminan.

Aquí os dejo la música de entrada y de cierre de la película, aunque también la usaron en Hollywood para esta extraña comedia de road trip en tren en India. 






martes, marzo 19, 2013

Tasher Desh

El último sábado fue un largo sábado. Desde las 7 de la mañana estuve en pie, primero para el Taller de Debate (tres horas), donde por fin acabamos con el tema de la Educación y el sistema educativo, y donde mis alumnos eligieron el nuevo tema: la desigualdad de género (propuesto por una chica y aceptado enseguida por todos). Después, charlar un poco con tres de mis alumnos y comer algo, luego arreglar mi impresona (¡por fin!), y por la tarde, ir a ver una obra de teatro de Rabindranath Tagore (también "¡por fin!", que después de casi dos años aquí es la primera que veo).

La obra en cuestión es la que da título a esta entrada: Tasher Desh. Me interesaba esta obra especialmete porque ya había oído hablar de ella: ocurre en un mundo de fantasía donde existe el País de las Cartas (que es lo que significa "Tasher Desh"), un poco al estilo del reino de la Reina Roja de Alicia en el País de las Maravillas. Un país de cartas, no de seres humanos, donde todos cumplen reglas absurdas porque se lo ordena su Rey (aunque también hay una reina, pero es más maja).

Dos humanos músicos llegan al País de las Cartas, y provocan una revolución entre sus habitantes, ahogados por unas normas en las que no tienen ni voz ni voto. Es una obra bastante simple, la verdad, con una moraleja muy obvia desde el primer minuto. Es una apología de la libertad de pensamiento, de la revolución ante costumbres que no entendemos y no nos parecen bien, desde la desobediencia civil, y desde el amor. Es una de las chicas-carta, Iskaboni, que se enamora de uno de los músicos, la que comienza la revolución. Ella al principio tiene curiosidad, y cuándo él le da un nuevo nombre (Nobina), se vuelve en parte humana y se enamora de él. Pero ella quiere ser humana completamente, y sentir todo lo que sienten los humanos: alegría, tristeza, amor, ... Poco a poco, otras cartas también anhelan ser diferentes, hacer cosas diferentes, dejar de seguir unas reglas que les restrigen y no entienden, al igual que en el mundo real el deseo individual choca con las normas impuestas por la sociedad en la que vivimos, normas que nosotros personalmente no hemos elegido.

La falta de libertad para pensar independientemente, para vivir cada uno a su manera, es lo que critica esta obra de teatro. Un mensaje muy importante, que vale para cualquier sociedad pero sobre todo para India, contado de una forma muy clara y divertida para que a nadie se le escape el mensaje.

Me gustó mucho la actuación del protagonista humano, que cantaba muy bien y ponía mucha energía en sus diálogos. La escenografía era una pasada, con mucha simbología (unos triángulos de colores ordenados en el suelo que poco a poco, a lo largo de la obra, los diferentes personajes van desordenando; o los calcetines que llevan las cartas, que terminan por quitárselos para convertirse 100% en humanos, en contacto real con la tierra). La ropa en cambio era un pelín cutre en comparación con todo lo demás, pero no puede ser perfecto, y tampoco estaba tan mal.


El "barco" en el que los humanos llegan al País de las Cartas


La proa del barco


El humano (el de amarillo y azul), y dos de los últimos seres-cartas que quedan en el país tras la revolución


Ellos también quieren ser humanos, y le ruegan que les convierta en tales.


Tasher Desh es quizá una obra menor de Tagore, pero un polémico director bengalí, que se hace llamar "Q", va a presentar pronto una polémica versión de esta obra en una nueva película que, seguramente, será censurada y prohibida en India, como ya ha pasado con anteriores películas de este mismo director. Se mostrará en festivales de cine europeos, y los indios tendrán que descargársela ilegalmente para poder verla. Lo ilegal debería ser prohibir películas, pero así son las normas del Mundo de las Cartas...

Mientras, os dejo el trailer de la version cinematográfica de Tasher Desh:


viernes, diciembre 28, 2012

En el viaje de la vida

Una  DOS bonitas canciones que canta Kishore Kumar y "actúa" Rajesh Khanna (que ha muerto este año que se acaba, y que es una de las grandes leyendas de Bollywood), sobre el viaje de la vida:

Zindagi ke safar me


Lo que dice es algo como lo de Machado y los caminos (o sendas) que nunca se han de volver a pisar: zindagi ke safar mein guzar jate hain jo makam / woh phir nahin aate, woh phir nahin aate!  La tierra que pisamos al recorrer el camino de la vida / no la volvemos a encontrar, no la volvemos a encontrar. 



Zindagi ka safar 
(todavía no entiendo por qué se dice "ke" en la primera canción y luego "ka" en la segunda..esta palabra es la preposición postposición "de", y viene a unir exactamente los mismos sustantivos... no se... si alguien sabe que comente)


Aquí lo que dice no es menos interesante que en la otra canción, aunque no le encuentro tanta conexión con Machado esta vez: zindagi ka safar hai ye kaisa safar / koi samjha nahin koi jaana nahin / hai ye kaisi dagar chalte hain sab magar / koi samjha nahin koi jaana nahin Qué clase de viaje es el viaje de la vida / nadie entiende nadie sabe / todos caminamos por pendientes pero de qué clase son* / nadie entiende nadie sabe.

* esta frase la entiendo pero no soy capaz de traducirla bien...y entre "caminos" o "altibajos" me he decantado por pendientes, sin indicar si son hacia arriba o hacia abajo. Seguramente en ambas direcciones.

Espero que os gusten.

Y una última cosa, sobre otra leyenda del cine indio, pero no de Bollywood, sino del sur: Rajnikanth. Este es un actor que es la quintaesencia del héroe, sobre el que hacen chistes como: "el sol no amanece hasta que Rajnikanth no dice buenos días", o "Rajnikanth no lleva reloj. Él decide que hora es". Con este tipo de chistes os podéis imaginar los papeles que hace...Pues el colmo es que una página web dedicada a él, funciona solo (pero de verdad), SIN INTERNET. Es el chiste hecho realidad...

lunes, septiembre 17, 2012

Obras maestras del cine en India: Charulata

Ya os he hablado un poco de esta película en aquella entrada que escribí sobre Satyajit Ray. Pero aquello fue demasiado breve y esquemático para una película tan rica como esta.

Charulata nos enfrenta a un difícil dilema familiar en el que está en juego la felicidad de todos los personajes. Pero esta felicidad que todos los personajes ( y todos los espectadores) desean, tiene caminos retorcidos, que nos llevan fuera de los límites que la sociedad nos ha impuesto con sus normas.

La reina de esta película es sin duda la protagonista, Charulata (por si hubiera dudas de que ella es la protagonista absoluta, Ray tituló la película con su nombre), una joven mujer casada con Bhupati, un rico bengalí admirador de Occidente, que sin embargo lucha contra los británicos - estamos todavía en  el siglo 19 - a través de un periódico político en inglés que él mismo escribe, edita y distribuye. Bhupati es un hombre cultivado, de fuertes principios (dice en una ocasión: "The only way is the way of honesty"), que da sentido a su vida a través de la lucha intelectual y política contra los ingleses. Sin embargo, esa lucha no aporta nada a Charulata, o sí: el distanciamiento entre ella y su marido, su soledad. 

Desde la primerísima escena de la película podemos apreciar que esta guapa jovencita está muy sola. Vemos a Charulata bordar sola, pasear por una lujosa casa con ventanas cerradas sola, buscar algo que leer sola. Pero antes de leer una novela, encuentra más interesante mirar por la ventana con unos pequeños prismáticos - lo cual nos hace pensar que está también aburrida de tanto leer. Mirando al mundo desde su ventana, busca algo que llame su atención para matar el tiempo y el aburrimiento. La figura de un hombre gordo le interesa; no es una visión notable ni especialmente divertida, pero es lo más interesante que hay a su alrededor: un hombre gordo que camina de manera simpática. Sin embargo, Ray insinúa el encierro y la soledad de Charulata de una manera más visual de lo que he dicho aquí: Charulata, al abrir las contras de las ventanas siguiento la vista del hombre gordo, deja entrar la luz por las rendijas horizontales de las contras, haciendo que la casa parezca limitada por barrotes, como en una celda.


En los primeros diez minutos, solo hemos visto a Charulata en pantalla. Cuando por fin vemos a su marido, embebido en la lectura de algún libro en inglés para su periódico, Bhupati no la ve a ella: pasa a su lado sin notar su presencia en lo más mínimo. El terrible silencio, el abismo que hay entre los dos, se hace palpable en apenas treinta segundos. Solo un buen director puede decir tanto con tan poco.

Pero Bhupati es un buen hombre, y se da cuenta, al cabo de un tiempo, de la soledad que aflige a Charulata. Su mente lógica intenta encontrar una solución lo más rápido posible, e invita a su cuñado, el hermano de Charu, y a su mujer, a vivir en su casa y ayudarle en el periódico. Pero la cuñada de Charu es una mujer simple, sin educación, y que actúa como una niña: no es compañía para Charu, que quiere hablar y expresar sus inquietudes. Por suerte, o por desgracia - esto nunca se sabe - un buen día llega por sopresa Amal, el hermano pequeño de Bhupati. Este ha terminado por fin su licenciatura en Literatura y llega a casa para "descansar, escribir, y descansar". 

La llegada de Amal es una descarga de energía para la casa, al igual que la tormenta que cae cuando llega. Aquí, como en el caso de Charulata,  el personaje también se define desde sus primeros segundos en escena, usando el espacio (la casa, la tormenta) de una manera muy inteligente. Su sonrisa, su naturalidad y el río de sus palabras se contrasta con lo que hasta el momento hemos visto en los personajes de Charulata o Bhupati.

Sin duda, su llegada cambia el modo de vida de la casa, pero también cambiará las vidas de los tres personajes principales para siempre. Enseguida Charulata y él establecen una buena relación, ya tienen más o menos la misma edad y les interesan las mismas cosas. Por fin Charulata tiene alguien con quien hablar de literatura, que apasiona a los dos, y por si fuera poco, se animan mutuamente a escribir y consiguen ser publicados en revistas famosas. Se entienden bien y se ayudan en su desarrollo personal, algo que no sucede entre Charulata y Bhupati. Y así, las cosas empiezan a complicarse.


Amal lee a Charu lo que ha escrito en la libreta que ella le ha regalado



Amal lee a Bhupati el mismo texto...pero este, obsesionado con la política, no entiende el carácter literario del texto. Charu observa la escena.

Sus palabras no dejan escapar nada de sus sentimientos, pero en las miradas, en los gestos, y en el comportamiento de Charu y Amal, vemos que hay algo más de lo que la sociedad dicta que debe haber entre una mujer y el hermano de su marido. Sin embargo, Bhupati, totalmente absorbido por su periódico, permanece ajeno a todo lo demás. 

La película presenta preguntas muy interesantes sobre los sentimientos, la sociedad, y la felicidad. De momento me he centrado en los tres personajes del triángulo amoroso de la película, pero hay dos más que como contraste, añaden mucho significado a la película.

Estos otros dos personajes son el hermano de Charu y su mujer, que Bhupati había invitado para paliar la soledad de su esposa. Ellos también están preocupados por su felicidad; pero su felicidad requiere un apoyo económico que no tienen. El hermano de Charu es un abogado sin vocación y sin éxito alguno, una persona egoísta y manipuladora. Bhupati, que tiene buen corazón, piensa que lo que le pasa es que necesita aprender a llevar responsabilidades, y se las da: le hace responsable de las cuentas del periódico. Craso error, porque su cuñado solo tiene interés en el dinero para él mismo, no para ninguna causa política. Así que un buen día, mientras los demás celebran la victoria de los liberales en Inglaterra - que creen que será un cambio para bien en India - y la publicación de un texto de Charu en una famosísima revista literaria, el cuñado y su mujer, que ha sido su cómplice todo el tiempo, huyen con todo el dinero del periódico, dejando además a Bhupati inmerso en deudas. 

El hermano de Charu y su mujer, que actuan de mala fe y de forma egoísta, forman el equilibrio perfecto con Bhupati, Amal y Charu. Mientras estos tres son buenas personas, los otros dos son sin alguna duda, mala gente. Y sin embargo, a pesar de ser tres buenas personas, los tres están haciendo algo que, a ojos de la sociedad, está mal: Bhupati desatiende a su mujer, Charu encuentra compañía en Amal, lo que la lleva a desarrollar sentimientos románticos, y Amal se siente atraído por la mujer de su hermano.

(a partir de aquí, hay spoilers. ¡Cuidado!)


¿Con esa sonrisilla que tiene Amal, qué Charulata se puede resistir?




Ante la traición de su cuñado, Bhupati se siente desolado, y se desahoga con Amal. Este escucha a su hermano mayor, pero apenas puede responder, porque a su vez se siente atravesado por la culpa. Aunque en la película no se muestra que haya pasado algo real entre él y Charu, podemos percibir el deseo mutuo en muchas escenas. De ahí, la culpa que siente Amal: ¿acaso sus sentimientos no son otra traición a su hermano?, se pregunta. Él mismo se contesta que sí, que son una traición (sin decir nada en la pantalla), y se va de la casa sin avisar, dejando una carta. Charu y Bhupati intentan recuperarse del shock del robo y de la desparación de Amal en la playa, en unas cortas vacaciones. Pero al regresar, hay otra carta de Amal esperándoles, y Charu llora desconsoladamente por su ausencia. Bhupati, desde el marco de la puerta, es testigo de esta escena, y se va, de nuevo, en estado de shock. De pronto, en apenas unos días, toda su vida está patas arriba. Como es un buen hombre, es incapaz de pensar mal de la gente, pero ahora las dudas le asaltan, y no sabe si son fundamentadas o no. Para aclarar su mente, se da una vuelta en coche por Calcuta. Cuando por fin vuelve, por la noche, Charulata, consciente de que su matrimonio pende de un hilo, le abre la puerta y le ofrece su mano. Bhupati empieza a levantar la suya, vacilante. ¿Habrá reconciliación entre los dos? ¿Es posible una reconciliación después de una situación así?

Satyajit Ray nos lo pregunta, y espera nuestra respuesta. Mientras respondemos, congela la imagen y se aleja de la pareja, como invitándonos a analizar el problema de una manera más objetiva que si nos acercáramos a la pareja.

Cada espectador que responda y cree el final de la película.

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