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viernes, octubre 10, 2014

Los Poetas Invisibles


Libros de enésima mano en College Street


Ayer descubrimos al nuevo ganador del Premio Nobel de Literatura, el novelista francés Patrick Modiano. Os preguntaréis qué tiene que ver esta información con este blog. En principio, absolutamente nada. Sin embargo...

Hace 101 años que Rabindranath Tagore ganó el Premio Nobel de Literatura. Aunque este premio se otorga a la obra completa de un autor, Tagore fue premiado con una única obra traducida al inglés por él mismo, Song Offerings, que en la versión inglesa aglutinaba poemas de obras bengalíes distintas, no coincidente 100% con el Gitanjali bengalí, y también una colección de poemas que había traducido poco antes, The Gardener. Las otras dos obras que él mismo tradujo al inglés se tradujeron y publicaron después de que le dieran el Nobel. Es decir, que le premiaron sin haber leído la mayor parte de su obra. Con esto no estoy diciendo que se lo dieran inmerecidamente: creo que si hubieran podido leer más de sus obras, Tagore habría recibido el Nobel mucho antes. 

Y sin embargo durante estos 101 años, ningún otro indio ha sido galardonado con el Nobel, ni siquiera ha sido barajado como candidato a serlo. China sí, Japón sí, pero nada del subcontinente indio. El problema sigue siendo el mismo: la escasez de traducciones, y la mala calidad de la mayoría. A pesar de la anunciadísima muerte del libro, las editoriales siguen publicando en papel, colocando los últimos éxitos de masas en las estanterías. La literatura popular invade los escaparates de las librerías, pero no vemos en ellas nada de la abundante literatura de masas que el segundo país más poblado del mundo está escribiendo hoy en día. Diréis que exagero, que algo llega. Y es cierto, algún volumen se cuela en nuestras librerías, pero llegan con disimulo, casi con miedo, como si la editoriales temieran llamar la atención sobre las novelas indias que están publicando, con la excepción - a todo el párrafo - de Salman Rushdie.

Busco en la página de los Premios Nobel información sobre Tagore. Contiene una correcta y breve biografía, y un par de líneas que me hacen detenerme: "Para el mundo, él se convirtió en la voz de la herencia espiritual India."

Y es que efectivamente, esa es la visión que desde el rabillo del ojo tenemos de India: un país profundamente espiritual, sin nada más que contarnos que el karma y el yoga. Tagore, como uno de los cuatro puntos de referencia de India que tenemos, se ha imbuido de todo - lo poco que - sabemos del país, incluso con cosas con las que quizá él no estaría de acuerdo.

Hay mucho más en el cosmos indio que espiritualidad, vacas y castas, colores y saris, especias y la fiesta de Holi. Tagore no es un santón vestido de blanco en vez de azafrán. Y la literatura india no se terminó en Tagore. Ni en Salman Rushdie, ni en Arundhati Roy.

Escribo esto, inspirada por un brillante artículo de Scroll.in (página de noticias india que recomiendo a todo aquel o aquella interesado en el país), para romper una lanza por todos los escritores indios que no se llevaron ningún premio ni fueron conocidos más allá, en ocasiones, de las fronteras de sus propios estados. Y es que uno de los grandes problemas es, como ya dije, el de las traducciones. Simplemente, no hay. Nos estamos perdiendo a poetas de la talla de Jibanananda Das o Nirmala, a novelistas como Bibhutibushan Bandhopadhyay o Premchand, a dramaturgos como Dwijendralal Ray o N.Krishna Pillai.

Estos ya están muertos y no sería posible darles el Premio Nobel. Tampoco es que importe mucho, aunque ciertamente aporta una visibilidad que le vendría bien a la literatura india. Pero en un país tan poblado como éste, hay muchos otros, vivitos y escribiendo, que bien podrían empezar a ser traducidos, publicados y leídos. 

lunes, febrero 10, 2014

Kolkata Boimela 2014 / La Feria del Libro de Calcuta 2014

Mi ciudad hace amago de celebrar una feria del libro cada año, en verano. Quizá por el calor, se ha ido derritiendo a lo largo de los años, limitándose ahora a una exigua línea de casetas blancas, cada una de ellas copia casi idéntica de la anterior. Como la feria la sitúan en el parque de la Alameda, la mayoría de los visitantes son familias jóvenes con niños pequeños, jubilados y algún adulto con perro, a los que la feria sorprende cuando van de paseo al parque. La mayoría acaba sentándose en las terrazas de las cafeterías de la acera de enfrente, desde donde pueden disfrutar de la vista de las casetas blancas, cómodamente, a lo lejos.

Nada que ver con la Feria del Libro de Calcuta.

Aquí, la literatura es más poderosa que la religión. Los únicos dos asuntos que pueden igualársele son los debates sobre los dos equipos de fútbol de la ciudad, y qué cantante interpreta mejor las canciones de Rabindranath Tagore. Y si bien en Bengala tienen su semana religiosa, Durga Puja, que es la fiesta que inicia el período de fiestas, también tienen sus semana literaria, la Feria del Libro, que es precisamente la que lo clausura. Las dos atraen a gente de todo el estado, incluso a bengalíes emigrantes, que acuden a la ciudad con idéntico fervor, a celebrar, quizá, también la misma cosa: la alegría de vivir.

Porque la feria del libro, aquí, no es una mera exposición de bestseller que nadie compra, una excusa para pasear una tarde por algún lugar distinto del habitual, ni una sorpresa repentina que acaece sobre los paseantes que no se miran la sección de la agenda del día del periódico. La Feria del Libro causa expectación e ilusión, los bengalíes tachan los días en sus calendarios, desde el principio de enero, hasta que se anuncian los días exactos de su duración: entonces todo es planear qué día(s) se irá(n), qué casetas se visitarán, a quién se verá allí, averiguar qué país es el país invitado, qué libros se podrían comprar y hasta si venderán algún libro suyo.

Pero no todo son libros en la Feria del Libro. Una de las secciones más importantes, de las que lleva más ventas, es la carpa de las "little magazines", las pequeñas revistas en las que los escritores y pintores menos conocidos publican, la mayoría de las veces por puro amor al arte. Las pequeñas revistas es donde late la creatividad y la pasión de los bengalíes por la literatura, y la pintura: no sólo en la portada, sino en las páginas interiores, raro es una revista sin dibujos, fotografías o diseños de alguna clase. 


La carpa de las pequeñas revistas es uno de los lugares más concurridos de la Feria


Cada centímetro de las largas mesas está cubierto por números y números de miles de revistas distintas


Todas las revistas comparten las mesas, anunciándose con grandes carteles que indican a los lectores dónde encontrar la revista que buscan


Ejemplo de pequeñas revistas y libros que he ido acumulando estos años (estas son las de Diciembre-Enero)


Uttorkal, una pequeña revista editada por mi amigo Jeet Mukhopadhyay, que ganó un premio a la mejor pequeña revista en la Feria de Pequeñas Revistas que hubo el pasado enero. Hay pequeñas revistas en la Feria del Libro, pero no hay libros en la Feria de Pequeñas Revistas. Un número vale 15 rupias. Imprimir 300 números cuesta más que las 2500 rupias que ganan con su venta.

Cada año la Feria del Libro está dedicada a un país, para el que construyen una carpa más grande con lugar para hacer exposiciones culturales generales sobre el país y exhibir libros para leer allí mismo, sobre el que hay actividades culturales cada día, visitas de autores de dicho país, y espectáculos de música y danza. Este año, el país invitado fue Perú, y se rumorea que el próximo será Bolivia.


Además, hay encuentros literarios con autores nacionales e internacionales (este año fue, entre los internacionales, por ejemplo, nada más y nada menos que Lorenzo Silva - yo leí apasionadamente su El alquimista impaciente - y entre los nacionales, Amit Chaudhuri), conciertos (por ejemplo, hubo un concierto en honor a Peter Seeger, fallecido hace unos días) presentaciones de revistas y lanzamientos de libros (por ejemplo, dos de mis amigos, Himalaya Jana y Sanghamitra Halder, lanzaron sus últimos poemarios)


Antes de olvidar, de Himalaya Jana


i larga, de Sanghamitra Halder

En total, 570 casetas de diferentes editoriales y países. Según la Wikipedia, unos dos millones de personas visitan la feria cada año. Si lo comparamos con la asistencia a mítines políticos en la historia más reciente de Calcuta, incluso en este año que es año de elecciones al gobierno central, gana la Feria del Libro. Afortunadamente. Y, no llevada por el fervor, sino por la desconfianza hacia los medios de contabilización de personas, sinceramente creo que más de dos millones de personas la visitan cada año. En la entrada hay unos detectores de metales y guardias de seguridad que dejan pasar a todo el mundo, sin prestar atención a las oleadas de gente que se agolpan para pasar por los estrechos detectores, que no dejan de pitar, sin que por ello se inmuten en absoluto. No creo que sean ellos los que cuentan. Y si cuentan por ventas, tampoco es fiable, porque mientras para los que viven en Calcuta, se convierte en un lugar de reunión y disfrute, seguramente esperen a encontrar el libro en College Street, donde les harán un mayor descuento; quienes más compran son los de fuera de Calcuta, para quienes la feria supone la oportunidad de comprar libros que en sus respectivas ciudades o pueblos sería imposible encontrar. 

Yo compré algunos libros, y me quedé con ganas de otros, que quizá busque, como los auténticos "calcutenses", en College Street. Pero no quise quedarme con las manos vacías: en una tienda de libros de segunda mano compré una Historia de India en bengalí para niños con introducción por Indira Gandhi y unas ilustraciones preciosas, de esas ediciones que tanto me fascinan, y un libro sobre la vida y obra de Bankim Chandra, el primer gran novelista bengalí, del siglo XIX, que os sonará si habéis seguido mi recomendación y habéis visto Charulata. Y de primera mano, un cómic bengalí (aunque en inglés), Devi Chaudhurani, una versión gráfica de una novela del propio Bakim Chandra, sobre una mujer que se convirtió en una, digamos, reina de los bandoleros en la Bengala rural. 

Pero me quedé con ganas de esto:


Sí, Luis Buñuel


Y, sí, ¡¡Castelao!! ¡Sus viñetas traducidas al inglés y al bengalí!


Y el Ramayana en versión cómic y con un terrorífico estilo gráfico por un dibujante argentino, Quique Alcatena



domingo, septiembre 08, 2013

Calcuta: Dos años en la ciudad, de Amit Chaudhuri

Calcuta: Dos años en la ciudad. Este podría ser el título de un libro que hubiera escrito yo, pero no, lo ha escrito Amit Chaudhuri, un novelista bengalí criado en Bombay y afincado a caballo entre Reino Unido y Calcuta. Mi libro se titulará: "Calcuta: Tres años en la ciudad", supongo.

Es un libro interesante, ni una novela ni un ensayo ni un diario ni un nada en particular. Parece como si Chaudhuri hubiera empezado a rellenar páginas con sus pensamientos sobre Calcuta, sobre Bombay, sobre una calle, unas pinturas, un personaje, unas ventanas... El hilo conductor es el propio Amit Chaudhuri, que habla de sí mismo sin orden ni concierto en un libro que no es autobiográfico, sino, diría yo, ombliguista. Aunque no he llegado todavía a leer 100 páginas de las casi 300 que tiene el libro, la tendencia está muy marcada.

Pero a pesar de ello, es un libro interesante. Si lo hubiera escrito una mente europea, habría sido un ensayo, enfocado a una idea, un concepto, que se desarrollaría en cada capítulo de manera coherente y lineal, iluminando diferentes perspectivas. Sin embargo, al leer este libro he tenido la misma sensación que tengo cuando hablo con mis amigos indios, que es que su mente va saltando de aquí para allá sin una dirección, coherencia o lógica que yo pueda entender: quizá haya alguna, pero a mí se me escapa por completo. En algunas personas este "caos" está más marcado que en otras, pero en general, ninguno se libra de este pensamiento laberíntico y expresión en collage, que hace que las historias que cuentan parezcan cuadros de Picasso. Lo cual, pues, como decía, no deja de ser interesante.

Interesante, pero confuso. A pesar de mis dos años en la ciudad, de mis dos años de práctica, sigo luchando por comprender cómo funciona su proceso mental, y sigo frustrándome al no comprenderlo.

El libro tiene algunos pasajes fascinantes, pura muestra de esto que digo, pero traducirlos y copiarlos aquí sería, quizá, demasiado largo. El autor, además, intenta de alguna manera estructurar estos saltos marcando, dentro de cada capítulo, divisiones, con espaciados simples o dobles entre párrafos, o incluso asteriscos, como queriendo avisar al lector de las rupturas de su discurso. Se agradece el intento, aunque sigue sin ser satisfactorio, seguramente, para el lector europeo que, como yo, está acostumbrado al orden y la linealidad hacia un objetivo.

Pero como algunos pasajes son realmente fascinantes, sigo leyendo, intentando echar algo de luz sobre toda esta desestructura. Uno de los párrafos más interesantes que he leído habla de Calcuta y la poesía, y dice así:

"Al igual que ciertos géneros literarios o estilos de escrituras, también ciertas ciudades se vuelven obsoletas en momentos específicos de la historia: se vuelven imposibles de habitar o usar; y sin que nos demos cuenta, se vuelven inaccesibles. Sólo hay que mirar a la situación de la poesía en el mundo globalizado; su casi extinción. Escribir un poema hoy en día nos hace sentir casi como si estuviéramos imitando una época antigua de la historia. Vivir en Calcuta, sortear el laberinto de sus callejuelas y callejones, nos hace sentir casi exactamente lo mismo. Cuando escribí mi tercera novela, Canción de LIbertad, podía todavía tocar la magia de sus barrios, allá por la mitad de los años 90; pero después de eso, sentía que ya no podía hacerlo - como un adolescente que crece y deja atrás una "fase" de escribir poemas, o como un escritor se siente obligado a desestimar un estilo suave y fluido, evocador, por otro más práctico e intransigente."

Me pregunto qué pensaran de esto los poetas que conozco en Calcuta. Es gracioso, porque uno de ellos (bueno, quizá sea amigo de ellos, no sé si él escribe o no), está haciendo una tesis sobre este mismo autor, Amit Chaudhuri, y estuvimos comentando un día un pasaje de este libro, que habla sobre las ventanas de Calcuta (que quizá traduzca y cuelgue otro día), pero no este pasaje. Cuando tuvimos ese debate, yo todavía no había pasado de la anécdota de las ventanas; si lo hubiera hecho, le habría preguntado por este párrafo que acabo de copiar. ¿Tiene razón el escritor, al decir que escribir poemas y vivir en Calcuta es como viajar en una máquina del tiempo hacia una era anticuada, pasada? ¿Lo dice con un tono positivo o negativo? En el libro, Chaudhuri es bastante ambiguo acerca de la globalización: a veces la aplaude, otras habla con nostalgia de la India pre-globalizada. Y ellos, estos poetas bengalíes que viven en Calcuta, ¿viven aún más atrás en el tiempo por hacer precisamente estas dos cosas a la vez, vivir en Calcuta y escribir poesía? ¿Está la poesía realmente anticuada en Calcuta? Aquí hay la mayor densidad de poetas por metro cuadrado que - estoy segurísima - existe en ninguna ciudad del mundo. Todos, todos mis conocidos y amigos, incluso los que no se consideran poetas, escriben poesía. ¿Será que Calcuta anima a esto?

Yo creo que de algún modo, sí. No por lo anticuado de la ciudad (que sí, está vieja, ruinosa, y es ciertamente tradicional), sino porque hay ciertos elementos o características del lugar que, sin animar, incitan a escribir. Para escribir poesía uno necesita calma, tiempo, y pensar. Pararse, reflexionar, sentir, tener tiempo de escribir. Y el tiempo no falta en Calcuta; hay esperas interminables, en salas de la FRRO, en salas de espera de hospitales, en puestos de té a que lleguen tus amigos o a que deje de llover, en paradas de autobús o de metro. Tiempo de pararte, observar, sentir tu entorno, dejarte impactar por él, pensar. Aquí todo puede esperar, con lo cual, el tiempo se dilata. En un mundo en el que prima la inmediatez y el resultado, no puede existir la poesía, sólo el bestseller. 

Una nota más: la poesía moderna bengalí, que he intentado con todos mis esfuerzos leer, es tremendamente complicada en su sintaxis, en comparación con la prosa, o incluso con Tagore, que también es difícil pero, no obstante, he podido traducir algunas canciones. Pregunté el porqué de esta complicación a tres poetas. El primero me dijo que la vida era muy complicada, que las cosas estaban cambiando mucho y habían surgido nuevas complejidades que antes no existían, y que él creía que él mismo y sus compañeros poetas reflejaban su sentimiento hacia esta nueva y compleja realidad, complicando sus versos y sus lenguajes. El segundo poeta me dijo que él escribía de manera muy sencilla, pero que yo no me daba cuenta porque no sabía bengalí lo suficiente, y que la respuesta del primer poeta era una tontería. Al tercero no le pregunté realmente, pero un día me dijo algo que muy bien podría responder a esta pregunta, y fue que "las callejuelas laberínticas de Calcuta han dado forma a mis pensamientos". Y quizá a su estilo y a su sintaxis.

Sea cual sea la respuesta, Calcuta y la poesía están inextricablemente unidas.

viernes, agosto 30, 2013

La acera que era un tesoro de los libros

¿Recordáis aquel libro ruso, traducido al bengalí, que trataba de explicar por qué la tierra es redonda (más bien, cómo sabemos que la Tierra es redonda), con unos dibujos maravillosos? Pues ayer mismo, en la misma acera donde lo compré, vi un libro amarillo con un título hechizante:







Y por 40 rupias, lo compré sin dudar.

Es un libro de cuentos populares de Estonia, Letonia y Lituania, en una edición rusa traducida al inglés, y con unos dibujos fascinantes, como podéis ver.

Una delicia :) Pero lo mejor de todo, es saber que hay tesoros escondidos en esa acera esperando a que yo los encuentre.

sábado, julio 20, 2013

¿Es la tierra redonda?

Hace ya tiempo, encontré este libro en la calle de la Universidad, donde se venden libros de segunda (o tercera, o cuarta...) mano a precios irrisorios. Se trata de un libro que habla sobre cómo el ser humano ha descubierto que la Tierra es redonda, a lo largo de los siglos. Lo más interesantes son los dibujos, algunos de ellos, sin terminar :)

El libro está traducido del ruso al bengalí, pero publicado en Moscú, en 1986.



Prithibi ki gol? ¿Es la tierra redonda?


China


Leyendas sobre cómo es el mundo


Europa


Dibujos sin terminar :)




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