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viernes, octubre 10, 2014

Los Poetas Invisibles


Libros de enésima mano en College Street


Ayer descubrimos al nuevo ganador del Premio Nobel de Literatura, el novelista francés Patrick Modiano. Os preguntaréis qué tiene que ver esta información con este blog. En principio, absolutamente nada. Sin embargo...

Hace 101 años que Rabindranath Tagore ganó el Premio Nobel de Literatura. Aunque este premio se otorga a la obra completa de un autor, Tagore fue premiado con una única obra traducida al inglés por él mismo, Song Offerings, que en la versión inglesa aglutinaba poemas de obras bengalíes distintas, no coincidente 100% con el Gitanjali bengalí, y también una colección de poemas que había traducido poco antes, The Gardener. Las otras dos obras que él mismo tradujo al inglés se tradujeron y publicaron después de que le dieran el Nobel. Es decir, que le premiaron sin haber leído la mayor parte de su obra. Con esto no estoy diciendo que se lo dieran inmerecidamente: creo que si hubieran podido leer más de sus obras, Tagore habría recibido el Nobel mucho antes. 

Y sin embargo durante estos 101 años, ningún otro indio ha sido galardonado con el Nobel, ni siquiera ha sido barajado como candidato a serlo. China sí, Japón sí, pero nada del subcontinente indio. El problema sigue siendo el mismo: la escasez de traducciones, y la mala calidad de la mayoría. A pesar de la anunciadísima muerte del libro, las editoriales siguen publicando en papel, colocando los últimos éxitos de masas en las estanterías. La literatura popular invade los escaparates de las librerías, pero no vemos en ellas nada de la abundante literatura de masas que el segundo país más poblado del mundo está escribiendo hoy en día. Diréis que exagero, que algo llega. Y es cierto, algún volumen se cuela en nuestras librerías, pero llegan con disimulo, casi con miedo, como si la editoriales temieran llamar la atención sobre las novelas indias que están publicando, con la excepción - a todo el párrafo - de Salman Rushdie.

Busco en la página de los Premios Nobel información sobre Tagore. Contiene una correcta y breve biografía, y un par de líneas que me hacen detenerme: "Para el mundo, él se convirtió en la voz de la herencia espiritual India."

Y es que efectivamente, esa es la visión que desde el rabillo del ojo tenemos de India: un país profundamente espiritual, sin nada más que contarnos que el karma y el yoga. Tagore, como uno de los cuatro puntos de referencia de India que tenemos, se ha imbuido de todo - lo poco que - sabemos del país, incluso con cosas con las que quizá él no estaría de acuerdo.

Hay mucho más en el cosmos indio que espiritualidad, vacas y castas, colores y saris, especias y la fiesta de Holi. Tagore no es un santón vestido de blanco en vez de azafrán. Y la literatura india no se terminó en Tagore. Ni en Salman Rushdie, ni en Arundhati Roy.

Escribo esto, inspirada por un brillante artículo de Scroll.in (página de noticias india que recomiendo a todo aquel o aquella interesado en el país), para romper una lanza por todos los escritores indios que no se llevaron ningún premio ni fueron conocidos más allá, en ocasiones, de las fronteras de sus propios estados. Y es que uno de los grandes problemas es, como ya dije, el de las traducciones. Simplemente, no hay. Nos estamos perdiendo a poetas de la talla de Jibanananda Das o Nirmala, a novelistas como Bibhutibushan Bandhopadhyay o Premchand, a dramaturgos como Dwijendralal Ray o N.Krishna Pillai.

Estos ya están muertos y no sería posible darles el Premio Nobel. Tampoco es que importe mucho, aunque ciertamente aporta una visibilidad que le vendría bien a la literatura india. Pero en un país tan poblado como éste, hay muchos otros, vivitos y escribiendo, que bien podrían empezar a ser traducidos, publicados y leídos. 

lunes, mayo 12, 2014

La celebración de la unión en el canto a la separación: Rabindranath Tagore y Kalidasa


Estos ojos cumplieron 153 años esta semana. Y digo cumplieron, no habrían cumplido, porque Rabindranath sigue muy vivo todavía. Su recuerdo se está desvaneciendo, cierto, y parece cada vez más una pieza de museo, una reminiscencia como eso de "todo el pasado fue mejor", una perspectiva que lo separa totalmente del presente, que crea una barrera entre él y los que lo recuerdan. Sin embargo, usando un símil del propio Tagore, a la flor artificial dentro de casa hay que quitarle el polvo todos los días para que luzca, pero a la flor del bosque no hay que hacerle nada para que luzca bonita. No requiere mantenimiento. Sólo requiere que la vayamos a buscar al bosque y la miremos. Lo mismo pasa con Rabindranath: sus libros, sus retratos, que llenan las casas bengalíes (y poco a poco, la mía también) podrán llenarse de polvo, pero si le miramos a los ojos - como en la foto de arriba - o le buscamos en la lectura, nos deslumbra sin artificios. No hay polvo que pueda deslucir sus palabras. Y por suerte, tenemos muchas de ellas.

Cada vez que leo algo suyo, cuentos o novelas, ensayos, poemas o canciones, me quedo embelesada por lo sublime de la expresión y la profundidad del contenido. Últimamente he estado leyendo una colección de sus ensayos y artículos sobre literatura y sobre la lengua bengalí, en una edición traducida al inglés con anotaciones e introducción por Sisir Kumar Das, uno de los historiadores y críticos literarios más importantes de Bengala. Das también es un genio del análisis, y su prosa - la mayoría de sus ensayos los escribía directamente en inglés - es clara y aguda, perfecta para su propósito: explicar con la mayor sencillez posible los intrincados hilos de la literatura. Si tenéis algún interés por aprender sobre la historia de la literatura india, Sisir Kumar Das es la mejor opción. 

En este libro, Selected Writings on Literature and Language, se resume el papel que Rabindranath tuvo en la creación de la critica literaria en Bengala, que era prácticamente inexistente hasta el siglo XIX. Su tarea no sólo se centra en la crítica literaria de sus contemporáneos, sino que mira atrás, a la antigua literatura en sánscrito, y a su alrededor, a la literatura popular y de tradición oral, algo que nadie consideraba en aquel entonces digno de ser llamado "literatura". Estos esfuerzos son coherentes con su filosofía de la unión de los seres humanos en armonía: trata de unir el pasado con el presente, la clase alta, con sus escritores versados en la cultura occidental y en el inglés, con las clases populares y rurales, ignorantes de todo aquello que los altos urbanitas admiraban. Juntar el pasado con el presente, juntas a las personas más allá de sus clases sociales y sus diferencias económicas, más allá de las fronteras lingüísticas o nacionales, para el beneficio de todos que resultaría de esta unión: esa era la misión que daba sentido a su vida. 

Juntar, precisamente, es el significado etimológico de la palabra bengalí para literatura, "sahitya". Y es que no se puede negar que la literatura nos acerca los unos a los otros, más allá de distancias geográficas, temporales o sociales. Sólo hay que abrir un libro de Rabindranath para estar con él, sólo tengo que escribir en este blog para estar con vosotros. Yo os hablo de Rabindranath Tagore, y por unos instantes estáis con él, mientras que cuando él escribe sobre Kalidasa, un poeta de la época clásica sánscrita, del silgo V d.C, por unos instantes yo también estoy con él. Y así sucesivamente.

Según Sisir Kumar Das, posiblemente el Meghadutam de Kalidasa fuera el poema favorito de Tagore. Que Rabindranath tuviera un sólo poema favorito me parece algo difícil de creer, pero si uno de ellos era Meghadutam, eso ya nos dice todo lo que necesitamos saber: que tenemos que leer el poema nosotros mismos ya!

Al parecer, Rabindranath escuchó este poema de joven, leído en boca de uno de sus hermanos mayores, en unos días de lluvia incesante durante el monzón, con el cielo oscurecido por las nubes, cuando todavía no sabía sánscrito y no podía entender las palabras del poema. A pesar de eso, o quizá precisamente por eso, los versos le hechizaron. Si podéis, apagad las luces de casa, o bajadlas, y escuchar un fragmento del Meghadutam vosotros mismos, todavía sin entender nada de lo que significa.


No sé quién es este hombre que recita, aparte de que es bengalí por su nombre, pero realmente le felicito. Ojalá recitara el poema entero, y no sólo un fragmento...

Imaginemos una densidad oscura, una intensidad lluviosa. Imaginemos a ser niños de nuevo y escuchar un poema musical en una lengua extraña. ¿Qué sentiríamos entonces? ¿Qué habría sentido Rabindranath? Escuchemos otra vez.

kaścit kāntāvirahaguruṇā svādhikārāt pramattaḥ
śāpenāstaṃgamitamahimā varṣabhogyeṇa bhartuḥ
yakṣaś cakre janakatanayāsnānapuṇyodakeṣu
snigdhacchāyātaruṣu vasatiṃ rāmagiryāśrameṣu


Vamos con el significado del poema. Yo no soy quien de traducir del sánscrito, así que vais a permitirme citar la traducción al inglés de McComas Taylor, que a pesar de estar traducida a prosa, es tremenda, y sobre todo, fiel, que es lo que os importa ahora, seguro, conocer el significado exacto de tan exótico cántico:

"A certain yaksha who had been negligent in the execution of his own duties, on account of a curse from his master which was to be endured for a year and which was onerous as it separated him from his beloved, made his residence among the hermitages of Ramagiri, whose waters were blessed by the bathing of the daughter of Janaka and whose shade trees grew in profusion."

"Un yaksha quien habiendo sido negligente en la ejecución de sus deberes, por una condena de su señor que había de ser soportada durante un año y que le resultaba ominosa ya que le separaba de su amada, se alojó con los ermitaños de la Colina de Rama (1), cuyas aguas habías sido bendecidas al contacto con la piel de la hija de Janaka (2) y cuyos abundantes árboles regalaban sombra"

(1) Ramagiri
(2) Sita, la esposa de Rama.

Meghadutam es conocido en inglés como The Cloud Messenger, La Nube Mensajera. En este poema, un yaksha - un semidiós de la mitología hindú - se encuentra cumpliendo una condena de destierro por un año, por desatender sus funciones en el palacio del rey Kubera - el dios de la riqueza-, rey de Alaka, una hermosa ciudad en los Himalayas (que es donde viven los dioses, es el Olimpo de los dioses hindúes). Este año de destierro debe pasarlo en la parte central de India, en Madhya Pradesh, más exactamente en las montañas donde el héroe Rama también sufrió sus años de exilio - exactamente en Chitrakut, si recordáis mis entradas sobre mi viaje a Madhya Pradesh, ahí está. Pero esto yo no lo sabía hace un año - , un lugar seco y cálido, que no tiene nada que ver con su ciudad alpina. Sin embargo, lo que realmente causa dolor al yaksha es la separación de su esposa, y está consumido por la nostalgia. Tanto añora a su amada, que después de haber sufrido ya seis meses de exilio, cuando se acerca la temporada de lluvias (que empieza en junio-julio, en el tercer mes del calendario indio, Ashar), desesperado le suplica a una nube que vaya al norte y le lleve un mensaje a su amada, y que vuelva con noticias de ella. El poema es la súplica del yaksha a la nube, que le explica la ruta para llegar a Alaka, y cómo encontrar a su esposa, y las palabras que debe decirle.

El poema no es excesivamente largo. Sus 115 estrofas - aunque algunas versiones contienen 110, otras 120 - se suelen separar en dos secciones, aunque esto no está abiertamente dividido en el texto: Purvamegham (la nube primera), que describe la condición del yaksha y la ruta a seguir por la nube mensajera, y Uttaramegham (la nube última), que describe el esplendor de Alaka y a la esposa del yaksha, y contiene el mensaje que la nube debe transmitir. Está escrito en un tipo de verso llamado mandakranta, que normalmente se agrupa en cuartertos, y que es muy musical a pesar de no ser rimado. Cada verso consta de 17 sílabas, divididas por dos cesuras, una tras la sílaba 4 y otra tras la sílaba 10, formando un patrón de 4+6+7=17, lo que crea el ritmo musical que escuchamos al recitarlo.

kaścit kāntā / virahaguruṇā /svādhikārāt pramattaḥ

Kalidasa expresa en este poema el dolor, la aguda aflicción que produce la separación. El yaksha intenta sobreponerse a ella, y llevado por el desespero, intenta usar a una nube para reunirse con su amada. ¿Por qué no pide a un ser humano, o a un pájaro al menos, a un ser sólido y con voz, que transmita su mensaje? Eso quizá tendría más sentido, pero la separación forzosa nos hace perder el sentido. Para superar la desolación el yaksha hace algo muy humano: usa el poder de la imaginación para consumar la reunión. Envía a una nube mensajera. Este es el poder de la literatura, el poder de la unión.

Kalidasa nos hace saborear la añoranza del yaksha con descripciones muy detalladas y visuales. Nos regala un paraíso imaginativo, de imágenes y de la imaginación, y es capaz de transformar el dolor en una delicia. Unos ejemplos:

(Estrofa 2)

tasminn adrau katicid abalāviprayuktaḥ sa kāmī 
nītvā māsān kanakavalayabhraṃśariktaprakoṣṭhaḥ 
āṣāḍhasya prathamadivase megham āśliṣṭasānum
vaprakrīḍāpariṇatagajaprekṣaṇīyaṃ dadarśa


That lover, separated from his beloved, whose gold armlet had slipped from his bare forearm, having dwelt on that mountain for some months, on the first day of the month of Asarha, saw a cloud embracing the summit, which resembled a mature elephant playfully butting a bank. 

Ese amante, separado de su amada, cuyo brazalete de oro se deslizaba ya de su desnudo brazo, habiendo pasado en aquella montaña algunos meses, en el primer día del mes de Ashar (1), vio abrazando la cima a una nube que parecía un elefante adulto jugueteando y chapoteando en una orilla.

(1) Ashar es el nombre moderno (en bengalí) del mes de Asarha: el tercer mes del año indio (que empieza a mitad de abril), y que es el primer mes del monzón.


Cuyo brazalete de oro se deslizaba ya de su desnudo brazo... El amante, consumido por la nostalgia, ha adelgazado tanto que su pulsera se le cae del brazo al que antes se ajustaba perfectamente. No sé si este es un topoi, porque lo he leído en unos poemas tamiles supuestamente más antiguos que el de Kalidasa, pero sea cómo sea, es precioso. Y la nube gris es un elefante adulto, un animal poderoso, inteligente y muy apreciado en India. Esta metáfora se repite a lo largo del poema muchas veces, por ejemplo en la estrofa 54, dice que es un "elefante de los dioses"; es el yaksha intentando halagar a la nube para que así no rechace su petición de ayuda. En otra extraordinaria estrofa (la 62), el yaksha compara a la nube de lluvia con el sólido y brillante negro del kohl, el polvo natural con el que las mujeres indias delinean y realzan la forma de sus ojos.

El yaksha se deshace en llamamientos al corazón de la nube en más de una ocasión, para intentar convencerla. Aquí transcribo otro de los más curiosos:

Estrofa 12

āpṛcchasva priyasakham amuṃ tuṅgam āliṅgya śailaṃ
vandyaiḥ puṃsāṃ raghupatipadair aṅkitaṃ mekhalāsu
kāle kāle bhavati bhavato yasya saṃyogam etya
snehavyaktiś ciravirahajaṃ muñcato bāṣpamuṣṇam 

Having embraced your dear friend, that lofty mountain, marked on its flanks by the feet of the lord of Raghu which are worshipped by men, take your leave. Year after year, having come for union with it, there is a display of affection on your part—you who release hot tears born of long separation. 

Una vez que hayas abrazado a tu querido amigo, esa altiva montaña, marcada en sus faldas por los pies del señor de Raghu (1) que los hombres consideran sagrados, prosigue. Año tras años, tras haberte unido a ella, das una muestra de tu cariño - tú que liberas cálidas lágrimas nacidas tras una larga separación.

(1) Rama

El yaksha, con su ingenio tan agudizado como ofuscado por el dolor y la nostalgia, apela a los sentimientos de la nube, haciéndola ponerse en su lugar, relacionando el sufrimiento de la nube alejada de la montaña que tanto ama, con el suyo propio, a kilómetros de distancia de su esposa. ¿A quién no convencería esta súplica? Todos los lectores quisiéramos inmediatamente convertirnos en nubes para ayudarle.

Otras veces, el yaksha es un poco más agresivo. Por ejemplo en la estrofa 17 dice:

na kṣudro 'pi prathamasukṛtāpekṣayā saṃśrayāya
prāpte mitre bhavati vimukhaḥ kiṃ punar yas tatthoccaiḥ

Even a lowly being, remembering an earlier kind deed, does not turn its back on a friend who has come for refuge; how much less, then, one so lofty?

Incluso un plebeyo, recordando un amable favor anterior, no da la espalda a un amigo que ha venido buscando refugio; ¿cómo podría, entonces, un ser tan noble (como tú)?

Además de estos argumentos tan emotivos, el yaksha, que quiere que la nube se identifique con él y con su dolor, intenta atraer la curiosidad de la nube con las cosas que a él le resultan más atractivas: las mujeres. Le promete la visión de unas jóvenes chicas, blancas como el jazmín y perfectas como la flor de loto, que esperan sin saberlo la amistad de la nube, que posará por unos instantes su sombra sobre sus bellos rostros (estrofa 27):  "chāyādānāt kṣaṇaparicitaḥ puṣpalāvīmukhānām" /"you who have made a momentary acquaintance with the flower-picking girls by lending shade to their faces"  / "tú, que al prestar tu sombra sobre las caras de las chicas que recogen flores has entablado amistad con ellas un instante". También le promete el placer de ver las "temblorosas pestañas" de las mujeres atemorizadas por el relámpago en la ciudad de Ujjain (estrofa 28), por poner algunos ejemplos.

Pero las mujeres no son la única atracción que la nube puede encontrar en su camino. Las descripciones de los paisaje sobre los que pasará en su viaje son fascinantes. Nosotros también queremos hacer ese viaje, queremos sobrevolar esos valles, esos ríos, esos bosques, esas cumbres nevadas, esas ciudades.

Estrofa 29:

vīcikṣobhastanitavihagaśreṇikāñcīguṇāyāḥ
saṃsarpantyāḥ skhalitasubhagaṃ darśitāvartanābhaḥ
nirvindhyāyāḥ pathi bhava rasābhyantaraḥ saṃnipatya
strīṇām ādyaṃ praṇayavacanaṃ vibhramo hi priyeṣu

On the way, after you have ascended to the Nirvandhya River, whose girdles are flocks of birds calling on account of the turbulence of her waves, whose gliding motion is rendered delightful with stumbling steps, and whose exposed navel is her eddies, fill yourself with water, for amorous distraction is a woman’s first expression of love for their beloved.

En el camino, después de subir hacia el río Nirvandhya, cuyos collares son las bandadas de pájaros cantando por la turbulencia de sus aguas, cuyo fluído movimiento se convierte en admirable cuando tropieza con las piedras, y cuyos remolinos muestran su ombligo, llénate tú de agua, puesto que la primera expresión amorosa de una mujer por su amado es la desatención.

Los ríos, en sánscrito y en la mitología hindú, son todos mujeres: quizá porque el agua es la vida. Los pájaros son los adornos del río, el fluir de sus aguas es como los andares de una mujer, que se desliza y balancea y cuando da un traspiés contra las rocas del lecho del río, es todavía más dulce. Pero mi metáfora favorita son los remolinos que exponen a la vista el ombligo del río, como una mujer en sari, que según se mueva, muestra o esconde su ombligo de nuestros ojos.

Hacia el final del poema, cuando por fin la imaginación del yaksha llega a su casa en Alaka, y explica a la nube mensajera cómo encontrar a su esposa y qué debe hacer para transmitirle el mensaje, Kalidasa describe su dolor de una manera intensa, a través de la descripción externa de las acciones de la mujer, y muestra un entendimiento muy profundo de la nostalgia amorosa, que yo no puedo evitar preguntarme qué separaciones habrá sufrido Kalidasa en su vida.

(Estrofa 26 de la segunda parte)

utsaṅge vā malinavasane saumya nikṣipya vīṇāṃ
madgotrāṅkaṃ viracitapadaṃ geyam udgātukāmā
tantrīm ārdrāṃ nayanasalilaiḥ sārayitvā kathaṃcid
bhūyo bhūyaḥ svayam api kṛtāṃ mūrcchanāṃ vismarantī 

Or having placed a lute on a dirty cloth on her lap, friend, wanting to sing a song whose words are contrived to contain my name, and somehow plucking the strings wet with tears, again and again she forgets the melody, even though she composed it herself

O habiendo colocado un laúd sobre una sucia tela en su regazo, amiga (1), queriendo cantar una canción destinada a contener mi nombre entre sus palabras, y de alguna manera rasgando las cuerdas con sus lágrimas y humedeciéndolas, una y otra vez ella olvida la melodía, a pesar de haberla compuesto ella misma.

(1) a lo largo del poema el yaksha se autodenomina "amigo" y "hermano" de la nube, a su esposa la "esposa de tu hermano", y aquí por fin, llama amiga a la nube.

La esposa del yaksha, sollozando, pensando continuamente en su esposo, desatiende las tareas de la casa, como se olvida de lavar las telas, y se olvida hasta de las canciones que quiere cantar en memoria de su amado. ¿Es que hace falta decir que está desolada?

Y tras tantas estrofas que despiertan en nosotros el sabor de la pena (la karuna rasa), al mismo tiempo se despierta en nosotros una curiosidad inmensa. ¿Cuál es el mensaje que el yaksha desea decir a su esposa? ¿Nos dirá Kalidasa cuáles son esas palabras? Pues sí:

(Estrofa 42 de la segunda parte)

aṅgenāṅgaṃ pratanu tanunā gāḍhataptena taptaṃ 
sāsreṇāśrudrutam aviratotkaṇṭham utkaṇṭhitena 
uṣṇocchvāsaṃ samadhikatarocchvāsinā dūravartī
saṃkalpais tair viśati vidhinā vairiṇā ruddhamārgaḥ

He whose path is blocked by an invidious command and is at a distance, by means of these intentions, unites his body with yours, the emaciated with the emaciated, the afflicted with the even more deeply afflicted, that which is wet with tears with that which is tearful, that whose longing is ceaseless with that which is longed for, that whose sighs are hot with that whose sighs are even more numerous.

Él cuyo camino está bloqueado por una odiosa orden y quien está lejos, por medio de mí, une su cuerpo con el tuyo, lo consumido con lo consumido, lo afligido con lo aún más profundamente afligido, aquello que está húmedo de lágrimas con aquello que está lloroso, aquello cuya añoranza es infinita con aquello es añorado, aquello cuyos suspiros son cálidos con aquello cuyos suspiros son aún más numerosos.

El yaksha dicta estas palabras a la nube, imaginando que él mismo es la nube diciéndoselas a su esposa recién levantada, observándola por la ventana de su dormitorio. La unión, por fin, imaginada pero unión al fin y al cabo, de las dos nostalgias y las dos tristezas por medio de un cuarteto: los versos son sólo un medio, como la nube, la nube es el poema y nos unimos a Kalidasa al leerlo, nos unimos al corazón humano al leerlo. El poema de la separación es un canto a la unión: 

"Oh, nube, tu esplendor realzado por la temporada de lluvias, ojalá nunca nada te separe de tu consorte, el relámpago.

Para terminar, os dejo con los invisibles hilos que unen a Rabindrantah con Kalidasa, más allá de sus ensayos o de su admiración por el poeta clásico: son sus canciones las que son una celebración del Meghadutam. Si bien Tagore jamás intentó traducir el poema al bengalí, creo que lo que sí intentó, consciente o inconscientemente, fue trasladar el sentimiento de separación, el anhelo de la unión, y la temática de las nubes y la lluvia, en sus famosas canciones. Muchas de ellas hablan de las nubes, y muchas otras, de la lluvia, especialmente del mes de Ashar, el primero del monzón. Escuchad estas dos:

Abar Esechhe Ashar (El monzón ha regresado)


El monzón ha regresado, cubriendo el cielo
a través del viento se huele la lluvia
este viejo corazón mío aún estalla de alegría
al ver a las nuevas nubes condensarse
sin prisa sobre los verdes campos cae la sombra de las nubes negras
"¡Ya llega!", grita el corazón, "¡Ya llega!", canta esta canción
Ha llegado a la mirada, se apresura al corazón.

Bahu yuger opar hote (Después de muchos muchos años)



Después de muchos años he recordado el monzón,
en un verso del poeta con el relámpago y la lluvia que gotea.
Las guirnaldas de flores unidas se balancean y se mezclan con el polvo,
hoy su fragancia fluye en el viento lloroso.
Ese día sin razón aparente llegaron las nubes a la orilla
el agua se derramaba sin razón aparente sobre la verde orilla.
Sin pestañear la guirnalda de nubes se extendía hacia el camino,
como la visión de la sombra de una nube negra a mi memoria.

Tumi Shandhyar Meghamala (Tú eres la guirnalda de nubes del crepúsculo)


Esta canción fue traducida por el propio Rabindranath al inglés para la colección que se recogió bajo el título The Gardener, así que permitidme que cite su traducción directamente, sin duda alguna mejor de que lo que yo soy capaz de hacer:

You are the evening cloud floating in the sky of my dreams.
I paint you and fashion you ever with my love longings.
You are my own, my own, Dweller in my endless dreams!
Gleaner of my sunset songs!

Your lips are bitter-sweet with the taste of my wine of pain.
You are my own, my own, Dweller in my lonesome dreams!
Of the depth of my gaze!

I have caught you and wrapt you, my love, in the net of my music.
You are my own, my own, Dweller in my deathless dreams!
Your feet are rosy-red with the glow of my heart's desire,
With the shadow of my passion have I darkened your eyes, Haunter!



Nota curiosa: Neruda escribió su poema 16 de Veinte poemas de amor y una canción desesperada basándose en esta traducción al inglés de la canción original en bengalí. Veamos su transcreación:


En mi cielo al crepúsculo eres como una nube 
y tu color y forma son como yo los quiero. 
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces, 
y viven en tu vida mis infinitos sueños. 

La lámpara de mi alma te sonrosa los pies, 
el agrio vino mío es más dulce en tus labios: 
oh segadora de mi canción de atardecer, 
cómo te sienten mía mis sueños solitarios! 

Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa 
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. 
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo 
estanca como el agua tu mirada nocturna. 

En la red de mi música estás presa, amor mío, 
y mis redes de música son anchas como el cielo. 
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. 
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.


Demasiadas cosas para una sola entrada, ¿no?



* La traducción al inglés de McComas Taylor está disponible aquí: http://chl.anu.edu.au/languages/sanskrit/meghaduta_english.pdf

sábado, agosto 31, 2013

Tasher Desh, de Q

(Atención: hay spoilers. Aunque no importa demasiado, la verdad. Lo importante de esta película es la forma, no el contenido. Todos los bengalíes conocen la historia antes de ir a verla, pero eso no disminuye el valor de la película).


Este es la segunda entrada que dedico a Tasher Desh, y quizá haya un tercero. He hablado de la obra de teatro de Rabindranath Tagore, que vi representada este año en Academy of Fine Arts en Calcuta, en una entrada en la que avancé lo que es el tema de esta, la película que Q ha hecho versionando (de manera fiel al texto e infiel a todas las formas) la misma obra. ¿Q? ¿Quién es Q? Q es el nombre artístico de Qaushiq (normalmente, Kaushik) Mukherjee, un director de cine bengalí independiente, famoso por su irreverencia general ante todo, pero especialmente, ante lo convencional, lo tradicional y lo anquilosador.

Sus deseos de romper con los diques que contienen la creatividad, las barreras que nos encierran (Bandh Bhenge Dao, literalmente "Rompe los diques", es una de las canciones de la obra), le han llevado a adaptar la obra de Tagore al cine. No conozco bien la obra teatral de Tagore, pero esta es una pieza muy interesante, con un contenido que, además de ser claramente didáctico, lo que enseña no es sino la libertad. De hecho, hoy en clase he preguntado, para practicar (estamos con el cine) el significado del verbo "tratar", ¿de qué trata Tasher Desh? Y la respuesta de mis alumnos ha sido "de la libertad". Lo bueno, si es breve, dos veces bueno.

Para los perezosos a los que no os apetece volver a la otra entrada a recordar, y para aquellos recién llegados que están un poco perdidos, hago un pequeño resumen: la historia cuenta la huida de un joven que se siente atrapado en la monotonía de su vida, que emprende un viaje con un amigo, y llegan a una extraña isla, el País de las Cartas, donde para su sorpresa, los habitantes viven bajo un orden marcial, siguiendo órdenes absurdas sin cuestionarse nada. El joven y su amigo, los primeros extranjeros en visitar la isla, son la chispa que hará estallar una revolución en el País de las Cartas, cuando persuaden a una de las cartas-chica a ponerse de su parte. Poco a poco, las cartas dejan de ser cartas y se convierten en seres humanos.

Pues Q lleva todo esto a la pantalla, y mucho más también. En realidad, sigue la obra de Tagore al pie de la letra: los diálogos, las canciones, no hay licencias. Las licencias se las toma en las formas, que rompen con lo que estamos acostumbrados a ver en una película. De hecho, es casi una anti-película, sobre todo la segunda parte, donde la historia se diluye en un collage de imágenes, música y poemas, que en los momentos más excesivos recuerda a un videoclip de la MTV. Pero eso es en los momentos en los que la película sobrepasa al espectador, no acostumbrado (por supuesto que no acostumbrado) al concepto que Q está proponiendo a través de su película sobre la libertad - poniéndolo en práctica en la misma.

La primera parte es un poco más "normal", digamos, en cuanto a que podemos seguir un tenue hilo narrativo: la monotonía de la vida del príncipe, contada a través de un cuentacuentos (quizá, la figura del propio director) que pasea por Calcuta y duerme en las estaciones de tren, con el texto de la obra de Tagore en la mano, obsesionado con representarla en un teatro. El cuentacuentos, que no habla sino consigo mismo y con los trenes, llega a una casa antigua y ruinosa donde hay una joven viuda, a la que reconoce como la Reina de Corazones, y a la que le empieza a contar la historia del príncipe. 


Este príncipe sin nombre (simplemente se le llama "príncipe", Rajputro) vive con su madre y una legión de sirvientes y sirvientas vestidas de blanco, en una solariega casa perdida en el bosque. La madre, exiliada o desterrada, no lo sabemos exactamente, después de que el rey la sustituyera por una reina más joven, ha encerrado a su hijo en la casa mientras que ella se ha encerrado en su mente, sus recuerdos, y el alcohol. De vez en cuando viene el mejor amigo del príncipe, que además es su proveedor de marihuana, que fuman continuamente, como único medio de escapar que tienen. El príncipe sueña con salir y viajar, escapar de esa rutina vacía, de los momentos que se repiten iguales unos tras otros. 

Q nos hace visualizar y sentir esta monotonía repitiendo planos desde todos los ángulos, como si fuera un experimento cubista, en la que casi se superponen unos a los otros (y a veces, se superponen realmente). Los diálogos se repiten cuatro, cinco, seis veces, siempre los mismos, los mismos movimientos. Nos sentimos como el joven príncipe, atrapados en esa jaula del tiempo. Su amigo no entiende por qué tanta pasión por salir de esa "jaula de oro" en la que viven, cómodamente, donde tienen todo lo que pueden desear, mientras que el mundo de fuera se presenta desconocido, incierto y peligroso. Cuando el príncipe está empezando a volverse loco de hastío, llega el Oráculo, un ser andrógino vestido de rojo que le canta lo que debe hacer: viajar. Por fin, el príncipe se enfrenta a su madre, en silencio, escribiendo con el pintalabios de ella por toda su habitación su deseo, explicando por qué no puede quedarse más tiempo en esa cárcel de casa, y su madre pronuncia sus primeras palabras en toda la película para bendecirle en su viaje.

Y llegamos a la segunda parte de la película, en la que, mágicamente - por una pastilla que toman, al estilo Matrix - llegan a una isla con una playa maravillosa. Por fin el príncipe sonríe, feliz con la novedad y la libertad, aunque sea menos cómodo que su gran mansión. Pero hay un elemento lúgubre en toda su felicidad: los nativos de la isla, que tienen una apariencia extraña y se mueven de manera extraña, todos al unísono, y hablan a gritos.


El diseño de la vestimenta y del maquillaje de las Cartas se merece un premio. Fijaos en los labios: cada palo de la baraja está claramente representado en el conjunto de colores de la ropa (variaciones de blanco, negro y rojo), y en los labios.


Q rompe la pantalla en mil partes para mostrar con mas fuerza los dientes amenazantes de las cartas, con sus particulares subtítulos (las cartas hablan con voces distintas, y por lo tanto, sus subtítulos son diferentes de los humanos). Toda la forma está diseñada con un claro propósito: romper las barreras (de la pantalla incluidas), y sobrecoger al espectador con la emoción que toque: monotonía, desesperanza, miedo, alegría, pasión...

Cuando los dos amigos están observándoles escondidos entre los arbustos, no pueden evitar reírse de las Cartas. Esto los alerta y son descubiertos, arrestados por el crimen de reír, y llevados ante el Rey y la Reina de las Cartas (hay que decir que estas cartas eran muy igualitarias, ya que el Rey siempre consulta con la Reina antes de tomar cualquier decisión, y si no está de acuerdo, pues no se toma hasta que no tengan un consenso). Al príncipe se le ocurre cantar como símbolo de respeto, pero cantar también es un crimen el País de las Cartas, así que los habitantes piden que sean ejecutados por atreverse a cometer semejante crimen, porque hay que "mantener la cultura". El ministro de cultura, una carta especialmente cabezota, pide su muerte, mientras que otros piden el destierro. Pero el príncipe pide permiso para hablar antes de ser juzgado, y les canta a las mujeres-cartas una canción como la que el Oráculo le cantó a él. Esto hace perder la compostura y la seguridad a las mujeres, incluida la Reina, que tras escuchar la canción, se niega a que sea castigado. Así que el castigo queda pospuesto, y ellos siguen con vida.

Entonces perdemos de vista a los dos amigos, para centrarnos en las cartas, y en como una de ellas , Horotoni (la Reina de Corazones) empieza a rebelarse ante las normas estúpidas y deja de hacer nada de los establecido, para hacer libremente, lo que ella quiere. Entre otras cosas, sentir la brisa en su pelo.


 Horotoni corta con tijeras la tienda de campaña donde vive, y se quita la gorra, para sentir la brisa del mar por primera vez.

Poco a poco, las demás cartas la siguen, primero las mujeres y luego los hombres, hasta que los habitantes de la isla están claramente divididos en dos facciones, con el obsesivo ministro de cultura y el Rey a un lado, y Horotoni y los suyos del otro. La película termina con la rebelión en marcha, con Horotoni y los suyos gritando con antorchas en la mano, esperanzados. El cuentacuentos y la viuda (que no sabemos si es realmente la Reina de Corazones, pues entonces, ¿qué le ha pasado?, o si es la imaginación del cuentacuentos, que la imagina como tal) abandonan la casa en ruinas para, quizá, volver a Calcuta juntos. Y Q nos regala al final, con los títulos de crédito, un montaje de imágenes y videos de diversas manifestaciones y rebeliones en el mundo, de guerras y de soldados en las calles (un guiño a la Primavera Árabe, entre otras rebeliones que seguramente no he sido capaz de reconocer), los grafittis de Bansky (¿qué indio los reconocerá? Ninguno...esto es un guiño a la audiencia occidental), y por fin, la voz de Tagore dirigiéndose a su pueblo en un tono altivo, hablando de la cultura de la Dorada Bengal.

Otra de las joyas de esta película es la banda sonora, que da un toque moderno a las canciones de Tagore. Y entre los muchos cantantes que participan en la banda sonora, está una de mis favoritas, Anusheh Anadil de Bangladesh. Si os interesa, os lo puedo enviar: en youtube todavía no está disponible.

Esta es la canción de la que hablaba al principio, Bandh Bhenge Dao, Rompe los diques, las barreras, en la versión tradicional y la versión de la película de Q, con la colaboración de Asian Dub Foundation:




Rompe los diques, rompe los diques, rompe los diques, 
¡rompe los diques!

Deja que desaparezca la esclavitud
Deja que la canción seca fluya
Canta por la victoria del derribo.
Deja que la marea se lleve lo desgastado y viejo
Deja que se vaya, deja que se vaya.
Hemos escuchado el grito de los jóvenes
"¡No tengas miedo, no tengas miedo, no tengas miedo!"
No temas lo desconocido
Aunque las puertas estén cerradas
Atraviésalas ya sin temor.

Bnaadh bhenge daao (x4)
bandi praanmon hok udhaao
shukno gaane aashuk
jiboner jaygaan gaao
jirno puraatan jaak bhese jaak
jaak bhese jaak, jaak bhese jaak
aamraa shunechhi oi
"mabhoi! mabhoi! mabhoi!"
kon nutoneri dak
bhoy korina ajaanaare,
ruddha taahaari ddare
duraar bege dhaao.


martes, mayo 15, 2012

Aro Banglay gaan

Sí, se supone que debo terminar de contar mi viaje a Assam, se supone que debo contar cosas de mi día a día que es preparar exámenes y preparar la representación de Los viejos no deben enamorarse que tengo la semana que viene, pero he descubierto algo que no puedo no compartir.
Música.
No sé, pero me gusta más la música moderna en bengalí hecha en Bangladesh que la hecha en Bengala Occidental. Tanto Arnab, del que ya he puesto un post (y que me encanta), como este nuevo grupo del que voy a hablar hoy, son de Bangladesh.

Este grupo recién descubierto por pura chiripa, se llama, precisamente, Bangla. Y no os lo vais a creer, pero el mismo Arnab del que hablaba antes es el guitarrista (!!!) ... Al parecer tiene su proyecto en solitario y su proyecto en grupo. Pero aunque su voz es increíble, en Bangla la que canta es Anusheh, que tiene una voz profunda (a diferencia de las voces superagudas de las cantantes indias que cantan en Bollywood, que podrían romper cristales con esos chillidos que dan, al menos a mí me rompen los tímpanos), una voz que no tiene nada que envidiar a la de mi cantante favorita, Janis Joplin. Y además, el toque psicodélico de algunas de las canciones de Bangla quedan muy Woodstock...

Los descubrí ayer mismo por un post en Facebook (para que luego digan que no vale para nada) de una amiga bengalí. Esta es la canción:


Esta canción tiene un tema religioso musulmán (recordemos que Bangladesh antes era Pakistán Oriental), pero con esa música cualquiera lo diría....

Aquí os dejo su estupendo disco para escuchar online en Grooveshark...yo en cuanto pueda me lo compro.



viernes, enero 06, 2012

Orissa - Konark II

Amanecimos en Konark un poco tarde, a eso de las 9, cuando queríamos haber madrugado, pero nos resultó imposible con lo cansadas que estábamos. 

Si bien durante el día hacía bastante calor en Orissa, por la noche y la mañana refrescaba que parecía invierno de verdad (que lo era). Así que ducharse con agua fría no era demasiado apetecible, pero no había más remedio. En realidad, después de un rato, el agua ya no parecía tan fría. Lo peor era el vientecillo helado que se colaba por la puerta...ya he dicho que el baño no estaba en la habitación, sino justo al lado en un habitáculo mínimo, y se notaba la temperatura de fuera.

Salimos a desayunar un té y unas pastitas y un poco de fruta. Esperábamos ver a nuestro viejecillo guía en los alrededores, pero ya debía haber entrado con algún otro grupo porque no le veíamos por ninguna parte. El templo tenía muchísima vida por la mañana comparado con la tarde. No se veían extranjeros, los turistas eran 99% indios, el otro 1% éramos nosotras. Parecía mentira que tanta gente se pudiera reunir en un pueblo tan pequeño para ver un templo en ruinas donde no se celebra ya ninguna ceremonia religiosa.

Pradeep, el dueño del restaurante al que habíamos ido a tomar té la noche anterior, nos había dicho que en la taquilla dijéramos que éramos amigas suyas y así nos cobrarían la tarifa india. En muchos monumentos y lugares turísticos hay una tarifa para indios y otra para extranjeros, aunque como ya conté cuando fui a Hampi, puedes regatear. En este caso, eran 250 rupias para extranjeros y 10 rupias para los indios. Pero lo que hicimos fue explicar en bengali al taquillero que no éramos turistas, sino que trabajabamos en Kolkata y que teníamos permiso de residencia, y mostrar nuestras credenciales. Así que pagamos 10 rupias, como todos los demás, y en los demás controles hicimos lo mismo: explicar en bengali, enseñar los papeles y no decir ni una palabra en inglés. Claro que esto nos vale a nosotras que estamos aquí por una empresa india, en otro caso no sé si valdría por mucho bangla, hindi u oriya que hables. Pero bueno, hay que saber que se puede regatear. Siempre se puede regatear en este país. Hasta las fotocopias las puedes regatear.

Entramos, sin guía al final, aunque la guía de Clo tenía varias explicaciones acerca del templo. Está bastante en ruinas, la verdad, solo la parte que se ve desde la puerta está restaurada: la parte de atrás es un amasijo de piedras lisas, para contener la estructura, andamios oxidados y otros restos. Un poco decepcionante, la verdad. Me pregunto si tanta reconstrucción vale la pena, porque aunque la parte bonita parece real, por detrás con tanta piera lisa que obviamente no estaba allí originalmente, una se pregunta si el templo era así o no cuando lo construyeron.



La bonita parte delantera

Y la dudosa parte trasera

Los leones que franquean la entrada, como en todo templo asíatico que se precie. El león está aplastando a un elefante. No es el duelo de la selva, tiene significado religioso. Es algo que se ve en varios templos hindúes. Al parecer (esto nos explicó un sacerdote en Bhubaneshwar) el león es el símbolo del hinduismo y el elefante el del budismo, y significa, como podéis imaginar, que el hinduismo es superior al budismo.

Bailarines y bailarinas esculpidas en el templo


Además de leones también había caballos.


El templo del Sol está diseñado como un carruaje que lleva al Dios Surya (el sol) dentro. Por eso los caballos, que originalmente había más, creo que eran siete, significando los días de la semana. Las ruedas, que simulan las del carro, son 24, una por cada hora del día. Cada rueda tiene ocho radios, que señalan 8 momentos del día y en los que está esculpido una imagen diferente relacionada con esa parte del día.




Como contaba antes, Konark estaba lleno de turistas indios que habían venido a ver el templo del Sol. Sin embargo, a la media hora me entraron dudas al respecto. ¿Habían venido a ver el templo, o a sacarle fotos a extranjeras?

Nunca me había pasado nada así. Supongo porque siempre he viajado acompañada de indios o a lugares donde hay tantos extranjeros que están más acostumbrados. Pero aquí, cada dos pasos te paraba un grupo o una familia a preguntarte ya no de dónde eras ni nada, sino simplemente si podían sacarse una foto contigo. Y cuando te pillaba un grupo, significaba que venían tres grupos más, para aprovechar el momento. Algunos después se interesaban por saber de dónde eras o tu nombre, pero la mayoría simplemente quería una foto con una extranjera, y ya está. Y esto lo hacían familias, niñas, adolescentes, chicos y chicas jóvenes y hasta parejas de jubilados. Había de todo.

En un momento estaba intentando sacar una foto del templo, brujuleando con mi cámara, y no pude sacarla porque había tanta gente acumulada preguntándome si podían sacarse una foto conmigo que los turistas que no querían sacarse una foto no podían pasar, y tuve que desistir de sacar mi foto.

¿Esto es lo que viven las estrellas de cine? ¡Pues qué horror! Aunque al menos aquí no había gritos, desmayos, ni me pedían autógrafos...

Clo se reía de mí porque ella ya estaba acostumbrada a ello. Pero para mí era la primera vez, y fue un auténtico shock. La experiencia se repitió en el resto de nuestras vacaciones, pero nunca fue tan intenso como en Konark. 

Salimos como pudimos, finalmente, justo cuando entraba un grupo de japoneses jubilados con sus camaras de fotos. Me pregunto si también se sacaban fotos con ellos. Aunque a lo mejor a los japoneses les gustaba más, están más acostumbrados a sacarse fotos con extranjeros (ellos también lo hacen, pero menos agresivamente).

Salimos del templo y decidimos que era el momento de acercarse a la playa, Chandrabaga. Al final no nos atrevimos a ir con la moto de nuestro recién conocido amigo, y subimos en un autorickshaw compartido, 20 rupias en total, solo ida. Íbamos con un grupo de mujeres de Orissa que hablaban entre ellas y nos señalaban, pasándoselo en grande a nuestra costa. Me pregunto que dirían. 

La playa está cerquita, a 3 kilómetros, y es un lugar enorme y tranquilo. Allí nos relajamos un poco por fin, después del agobio del templo y las fotos, y nos tomamos un coco. Solo faltaba el sol, el cielo estaba nublado ese día. Si hubiera hecho un día soleado, había sido un poco como esa canción de Vinicius de Moraes y Toquinho, "Tarde em Itapoá", aunque sin estera de mimbre:

 Um mar que não tem tamanho e um arco-íris no ar, (...)
E numa esteira de vime beber uma água de côco

É bom passar uma tarde em Itapoã

Ao sol que arde em Itapoã
Ouvindo o mar de Itapoã
Falar de amor em Itapoã..."









Ya era la hora de comer y nos fuimos al restaurante de nuestro amigo Pradeep, a tomar un thali. La comida era pasable, baratita, eso sí, un thali nos costaba 40 rupias, y se podía repetir tantas veces como uno quisiera. Además, nos servían papad (una especie de torta frita o asada que es supercrujiente y finita) gratis mientras esperábamos. Incluso mientras comíamos, se nos acercaba gente a saludar, a preguntar de dónde éramos, si nos gustaba la comida, etc. Pero muchos eran niños esta vez, así que sospechamos que sus padres les habían enviado a nosotras para practicar inglés. Poco podían saber que no somos inglesas ni americanas...Es la percepción general en todas partes: todos los extranjeros saben hablar inglés. 

Después de la comida, nos despedimos de Pradeep y nos tomamos "paan", hojas de una planta rellenas de diversas especias, semillas y azúcares que son buenos para la digestión. El hombrecillo del paan nos hizo uno espectacular (ved la foto), pero nos timó como quiso. Un error en India es no preguntar el precio de una cosa antes de tomarla / comerla/ viajar. Siempre preguntad, y regatead. El tipo nos cobré 40 rupias en total cuando deberían haber sido 20 como máximo...pero estábamos cansadas y no queríamos discutir. 


De nuevo con las mochilas al hombro, fuimos a la "estación de autobuses", es decir, a la esplanada de los autobuses, listas para ir a Bhubaneshwar. El autobús parecía de juguete, pequeñajo y rojo, y se notaba que había sufrido lo suyo en las carreteras. Encontramos un par de sitios donde sentarnos al fondo, dos que no estaban rotos (parecía un milagro en aquel autobús). Lo que había estado rota era la ventana a mi lado, y la habían arreglado poniendo dos planchas de madera. Al menos había algo que me cubría del viento, pero no podía ver el paisaje. Tenía que mirar por encima del hombro del hombre que viajaba delante. 

Sin embargo, el viaje de dos horas no se hizo demasiado largo. Entre las cabezaditas y la música, parecía que estaba en una novela. Los pueblos se pasaban unos tras otros, llenos de tiendas de té y de comida, de tiendas de regalos para turistas y de gente caminando por ellos. Ponle a eso una banda sonora compuesta por Yann Tiersen, y estás dentro de un cuento.

Por fin llegamos a Bhubaneshwar, la capital de Orissa. Íbamos a pasar allí dos días. Pero esos dos días, estarán en otra entrada. Por hoy, he blogueado suficiente!

martes, enero 03, 2012

Orissa - Puri

Por fin unas vacaciones vacaciones. Estilo "india", es decir, totalmente sin programar, ni reservar, ni nada. Conseguimos los billetes en el último momento y Clo y yo nos fuimos a Puri, en Orissa, una ciudad que es sagrada para los hindus y que tiene un templo muy importante, Jagannath Mandir, dedicado a una de las (muchas) formas de Vishnu.

El tren salía no de Howrah Station, como casi todos, sino de una pequeña estación más al sur de Howrah, Shalimar: un lugar oscuro y pobre, una estación de tren casi vacía, con tan solo un mísero puesto de té. El tren salió un poco tarde, aunque en realidad eso nunca lo sabremos, porque los horarios de cada andén en la estación decían una hora distinta y ni siquiera nosotras teníamos los relojes con la misma hora. Así que tal vez salió puntual, ¿quién lo sabe?

Para mí era la primera vez que viajaba en tren, así que era muy emocionante. Estoy acostumbrada a los largos viajes en bus, pero también a sus paradas cada cuatro horitas, a estirar las piernas y tomarme un té o comer algo. En algo son similares el tren y el autobús: tardas más o menos lo mismo (aunque el tren es muchísimo más barato si uno viaja en Sleeper Class), y las camas son igual de incómodas. Los saltos, traqueteos y ruidos, son similares también. Quizá sea más interesante ir en tren porque puedes hablar con más gente y eso, aunque como viajamos de noche nos dedicamos básicamente a dormir.


A veces me despertaban los pasajeros que se subían al tren, los hombres roncando, los niños llorando o hablando, el chaiwallah paseando por el tren gritando "¡cha! ¡cha! ¡chaiiiiiiii!"...y a las 5 los niños que estaban a mi lado se acabaron de despertar y no se volvieron a dormir, y yo tampoco.

A las 6.30 llegamos a Puri, que resultó ser un pueblecito muy pobre al lado del mar, a rebosar de gente. Decidimos que no haríamos noche en Puri, sino que iríamos directamente a Konark, que está a una hora y tiene un templo dedicado al Sol que es patrimonio de la humanidad por la Unesco. Así que con la mochila en la espalda, nos recorrimos todo Puri a pie. Primero bajamos a cerca de la plata, CT Road, a desayunar algo (nos tomamos un té al llegar pero necesitábamos algo para nuestro estómago). Encontramos un hotel con un restaurante muy majo, que era el único que estaba abierto a esas horas, y con un camarero muy simpático. Era el único que hablaba inglés de los tres camareros, y nos recomendó pedir paratha (porque era lo más fácil de hacer, no porque fuera mejor), para que no tuviéramos que esperar mucho. A mí las parathas del norte no me hacen mucha gracia: son un pan redondo y plano frito en muchísimo aceite, en lugar de hechos al horno, y bastante gruesos. Suelen rellenarse con una capita fina de patata o paneer (queso fresco), y tomarse con algo picante o yogurt. Para desayunar es demasiado para mi estómago (en realidad, a cualquier hora son demasiado pesadas para mí). En el sur, en cambio, la paratha se hace sobre una plancha, con menos aceite que aquí, y se abre en distintas capas de manera que parece un pan en espiral y tres dimensiones, crujientito. Aquí en Calcuta solo la he encontrado así en un restaurante, en los demás, es horrible. Así que yo me decidí por el sandwich vegetal, y no me equivoqué: uno de los mejores sandwiches vegetales que he probado en India hasta ahora.

Depués del desayuno y de un par de cafés, seguimos andando hasta el final de CT Road y giramos para ir a la playa de Puri, que es muy famosa. La ciudad está pegadita al mar, y tienen una importante industria pesquera, sobre todo, de sardinilla seca. En la calle habíamos visto edificios más o menos decentes, de dos o tres pisos como mucho, pero al entrar en la playa nos encontramos con un poblado de casas de barro, algunas ladrillo, de un solo piso y seguramente una sola habitación, como mucho dos, donde los pescadores y sus familias vivían. Los animales estaban sueltos en los patios que compartían las distintas casitas: gallos, gallinas, perros, cabras, patos, gatos....Las mujeres estaban preparando la comida en los patios (o en la "calle", si es que así se puede llamar el pequeño sendero arenoso que serpenteaba entre los grupos de casas para ir a dar a la playa), cortando pescado o haciendo alguna preparación con las sardinillas secas. Los niños jugaban a la peonza, o entre ellos, y los hombres se bañaban y se lavaban los dientes. Incluso en semejante entorno, se lavan los dientes todas las mañanas.

Muchos se nos acercaban a preguntarnos de donde veníamos, cómo nos llamábamos, etc. O simplemente te saludaban en inglés o con un "namasté", ilusionados de ver extranjeros paseando por sus casas, y deseando practicar inglés. Algunos niños nos pedían dinero, pero no muchos. En un momento nos rodearon cuatro o cinco niños y aparecieron sus madres y padres, que querían invitarnos a sus casas a tomar pescado o té (pero viendo la playa, me alegro de ser vegetariana en India), a lo quenos negamos, o si queríamos henna, bueno, en realidad lo que estaban buscando era dinero pero no nos lo pedían de manera directa, y al final acabaron por pedirnos ropa o lápices para los niños. Pero no teníamos nada, ya que solo habíamos traído la ropa justa para los cuatro días que íbamos a pasar en Orissa. Para otra vez ya sé qué traer. Aunque era tanta la gente que nos llegó a rodear en aquel momento, que aunque hubiéramos vaciado nuestras mochilas no habríamos tenido cosas que darle a todos.

Nos contaron que ellos eran Telugu, de Andhra Pradesh, que habían venido por el trabajo a Orissa. Pero hablaban inglés bastante bien, sobre todo las mujeres, y cuando les preguntamos dónde habían aprendido inglés, una de las mujeres jóvenes nos dijo riendo "¿qué pasa, creéis que no estudiamos?". La verdad, en aquel pueblo ya eran las 9 de la mañana y los niños andaban todos por la calle, y aquí no hay vacaciones, ni tampoco vimos ninguna escuela en el camino, así que sí, nos preguntábamos seriamente si estudiaban o no.

La playa de Puri

Niños jugando en la playa

Hombres haciendo redes

El sol de la mañana

Las sardinillas a secar brillando al sol

Hacia el final de la playa, que se iba haciendo cada vez más limpia a medida que nos alejábamos del poblado de pescadores, empezábamos a ver turistas. Y junto a los turistas, puestecillos de comida y personas con caballos en los que la gente podía montarse y pasear por la playa. También había unos hombres con neumáticos grandes que llevaban atados con una gruesa cuerda. Como las corrientes en Puri son peligrosas, la gente no se baña apenas. Los que se atreven a meterse en el agua a menudo lo hacen dentro de esos neumáticos, como si fueran flotadores, y si viniera alguna ola peligrosa los hombres tirarían de la cuerda para devolver al nadador a la playa. No parece muy seguro de todas maneras, así que también hay unos cuantos guardacostas, fáciles de identificar por el gracioso sombrerito que llevan:

La verdad, espero que sepan nadar bien.

Al final de la playa vimos también el lugar donde las esculturas navideñas de arena se hacen. Antes de salir a Orissa, había visto fotos en la página de RTVE, y tenía mucha curiosidad. Pero las esculturas que estaban en la página ya no estaban en la playa, y en su lugar había otra, bonita también, pintada de colores y con un tema ecologista:

"Today my gift is green, take it", dice abajo

Salimos de la playa para ir andando hasta el templo más famoso de Puri, Jagannath Mandir. Es un templo dedicado, como decía arriba, a una de las muchas formas de Vishnu, y algunos parece que le relacionan con Buda (Buda se supone que es un avatar de Vishnu, pero algunos en Orissa se olvidan de Buda y se dice que el avatar es Jagannath, bueno, un lío). Se le adora junto a sus hermanos Balabhadra y Subhadra. Las imágenes de los dioses están hechas normalmente en madera, y siempre van los tres juntos.

El templo a lo lejos desde Temple Road

Balabhadra, Subhadra y Jagannath. El negro es Jagannath.

El templo está cerrado a los no hindúes así que tuvimos que contentarnos con darnos una vuelta alrededor de los muros (es un complejo de templos enorme), a observar a la gente comprando cosas para ofrendas antes de entrar en el templo, y a subir a una pequeña biblioteca desde cuyo ventanal se puede ver la plaza y un poco del templo. Es un lugar muy concurrido y muy vivo, y eso que no estábamos en tiempo de festival. No me quiero ni imaginar como debe estar Puri cuando están en fiestas...


En la biblioteca se puede subir un piso más para ver mejor, pero en mi guía dice que simplemente con dar 10 rupias es suficiente. Sin embargo, el bibliotecario nos pedía, sin pedir, al menos 200 rupias, 100 por persona, con la excusa de que era para el mantenimiento de la biblioteca. Pero precisamente lo que no tenía esa biblioteca era mantenimiento: los libros, metidos dentro de viejísimos armarios, estaban cubiertos de montañas de polvo, no había ningún libro de después de los años 70, se veia en la encuadernación de los libros, y estaban todos con los lomos destrozados. Tenían un par de periódicos del día (que cuestan 1 rupia y media). Con 200 rupias podría tener los libros limpios todos los días, los armarios con los cristales enteros, y muchos más periódicos y revistas, pero no había nada de ello. ¿A dónde iría el dinero? Si se notara que el dueño se gastaba algo del dinero en la biblioteca no nos habría importado dar 200 rupias o lo que fuera, pero así por la cara pues no. Además cuando le preguntábamos en qué se gastaba el dinero exactamente en el matenimiento de la biblioteca, esquivaba la pregunta y acabó diciendo que era para comprar periódicos y revistas del día, que como he dicho, pues había dos y además cuestán mucho menos que 200 rupias!!

Salimos de la biblioteca para buscar algún sitio donde comer algo y encontrar la estación de autobuses, que estaba al final de la gran avenida que se ve en la foto anterior. Comimos un thali con dal fry (lentejas amarillas sofritas con verduras), unas verduras en salsa picante, y mucho arroz. Con el estómago llego, pero muertas de cansancio de no dormir y de la pateada a la ciudad con la mochila a cuestas, acosadas por un sol de muerte (el frío que hacía en Kolkata y el calor que hacía en Puri, dios, parecía que estábamos en julio!), llegamos agotadas a la estación de tren. Allí nos sentamos a la sombra un ratillo para disfrutar de un té antes de subir al autobús para ir a Konark. 

Pero Konark estará en otra entrada :)

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