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jueves, agosto 14, 2014

Instantáneas


Telarañas de nubes en College Row





De la colección de Candados de Calcuta




Vidas paralelas



Cuenta los cuadrados



Vecindario



Las líneas del destino



Después de la tertulia

lunes, mayo 05, 2014

Desapariciones y fantasmas: Márquez en Calcuta

No soy yo la única que ha desaparecido estos meses. Alguien mucho más importante que yo se ha ido: Gabriel García Márquez. Nunca fui una fan, nunca entendí - por herejía que parezca decirlo ahora - por qué le dieron el Nobel a él y no a otros, sólo he sido capaz de terminar una de sus novelas. Pero lo cierto es que su muerte ha sacudido las entrañas de Calcuta. ¡Un novelista muerto hace temblar la ciudad de los poetas! Si habéis seguido las noticias, muchos - demasiados - poetas se han muerto este 2014, pero ninguno de ellos ha causado la conmoción que ha causado la desaparición de Márquez.

Volveré al blog, pero el mes que viene. De momento, os dejo con Márquez en un regreso momentáneo y extranjero:


Robbar, el suplemento dominical del periódico bengalí Pratidin, ha sacado un especial sobre García Márquez este domingo 4 de mayo




Y este es el artículo que escribí para la revista tras recibir una llamada pidiendo mi colaboración. El original, escrito en inglés, saldrá en otra revista en los próximos meses. Y aunque por las fotos parezca lo contrario, no escribí sobre Márquez, porque yo no habría sido capaz de semejante tarea, sino que me limité a la única novela suya que he devorado más de una vez, y más de dos: Crónica de una muerte anunciada.

Hasta pronto,

lunes, febrero 10, 2014

Kolkata Boimela 2014 / La Feria del Libro de Calcuta 2014

Mi ciudad hace amago de celebrar una feria del libro cada año, en verano. Quizá por el calor, se ha ido derritiendo a lo largo de los años, limitándose ahora a una exigua línea de casetas blancas, cada una de ellas copia casi idéntica de la anterior. Como la feria la sitúan en el parque de la Alameda, la mayoría de los visitantes son familias jóvenes con niños pequeños, jubilados y algún adulto con perro, a los que la feria sorprende cuando van de paseo al parque. La mayoría acaba sentándose en las terrazas de las cafeterías de la acera de enfrente, desde donde pueden disfrutar de la vista de las casetas blancas, cómodamente, a lo lejos.

Nada que ver con la Feria del Libro de Calcuta.

Aquí, la literatura es más poderosa que la religión. Los únicos dos asuntos que pueden igualársele son los debates sobre los dos equipos de fútbol de la ciudad, y qué cantante interpreta mejor las canciones de Rabindranath Tagore. Y si bien en Bengala tienen su semana religiosa, Durga Puja, que es la fiesta que inicia el período de fiestas, también tienen sus semana literaria, la Feria del Libro, que es precisamente la que lo clausura. Las dos atraen a gente de todo el estado, incluso a bengalíes emigrantes, que acuden a la ciudad con idéntico fervor, a celebrar, quizá, también la misma cosa: la alegría de vivir.

Porque la feria del libro, aquí, no es una mera exposición de bestseller que nadie compra, una excusa para pasear una tarde por algún lugar distinto del habitual, ni una sorpresa repentina que acaece sobre los paseantes que no se miran la sección de la agenda del día del periódico. La Feria del Libro causa expectación e ilusión, los bengalíes tachan los días en sus calendarios, desde el principio de enero, hasta que se anuncian los días exactos de su duración: entonces todo es planear qué día(s) se irá(n), qué casetas se visitarán, a quién se verá allí, averiguar qué país es el país invitado, qué libros se podrían comprar y hasta si venderán algún libro suyo.

Pero no todo son libros en la Feria del Libro. Una de las secciones más importantes, de las que lleva más ventas, es la carpa de las "little magazines", las pequeñas revistas en las que los escritores y pintores menos conocidos publican, la mayoría de las veces por puro amor al arte. Las pequeñas revistas es donde late la creatividad y la pasión de los bengalíes por la literatura, y la pintura: no sólo en la portada, sino en las páginas interiores, raro es una revista sin dibujos, fotografías o diseños de alguna clase. 


La carpa de las pequeñas revistas es uno de los lugares más concurridos de la Feria


Cada centímetro de las largas mesas está cubierto por números y números de miles de revistas distintas


Todas las revistas comparten las mesas, anunciándose con grandes carteles que indican a los lectores dónde encontrar la revista que buscan


Ejemplo de pequeñas revistas y libros que he ido acumulando estos años (estas son las de Diciembre-Enero)


Uttorkal, una pequeña revista editada por mi amigo Jeet Mukhopadhyay, que ganó un premio a la mejor pequeña revista en la Feria de Pequeñas Revistas que hubo el pasado enero. Hay pequeñas revistas en la Feria del Libro, pero no hay libros en la Feria de Pequeñas Revistas. Un número vale 15 rupias. Imprimir 300 números cuesta más que las 2500 rupias que ganan con su venta.

Cada año la Feria del Libro está dedicada a un país, para el que construyen una carpa más grande con lugar para hacer exposiciones culturales generales sobre el país y exhibir libros para leer allí mismo, sobre el que hay actividades culturales cada día, visitas de autores de dicho país, y espectáculos de música y danza. Este año, el país invitado fue Perú, y se rumorea que el próximo será Bolivia.


Además, hay encuentros literarios con autores nacionales e internacionales (este año fue, entre los internacionales, por ejemplo, nada más y nada menos que Lorenzo Silva - yo leí apasionadamente su El alquimista impaciente - y entre los nacionales, Amit Chaudhuri), conciertos (por ejemplo, hubo un concierto en honor a Peter Seeger, fallecido hace unos días) presentaciones de revistas y lanzamientos de libros (por ejemplo, dos de mis amigos, Himalaya Jana y Sanghamitra Halder, lanzaron sus últimos poemarios)


Antes de olvidar, de Himalaya Jana


i larga, de Sanghamitra Halder

En total, 570 casetas de diferentes editoriales y países. Según la Wikipedia, unos dos millones de personas visitan la feria cada año. Si lo comparamos con la asistencia a mítines políticos en la historia más reciente de Calcuta, incluso en este año que es año de elecciones al gobierno central, gana la Feria del Libro. Afortunadamente. Y, no llevada por el fervor, sino por la desconfianza hacia los medios de contabilización de personas, sinceramente creo que más de dos millones de personas la visitan cada año. En la entrada hay unos detectores de metales y guardias de seguridad que dejan pasar a todo el mundo, sin prestar atención a las oleadas de gente que se agolpan para pasar por los estrechos detectores, que no dejan de pitar, sin que por ello se inmuten en absoluto. No creo que sean ellos los que cuentan. Y si cuentan por ventas, tampoco es fiable, porque mientras para los que viven en Calcuta, se convierte en un lugar de reunión y disfrute, seguramente esperen a encontrar el libro en College Street, donde les harán un mayor descuento; quienes más compran son los de fuera de Calcuta, para quienes la feria supone la oportunidad de comprar libros que en sus respectivas ciudades o pueblos sería imposible encontrar. 

Yo compré algunos libros, y me quedé con ganas de otros, que quizá busque, como los auténticos "calcutenses", en College Street. Pero no quise quedarme con las manos vacías: en una tienda de libros de segunda mano compré una Historia de India en bengalí para niños con introducción por Indira Gandhi y unas ilustraciones preciosas, de esas ediciones que tanto me fascinan, y un libro sobre la vida y obra de Bankim Chandra, el primer gran novelista bengalí, del siglo XIX, que os sonará si habéis seguido mi recomendación y habéis visto Charulata. Y de primera mano, un cómic bengalí (aunque en inglés), Devi Chaudhurani, una versión gráfica de una novela del propio Bakim Chandra, sobre una mujer que se convirtió en una, digamos, reina de los bandoleros en la Bengala rural. 

Pero me quedé con ganas de esto:


Sí, Luis Buñuel


Y, sí, ¡¡Castelao!! ¡Sus viñetas traducidas al inglés y al bengalí!


Y el Ramayana en versión cómic y con un terrorífico estilo gráfico por un dibujante argentino, Quique Alcatena



sábado, enero 25, 2014

Enterrados

Pensamos en India, en hinduismo, en mil dioses, en el Ganges, en Varanasi y en las incineraciones, en las cenizas de los muertos que luego van al río. Mucha gente confunde "hindú" con "indio", obviando que en este país hay una mezcla inmensa de religiones, y que incluso hay más musulmanes que en Pakistán. Y es que además de cenizas, también se entierra a los muertos aquí, a los cristianos y musulmanes, que no son un pequeño número ni mucho menos.

Calcuta está plagada de cementerios, aunque no lo parezca. Dos de los más importantes son el del Park Street, donde los ingleses enterraban a sus muertos, donde no hay ni un solo nombre indio entre las lápidas, y el de Bhawanipur, donde se siguen celebrando funerales, lleno de nombres tanto indios como cristianos.

El cementerio de Park Street se abrió en 1767 y se cerró en 1790, aunque los ingleses siguieron enterrando allí a sus muertos hasta 1830, hasta que no había sitio para más. Este pequeño cementerio, que en su día llegó a ser el cementerio cristiano más grande fuera de América y Europa, está plagado de tumbas monumentales, y hasta sus muros están cubiertos de lápidas. Ahora, aparte de ser un lugar histórico protegido y de figurar en todas las guías de viajes, es un pequeño rincón tranquilo en el corazón de Calcuta, donde las parejas van a pasear y los grupos de amigos van a relajarse entre la hierba.

No hay dos tumbas iguales, y cada una es más curiosa que la anterior. Muchas tienen estructuras piramidales, otras parecen obeliscos, y algunas parecen templos indios o hasta griegos. Entre los nombres de los muertos que descansan allí, no sólo encontramos militares o diplomáticos y sus familiares, sino hasta profesores y lingüistas. Sir William Jones, a quien debemos la lingüística comparativa y la familia indoeuropea de las lenguas, reposa en paz no lejos de la Asiatic Society que él mismo fundó:


La tumba de Sir William Jones recibe cada año flores de la Asiatic Society, y es la única que está cuidadosamente pintada de blanco.


Una misionera que trabajó con las mujeres, seguramente en una escuela (por lo de "zenana", término que hace referencia a la parte de las casas que tradicionalmente estaba reservada para las mujeres). La tumba dice: "Mi amada hermana, Ann Elizabeth Moffat Humphreys, misionera de la Iglesia de Inglaterra, quien se quedó dormida en Jesús el 15 de Febrero de 1910 a los 58 años. Ellos que convierten a muchos al camino de la rectitud, brillarán como las estrellas para siempre. Ella, a quien tanto cariño teníamos, se ha ido de nuestros ojos, tan buena, tan amable, para uno y para todos, querrían que ella viviera muchos años, pero todos debemos partir cuando Dios nos llama."


Una tumba con la inscripción en latín.


La familia unida permanece unida.


El Mayor General Charles Stuart (conocido como Hindu Stuart) 1759-1828. Jefe del Primer Regimiento Europeo de Bengal y más tarde Comandante del Décimo Regimiento de Andis (?)


La tumba de Hindu Stuart imita a un templo hindú como los que hay en Orissa.


Tumba con diseño grecorromano.




El cementerio de Bhawanipur es muy diferente. Tiene un estilo más, no sé, ¿moderno? Aquí las tumbas no son monumentos a los difuntos como en el de Park Street, sino que son sencillas cruces con los datos personales, algún que otro adorno, y muchas muchas plantas y flores.


Una anónima pero querida madre.


Panorámica al media tarde


Quizá esta sea una frase tradicional en inglés, pero traducida literalmente, me resulta ominosa.


Inscripción en bengalí (Mrittu Joye Kobolito Hoilo) en la memoria de Arati Biswas.


El único árbol en consonancia con el lugar.


Una de las tumbas con más decoración.


¿Es Calcuta o es el Castillo de Otranto?


Esta es la tumba más antigua del cementerio, perteneciente a Jeannie, una mujer inglesa (de las pocas que hay enterradas aquí) que apenas dos años después de llegar a India, con 22 años, murió en Fort Williams en 1853 (el mismo lugar donde ocurrió, casi cien años antes de la muerte de esta chica, la tragedia del "Agujero Negro de Calcuta"), dejando además de a su marido, un militar, viudo, también una hija de 4 años.


Destino.

lunes, enero 06, 2014

Bienvenido, 2013 + 1

Ya van tres. Tres Nocheviejas, tres Años Nuevos, tres despedidas y bienvenidas. Tres noches ancianas sin marisco ni uvas ni campanadas ni refritos musicales del año ni champán ni serpentinas ni gorros ni caretas.

Para haceros una pequeña composición de lugar de mis nocheviejas tradicionales, os contaré que son frente a la playa del Atlántico, que siempre hace un frío que pela, que rara vez no llueve a mares. La reunión familiar empieza con la preparación de una cena en la que no falta el marisco, ni la carne, en la que sobran siempre postres, y con la decoración del comedor y de los comensales, que nos adornamos con gorros y con caretas que tienen más de 27 años. Mi favorito siempre ha sido un gorro de plástico en forma de bombín, blanco con puntos rojos. Entre todos pelamos marisco, uvas y repartimos serpentinas que nos lanzaremos unos a los otros al terminar las uvas. Luego acabamos cantando canciones casi decimonónicas (Somos los repatriados / que vamos al mundo recorriendo...) y bailando los hits de veranos pasados que sacan siempre por la tele, aunque mis preferidas siempre han sido las reposiciones de Martes y Trece.

Aquí, claro, no hay nada de eso, y cada año espero con impaciencia descubrir cómo va a resultar la despedida del año. Unos amigos, Tanmay y Sweta, me habían invitado a una fiesta en su casa; además, durante la tarde, había quedado con varios amigos y el día se me llenó enseguida de una cita a otra. En College Street me encontré con los poetas, a los que llevé turrón de Alicante para repartir. Entre ellos, Aritra, Animikh y Sanghamitra estaban invitados a la misma fiesta que yo, juntos nos fuimos para allá. 

Pero antes, nos sacamos unas fotos por las callejuelas amarillentas:


Sanghamitra, yo y Animikh, ejemplificando la palabra "actitud" de diferentes maneras.


Saludando a la ranura de la puerta

Resultamos ser once: Tanmay y Sweta, su hermana pequeña y su hermano mayor, dos amigos de la infancia de Tanmay, y Probaho, un excompañero de pensión de Tanmay y de Animikh, de los tiempos de la universidad, y nosotros cuatro.

Era la primera vez que hacían una fiesta para despedir el año, pero no lo parecía. Comimos y bebimos, nos embadurnamos de tarta de chocolate las caras cuando dieron las doce (algo que les encanta hacer a los indios en los cumpleaños y en cualquier celebración que implique tartas, por lo que he podido observar en estos años), cantaron y bailaron canciones tradicionales, contaron chistes, y nos fuimos a dormir a las 4.


La tarta que no comimos. El pastelero se equivocó en el año y tuvo que "arreglarlo" añadiendo +1. O quizá es que usa Google Plus.


Animikh (alias Kobi, "poeta", porque fue el primero del grupo), en el suelo muerto de risa y de tarta.


Sweta, la anfitriona


El grupo en el salón


Chimpu y Probaho desayunando a la mañana siguiente, sentados a la manera india.


Collage de la noche por Animikh.



Animikh y Sanghamitra cantando una tradicional canción folclórica bengalí, Hrid Majhare.


Sanghamitra, Animkih y Chimpu cantando Tomar Ghore.


Otra más, que no conocía antes.


Chimpu canta y baila Lal Pahari, mientras todos acompañaban con palmas, y Sanghamitra y Animikh, con voz también.

:D

viernes, enero 03, 2014

Más música india para empezar bien el año

Hoy toca en Calcuta el grupo de música indie Tadjar Junaid :)


lunes, noviembre 18, 2013

Festival de Cine de Calcuta

Ayer domingo fue el último día del festival de cine de Calcuta, que duró unos ocho días (el eslógan era, al más puro estilo indio, "Eight days / movie craze", que rima en inglés). Sólo pude ir a ver películas durante el fin de semana, así que me perdí muchas, y además, ni siquiera tenía pase, y me tuve que colar, aunque nadie me preguntó nunca ni a mí ni a los demás por el pase.

Fui a ver tres películas, dos europeas (una belga y una italiana), de las que sólo puedo decir que me gustó la música, y una india, de Kerala para más señas. El director de esta última, Adoor Gopalakrishnan, era una de las figuras destacadas del festival, al que le dedicaron la sección de Retrospectiva.

Mis amigos ya habían ido a ver una de sus películas, Kathapurusam, y como les gustó tanto, yo me apunté a la siguiente: Nizhalkkuthu, que traducen al inglés como Shadow Kill, y al francés como Le Serviteur de Kali, aunque yo creo que el título inglés se corresponde mucho mejor con la película. Lo del "servidor de Kali" es muy genérico, porque hay miles de ellos, y aunque le da un oscuro toque exótico a la película para su distribución en Francia, "muerte sombría" tiene realmente un sentido específico dentro de la película.


¿La trama? Años antes de la independencia de India, en el sur todavía existía un estado independiente, gobernado por un maharajá: el estado de Travancore. En este estado convivían las tradiciones más antiguas con un gobierno de corte más moderno, en el que hay tribunales, cárceles y verdugos. El protagonista de la historia es el verdugo de Travancore, un hombre mayor cuya familia ha desempeñado el cargo por generaciones, ya que éste pasa de padres a hijos. Por matar a gente, están "malditos", puesto que han cometido un pecado que deben expiar, pero al mismo tiempo son bendecidos por la diosa Madre (Kali-Durga y todas sus demás expresiones) con misteriosos poderes curativos. Además, el maharajá les otorga privilegios especiales: una casa, un terreno por el que no pagan impuestos, y dinero, además de dinero extra por cada ejecución.

Pero nuestro protagonista, Kaliyappan, es un hombre torturado por la culpa. Cree, aunque sin pruebas, que la última persona que ejecutó era inocente, y ese pensamiento no le deja vivir. Se ahoga en alcohol y en rezos y penitencias a la Diosa Madre, pero nada le calma: se pasa los días rezando y emborrachándose. Su esposa intenta cuidarle, pero en el pueblo casi todos se ríen de él en ese estado y muchos han dejado de creer en sus poderes mágicos. Además, su hija pequeña, que acaba de tener la regla, se ha convertido en un nuevo dolor de  cabeza, al tener que empezar a pensar en casarla y pagar una dote con un dinero que no tienen, y por si fuera poco, su único hijo le rechaza, tanto por su alcoholismo como por ser el verdugo del país: ha adoptado las ideas de Gandhi, se ha hecho vegetariano, incluso se ha comprado una rueca para hilar algodón, y sólo viste khadi blanco. Hasta llega a hablar en contra de las ejecuciones en el pueblo, abiertamente criticando a su propio padre. Kaliyappan no puede soportar esa traición, pero no tiene mucho tiempo de sufrir por ello: al día siguiente llega un emisario del maharajá anunciándole que, por fin después de mucho tiempo, hay una nueva ejecución de la que debe hacerse cargo. Es un auténtico revuelo en el pueblo que, pensando que esto es una señal de la diosa de que devuelve sus poderes mágicos al verdugo, hace cola a la puerta de su casa para recibir las cenizas sagradas, los restos quemados de la cuerda con la que ha colgado a su último condenado.

El protagonista empieza a hacer más y más penitencias, abluciones y rezos, pero no puede dejar el alcohol, ya que la idea de tener que volver a matar le mortifica. Intenta librarse de la obligación, pero el emisario no acepta ninguna de sus razones - la edad, que se encuentra enfermo, etc.- y le dice que si necesita ayuda, que se lleve a su hijo con él para cuidarle. Y eso hace.


Padre e hijo en la casa.

Kaliyappan y su hijo, el revolucionario independentista, hacen noche en la cárcel de la capital, donde deben esperar en vela para, al día siguiente al amanecer, colgar al condenado. Pero Kaliyappan, borracho como una cuba, es incapaz de mantenerse despierto. Si se durmiera, no podría realizar la ejecución - ya que la tradición ordena que, como el condenado no dormirá en toda la noche pensando en la muerte que le espera, el verdugo tampoco debe dormir - así que los soldados de guardia intentan contarle historias que le mantengan despierto, pero todas le aburren, excepto una: la historia de un amor que florece entre una niña de 13 años y joven flautista vagabundo, y la historia de cómo ella es brutalmente violada y asesinada, de cómo el verdadero culpable escapa a la ley y de cómo el jovencito es condenado injustamente por un crimen que no ha cometido. 

Gopalakrishnan cuenta el colapso nervioso de Kaliyappan de una manera estupenda: no escuchamos la historia de los jóvenes enamorados en el hermoso valle de Kerala, sino que la vemos a través de los ojos del verdugo, que imagina a su hija - que también tiene 13 años - en el papel de la chica, así como al resto de los personas les pone caras familiares. Esto le perturba enormemente, y en alguna ocasión, interrumpe la historia con gritos de dolor, pero quiere escuchar el final de la historia. Los soldados, asustados, le preguntan si es que conoce a alguien parecido, y el hombre les contesta que sí, que claro, su familia. Pero no es su familia, es una historia real, que ha salido en los periódicos: los soldados se ríen del pobre Kaliyappan, que no estaba enterado de nada, que no sabía que el chico que va a colgar en unas horas es precisamente ese joven músico inocente.

Entonces, el padre tiene un colapso real y se niega en rotundo a realizar la ejecución. Pero el condenado no puede quedar sin colgar, porque sería un deshonor para los soldados y para el director de la cárcel, así que ordenan al hijo de Kaliyappan que ocupe el puesto de su padre, como le corresponde según la tradición, y que él cuelgue al inocente.

¿Lo hará?


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