sábado, octubre 29, 2011

Hampi

Como Durga Puja es una festividad tan importante en Kolkata, y también como Diwali es dos semanas después, tanta fiesta junta hace que en octubre la universidad cierre y nos dé vacaciones, al menos a los de lenguas. Así que con todo un mes de vacaciones no podía desaprovechar la oportunidad de viajar un poco. Por eso, decidí irme a un sitio del que he oído hablar desde mi primer día en India: Hampi.

Hampi es un pequeño pueblo al norte de Karnataka que no tiene ni supermercado, ni siquiera un cajero automático. Pero está repleto de hostales y restaurantes, porque vive del turismo. Antes, hace muchos muchos años, era la capital del reino de Vijaynagar, que ocupaba todo el sur de India. Ahora allí quedan muchísimas ruinas de la antigua ciudad, y muchos templos. Además, por en medio del pueblo pasa un río en el que no hay puente (hay que cruzarlo en barca), y el paisaje está dominado porque pequeñas colinas en las que se acumulan enormes pedruscos. Es una cantera natural, un lugar perfecto para construir una ciudad, ya que no faltaba material.


Al fondo podéis apreciar una de esas colinas rocosas de las que hablo
Incluso el río está lleno de rocas

Para ir a Hampi hay dos opciones: un tren nocturno o un bus nocturno. Primero se llega a Hospet, un pueblo no tan pequeñito como Hampi, donde sí hay supermercados y cajeros automáticos, donde hay que coger un bus que te lleve hasta Hampi, a unos 11 kilómetros, por unas 15 rupias. Hay buses cada media hora que hacen este recorrido.

Sabiendo esto, me acerqué en Bangalore a la estación de autobuses al atardecer: había sitio libre en los autobuses. Por suerte, hay varios horarios nocturnos a Hospet, además de compañias privadas, aunque yo fui en la estatal (KSRTC), que es la que recomendaría siempre: o KSRTC o VRL, al menos en lo que concierne a Karnataka. Le dan mil vueltas al resto de compañías privadas. Tras un viajecito de 8 horas, llegué a Hospet a las 6 y pico de la mañana. Ya había amanecido y el puesto de snacks y té estaba abierto, al igual que un pequeño puesto de idlis y arroz para el típico desayuno del sur. Media hora después, me subí a otro autobús con una pareja inglesa de mediana edad, que viajaban de mochileros. 


Llegar a Hampi fue un shock. Nada más ver el autobús, una veintena de chavales se amontonaron el la puerta del bus, gritándonos a los turistas que por favor fuéramos en su rickshaw hasta un hotel que ellos recomendaban, solo 10 rupias. Estaba abrumada. Todos me daban una tarjeta de un hostal distinto e insistían que fuera con ellos. Perdí a los ingleses de vista. Conseguí alejarme un poco y librarme de alguno, que supongo que fueron a por los ingleses, cuando de pronto un de ellos me gritó: "ven conmigo, yo hablo español".

Y así conocí a Juanito, un conductor de autorickshaw de 21 años que a base del contacto con los turistas, no sólo hablaba español sino que también hablaba francés, además de kannada, hindi e inglés. Como no, dejé que él me llevase al centro del pueblo y me mostrase uno de los hostales. Al final vi cinco antes de decidirme por ninguno, aunque creo que no elegí el hostal correcto al final: es verdad que tenía un sofá y que la habitación era más grande, pero la terraza, algo muy importante en Hampi por las vistas y por el calor (estar de noche en la terracita es lo mejor) quizá era la peor del pueblo...

Por suerte cerca había un hostal con restaurante en el tejado, donde desayuné todos los días con unas maravillosas vistas al templo Virupaksha que es el centro de Hampi:



El lugar tenía un menú muy interesante, en el que te podías encontrar un "Spanish Breakfast", Spanish, porque supuestamente venía con una tortilla de patatas (algo que nunca comeríamos en España de desayuno, pero bueno), aunque la tortilla no era exactamente española...

El menú de desayunos, para todos los gustos


¿Desde cuándo la tortilla española es una tortilla francesa de cebolla con patatas fritas?

Quitando el comprensible error en la elaboración de un plato extranjero, hay que decir que les pedí aceite de oliva para las tostadas y me lo dieron sin cobrarme de más. Así pude saborear un desayuno un poco más español.

Cada vez que viajo, una de las cosas que más me interesan de los nuevos sitios es la comida. Y aunque en Hampi no tenían ningún plato que no hubiera encontrado antes en otro sitio o que no esté en algún menú de Kolkata o Bangalore, lo cierto es que la calidad de la cocina que probé allí fue excelente. Sobre todo en un pequeño restaurante en un hotel al otro lado del río: uno de los mejores thalis vegetarianos que he comido. Las especias justas para dar sabor, el arroz bien hecho, calentito y suelto, el dal (lentejas) para chuparse los dedos. Cosa que en India, al comer con la mano, se puede hacer!! (aunque sin pasarse)

Al lado sur del río es donde se concentran la mayoría de las ruinas. La mejor manera de verlas es o bien alquilando una moto o una mopet (con menos potencia y de manejo más sencillo) por unas 150 rupias el día, más gasolina, o contratar un rickshaw por todo el día, también unas 100 o 150 rupias al día. Andando podrías ir dando un larguísimo paseo, pero no es recomendable: en Hampi hace demasiado calor cualquier mes del año.

 Estatua de Ganesha

Vista por dentro de un templo de Krishna
Pero las ruinas más interesantes están al este del río, lo que se llama Vittala Temple. Es un enorme complejo, con varios templos además de ese, y una estructura de piedra que imita a un carro en el que tradicionalmente, se introducen las estatuas de los dioses y se pasean por las ciudades y los pueblos (ahora van en camiones o camionetas). Llegué allí al atardecer, que es la mejor hora para observar como los rayos del sol poniente cambian el color de la piedra. La entrada para los extranjeros es bastante más cara que para los indios (250 / 10 rupias), pero el taquillero estaba dispuesto a negociar para quedarse con mi dinero directamente, y al guardia le daba igual que la gente entrara con o sin ticket. Lo cierto es que llegué justo cuando cerraban la taquilla, a las 5 y media, pero cuando salí del templo, una hora después, los indios seguían llegando y entrando directamente, ni billete ni pagar en negro ni nada.









1 comentario:

Anónimo dijo...

Que bonitas fotos, parece mentira que se conserven los edficios tan bien a pesar de ser tan antigüos. Me recuerda un poco a la única ciudad que conozco en ruinas: Pompeya.
Menudo viajecito, tu sola de noche por esos mundos.

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