martes, febrero 08, 2011

Un mes en la India

Hoy se cumple mi primer mes en la India. Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo, ¡ya "sólo" me quedan nueve! Bueno, a lo mejor alguno más, todo depende de cómo vayan las cosas. O menos. Pero vamos a atenernos a lo que es más probable, de momento, que son nueve meses más.
Un mes en el que he conocido a bastante gente nueva, he empezado mi andadura como profesora y, sobre todo, no me he puesto enferma a pesar de que he comido de todo. Un éxito, vamos.

Aunque aún hay muchas cosas de la India que no entiendo, poco a poco le voy tomando la medida a las cosas. Al menos me paso la mayor parte del día entre indios, en la escuela, hablando con Athira, la secretaria y más o menos organizadora, y Prachi, la otra profesora a tiempo completo del insituto. También con Anil, el chico para todo del que ya he hablado aquí, y claro, mis estudiantes. Por las tardes y por la noche estoy siempre con Lucía, y nos pasamos las horas comentando cosas sobre la India, España, Argentina, Italia, Japón...cada una con su experiencia de dónde ha vivido, las diferencias, la gente, las costumbres,...Vamos, que estoy aprendiendo un montón de cosas.

Ayer lo que descubrí es que los españoles no somos los únicos que tenemos tapas. Los indios también tienen: son los chaats. Ellos dicen que es un snack, pero si hubieran estado en España, dirían que es como una tapa. La diferencia es que no hay un bar donde tomárselo sentado con una cañita al lado: o lo tomas en la calle, en un puesto callejero, de pie y rodeado de gente y de coches, o en un mini local donde tienes que estar de pie o te sientas en la escalera que da a la calle. Hay una gran variedad de chaats; muchos incluyen "puri", pero una versión distinta de la que comenté en mi post de ayer acerca de Mavalli Tiffin Rooms: se trata de un mini puri más seco, frito pero crujiente y muy abultado, que se rompe un poco para rellenarlo y se moja en una salsa. También hay samosas (empanadillas de verduras), kachouri (masa hojaldrada con relleno de verduras y salsa picante), y otras cosas que todavía no he probado y de las que no puedo hablar. El chaat que probé yo ayer fue "papdi chaat", una delicia. Se trata de una bandejita que incluye papad (tortas de harina de lenteja fritas), patatas cocidas, chutney de menta, yogurt, cilantro, comino, pimentón picante, pimienta negra, y como unos fideítos fritos pequeños y que le dan un toque salado a la mezcla que ya es de por sí interesante, dulce y picante a la vez, todo en frío. Una pena que no tuviéramos tiempo para tomarlo con calma y sentadas (habíamos dejado el insituto sin nadie, cerrado, y estábamos en horario laboral todavía). El sitio al que fuimos a tomar esto, Kanti Sweets, está al lado de la escuela, y tiene una carta bien amplia, con sandwiches, helados, dulces tradicionales, té, leche de almendras y...comida china-india. Todo un descubrimiento de lugar. Ya iré más veces, seguro.

Esto me ha hecho plantearme que si luego no encuentro trabajo, siempre puedo abrir un bar de tapas en la India, o un bar de tapas indias en España. Seguro que funciona.

Además de estos descubrimiento, también he tenido mis primeros problemillas en la academia. De momento no es nada importante y no sé cómo acabará la cosa. Es lo de siempre: negocio versus enseñanza. Athira cobra por matriculaciones (vamos, que la explotan, porque trabaja mil horas y si cobrara por horas, estaría forrada...), y claro, lo que le interesa es que las clases se acaben pronto para abrir grupos nuevos y volver a cobrar. Una miseria, por cierto, al parece cobra unas 700 rupias por matrícula, cuando la matrícula, en básico, son 7300 rupias...En fin, que entiendo que quiera más dinero y abrir nuevos grupos. Pero yo no puedo suprimir materia, y porque tenga pocos alumnos no quiere decir necesariamente que pueda ir más rápido. Eso depende de los alumnos, no de mí. Y en el grupo pequeño que tengo, al que solo acuden a clase unos seis por día, sólo hay una alumna que es brillante y lo pesca todo a la primera. Los demás, tardan bastante más. Aún encima, como le he intentado explicar, es la primera vez que doy este nivel y que tengo alumnos indios, así que no puedo prever cuánto tiempo me va a llevar acabar la materia ni nada del estilo: no tengo referencias, no sé qué les es difícil y qué no, y así. Por otro lado, me parece injusto que si los alumnos han pagado por 70 horas, reciban menos. Si yo fuera alumna, me quejaría y pediría que me devolvieran el dinero de las horas que no he recibido. Además, metiendo prisa al profesor y a los alumnos sólo se consigue que todos se estresen y estén descontentos, en lugar de estar cómodos en clase. Si lo que quieren es que más gente se apunte al instituto, lo mejor es tener a los alumnos lo más contentos posible, para que quieran quedarse y recomienden el sitio a sus amigos. Pero parece que de momento esa estrategia no la acaban de entender. Yo voy a seguir en mis trece discutiendo con quien haga falta al respecto, pero a ver cómo resultan las cosas. Pero es verdad que desde arriba, desde los jefes, lo que prima es el negocio y no la enseñanza ni la difusión de la cultura española. No son profesores, y no son del todo conscientes de lo que conlleva enseñar (todavía más cuando enseñas algo que consideras "tuyo", y que quieres enseñar BIEN), por muchos años que lleven en el negocio. Esto también pasa en España, así que no estoy sorprendida: el dinero siempre es muy tentador. Athira representa esos intereses, además del suyo propio con su mísero salario para las horas que trabaja al día  (se pasa diez horas al día mínimo...). Pero aunque entienda ese punto de vista,no lo comparto ni voy a cambiar de opinión...

Asi que casi me alegro de tener un grupo con veintitantos alumnos. Si tengo muchos, no me van a insistir en que reduzca horas. ¡A ver si convenzo a mis otros alumnos de que vengan más a clase!

Yo por mi parte, voy a seguir con mi promoción de la cultura española. En todas las clases explico alguna cosilla (les fascinan los bares españoles y que nos juntemos allí para ver los partidos de fútbol), además les muestro fotos, canciones,...Lucía y yo hemos pensando en montar un ciclo de cine, una película al mes, y yo por mi parte estoy haciendo murales con greguerías y poemas para poner por el insituto (además de los murales con "frases útiles en clase" y con el abecedario, que ya puse desde el principio). También tengo pensando hacer algún mural con un tema cultural o histórico. De momento hay unos con la historia del Che Guevara, pero sólo eso. Si los alumnos se enganchan, y sobre todo, si vienen a ver las películas y traen amigos, seguramente se apunte más gente a aprender español. Esa es la manera, creo yo, y no tanto acabar y empezar cursos lo más rápidamente posible.

lunes, febrero 07, 2011

Mavalli Tiffin Rooms

Creo que no he mencionado aquí la aventura de MTR (Mavalli Tiffin Room), pero es digna de contar. Cuando llegamos mi padre y yo a Bangalore, nos adueñamos durante una semana de la guía de Bangalore de Lonely Planet que tenía Lucía, mi compi de piso argentina. Así que tirando de ella fuimos a Lalbagh Park, un gran parque hacia el sur, con lago incluido. Pero mi motivación secreta no era ir al parque, sino a Mavalli Tiffin Rooms, un restaurante del que había leído en internet y que en la guía decían que era indispensable visitar. Así que allí llegamos sobre la hora de comer y buscamos el restaurante, fácilmente identificable.

Pero a pesar de encontrarlo rápidamente, nos topamos con un problema: la puerta principal estaba cerrada. ¿Cerrada, a la hora de comer? Qué raro...La gente ignoraba la puerta y se metía por un pequeño callejoncito a la izquierda del edificio, y allí fui yo decidida a seguir a la gente y a entrar en el restaurante. He hice bien, porque la gente estaba entrando directamente a través de la cocina. Una cocina un poco caótica, pero bastante limpia, y sobre todo, dominada por los hombres. Es algo que me sigue llamando la atención. En muchos restaurantes indios puedes ver la cocina, y no hay mujeres en ellas. El caso es que preguntando a una mujer, que tampoco sabía muy bien por qué estaba cerrada la puerta, nos metimos por la cocina en el restaurante.

Segundo problema: ni dios hablaba inglés. Si sabían inglés, se lo callaban. Menos mal que esta mujer a la que había preguntado desde el principio, y que hablaba inglés, nos siguió ayudando y traduciendo lo que nos decían. Al principio, nadie nos hizo caso, pero seguimos allí de pie, y al final nos dijeron que nos sentáramos y esperáramos. Esperamos. Ni caso. Volví a levantarme y a preguntar, persiguiendo al jefe por todo el restaurante (un señor mayor bastante mandón y con un poco de mal genio), hasta que éste nos dijo que nos sentáramos en un pequeño salón compartiendo mesa con dos chicas indias.

De repente, se nos acercó un  camarero pidiendo un ticket. No teníamos nada. Las chicas, muy majas, nos explicaron que primero se paga lo que se elija, que va en el ticket, y entonces cuando te lo piden ya saben lo que quieres y te van sirviendo. Vamos, que no hay menú para elegir a la vista. Me imagino que estaría en la caja, pero como sabíamos nada, ni lo vimos. No sabíamos qué íbamos a comer. No habíamos pagado. Pero al parecer, a veces ser extranjero tiene sus ventajas: nos sirvieron igual, ya pagaríamos luego.

La comida empezó con un delicioso zumo de uva, para luego seguir con unos cuatro o cinco platos distintos: tuvimos patatas con coliflor (aloo gobi), un cutney de menta, una sopa dulce de lentejas, y dos curries picantes cuyo nombre he olvidado. También tuvimos puris (una torta de pan frita), papad (que parecen unas patatas fritas gigantes pero menos saladas, y no están hechas de patata sino de harina), pulao (arroz aromatizado con verduras), arroz con yogurt, arroz con no sé ya cuántas cosas más. También nos dieron un pastelito dulce y para terminar, kulfi (helado indio, de pistacho) con fruta y paan (nuez de betel, envuelta en hojas tiernas, que se mastica y se traga para favorecer la digestión). Una comida imposible de acabar, con tantos platos. Te los sirven todos en una bandeja de metal con departamentos para cada curry, chutney, etc, y un gran espacio central para el arroz y los panes. Cada dos por tres venía un camarero con un cubo metálico para ponerte más cosas en el plato. La verdad es que estaba todo delicioso, la comida más rica que he probado en la India hasta ahora, y gracias a las chicas con las que compartíamos mesa, aún recuerdo algún nombre de todo lo que nos dijeron que estábamos comiendo. Comiendo, por cierto, con la mano derecha, como se hace aquí.

Antes de despedirnos, les pregunté a las chicas por el precio de la comida para evitar futuros timos, por si las moscas. 130 rupias cada una, me dijeron. 130 rupias por una comida que ni mi padre ni yo, ni las chicas ni nadie, pudimos acabar. Lo gracioso también es que todo el mundo acaba más o menos a la vez: tienes que dejar sitio libre para la siguiente tanda de clientes que han estado esperando como nosotros antes.

Así que nos acercamos a la caja para pagar. De nuevo, el problema es que no sabían inglés ni nosotros sabíamos qué habíamos comido, aunque sí donde estábamos sentados. Y ellos también lo sabían, éramos los únicos extranjeros en el local. El caso es que los menús deben ir separados por los diferentes salones y espacios del restaurante, y por eso sirven a todos igual según dónde uno se siente. Gracias a esa organización, pudimos pagar, 130 rupias, como nos dijeron las chicas. Pero para eso, tuvimos que encontrar a un camarero que nos hiciera caso: y lo encontramos gracias al fútbol español. Uno de ellos nos preguntó de qué país éramos  y cuando le dije "Spain", ya empezó a sonreír y a murmurar "Ah! Villa! Messi! Barcelona!". Y todo arreglado. Aquí todo el mundo conoce a los futbolistas españoles, desde la gente de la calle hasta mis alumnos. El amable camarero aficionado al fútbol español se encargó de que nos cobraran bien y pudimos salir del restaurante, sanos, salvos, y con el estómago lleno, de nuevo atravesando la cocina.

Resulta que este local es uno de los más antiguos de Bangalore. Hoy mismo he encontrado en internet un pequeño reportaje fotográfico del mismo, y me parece incluso reconocer al camarero aficionado al fútbol, aunque puede que me engañe la memoria. El caso es que este restaurante es un clásico para desayunos, pero también para comidas y cenas. Un día tengo que ir a desayunar allí. Cuando vuelva Lucía, que acompañada es mucho más entretenido.

Os paso el link para que podáis disfrutar de las fotos. Si venís a visitarme, ¡no dudéis que os llevaré a este sitio!

viernes, febrero 04, 2011

¡Primer sueldo!

¡Sí! Ya me siento una realizada trabajadora. Esta semana recibí mi primer sueldo por mi servicio como profesora de español en la India. Ya parece todo más real, esta nueva etapa de mi vida. No cobré mi sueldo entero, ya que trabajé medio mes, pero era más de lo que me esperaba, la verdad, y llega de sobra para los precios de aquí. Estoy deseando ir a comprarme el libro de cocina india que me autoprometí para mi primer sueldo.
Cobro por horas de enseñanza, que son un máximo de 24 a la semana según lo estipulado en el contrato, aunque tengo que estar más tiempo en la escuela para preparar clases, organizar material, etc, etc. Lo gracioso es que esta primera semana de febrero, con la historia de sustituir a una profesora, voy a superar esas 24 horas semanales. La verdad es que no son nada. Es verdad que me paso casi toda la semana metida en la academia, pero es el ritmo aquí: trabajan como esclavos. No hay tiempo apenas para relajarse y "vivir".

De esto hablaba el otro día con los alumnos de Prachi, a los que di clase solo esta semana: horas laborables, vacaciones, etc. No recuerdo cómo llegamos a ese tema, pero la verdad es que nos pasamos mucho tiempo hablando de estas cosas, de fiestas aquí y allá, de la comida, de la religión, de la familia, de los precios, de horarios...Tenían siempre preguntas. Y así me enteré de que aquí la semana laboral es de 45 horas...mínimo. Es decir, que muchas veces hacen más de 25 horas. Al día pueden trabajar 10 horas, y no se cobran las horas extra. UAU. Cuando les hablé de la semana de 38 horas, de las 35 de Francia, y del precio de las horas extra, creo que más de uno ha pensado en venirse a trabajar a España. El problema es que ahora no hay trabajo.

¡45 horas mínimo! Ni muerta, no vale la pena trabajar tanto. ¿Para qué quieres el dinero que ganas, sino puedes hacer nada con él? Si al menos el trabajo que haces es "el trabajo de tu vida", tu pasión,...pero estar en un call center recibiendo llamadas desde Estados Unidos, o trabajar en una oficina con cuentas y otros documentos delante del ordenador, no creo que sea el trabajo de la vida de nadie. Sabiendo esto, no me sorprende el poder económico de la India, si la mayoría de sus habitantes se desvive por trabajar. No sé como anda de tasa de desempleo, pero si la tuviera alta, sólo con reducir jornada y contratrar a los parados para completar el trabajo de otro, ya llegaría al pleno empleo.

Lo que me hace gracia también es que de estos estudiantes de esta semana, que son poquitos, muchos están de vacaciones. Y en lugar de descansar o de irse de viaje, se apuntan a un curso de español durante la semana, cuando en otro momento tendrían que estar trabajando. Bueno, esto son algunos, porque también tengo estudiantes y gente que trabaja en horario nocturno. Aquí no las empresas no duermen, pero la ciudad sí: hay un toque de queda y todo cierra a las 11:30, lo cual para mi mentalidad, es un horror. Es la única ciudad de la India con esta norma, qué le vamos a hacer, me ha tocado a mí.

Estos chicos y chicas (y no tan chicos) que he tenido durante esta semana han resultado de nuevo ser alumnos encantadores. Algunos más pesaditos, otros más sosillos, pero muy majos al fin y al cabo. Lo curioso es que todos estudian español por estudiar español, sin ningún objetivo utilitario real: por comunicarse con más gente, por viajar, porque les gusta la música y la comida de países hispanohablantes...a lo mejor por eso son tan buenos alumnos. Los que están locos por conseguir un título para su trabajo son más impacientes y sólo quieren saber cómo aprobar el examen.

Mañana tengo clase otra vez y me tocará sustituir a Lucía, que ha ido a hacer su visado a Malasia, en una clase de segundo nivel. Hasta ahora sólo había dado Básico, y ahora me toca enseñar los relativos (demasiado pronto, desde mi punto de vista, para el nivel que tienen los alumnos, que es un A2 aproximadamente). A ver cómo resulta. Por suerte mantengo mi clase de 25 alumnos: son un montón y darles clase es cansadísimo, pero no les quiero dejar a otra profesora. Es como un sentimiento de posesión. Son MIS alumnos. Ya me fastidia un poquillo tener que dejar mi última clase a Prachi durante dos días, pero ya le tengo un plan preparado con las actividades...Parece que sino voy a perderles la pista de lo que saben y lo que no saben.

También hemos empezado a tener traducciones, incluso una pequeñísima traducción hoy mismo, a pesar de ser mi día libre. Bueno, no me llevó ni cinco minutos, así que da igual. También se cobran aparte. Voy a acabar febrero bien...

Por otro lado, ya he recibido por fin el paquete que me enviaron mis padres con los dulces navideños. ¡Gracias! Mañana llevaré turrón a clase para repartir entre los alumnos y mis compañeros de trabajo. Resulta que en Argentina adoran los dulces navideños españoles: Lucía es adicta al turrón de jijona. Le guardaré unos trozos para cuando vuelva de Malasia, espero que con todo arreglado para quedarse...ahora que empezaba a aprender argentino, ¡no lo quiero dejar a la mitad!

Thinglink Plugin