lunes, febrero 07, 2011

Mavalli Tiffin Rooms

Creo que no he mencionado aquí la aventura de MTR (Mavalli Tiffin Room), pero es digna de contar. Cuando llegamos mi padre y yo a Bangalore, nos adueñamos durante una semana de la guía de Bangalore de Lonely Planet que tenía Lucía, mi compi de piso argentina. Así que tirando de ella fuimos a Lalbagh Park, un gran parque hacia el sur, con lago incluido. Pero mi motivación secreta no era ir al parque, sino a Mavalli Tiffin Rooms, un restaurante del que había leído en internet y que en la guía decían que era indispensable visitar. Así que allí llegamos sobre la hora de comer y buscamos el restaurante, fácilmente identificable.

Pero a pesar de encontrarlo rápidamente, nos topamos con un problema: la puerta principal estaba cerrada. ¿Cerrada, a la hora de comer? Qué raro...La gente ignoraba la puerta y se metía por un pequeño callejoncito a la izquierda del edificio, y allí fui yo decidida a seguir a la gente y a entrar en el restaurante. He hice bien, porque la gente estaba entrando directamente a través de la cocina. Una cocina un poco caótica, pero bastante limpia, y sobre todo, dominada por los hombres. Es algo que me sigue llamando la atención. En muchos restaurantes indios puedes ver la cocina, y no hay mujeres en ellas. El caso es que preguntando a una mujer, que tampoco sabía muy bien por qué estaba cerrada la puerta, nos metimos por la cocina en el restaurante.

Segundo problema: ni dios hablaba inglés. Si sabían inglés, se lo callaban. Menos mal que esta mujer a la que había preguntado desde el principio, y que hablaba inglés, nos siguió ayudando y traduciendo lo que nos decían. Al principio, nadie nos hizo caso, pero seguimos allí de pie, y al final nos dijeron que nos sentáramos y esperáramos. Esperamos. Ni caso. Volví a levantarme y a preguntar, persiguiendo al jefe por todo el restaurante (un señor mayor bastante mandón y con un poco de mal genio), hasta que éste nos dijo que nos sentáramos en un pequeño salón compartiendo mesa con dos chicas indias.

De repente, se nos acercó un  camarero pidiendo un ticket. No teníamos nada. Las chicas, muy majas, nos explicaron que primero se paga lo que se elija, que va en el ticket, y entonces cuando te lo piden ya saben lo que quieres y te van sirviendo. Vamos, que no hay menú para elegir a la vista. Me imagino que estaría en la caja, pero como sabíamos nada, ni lo vimos. No sabíamos qué íbamos a comer. No habíamos pagado. Pero al parecer, a veces ser extranjero tiene sus ventajas: nos sirvieron igual, ya pagaríamos luego.

La comida empezó con un delicioso zumo de uva, para luego seguir con unos cuatro o cinco platos distintos: tuvimos patatas con coliflor (aloo gobi), un cutney de menta, una sopa dulce de lentejas, y dos curries picantes cuyo nombre he olvidado. También tuvimos puris (una torta de pan frita), papad (que parecen unas patatas fritas gigantes pero menos saladas, y no están hechas de patata sino de harina), pulao (arroz aromatizado con verduras), arroz con yogurt, arroz con no sé ya cuántas cosas más. También nos dieron un pastelito dulce y para terminar, kulfi (helado indio, de pistacho) con fruta y paan (nuez de betel, envuelta en hojas tiernas, que se mastica y se traga para favorecer la digestión). Una comida imposible de acabar, con tantos platos. Te los sirven todos en una bandeja de metal con departamentos para cada curry, chutney, etc, y un gran espacio central para el arroz y los panes. Cada dos por tres venía un camarero con un cubo metálico para ponerte más cosas en el plato. La verdad es que estaba todo delicioso, la comida más rica que he probado en la India hasta ahora, y gracias a las chicas con las que compartíamos mesa, aún recuerdo algún nombre de todo lo que nos dijeron que estábamos comiendo. Comiendo, por cierto, con la mano derecha, como se hace aquí.

Antes de despedirnos, les pregunté a las chicas por el precio de la comida para evitar futuros timos, por si las moscas. 130 rupias cada una, me dijeron. 130 rupias por una comida que ni mi padre ni yo, ni las chicas ni nadie, pudimos acabar. Lo gracioso también es que todo el mundo acaba más o menos a la vez: tienes que dejar sitio libre para la siguiente tanda de clientes que han estado esperando como nosotros antes.

Así que nos acercamos a la caja para pagar. De nuevo, el problema es que no sabían inglés ni nosotros sabíamos qué habíamos comido, aunque sí donde estábamos sentados. Y ellos también lo sabían, éramos los únicos extranjeros en el local. El caso es que los menús deben ir separados por los diferentes salones y espacios del restaurante, y por eso sirven a todos igual según dónde uno se siente. Gracias a esa organización, pudimos pagar, 130 rupias, como nos dijeron las chicas. Pero para eso, tuvimos que encontrar a un camarero que nos hiciera caso: y lo encontramos gracias al fútbol español. Uno de ellos nos preguntó de qué país éramos  y cuando le dije "Spain", ya empezó a sonreír y a murmurar "Ah! Villa! Messi! Barcelona!". Y todo arreglado. Aquí todo el mundo conoce a los futbolistas españoles, desde la gente de la calle hasta mis alumnos. El amable camarero aficionado al fútbol español se encargó de que nos cobraran bien y pudimos salir del restaurante, sanos, salvos, y con el estómago lleno, de nuevo atravesando la cocina.

Resulta que este local es uno de los más antiguos de Bangalore. Hoy mismo he encontrado en internet un pequeño reportaje fotográfico del mismo, y me parece incluso reconocer al camarero aficionado al fútbol, aunque puede que me engañe la memoria. El caso es que este restaurante es un clásico para desayunos, pero también para comidas y cenas. Un día tengo que ir a desayunar allí. Cuando vuelva Lucía, que acompañada es mucho más entretenido.

Os paso el link para que podáis disfrutar de las fotos. Si venís a visitarme, ¡no dudéis que os llevaré a este sitio!

viernes, febrero 04, 2011

¡Primer sueldo!

¡Sí! Ya me siento una realizada trabajadora. Esta semana recibí mi primer sueldo por mi servicio como profesora de español en la India. Ya parece todo más real, esta nueva etapa de mi vida. No cobré mi sueldo entero, ya que trabajé medio mes, pero era más de lo que me esperaba, la verdad, y llega de sobra para los precios de aquí. Estoy deseando ir a comprarme el libro de cocina india que me autoprometí para mi primer sueldo.
Cobro por horas de enseñanza, que son un máximo de 24 a la semana según lo estipulado en el contrato, aunque tengo que estar más tiempo en la escuela para preparar clases, organizar material, etc, etc. Lo gracioso es que esta primera semana de febrero, con la historia de sustituir a una profesora, voy a superar esas 24 horas semanales. La verdad es que no son nada. Es verdad que me paso casi toda la semana metida en la academia, pero es el ritmo aquí: trabajan como esclavos. No hay tiempo apenas para relajarse y "vivir".

De esto hablaba el otro día con los alumnos de Prachi, a los que di clase solo esta semana: horas laborables, vacaciones, etc. No recuerdo cómo llegamos a ese tema, pero la verdad es que nos pasamos mucho tiempo hablando de estas cosas, de fiestas aquí y allá, de la comida, de la religión, de la familia, de los precios, de horarios...Tenían siempre preguntas. Y así me enteré de que aquí la semana laboral es de 45 horas...mínimo. Es decir, que muchas veces hacen más de 25 horas. Al día pueden trabajar 10 horas, y no se cobran las horas extra. UAU. Cuando les hablé de la semana de 38 horas, de las 35 de Francia, y del precio de las horas extra, creo que más de uno ha pensado en venirse a trabajar a España. El problema es que ahora no hay trabajo.

¡45 horas mínimo! Ni muerta, no vale la pena trabajar tanto. ¿Para qué quieres el dinero que ganas, sino puedes hacer nada con él? Si al menos el trabajo que haces es "el trabajo de tu vida", tu pasión,...pero estar en un call center recibiendo llamadas desde Estados Unidos, o trabajar en una oficina con cuentas y otros documentos delante del ordenador, no creo que sea el trabajo de la vida de nadie. Sabiendo esto, no me sorprende el poder económico de la India, si la mayoría de sus habitantes se desvive por trabajar. No sé como anda de tasa de desempleo, pero si la tuviera alta, sólo con reducir jornada y contratrar a los parados para completar el trabajo de otro, ya llegaría al pleno empleo.

Lo que me hace gracia también es que de estos estudiantes de esta semana, que son poquitos, muchos están de vacaciones. Y en lugar de descansar o de irse de viaje, se apuntan a un curso de español durante la semana, cuando en otro momento tendrían que estar trabajando. Bueno, esto son algunos, porque también tengo estudiantes y gente que trabaja en horario nocturno. Aquí no las empresas no duermen, pero la ciudad sí: hay un toque de queda y todo cierra a las 11:30, lo cual para mi mentalidad, es un horror. Es la única ciudad de la India con esta norma, qué le vamos a hacer, me ha tocado a mí.

Estos chicos y chicas (y no tan chicos) que he tenido durante esta semana han resultado de nuevo ser alumnos encantadores. Algunos más pesaditos, otros más sosillos, pero muy majos al fin y al cabo. Lo curioso es que todos estudian español por estudiar español, sin ningún objetivo utilitario real: por comunicarse con más gente, por viajar, porque les gusta la música y la comida de países hispanohablantes...a lo mejor por eso son tan buenos alumnos. Los que están locos por conseguir un título para su trabajo son más impacientes y sólo quieren saber cómo aprobar el examen.

Mañana tengo clase otra vez y me tocará sustituir a Lucía, que ha ido a hacer su visado a Malasia, en una clase de segundo nivel. Hasta ahora sólo había dado Básico, y ahora me toca enseñar los relativos (demasiado pronto, desde mi punto de vista, para el nivel que tienen los alumnos, que es un A2 aproximadamente). A ver cómo resulta. Por suerte mantengo mi clase de 25 alumnos: son un montón y darles clase es cansadísimo, pero no les quiero dejar a otra profesora. Es como un sentimiento de posesión. Son MIS alumnos. Ya me fastidia un poquillo tener que dejar mi última clase a Prachi durante dos días, pero ya le tengo un plan preparado con las actividades...Parece que sino voy a perderles la pista de lo que saben y lo que no saben.

También hemos empezado a tener traducciones, incluso una pequeñísima traducción hoy mismo, a pesar de ser mi día libre. Bueno, no me llevó ni cinco minutos, así que da igual. También se cobran aparte. Voy a acabar febrero bien...

Por otro lado, ya he recibido por fin el paquete que me enviaron mis padres con los dulces navideños. ¡Gracias! Mañana llevaré turrón a clase para repartir entre los alumnos y mis compañeros de trabajo. Resulta que en Argentina adoran los dulces navideños españoles: Lucía es adicta al turrón de jijona. Le guardaré unos trozos para cuando vuelva de Malasia, espero que con todo arreglado para quedarse...ahora que empezaba a aprender argentino, ¡no lo quiero dejar a la mitad!

lunes, enero 31, 2011

Los alumnos

Hoy me apetece hablar de mis clases y de mis alumnos. La verdad es que son lo mejor de la escuela y de estar aquí: vale, la comida me encanta, la ropa es preciosa y supercómoda, el clima es fantástico, estoy en un país "exótico" y es fascinante, sí, todo eso está muy bien. Pero lo que de verdad me gusta es dar clase a estos estudiantes.

Había oído cosas muy positivas de los alumnos indios, pero también que las diferencias culturales causaban algunos problemillas. Bueno, de momento no he tenido ninguno, creo, aunque a lo mejor no me he dado cuenta...

¿Por qué me encantan? Pues porque, aunque parece que la India y España (o cualquier otro país hispanohablante) no tienen mucho que ver, que son dos lugares muy lejanos, a pesar de toda esa "distancia" física y cultural, los alumnos están motivados. En realidad, muchos trabajan para compañías que tienen negocios con entidades hispanas, o con países hispanohablantes. Para la mayoría de estos, aprender español es una manera de subir escalafones en la empresa. Otros, quieren cambiar de profesión y convertirse en traductores. Sin embargo, hay otros que se apuntan por amor a las lenguas, por curiosidad, porque han visto películas españolas, por el fútbol, por la salsa...Razones de lo más pintorescas. Uno, por ejemplo, quiere entrar en el ejercito y parece que los idiomas le permitirían alcanzar un rango más alto, pero también porque está personalmente interesado en la Guerra Civil Española. Este estudiante tiene apenas 20 años, lo cual lo hace más excepcional. Otros, son traductores de francés que quieren pasarse al español porque hay menos competencia (aquí los negocios con Francia son importantes). Otros, porque quieren empezar a aprender lenguas romances y se han decidido por el español para entrar en contacto con ellas. También hay quienes quieren irse de vacaciones a las Islas Canarias. Un poco de todo.

El caso es que le ponen interés. La mayoría, claro, siempre hay excepciones. Algunos todavía no tengo muy claro para qué estudian español, pero el caso es que lo intentan. Como siempre, los hay más rápidos y más lentos, pero en general, lo pillan todo a la primera, a pesar de que es una lengua muy diferente. Lo mejor es la cara que ponen cuando lo entienden y les sale bien, se les nota en los ojos una alegría especial. Dan lo mejor de sí mismos y siempre quieren saber más y más cosas, parecen esponjas que quieran saberlo todo. A veces es un poco extenuante de más, ya que preguntan cosas de nivel muy avanzado que no les puedes explicar ni aunque quisieras y pudieras, pero cuando les dices que no es el momento de aprender eso, que hay otras cosas antes, lo entienden y te dejan en paz.

Tengo una clase con 13 alumnos y otra con 25. La de 25, que son muchos, es realmente agotadora, no puedo estar al tanto de todos y es una pena. Debería haber dos grupos, porque también hay como dos velocidades en clase y mediar es muy complicado. Eso sólo hace que tenga ganas de esforzarme todavía más, pero no sé si podré...a ver cómo va. La otra clase, la de 13, es más relajada, sobre todo porque nunca han ido los 13 juntos y en realidad, sólo tengo 8 alumnos aproximadamente cada día. Así es mucho más fácil hacer cosas amenas, conversar, hacer acitivadades personalizadas y esas cosas. Noto que se lo pasan mejor, y ¡ojalá pudiera hacer lo mismo con la otra clase! ¡Qué frustración!

También me hace gracia que, aunqeu tengo mayoría de hombres en clase, hay muchas más mujeres de las que me esperaba. En general jóvenes, pero también más mayorcitas. Tengo hasta alguna que es profesora de lenguas (pero de alemán). Algún día le tengo que preguntar qué opina de mi forma de enseñar. El caso es que aunque hay alumnos que son bien rápidos e inteligentes, las mujeres les ganan por goleada. Tengo a cuatro o cinco que son despiertísimas: son ingenieras, directoras de departamentos, analistas,...trabajan muchas horas en empresas grandes y aún sacan tiempo para hacer las cosas de casa (al menos las más mayores que seguramente están casadas, aquí se casa todo el mundo), y también para estudiar español. Admirables.

Como la otra profesora que tenemos en la escuela. Estamos Lucía, de Argentina, y yo, y luego Prachi, una chica india que empezó estudiando español y trabajando en un agencia de viajes y acabó como profesora de español. Se mata trabajando un montón de horas a la semana, y aún tiene tiempo para encargarse de todas las cosas de casa y de seguir aprendiendo español, y de preparar las clases. No sé cuánto tiempo aguantará así, pero menudo espíritu que tiene.

Espero poder sacarles fotillos a mis alumnos y compañeros de trabajo un día de estos y colgarlas aquí. Para que les conozcáis un poquillo.


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