viernes, febrero 18, 2011
jueves, febrero 17, 2011
Spanish Trainer
Últimamente no paro de escribir, ¿eh? Pues la verdad es que tengo cosillas que contar.
Esta semana se suponía que empezaba a dar clases en una compañía, una empresa de outsourcing que hace un poco de todo. La verdad es que el primer día fue un desastre: el taxi estaba reservado para la hora equivocada (para las 11, cuando a las 11 tenía que empezar la clase), y a mí me habían dicho otra hora, después ni el taxista ni yo sabíamos la dirección de la empresa (nadie nos había informado), y nos perdimos y llegamos casi dos horas después... luego allí no había los alumnos prometidos (de 40 sólo aparecieron 5...)...vamos, que llegué a la hora de terminar (Prachi había ido antes porque vive cerca), y sólo entregué unos libros. Pasé un calor horrible en el taxi y un montón de horas esperando para entregar cuatro libros....Cosas que pasan. Al menos el taxista era majo y aprendí alguna palabrilla de kannada a base de hablar con él, cada uno en su lengua.
Lo peor fue que me dejé el móvil en el taxi. Para un fin de semana que hago amigos y guardo números de teléfono nuevos, voy y pierdo el móvil y toda posibilidad de comunicarme con nadie. Si me pasara algo, tampoco podría llamar a nadie...No pasó nada tampoco, pero una nunca sabe. Total, unos días de agobio sin móvil, hasta hoy que lo recuperé. Justo antes de volver a la empresa de nuevo, esta vez, a dar clase. Aún así, como el taxista era diferente del de la última vez, tampoco sabía la dirección, así que nos perdimos otra vez y llegamos tarde. Pero tampoco importó tanto: algunos alumnos llegaron más tarde que yo.
La empresa es un lugar impresionante. No parece la India. En un edificio acristalado, supermoderno, limpísimo, con varios guardias y gente que te revisa los bolsos y bolsas que lleves: no están permitidos ni los cds ni las cámaras de fotos, ni por supuesto los móviles con cámara. Ni siquiera para los empleados. Cosas de seguridad industrial. Dentro hay plantas preciosas, todo tipo de salas, incluido ¡salas con billares y pingpong! Vamos, que ojalá me hubieran dejado pasar una cámara de fotos dentro.
Los alumnos, como todos los alumnos indios, son fantásticos. Son simpáticos, tienen sentido del humor, y ganas de estudiar. A veces preguntan demasiado, sí, pero es porque quieren saber, no porque quieran fastidiar a la profesora....Son unos 10, chicos y chicas, y no sé si les voy a seguir dando clase yo o Prachi, pero una cosa tengo clara: si voy yo, voy en autobús. Hay un bus que va directo para allí, y con aire acondicionado, cosa que el taxi no tiene. Y además así el taxista no tiene que esperarme dos horas tirado en la carretera, ni saldría tan caro.
Lo que me alucina son los alumnos, de verdad. Siempre. Sólo por tener alumnos así vale la pena quedarse en la India. Los del fin de semana me han pedido controles más a menudo para repasar y obligarse a estudiar, lo mismo con los deberes: también me han pedido libros que puedan leer o películas o canciones, aunque por desgracia hay poca cosa para nivel tan básico. ¡A ver si hacemos la proyección de película la semana que viene!
Esta semana se suponía que empezaba a dar clases en una compañía, una empresa de outsourcing que hace un poco de todo. La verdad es que el primer día fue un desastre: el taxi estaba reservado para la hora equivocada (para las 11, cuando a las 11 tenía que empezar la clase), y a mí me habían dicho otra hora, después ni el taxista ni yo sabíamos la dirección de la empresa (nadie nos había informado), y nos perdimos y llegamos casi dos horas después... luego allí no había los alumnos prometidos (de 40 sólo aparecieron 5...)...vamos, que llegué a la hora de terminar (Prachi había ido antes porque vive cerca), y sólo entregué unos libros. Pasé un calor horrible en el taxi y un montón de horas esperando para entregar cuatro libros....Cosas que pasan. Al menos el taxista era majo y aprendí alguna palabrilla de kannada a base de hablar con él, cada uno en su lengua.
Lo peor fue que me dejé el móvil en el taxi. Para un fin de semana que hago amigos y guardo números de teléfono nuevos, voy y pierdo el móvil y toda posibilidad de comunicarme con nadie. Si me pasara algo, tampoco podría llamar a nadie...No pasó nada tampoco, pero una nunca sabe. Total, unos días de agobio sin móvil, hasta hoy que lo recuperé. Justo antes de volver a la empresa de nuevo, esta vez, a dar clase. Aún así, como el taxista era diferente del de la última vez, tampoco sabía la dirección, así que nos perdimos otra vez y llegamos tarde. Pero tampoco importó tanto: algunos alumnos llegaron más tarde que yo.
La empresa es un lugar impresionante. No parece la India. En un edificio acristalado, supermoderno, limpísimo, con varios guardias y gente que te revisa los bolsos y bolsas que lleves: no están permitidos ni los cds ni las cámaras de fotos, ni por supuesto los móviles con cámara. Ni siquiera para los empleados. Cosas de seguridad industrial. Dentro hay plantas preciosas, todo tipo de salas, incluido ¡salas con billares y pingpong! Vamos, que ojalá me hubieran dejado pasar una cámara de fotos dentro.
Los alumnos, como todos los alumnos indios, son fantásticos. Son simpáticos, tienen sentido del humor, y ganas de estudiar. A veces preguntan demasiado, sí, pero es porque quieren saber, no porque quieran fastidiar a la profesora....Son unos 10, chicos y chicas, y no sé si les voy a seguir dando clase yo o Prachi, pero una cosa tengo clara: si voy yo, voy en autobús. Hay un bus que va directo para allí, y con aire acondicionado, cosa que el taxi no tiene. Y además así el taxista no tiene que esperarme dos horas tirado en la carretera, ni saldría tan caro.
Lo que me alucina son los alumnos, de verdad. Siempre. Sólo por tener alumnos así vale la pena quedarse en la India. Los del fin de semana me han pedido controles más a menudo para repasar y obligarse a estudiar, lo mismo con los deberes: también me han pedido libros que puedan leer o películas o canciones, aunque por desgracia hay poca cosa para nivel tan básico. ¡A ver si hacemos la proyección de película la semana que viene!
martes, febrero 15, 2011
Lucía ha vuelto y el casi-concierto de Bryan Adams
¡Sí! ¡Por fin! Un poco de estabilidad y un horario laboral decente es lo que me hace falta. Nada de nueve horas de curro por día. Eso, se acabó. Y se habría acabado de todas maneras: de vez en cuando vale, pero no pienso dejar que esto se convierta en la norma. Prefiero dar clases de noche o de madrugada, pero no 9 horas seguidas.
Pero eso ya es el pasado. Ahora toca ponerme las pilas para avanzar bien con mis clases, y también con el training de Prachi para ser profesora de nivel 2. Y hablar con ella mucho español. También, preparar material decente para el nivel 2, porque el libro de Español 2000 está más anticuado que una cámara de fotos analógica.
He empezado el post así porque Lucía acaba de volver hoy, pero en realidad, lo que yo quería contar era mi aventura del casi-concierto de Bryan Adams. Resulta que es toda una estrella en la India: Prachi está loca por él. Daba un concierto el domingo en una explanada enorme, pero al parecer, no hay problemas con las entradas aquí. Vamos, que por muy famoso que sea quien cante, no se agotan fácilmente. Quizá la explanada en cuestión sea realmente grande. La verdad es que no lo sé, porque no llegué a entrar en el concierto siquiera....¿Qué pasó?
Pues muchas casualidades juntas: la primera, que Prachi se marchara a Dubai y tuviera que sustituirla una semana. Tenía 5 estudiantes estupendos. La segunda casualidad, salir tarde del trabajo un sábado y encontrarme con uno de esos alumnos por la calle. La tercera, que él fuera al concierto y me invitara. ¡Pues claro que voy! Después de currar como una negra el finde, qué menos que pasarmelo bien un ratillo aunque esté cansada. Como aquí todo cierra a las once y media, tampoco iba a llegar tarde a casa. Si fuera en España, me lo pensaría dos veces, porque a saber a qué hora volvía, pero aquí...nada, siempre es pronto.
El caso es que quedamos para cuando yo saliera de clase, con un poco de tiempo para dejar los libros y eso. Fuimos en moto, ¡por Bangalore! Qué locura. Bueno, a esas horas no hay tanto tráfico, aunque por alguna calle, como MG Rd, era imposible avanzar. Me daba miedo caerme, pero nada, la verdad es que es como ir en bici. Tampoco se cogen velocidades muy altas por la ciudad, con los semáforos, los demás coches, los atascos...Parece más peligroso desde la acera, cuando no sabes cómo te van a venir los motoristas y quieres cruzar. Lo malo es que en Bangalore no sólo hay atascos, sino también muchas obras por el metro y cambios de sentido de las calles, diariamente y sin avisar. Una de esas pillamos: una calle por la que ayer se podía ir, hoy era en día contraria. Resultado: tuvimos que dar un rodeo enorme para volver al camino correcto. Y pillamos un atasco. Una hora después, cuando por fin llegamos al sitio del concierto (¡¡¡UNA HORA DESPUÉS!!!), resulta que se había acabado el concierto. Esto es....las nueve y media. ¿Dónde se ha visto que un concierto acabe a las nueve y media?? Bueno, mi amigo me dijo que no era normal, ni mucho menos, que acabara tan pronto. Vamos, que escuché una canción por el camino, y eso fue todo.
Aunque la verdad, tampoco estuvo mal. Me gustó ir por Bangalore en moto, de noche, con toda la ciudad iluminada es bien bonita. Además, de noche no hace ese calor asfixiante, e ir en moto por la India es una experiencia que vale la pena probar alguna vez. Como al final no hubo concierto (pobre, ¡se quedó sin concierto por irme a buscar!), fuimos a cenar con sus amigos, que si que estaban en el concierto y salían cuando llegábamos. Lo único que cierra un poco más tarde de las once y media en Bangalore son algunos restaurantes, así que al final nos quedamos hasta más tarde de lo que pensaba, pero estuvo bien. ¡A ver si la próxima vez puedo ir realmente a un concierto!
Pero eso ya es el pasado. Ahora toca ponerme las pilas para avanzar bien con mis clases, y también con el training de Prachi para ser profesora de nivel 2. Y hablar con ella mucho español. También, preparar material decente para el nivel 2, porque el libro de Español 2000 está más anticuado que una cámara de fotos analógica.
He empezado el post así porque Lucía acaba de volver hoy, pero en realidad, lo que yo quería contar era mi aventura del casi-concierto de Bryan Adams. Resulta que es toda una estrella en la India: Prachi está loca por él. Daba un concierto el domingo en una explanada enorme, pero al parecer, no hay problemas con las entradas aquí. Vamos, que por muy famoso que sea quien cante, no se agotan fácilmente. Quizá la explanada en cuestión sea realmente grande. La verdad es que no lo sé, porque no llegué a entrar en el concierto siquiera....¿Qué pasó?
Pues muchas casualidades juntas: la primera, que Prachi se marchara a Dubai y tuviera que sustituirla una semana. Tenía 5 estudiantes estupendos. La segunda casualidad, salir tarde del trabajo un sábado y encontrarme con uno de esos alumnos por la calle. La tercera, que él fuera al concierto y me invitara. ¡Pues claro que voy! Después de currar como una negra el finde, qué menos que pasarmelo bien un ratillo aunque esté cansada. Como aquí todo cierra a las once y media, tampoco iba a llegar tarde a casa. Si fuera en España, me lo pensaría dos veces, porque a saber a qué hora volvía, pero aquí...nada, siempre es pronto.
El caso es que quedamos para cuando yo saliera de clase, con un poco de tiempo para dejar los libros y eso. Fuimos en moto, ¡por Bangalore! Qué locura. Bueno, a esas horas no hay tanto tráfico, aunque por alguna calle, como MG Rd, era imposible avanzar. Me daba miedo caerme, pero nada, la verdad es que es como ir en bici. Tampoco se cogen velocidades muy altas por la ciudad, con los semáforos, los demás coches, los atascos...Parece más peligroso desde la acera, cuando no sabes cómo te van a venir los motoristas y quieres cruzar. Lo malo es que en Bangalore no sólo hay atascos, sino también muchas obras por el metro y cambios de sentido de las calles, diariamente y sin avisar. Una de esas pillamos: una calle por la que ayer se podía ir, hoy era en día contraria. Resultado: tuvimos que dar un rodeo enorme para volver al camino correcto. Y pillamos un atasco. Una hora después, cuando por fin llegamos al sitio del concierto (¡¡¡UNA HORA DESPUÉS!!!), resulta que se había acabado el concierto. Esto es....las nueve y media. ¿Dónde se ha visto que un concierto acabe a las nueve y media?? Bueno, mi amigo me dijo que no era normal, ni mucho menos, que acabara tan pronto. Vamos, que escuché una canción por el camino, y eso fue todo.
Aunque la verdad, tampoco estuvo mal. Me gustó ir por Bangalore en moto, de noche, con toda la ciudad iluminada es bien bonita. Además, de noche no hace ese calor asfixiante, e ir en moto por la India es una experiencia que vale la pena probar alguna vez. Como al final no hubo concierto (pobre, ¡se quedó sin concierto por irme a buscar!), fuimos a cenar con sus amigos, que si que estaban en el concierto y salían cuando llegábamos. Lo único que cierra un poco más tarde de las once y media en Bangalore son algunos restaurantes, así que al final nos quedamos hasta más tarde de lo que pensaba, pero estuvo bien. ¡A ver si la próxima vez puedo ir realmente a un concierto!
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